viernes, 24 de enero de 2020

¿Por qué reorganizo armarios en días de desencanto?

Dice Marie Kondo que si acomodas tus espacios con lo que realmente amas, entonces encontrarás magia en el orden. También dice Elaine Saint James en su libro "Simplifica tu vida", que cuanto más se complica nuestra vida, tanto más necesitamos recuperar la simplicidad. Ligero de equipaje, que escribió el gran Antonio Machado.
Como la vida es una metáfora tras otra, lo de mi adicción a colocar armarios cuando me puede la melancolía, la pena, la nostalgia, el pesimismo, el desencanto, la impotencia..., probablemente no sea más que una forma de compensar la necesidad de reorganización mental, y hacerle caso a las expertas en manuales del orden.
Saco todo, absolutamente todo, de un armario, ya sea ropero o de otros enseres, y clasifico, me deshago de lo que no me sirve para nada y coloco de nuevo. Luego voy unas cuantas veces a mirar esas estantería tan holgadas y tan bien distribuidas, y me invade la paz.
¡Si fuese tan fácil hacer eso con tu vida!. Te alejarías en unas horas de lo que te estorba, establecerías fácilmente prioridades y dejarías  el camino libre para hacer hueco a lo útil.
A punto de cumplir un año más,  hago balance.Apenas he cambiado mucho interiormente desde que tengo consciencia. Uno puede moldearse un poco, pero la esencia no hay edad que la transforme. Parece mentira, pero me siguen doliendo los mismos agravios y me sigo  tropezando con las mismas piedras, de diferentes tamaños y colores.Sin embargo, se van gestionando mejor los sinsabores. Disfruto con las mismas cosas, nuevas en lo externo pero de igual contenido. Te sigues topando con personas con perfiles idénticos; unas tóxicas y otras que te aportan positivismo. Los amigos de siempre, pocos pero incondicionales, siguen ahí.  Algunos son tan antiguos que se remontan a los años de niñez y adolescencia. Otros se te fueron añadiendo en el camino... Siempre digo que si se conociesen entren ellos se caerían muy bien. Los hay que ya se fueron para siempre. Tengo de todas las ideologías y economías, pero con el sello incuestionable de su bondad..También llega alguna decepción..Todos lo fuimos o lo seremos  para alguien.
Después están mis  hijos. No son de mi propiedad, porque nadie es propiedad de nadie.Tampoco yo consideré nunca que pertenecía a mis padres. Pero sí pensaba que a ellos me unía ese hilo conductor del respeto, el amor y el agradecimiento.Como todos, tomé mi camino, que sigue encontrándose con encrucijadas. Ellos me dieron herramientas, las que buenamente estaban a su alcance, que los padres no tenemos la varita mágica para acertar cual es la mejor vía a tomar en las rotondas del destino..  Quienes nos preceden no ignoran que lo que te espera ahí afuera no siempre es amable y protector como el almohadón que pretenden ser las paredes de la casa familiar. Ni mucho menos o blanco o negro. De ahí la importancia de dejarte aprender, frustrarte, conocer...
Y sigo clasificando... Las camisas aquí, las camisetas allá, los pantalones en el otro lado. La mitad de nuestras pertenencias materiales están de más. El fondo de armario, vamos, con lo que te sientes más cómoda y lo mismo te sirve para una fiesta que para una visita al médico, es reducido.Aunque he de reconocer que hay trapos u objetos que ya nunca usaré de los que me es imposible deshacerme, por el por si acaso del alma de las cosas. Lo mismo ocurre con las personas que ocupan tu tiempo importante.
En paralelo, voy ordenando emociones, por si los consejos de las buenas lecturas hacen efecto: los recuerdos buenos en un estante, los malos para el reciclaje, los propósitos en el estante más a la vista y las rabias en el cajón más alejado.
Todo en orden por un tiempo indeterminado. Luego, la alacena comienza a descolocarse otra vez  y, como ella, los días vuelven a estar revueltos. Las percepciones emocionales también .Las negatividades regresan al cajón donde no deben estar y se mezclan con los aciertos y los buenos momentos.
Por lo demás, totalmente de acuerdo con que la cincuentena es una buena edad para vivir circunstancias nuevas, para lograr metas y para sentirte sorprendida como una adolescente. Cómo si no, ya metida en esa década,  has aprendido a deslizarte en los esquíes, has comenzado nuevas actividades y trabajos distintos,  has viajado a ese lugar con el que siempre soñaste y has conocido personas que nunca hubieras imaginado.Siempre con el denominador común de escribir, una vía de escape que llena los estantes invisibles de la existencia.
Cuando voy llegando al estante de las medias y calcetines ya me dio tiempo a repensar, en esa madeja enredada de las reflexiones, qué es lo más eficaz: si muestras tus amarguras darás pistas al enemigo para machacarte más, si muestras la parte de tu vida que te hace feliz, tus pequeños logros, igualmente el adversario tendrá pistas para aborrecerte otro grado. Ni caso, dice Pilar, olvídate del qué pensarán y haz lo que te salga de la conciencia y el corazón. Igualmente, quien te aprecia, te entenderá.El resto no debe condicionar ni un ápice.
También es muy posible que te topes con un regalo sorpresa, en la repisa de los complementos, y entonces la magia del orden llegará para quedarse un rato más.




miércoles, 11 de diciembre de 2019

Tina y Manuel



Hacía muchas Nochebuenas que Manuel esperaba despierto la madrugada. Con la ventana de su habitación abierta de par en par, durante todas las estaciones del año; junto con la ayuda del cojín extra que tenía colocado sobre su almohada, a duras penas conseguía engañar a su tercer grado de silicosis.

Habían transcurrido una docena de diciembres desde la jubilación forzosa. El aire no llegaba bien a sus pulmones, por culpa del silice. Manuel Hevia, aún con reminiscencias negras en sus lagrimales, tatuajes de sus 39 años bajando a las entrañas de la tierra, temió que la vida se le acabase cuando en el reloj de la iglesia de su aldea sonasen las cuatro de la mañana y ya no le esperase humeante el café “de pota”, al que el dueño del gastado pantalón de mahón añadía unas furtivas gotas de aguardiente.  Su compañera, Tina, le preparaba ese brebaje mágico cada día, para enfrentarse a la veta de carbón.

Tenía  55 años cuando el médico del botiquín de HUNOSA le sugirió pedir la baja, al llegar con insuficiencia respiratoria al punto médico, procedente de la galería donde apuraba los últimos minutos del trabajo a destajo de su jornada laboral.  Poco tiempo después, se le concedió el merecido retiro, no sin antes haberse rebelado contra la situación,  porque el minero no conocía otra vida, desde que recién cumplidos los dieciséis entrase a picar hulla en un chamizo.

Pero Manuel sobrevivió a todos los amaneceres posteriores, con la compañía de su mujer, a la que tenía que retener bajo las sábanas blancas, bordadas por la única tía soltera de su gran familia,  que vivía con ellos en la casa paterna, y que se empeñaba en hacerles utilizar los antiguos ajuares de algodón, negándose a los nuevos tejidos, que no era tan sanos para la maltrecha salud del benjamín. “Duerme un poco más, Tina, que los dís son muy llargos y les mañanes empiecen a tar fríes”, le dijo por enésima vez a su cómplice de múltiples batallas, intentando disimular su ahogo en aquella madrugada de de hielo, y apretando con afecto las manos delgadas de su chigrera. El repentino revés de aire, que golpeó con furia la  contraventana, le trajo un claro presagio de despedida.

Sonrió al recordar la tarde en que conoció a Valentina de la Fuente, cuando se decidió a entrar a la taberna más cercano al pozo, que ella regentaba. Siempre aparcaba la bicicleta en una pared contigua al chigre de sus delirios de amor. Fue su primer medio de transporte, regalo del hermano mayor, cuando el primogénito emigró a tierras lejanas. Lo de menos era estrenarse en la primera copa de licor fuerte, porque su objetivo era hablarle a aquella “mocina” morena y menuda, a la que todos los días miraba de reojo, antes de que la jaula le bajase a la planta 16 del subsuelo.

Cuando Tina despertó de nuevo, en el reloj de la torre retumbaban las cinco de la mañana. Y la mujer,  que había compartido la vida de Manuel desde que lo viera entrar por la puerta del negocio familiar la tarde en la que se atrevió a saludarla, descubrió que aquellas serían sus postreras campanadas juntos. El aire dejó de entrar para siempre en los bronquios cansados, dejando a su compañero con la expresión eterna de los recuerdos dulces y el gesto invencible de los mineros, tan duros y tiernos al mismo tiempo; algo así  como las protectoras montañas que les arropaban siempre. Pero aquellas cumbres serían aún más su refugio inmortal desde aquella última Nochebuena, en la que el Villancico fue un verso de Neruda, que podía leerse entre la nieve prisionera dentro de la bola de cristal que adornaba la antigua mesilla de castaño: "Si nada nos salva de la muerte, al menos que el amor nos salve de la vida".

lunes, 14 de octubre de 2019

Y en su cocina...

Ayer conocíamos la noticia de la muerte de María Luisa García Sánchez. Unas cuantas generaciones saben de esta cocinera asturiana, pionera en dignificar platos e ingredientes  típicos de la cocina autóctona. En el banco de la quintana, donde muchas tardes nos juntamos mayores, jóvenes y niños, un 70 por ciento de los tertulianos y tertulianas tenían datos y opinión  de esta mujer centenaria, nacida en Figaredo.

Por mis estanterías hay varios libros de la mierense. Uno de ellos, lo recibió mi madre de su marido, como regalo de Santa Bárbara. A poco que me empeñe puedo ver la imagen de mi padre  con las gafas a media nariz y la cocina de "fierru" a pleno rendimiento, dictándole a su compañera de vida la receta de callos a la asturiana de "El arte de cocinar".Hace más de 40 años, que tu pareja te regalase un libro, aunque fuese de cocina, era todo un detalle. Tal vez ahora lo consideremos una declaración de intenciones, no siempre buenas, por aquello de que: "cocina tú". Como contrapunto, también en la actualidad, el regalo es un obsequio muto entre géneros, por lo que se puede interpretar como el reconocimiento a una excelencia..

"Mami, te salió genial el arroz. Tú no es que cocines mal, es que no pones interés", me dice  muchas veces mi segundo hijo único -así llama una amiga a cada uno de los hijos que se tienen con muchos años de diferencia-, al observar que tengo menos paciencia que su progenitor, que se luce entre fogones. Pego la frase textual porque define perfectamente mi inclinación de cocinera. Sin embargo, hay dos o tres recetas que bordo, y con los que sorprendo a quienes piensan que cocino poco. Aunque confieso que si doy con el tranquillo de alguna especialidad, corro el riesgo de aburrir con ella. Por otro lado,  treinta años cocinando porque no queda otra, algo te enseñan. Pero reconozco que la cocina no es mi hobby ni mi vocación, lo que no quita que de vez en cuando me levante inspirada y, si tengo la mañana más libre que de costumbre o la tarde se presente lluviosa, me pase un buen rato con el libro de Maria Luisa abierto y saque bastante victoriosa una tarta de manzana.

Cambiando de tercio, y con el mes contra la violencia de género a la esquina, una reflexión encaminada a que en ese lugar de la casa, donde tanto tiempo pasan la mayoría de las mujeres,  nunca sirva para que se haga realidad la canción de Andy y Lucas: "En su cara refleja la pena y el dolor....Y en tu cocina, tan prisionera de tu casa. En la cocina, donde los días pasarán como rutina..."

Que  la cocina sea, como dijo Dalí "el arte de volver a las raíces",  un lugar cálido donde la elaboración de platos sean un don que une e invita a olvidar el mundo hostil que muchas veces nos espera ahí fuera y no el tormento del que habla la canción. Por lo demás, mientras sube la tarta de manzana, que la mujer elegida un día para cocinarle al mismísimo Juan Pablo II, dejó inmortalizada en el libro que me progenitora guarda como oro en paño y con un forro impermeable para evitar estropicios -trátamelu bien, me dice-, yo sigo cocinando palabras en mi blog. ¡Buena semana!







viernes, 4 de octubre de 2019

Aire de les castañes

"Por el Pilar, les primeres castañes puedes asar" (Refrenero popular)


"Remiegues, monteses, llanisques, pilongues, sevillanes, de roxa... " Ya se siente el aire de les castañes por la aldea global coyana. Comentan por allí que este año llegarán más abundantes que el anterior.  Nada como un aroma para poner en marcha el resorte de los recuerdos, de las buenas sensaciones que te produce un paseo con el aire cálido de otoño acariciándote la cara, entre los árboles norteños presumiendo de su exquisita cosecha de la seronda.

Crema de hongos con castañas y pato confitado, carne de caza con castañas, crema ligera de castañas, sopa de castañas y setas, strudel de membrillo,higos y castañas, mousse de castañas, pavo con vino y castañas, brazo de gitano de chocolate relleno de castañas... Este fruto que, años atrás quitaba el hambre a personas y animales, es ahora una delicatessen porque sus propiedades para la salud son inmensas y su sabor exquisito. De ahí que los cocineros y cocineras de élite las utilicen para sus platos más innovadores. Pero, como lo sencillo no hay nada, "un cucuruchu de castañes asaes, con un vasín de sidra dulce", degustados en comunidad vecinal, no tiene cotejo.

Según los expertos es salud alimenticia "la castañas son un fruto seco riquísimo en nutrientes, aportando principalmente fibra e hidratos de carbono, con un bajo contenido calórico. Además ..... constituyen una fuente natural de minerales, entre los que destacan: fósforo, calcio, hierro, zinc, magnesio y en menos cobre, por lo que se le atribuyen propiedades anti-inflamatorias y vasculares. Sin olvidar que  nos aportan grandes  cantidades de vitaminas B1, B3, B6 y ácido fólico y que su elevado contenido en fibra ayuda a solventar los problemas de estreñimiento. 

Si a todo lo anterior añadimos que son beneficiosas para la hipertensión y los problemas de riñón;junto con sus efectos positivos para mujeres lactantes y personas con  anemia, debemos poner a las castañas en un sitio preferente en la escala de nuestra alimentación. Por si fuera poco, con las hojas del árbol se pueden hacer infusiones que serán muy eficaces contra la tos convulsiva y pueden utilizarse en dietas por su efecto saciante. 

Ya véis, lo que fuera remedio de miserias en un tiempo no muy lejano, es ahora un alimento altamente cotizado. Por nuestras sendas asturianas podemos disfrutar del barato placer de perdernos en busca del fruto otoñal por excelencia. Si abrimos bien los ojos podemos observar cómo alguna ardilla comparte nuestro paseo. Vivaracha y huidiza, saltando ágil por las ramas de los castaños, parece decirnos que ella es la auténtica dueña del fruto.Pero, como "en casa del herrero, cuchillo de palo", en ese paseo mañanero del fin de semana, no llevaba cámara para inmortalizar la belleza del "esquilu" desayunando en la rama de un árbol en este tiempo de castañas.

martes, 1 de octubre de 2019

Una coyana por Oslo

"Un libro, como un viaje, se comienza con inquietud y se acaba con melancolía" (José  Vasconcelos)

Un viaje inesperado, a uno de los lugares que siempre soñé con visitar, pero que jamás pensé que haría realidad, me reafirmó en la idea de que los sueños tienen una forma extraña de cumplirse. Nunca con el itinerario ni el orden en el que uno los imagina.

"¿Qué es lo que más te gustó?", me preguntó mi compañero de viaje a Oslo, a la vez que sangre de mi sangre, la última noche en Noruega.

"Pues todo -he de reconocer que soy de entusiasmarme con facilidad- aunque , si tuviera que elegir, me quedaría con alguna islina de los fiordos, y sus casinas de cuento de hadas, donde huele a bosque coyán. Será que la cabra tira al monte", le respondo.

Como el sol salía más temprano por allí, una mañana me adentré  por un barrio obrero de Oslo. Vamos, que tomé un sendero menos transitado, quizás también por aquello de que la conciencia de clase tira mucho. Por otra parte, Decía Rudyard Kipling que "lo primero que hay que hacer para descubrir un país es olfatearlo". Por Toyen olía a curri, a comino, a cardamomo, a nuez moscada, a canela, a jengibre, a cúrcuma... Pero tiene los mismos servicios que el centro de la ciudad: aparcamientos para bicis en cada portal, puntos de recarga para coches eléctricos, carril bici, tranvía, servicio de patinetes de alquiler, muchos parques y zonas verdes; además de buenas comunicaciones, y a Munch a la vuelta de la esquina, que el arte no entiende de clases sociales. Asímismo, se nota que es una ciudad de origen de pescadores, que creció sin olvidar de dónde venía,como deberíamos crecer todos;más que nada porque tal vez algún día nos vemos obligados a volver a ellos..Ahora este país nórdico está considerado como uno de los de mejor calidad de vida del mundo, lo que viene a demostrar que lo sencillo no está reñido con lo excelente. 


Una tarde, que me aventuré a ir sola al supermercado sin mi partenaire, más ducho en inglés, en estaciones de metro, en pases de autobuses, en billetes de tranvías... (De repente, te sorprenden tus propios hijos, porque tardamos en darnos cuenta las vueltas que ya nos dan en algunas situaciones). Por una circunstancia sin importancia, relacionada con mis genes del despiste de los Hevia, conocí a una joven Noruega, Justine, que con su ayuda me demostró la educación y el espíritu solidario y desinteresado de los lugares que se quedan en uno. Pero esta es otra historia..

Regresé con la sensación de que Oslo es un sitio tranquilo, con gente sencilla, que camina sin prisa por la ciudad. Lo describiría como un pueblo grande, rodeado de espacios naturales, donde muchas personas van por el centro con botas de montaña, y visten de forma cómoda y práctica, porque tienen a tiro de piedra la naturaleza; el Dios que más adoran. Se nota que están contentos con su tradicional forma de vivir. No sé si será cierto, pero escuché que se atrevían a dejar las puertas de sus casas abiertas porque la delincuencia es muy baja en Noruega. Viven como en una gran aldea, pero con todos los beneficios del progreso. Pueden coger el metro para ir a esquiar ahí al lado, y cuando hace menos frío disfrutan de espacios verdes inmensos, plagados de parques para niños, desde donde divisan la ciudad y sus fiordos. Comentan que hasta la familia real, que observa al pueblo desde una colina privilegiada, es muy cercana con sus ciudadanos. Y, cómo no, también está escrito que la igualdad entre hombres y mujeres, la conciliación familiar y el respeto por los derechos sociales no es un cuento de Andersen. 

Por algo opinó Tomas Johnson que "Todos los viajes tienen sus ventajas. Si el viajero visita países que están en mejores condiciones, él puede aprender cómo mejorar el propio.Y si la fortuna lo lleva hacia peores lugares, quizás aprenda a disfrutar de lo que tiene en casa"

Tal vez los que hayáis estado allí habréis visto cosas diferentes, por aquello de que "Los viajes son los viajeros. Lo que vemos no es lo que vemos, sino lo que somos”, que escribió Fernando Pessoa o como diría Aldoux Huxley: "Viajar es descubrir que todos están equivocados sobre los otros países". Enfín , que si un día me pierdo, igual es que regresé a la tierra que aún tiene reminiscencias de fuertes leñadores, de pescadores antiguos y piratas feroces, que posiblemente no eran tan malos. 

Ahora, desde mi aldea global, que me esperaba como la almohada casera que valoras más tras la ausencia, revivo los momentos tan amables del viaje; tan guapos que tengo que narrarlos en mi blog, como todos los asuntos importantes, esas pequeñas cosas que van moldeando tu vida para bien.


Imagen: En la ópera de #Oslo,que emula un bloque de hielo emergiendo del mar.

miércoles, 4 de septiembre de 2019

De agendas y palpitaciones

"El hombre propone y Dios dispone", que dice la refranera de mi madre, o el ser humano hace planes y luego el karma dispone y las puertas de Mandala se abren o cierran según las circunstancias o el momento de ese "francotirador paciente" que es también el tiempo, y que se adapta mejor a mi filosofía. El caso es que la cincuentena me ha obligado, entre otros síntomas innegables, a tirar de agenda diaria. Me rendí ante la evidencia de que ya me traiciona la memoria y necesito apuntar los itinerarios de mi día a día. A mi favor, o tal vez como pretexto, he de decir que tengo muchos frentes abiertos, y numerosas actividades pendientes; será por aquello de que "catorce oficios, catorce miseries", que también dice mi progenitora. Sea como fuese, necesito apuntar las cosas de almanaque. Pero para otras cuestiones me ocurre todo lo contrario: determinados recuerdos o situaciones me producen extrañas palpitaciones, suspiros profundos y extraños calores  que acto seguido se transforman en un sudor frío y viceversa , que antes no me constaban. Dichos apuntes se vuelven tozudos al olvido."Esas son consecuencias físicas y psicológicas de la menopausia.Todo llega guapina", me dice Pilar. Pues eso, síntomas innegables de que el tiempo va pasando, pero tu ya no pasas por lo de otro tiempo.

La parte buena de las sofocaciones, que casi siempre llegan cuando los estrógenos se repliegan, es que te sirven de detector de peligro: si  algo te produce sofoco o taquicardia es que debes agudizar la guardia,  no es bueno para ti o ese no es el camino.. Vamos, que llegado el climaterio, la intuición alcanza la excelencia  y suele acertar al cien por cien. No te vuelves bruja; solo que  la naturaleza te hace un regalo en forma de sabiduría extra para compensar tantas cosas que se van quedando en el camino.

Por otra parte, septiembre, un mes precioso por mi aldea global  si el buen tiempo acompaña y los aires de "les castañes" acarician con suavidad, invita a retomar definitivamente la rutina de los días programados, en la misma medida que cambiamos sandalias por botas. La aromaterapia de las mandarinas, también  preludio del otoño y de recuerdos de nuevas vidas para mí, también forma parte de las anotaciones de la agenda:¡Comprar mandarinas!.

Buen comienzo, de agendas llenas de pequeñas cosas que nos generen paz,bienestar y buenos recuerdos. Lo demás, es pasajero.



miércoles, 15 de mayo de 2019

Aquel tiempo de "manzanes de San Juan"

Hace muchos años que el árbol de "manzanes de San Juan", que se encontraba lindando con el huerto que tengo en frente de mis casa de El Caalón, ya no está. Se secó de puro viejo; como nos acaba marchitando a todos el paso del tiempo. Sin embargo, cuando se aproxima Junio, también tiempo de cerezas, siempre recuerdo aquellos primeros brotes del manzano anunciando que, a finales de ese mes, podría morder el fruto temprano,tierno pero firme, que me sabía a comienzos de verano, a comienzos de todo. Aún me gustan las manzanas verdes, en particular las que se pueden coger directamente de los árboles típicos de nuestra tierra asturiana pero, como aquellas de San Juan de mi infancia, ningunas.
El árbol en cuestión estaba en la huerta de Manuel, un maestro de escuela que ostentaba, además, otros títulos universitarios, pero que para los niños y niñas del pueblo era un señor calvo  y peculiar que les daba clases particulares en verano; con  un montón de anécdotas incluidas. Un grupo de jóvenes iban a repasar al cuartín con el marco de la ventana pintado en verde las asignaturas en las que no se habían aplicado en el curso, y otro grupo de ellos les espiaba desde aquel hueco que daba al camino.
Para los adultos era Manolo el de Damiana o Manolo el de Balbín -según se acordasen al nombrarlo de su padre o de su madre-, por lo que su segunda mujer, una señora muy fina pero con un cierto aire de rancio abolengo que la dejaba en evidencia, nunca consiguió que sus vecinos y vecinas le llamasen Don Manuel. Para ser justa con la memoria, tengo que añadir que la compañera del dueño del árbol prohibido acabó siendo una tertuliana más, una vez que entendió las relaciones de quintana, tan alejadas de las falsas apariencias.
El maestro, en vacaciones y fines de semana cálidos, se acomodaba en la silla plegable, instalada en un pequeño terreno que tenía delante de su casa de La Canella, se echaba un vasín de vino, se ponía a leer el periódico y, de cuando en cuando, echaba la vista al aire para hacerle llegar un piropo a alguna mujer, para llamar a América, la suya, o para atraer la atención de algún raitán.
Yo tenía toda la semana para coger manzanas de San Juan del árbol de Manolo, pero solo se me apetecían cuando él estaba en el pueblo y, principalmente, cuando estaba vigilante desde la antojana de su casa; algo más alta que la mía, por lo que me divisaba bien. Solía hacerme sentir que me estaba viendo sin dirigirse a mí directamente, con extraños sonidos, como carraspeos, tosidos o golpes de nudillos. Si acaso, América, menos diplomática, llamaba a mi madre: "¡Bárbara ya está la niña saltando como una corza para coger manzanas!". Cuando ya estaban tan maduras que "nun les comín ni los gochos", nos pasaba el vecino del 127 amarillo unas buenas cestadas de ellas. Siempre me pregunté por qué no quería dárnoslas en su sazón si, al fin y al cabo, iban a perderse. Pero fijo que tendría su explicación.
Solo me consta que sigue en pie un árbol de esa clase de manzanas por las cercanías de mi minifundio. Tengo el permiso de su dueña para coger cuantas quiera. Y, a veces, por San Juan, me acerco a comer alguna, solo por sentir aquella sensación única de sabor a comienzo de un tiempo más alegre. Pero aquellas que agarraba furtivamente alguna tarde de junio, aquellas no volverán, que escribiría Bécquer. Es lo que tiene lo imposible o lo prohibido, que se nos antoja más valioso cuanto menos asequible.