Esas pequeñas cosas...

jueves, 20 de octubre de 2011

Cuéntame cuentos antiguos

"El lugar a donde siempre quiero volver..."


Cuando apenas había tres teléfonos en el municipio, y esto de Internet y sus derivados era cosa de un futurismo fantástico, los niños nos entreteniámos, entre otras cosas, en escuchar cuentos. "Cuéntame cuentos antiguos", le decía yo a mi madre alguna de esas noches de invierno, en las que el aire entraba "misterioso" por las ranuras de las ventanas. Y así me repetía antiguas historias de un tiempo todavía más increíble, cuando las casas eran mucho más pequeñas y las familias más grandes. Unas veces el relato era tal cual había sido, y otras adornado por el paso del tiempo.Yo me quedaba boquiabierta imaginándome lobos aullando tras las puertas, rumores de cementerios en las noches de Noviembre, trastadas de chiquillos, peleas de adultos, noviazgos, venganzas, bodas, tragedias, chascarrillos, junto con aromas a pan de escanda, y a "sopes de vaqueru".  Enfín, la vida en una aldea pequeña, donde cada uno escribió su propia novela.

Me imaginaba que las hadas existían  al escuchar que  Por San Juan enrosaban las fuentes, abundantes en la aldea donde su río tiene nombre de madrugada. En el Xerru el´Agua los más veteranos del lugar nos cuentan y nos han venido contando que se peina una Xana todos los amaneceres de la noche más corta,  y que allí habita siempre la magia del paisaje menos visible que la naturaleza esconde en sus entrañas. El solsticio de verano abría la veda de la hierba seca, las romerías y las aventuras por los valles que rodean El Alba y por las fronteras cercanas de los concejos limítrofes. De hecho, todavía creo en los buenos cuentos; pertenezco a ese grupo de ilusos que siempre dan a la opción confíanza...

Luego está el realismo mágico que nos aportan todavía las arqueologías de los rincones del pueblo. Es la legendaria historia de Sinda la de Goro, de quien se cuenta que  enloquecía todas las primaveras. La mirada perdida y el gesto distante hacía presentir a sus vecinos que el brote de su enfermedad -locura se le llamaba entonces- empezaba a mostrar los primeros síntomas. Cuando comenzaban a salir disparados toda clase de objetos por cuantos huecos abiertos había en su casa los hechos ya no tenían retorno.

Después venían sus paseos sin rumbo por los caminos de la aldea, ligera de ropa en muchas ocasiones, y expresión airada. Algo más tarde comenzaban sus aventuras por los montes que rodean el valle y sus misteriosas desapariciones. Cuentan que, en una ocasión, su enajenación mental la llevó  a cruzar, transitando montañas, hasta más allá de los Pirineos. En alguna vieja fachada se pueden ver las huellas de unas manos, teñidas con arena mojada. Dicen que Gumersinda las iba estampando en las madrugadas de sus demencias. Los más pequeños la seguíamos a distancia en su deambular sin rumbo, con curiosidad y temor al mismo tiempo. De vez en cuando, se daba la vuelta, nos miraba sin mirarnos, y proseguía en su extraño mundo.

Acto seguido llegaban los "hombres del manicomio", como así les llamábamos los niños. Le ponían una camisa de fuerza y abandonaba con mirada desafiante una larga temporada el paisaje de sus delirios. En su inconsciencia, presentía el encierro como un animal enjaulado. Por entonces los tratamientos mentales no entendían de terapias sicofarmacológicas.  Ni tampoco el sicoanálisis para escuchar y comprender al enfermo mental estaba en su pleno desarrollo. Los locos eran una especie de poseídos por el diablo, y la exclusión social su condena. Donde ahora se ha construido uno de los hospitales más modernos de Europa era la antigua Cadellada ubicada a las afueras de Oviedo, la asociación mental de ideas me hace todavía relacionarla con las oscuras historias que fraguábamos a medio camino entre la imaginación infantil  y el sesudo realismo adulto, no siempre tan real.ni tan sesudo.
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Sinda "la lloca", también se la llamaba así aunque ahora el término resulte peyorativo, tenía largo su cabello entrecano y unos brillantes ojos negros, en conjunción con la figura esbelta. Era una mujer culta para su tiempo. Hasta guapa, según los cánones de belleza actuales. En la última etapa de su existencia vivía en una casita de planta baja, con puertas y ventanas verdes, y una valla que protegía su pequeña pradera. Ya despaparecida Sinda, Valeri continuó ofreciendo un halo misterioso, al que contribuía su ubicación, un tanto alejada del núcleo rural. En las épocas de lucidez hacía preciosas cestas de mimbre, cuidaba con esmero a sus pollitos y gallinas, y era una buena conversadora. Incluso se recuerda que tuvo amores merecedores de una canción.

Éste forma parte de los recuerdos que guardo de algunos de los personajes populares que habitaban en mi verde rincón. Algunos de ellos los he conocido. De otros tengo nítidas referencias porque, como os contaba, unas de mis aficiones favoritas, desde que apenas sabía escuchar, era la de quedarme embelesada con esos cuentos antiguos que Bárbara, de memoria privilegiada,´y otros vecinos del lugar, contaban en aquellos anocheceres fríos. Solían reunirse alrededor de un acogedor fuego y, mientras hacían tareas propias de esa época -pelar castañas para los animales, esmaizar, cribar avellanas, organizar la matanza...- repasaban historias singulares de gentes que ya se habían ido, hazañas que se me antojaban de novela, aventuras picarescas, amoríos de película,  tradiciones en desuso y, en definitiva, las vivencias de las gentes de un pueblo que, aún en épocas de escasez, consiguieron atrapar momentos felices.

Es así como puedo imaginarme deambulando por Encima el Pueblu, La Cuesta, El Follerón, La Sapera, El Cañal, La Plazuca, El Oteru, El Trechuriu, La Píngara, ElPingarón, El Caalón, La Canella, La Peruyera.,  ElArruyu, La Plana de Sabina, San Antonio, El Campu Xuan, La Canella, Fondón, La Faariega, La Llera... .a todos los niños contemporáneos de mis padres y abuelos, robando frutos prohibidos por los corredores de alguna de las quintanas o asaltando manjares en los árboles .

De especial referencia para las travesuras infantiles eran los hermanos Melendi, una familia de solterones y solteronas, con una  particular visión de entender la vida en una de las casas más antiguas que aún siguen en pié. Por los amplios caminos de mi poblado podría dibujar, sin haberlos conocido personalmente, a  Andresón, cartero y poeta;  Xuan el de Consola ; "yo soy un  hippie", dicen que decía este hombre que tenía la barba y los cabellos largos y unas ideas, extrañas para aquellos entonces, que fueron el preludio de aconteceres futuros.. Maestros de escuela irrepetibles, unos por su buen hacer con los pequeños y otros por todo lo contrario, padres y madres coraje, héroes y heroínas anónimos.Hay en el inventario de esos cuentos de antaños algunas Dolores, varios Xuanes, unas cuantas Rosas, diversos Manueles, más de dos Marías, y singulares Antonios, con historias a caballo entre el sufrimiento y el sentido del humor. Sin olvidar a personas que llegaron a ser ilustres, entre ellas, el político, jurista e historiador, Venceslao Roces.. En definitiva, una larga lista de seres humanos, que han dejado su sello en la esencia de nuestras raíces.

Más próxima en el tiempo, está la historia de Celia Carbayo, quien toda su vida tuvo conexión con la luna , donde aseguraba que se encontraba Adolfo, su gran amor. Siempre se pensó que el idealizado galán había sido un "señorito" aprovechado de la inocencia y el amor de una guapa joven que,como tantas otras, había ido a servir a la ciudad en busca de una vida mejor. Cuando regresó, ya no era la misma. Sus interlocutores favoritos eran los gatos y , orgullosa como era, no quería limosnas para su humilde existencia. "Me va a dar órdenes a mi el hijo de un barbero", contestó un día a un vecino que le insinuó que debía aceptar la ayuda municipal. Dentro de sus peculiaridades, tenía Celia una cierta elegancia, y no perdía ocasión para puntualizar términos de las nuevas tendencias, como las "faldas tubulares", a las que ella puso en el concejo la denominación de origen.

Otros mundos que van quedando impregnados en la esencia de mi tierruca. También poblada de historias de finales dramáticos, enfermedades infantiles incurables, amores imposibles, matrimonios de conveniencia, anécdotas solidarias, despedidas amargas por la marcha a tierras lejanas, de las que muchos no han podida regresar jamás. La ignorancia, el odio y la incomprensión habitaron asimismo por la aldea, tiñendo de tragedia vivencias familiares. Pero esto ya forma parte de otra historia.

Todavía hoy escucho con entusiasmo los relatos de quienes vivieron una época tan diferente a la actual, que ya nos resulta lejana.Trato de atrapar en mi memoria el "Cuéntame"  que en los pueblos pequeños tiene historias y costumbres añadida; relatos que únicamente sucedían en los lugares en que la Comunidad vivía de puertas para afuera. La vida compartida con los vecinos hizo menos duro el hambre, el trabajo duro y la miseria. A pesar de las carencias, por entonces se vestían y peinaban primorosamente de domingo y se hacían fotos con sus mejores galas. El ingenio les daba herramientas para que parecieran príncipes y princesas los días de fiesta, a través del color sepia de los antiguos retratos.

La vida no es como la vivimos, sino como la recordamos. Añadiría que también como nos la recuerdan quienes ya han vivido mucho y muy diferente. Gracias a todos ellos por hacer posible que los lugares tengan alma e historia. Y aunque nuestro mundo, y más todavía el de nuestros hijos, nada tenga que ver con esas épocas pasadas, es bueno transmitirles ese legado de nuestros antepasados que, entre otras cosas, les hace valorar más lo que hoy tienen. Siempre enriquece conocer lo más profundo de nuestras raíces, donde aún sin televisiones, móviles, ordenadores, y demás modernismos inimaginables para nuestros antecesores , se fraguó lo que hoy somos.

Continuará...





En los documentos gráficos: Una foto de cuento hecha por Amor García y la huella de las manos de Sinda, que descubrimos recientemente en una vieja pared.