Esas pequeñas cosas...

viernes, 27 de junio de 2014

Mis apuntes para el final de la semana


"El mundo hay que fabricárselo uno mismo, hay que crear peldaños que te suban, que te saquen del pozo. Hay que inventar la vida..." Ana María Matute
Termina la semana con la noticia de que Rubalcaba vuelve a su puesto de profesor de Química en la Universidad; casi que su imagen me cuadra más en ese medio. Seguramente ahí podrá ser más libre y auténtico. Nadie duda de que sus clases estarán concurridas. Ahora dicen de él que fue un político inteligente, honesto y consecuente; muchos no se explican cómo no fue capaz de frenar la caída del PSOE. Como suele pasar cuando alguien se va, ya es bueno para tod@s. La muerte de la escritora Ana María Matute llenó de frases bonitas el capítulo de lo literario y nos hizo ponernos al día en lo referente a la escritora que supo llevar a la elegancia su pelo canoso y sus ojeras que hablaban de mundos de hadas y otras realidades no visibles. De lo económico me llega que baja el Ibex y sube la Prima de Riesgo; por qué será que esos tecnicismos  suenan vacíos para quienes sufren otros problemas con nombres más claros. Lo que sí se entiende bien es que subirán los carburantes, justo cuando se preparan los viajes más largos del año.  En las cosas del querer, nos enteramos de que nuestro Banderas tiene un romance con Sharon Stone, la mujer que protagonizó el mejor cruce de piernas de la historia. Aquellas viejas burbujas del anuncio de Freixenet supongo que tuvieron su parte de responsabilidad. Tienen buen gusto estas chicas holiwoodienses (¿se escribe así?). Escucho al nuevo rey hablar en perfecto catalán y pienso que, opiniones sobre la monarquía aparte, hay que renovarse o morir. A primera hora suena un ruidito en mi móvil con un mensaje de amistad, y aunque no soy de cadenas agradezco el detalle; aún con sus espinitas, y algún desencuentro -nadie es perfecto- la amistad forma parte de nuestros momentos de felicidad. El chico del tiempo con traje impecable nos pronostica una meteorología variable en el Norte. Empieza la vida un día más...

sábado, 21 de junio de 2014

Te doy una canción...


"Sin la música la vida sería un error" (Nietzche)


 No ha podido ser. Una de mis amigas, la más cantarina, y servidora, nos hemos quedado sin las entradas para el concierto de nuestra vida. Nos cuentan que estuvo genial, y eso nos hace taparno más fuerte los oídos. Imperdonable nuestro descuido por confiar en la buena buena suerte de conseguir un pase a última hora. Y nos tiramos aún más de los pelos al enterarnos de que habíamos tenido al lado de casa la última oportunidad... Aunque no es un gran consuelo, va muy especialmente por ella la actualización de esta entrada. De no haber más conciertos con nuestros "ídolos" reunidos , seguramente habrá más anocheceres para cantar en alguno de nuestros rincones del alma...

Si lo imposible no fuese tal, desearía tener un oído y una voz aptos para esa música que tarareo todos los días cuando nadie me escucha. No he sido agraciada con ese maravilloso don para exponerlo públicamente. Confieso que admiro de manera especial a quienes cantan, componen o tratan de tú  a tú algún instrumento musical; si no todo al mismo tiempo, que las aptitudes suelen ir encadenadas. Pero, como bien dice el refrán: "cantar bien o cantar mal, a todo se le llama cantar", y de no tener la osadía de  hacerlo siempre se puede escuchar, así que no tenemos disculpas para no disfrutar de ese maravilloso idioma universal que transforma ánimos, lima asperezas, revive recuerdos, endulza futuros y templa realidades. Por algo se dice que lo único que puede romper un buen silencio es la música o la poesía. Por otro lado, el gran Miguel de Cervantes, sabio como pocos, ya escribió hace mucho que "quien canta sus males espanta".


Hay un tiempo para nacer, un tiempo para llorar, un tiempo para reír, un tiempo para soñar y un tiempo para morir, pero el tiempo para la música cabe en todas nuestras circunstancias. En la emisora que más escucho hay un apartado dedicado a la banda sonora de personas famosas. Les cuesta decidirse por una melodía en particular porque cada etapa de nuestra vida, si no cada vivencia digna de recordar, suelen ir acompañadas de una canción. Esos días que te levantas sin ganas de nada pones la música a viva voz y los colores comienzan a aparecer. Malos y buenos momentos tienen unos acordes que los hace sublimes. Son esas notas que transforman lo cotidiano en eterno.

Personalmente encuentro tarea imposible decantarme por una canción. Empiezo a retroceder en el tiempo y en cada estación hay una melodía que me llega. Algunas de esas músicas me acercan a los primeros años con canciones de películas protagonizadas por los niños y niñas prodigio como las que soñábamos ser: Ana Belén, Rocío Dúrcal, Marisol... hasta el archiconocido disco de las payasos de la tele; cuando todavía existía una sola cadena. En regresión progresiva a la más alejada infancia donde aún quedan ecos de las canciones que tarareaba mi madre -por entonces se podía escuchar un cántico en cualquier balcón abierto-  me llegan ecos de "Volver", "Campanela" o "La bien pagá", por citar alguna de ellas. Los "paisanos " también arrancaban con alguna tonada aquellos veranos repartidos entre su trabajo en la mina  y la hierba seca en la aldea. No me falta el sonido grave de algunos de los que me acercaron a lo mas autóctono con "Arrea carreteru", "Voy comprate unes madreñes" "dime xilguerín parleru", o aquella que decía: "con el vino que queda en botella, beberemos de ella hasta concluir, por si acaso el día de mañana las tristes campanas repican por mi".  Con la dolescencia esperando tras la puerta me llegan acordes de canciones que escuchaba  en  el radiocasette  del 127 de mi padre; de ahí supongo mi apego a "Compañeru dame tira", de Nuberu , "Madre que ye lo que pasa con los hermanos mineros...",  "Carta de un minero a Manuel Llaneza" o las primeras de Víctor Manuel: "Paxarinos", "Atrás queda el pueblo", "La romería", "El Cobarde", etc...  Sin dejar a un lado las "protesta", de todos los lados del Atlántico; en conjunción directa con la antesala de nuestra democrática. "Libertad si ira" sería su representación más visible, aunque tengo cientos en mi haber.Luego, unas cuantas en el único inglés que nos atrevimos a chapucear quienes tuvimos una relación de incompatibilidad con ese idioma que llegó tarde a nuestras vidas: Pongo  "Yesterday" por ser la más versionada y escrita en el año que vio la luz mi generación. Pero hay una larga lista que dejo por si mis amig@s más conocedores de la música en otro idioma se animan ponerlas en al capítulo de comentarios y me ahorran tener que buscar su grafía correcta; ahí también tendrán cabida mis seguidores amantes del puro rock, donde tampoco estoy muy puesta.



Qué decir de la banda sonora de la adolescencia en pleno fulgor. "Mi libertad", de Miguel Bosé", "Si te vas", de Pecos, "Hoy tengo ganas de ti", de Miguel Gallardo; algunas de tantas que nos sabíamos de principio a fin. "Chiquitita", de Abba,  "En tu fiesta me colé", de Mecano "Maitechu mía", de Mocedades,"Juntos", con la que Palama San Basilio nos daba el consejo nada bueno de cruzar en rojo los semáforo y fumar un cigarrillo a medias, etc.... Pero las ya eternas en el repertorio de cada día estaban reservadas para los años de juventud; tal vez la etapa que más marque nuestra vida por  la intensidad de los momentos, los cambios en nuestra personalidad y la libertad que imprimía a nuestros universos ese periodo. Cómo olvidar "Al Alba" de Aute, "Hijo de la Luna", de Mecano, "Un vestido y un amor","Santa Lucía", de Miguel Ríos, "Querida Milagros" del último de la fila. "Voy camino Soria", de Gabinete Caligari y todo un repertorio de Serrat, Chavela, Mercedes Sosa Silvio Rodríguez, Ana Belén, Sabina, una vez más Víctor Manuel. Así podría tirarme toda la mañana con mis favoritos. Por cierto, la mayoría de ellos en el próximo concierto que el cantante asturiano ofrecerá en Oviedo el próximo septiembre. Para volverse al paraíso también con aquellos italianos de voz ronca, a los que era imposible no perdonar: "...lo siento mucho la vida es así...".


En otro apartado, las bandas sonoras de las películas que también van marcando nuestros ciclos: "Ghosts", "Oficial y Caballero", "El Guardaespaldas",  "Los miserables", "Cuando un hombres ama a una mujer" e infinidad de puntos suspensivos. Se estarán tirando de los pelos los amantes de la música clásica , pero mentiría si dijese que soy toda una entendida en ese apartado, donde sólo podría citar las más conocidas. Reconozco que es una de tantas asignaturas pendientes; y que no me acerco ni de lejos a esa cultural musical. De todos modos, cada vez este tipo de música de élite se está acercando al gran público. De hecho hay un libro que habla de la música clásica en vaqueros, como una puerta abierta al conocimiento de esas notas exquisitas.

Si tienes hijos que te actualicen en la modernidad, vas incorporando nuevas canciones a tu repertorio y serás conocedor de nuevas melodías que van desde el eterno romanticismo hasta las letras más atrevidas. Desde Melendi, para acabar en el más puro Rap, pasando por Amaia Montero y un sinfín de grupos de nombres imposibles, hay toda una gama de incorporaciones que habréis tenido el gusto de conocer, principalmente si viajáis con la música de vuestros retoños. Y así un viaje tras otro acabaréis tarareando cosas como: "...Y he plantao un jardín de la alegría, 
para hacer mas divertidos mis días 

"Y he soñao que dormía entre tus piernas, 

Y he dejao el sueño patas arribas.  

Y puse tus recuerdos a remojo 

y flotan porque el agua está salada, 

Salada porque brotan de mis ojos, 

Lágrimas desordenadas. 

No pienses que estoy loco 

por vivir a mi manera ...." 


Aunque el romanticismo vaya en decrescendo a medida con aumentan las crudas realidades, siempre vendrá a salvarnos un buen bolero. Como de algún modo hay que poner punto y final, de tener que elegir sí o sí una canción me quedaría con ese bolero; todo un brindis para mis pacientes lectores porque la música empieza donde acaba el lenguaje, una balada, que más que canción es un deseo: "Que el fin del mundo nos pille bailando...".




jueves, 5 de junio de 2014

La reina que llegó de un telediario


Mi artículo para El Periódico de las Cuencas.

"Déjame que termine de hablar..."

Tras la noticia de la abdicación de Juan Carlos I, la princesa asturiana es noticia por partida doble: una década de matrimonio con el príncipe heredero y la posibilidad inmediata de convertirse en reina de España. La polémica, las críticas y los halagos están nuevamente en la primera plana del mercado informativo

Nació en Oviedo cuando la censura aún hacía estragos en los medios de comunicación y  en el pop español triunfaba "Dama dama", de la malograda Cecilia. Hoy es la princesa que llegó a nuestras vidas inmediatamente después de acabar la segunda edición de un informativo nacional un frío Noviembre. y cuyo futuro pasa por teorías inciertas. Sea como fuese, paradojas de la vida, con un década de aprendizaje entre la casta suprema, aquella presentadora que nos hablaba de premios con títulos principescos, tan criticada por muchos, de ideas progresistas, divorciada, hija de un periodista y una enfermera, con ascendientes de clase obrera, es ahora, dicen, la que podría salvar la monarquía, de quedarle alguna posibilidad a la institución.


No soplan los mejores vientos para el futuro real de nuestro país; en buena parte porque el enemigo lo han tenido dentro. La veda de las críticas se ha levantado y salpican y mucho a la antigua reportera. Las palabras más demoledoras sobre la princesa Letizia salieron de la pluma de su propia familia, en el libro "Adiós, princesa", que su primo David Rocasolano le "regaló" a la futura reina, donde contradictoriamente de lo que más se la acusa es con lo que más puedan simpatizar quienes presumen de ideas libres.Tampoco faltan otras "malas lenguas" que cuchichean sobre su pasado de  profesional fría y ambiciosa, las mismas que continúan diciendo, diez primaveras después  de su boda con Felipe de Borbón, que se ha vuelto distante; quienes asimismo afirman que comienza a ahogarla esa vida de cristal, ambicionando ahora los instantes de felicidad con sus amigas en una terracita cualquiera sin que nadie controle cada uno de sus sorbos. Cuentan además por esos mentiremos que gusta de comprar ropa en esas tiendas para féminas de barrio.



Por tierras coyanas también anduvo Letizia de Borbón hace casi cinco años para la entrega del Premio de Pueblo Ejemplar a la Comunidad de Sobrescobio. Fue la distancia más corta que tuve con su persona. Los que sólo la conocemos de observarla a unos metros o a través de pantallas y  papel rosa no podemos arriesgarnos a juzgarla tan alegremente. Pero si en algo despierta mi simpatía es ese comentario que circula entre el gremio de que únicamente ha invitado a su boda a una de las personas de más bajo rango en la antigua empresa periodística en la que había hecho sus prácticas. Doble lectura tiene esa decisión, pero quienes gustamos de las relaciones no de conveniencia, la aplaudimos. También cuenta la leyenda que, tras conocerse su enlace con el Principe -no sabemos si también a ella se le habrá vuelto un poco rana a estas alturas del cuento- alguien coló bajo la puerta de su habitación en un hotel asturiano una nota que lllevaba por título: "No nos falles".

Paradójicamente, se rumorea en la actualidad  que los fervientes monárquicos, los mismos que en su día no vieron del todo bien ese enlace entre sangres de distinto color,  se parapetan ahora tras los hechos y modales de alta cuna de la nieta de una locutora.  Dicen de ella que es lista; y eso no se compra por mucha sangre azul que se tenga. Una pena que hasta la despreciaban por plebeya los de su mismo status. Y una lástima también que la cirugía, no sólo la plástica, la vaya transformando en una hembra de escaparate. Nos gustaba más aquella que "osó" decirle a su prometido: "déjame que termine". Pero, como mujer espabilada que parece, supongo que si las exigencias de la historia desbancaran de su jaula de oro a aquella joven que hizo su último trabajo de informadora con un temple envidiable -sabiendo la que le avecinaba minutos después- lo entenderá. Supongo