Esas pequeñas cosas...

jueves, 5 de junio de 2014

La reina que llegó de un telediario


Mi artículo para El Periódico de las Cuencas.

"Déjame que termine de hablar..."

Tras la noticia de la abdicación de Juan Carlos I, la princesa asturiana es noticia por partida doble: una década de matrimonio con el príncipe heredero y la posibilidad inmediata de convertirse en reina de España. La polémica, las críticas y los halagos están nuevamente en la primera plana del mercado informativo

Nació en Oviedo cuando la censura aún hacía estragos en los medios de comunicación y  en el pop español triunfaba "Dama dama", de la malograda Cecilia. Hoy es la princesa que llegó a nuestras vidas inmediatamente después de acabar la segunda edición de un informativo nacional un frío Noviembre. y cuyo futuro pasa por teorías inciertas. Sea como fuese, paradojas de la vida, con un década de aprendizaje entre la casta suprema, aquella presentadora que nos hablaba de premios con títulos principescos, tan criticada por muchos, de ideas progresistas, divorciada, hija de un periodista y una enfermera, con ascendientes de clase obrera, es ahora, dicen, la que podría salvar la monarquía, de quedarle alguna posibilidad a la institución.


No soplan los mejores vientos para el futuro real de nuestro país; en buena parte porque el enemigo lo han tenido dentro. La veda de las críticas se ha levantado y salpican y mucho a la antigua reportera. Las palabras más demoledoras sobre la princesa Letizia salieron de la pluma de su propia familia, en el libro "Adiós, princesa", que su primo David Rocasolano le "regaló" a la futura reina, donde contradictoriamente de lo que más se la acusa es con lo que más puedan simpatizar quienes presumen de ideas libres.Tampoco faltan otras "malas lenguas" que cuchichean sobre su pasado de  profesional fría y ambiciosa, las mismas que continúan diciendo, diez primaveras después  de su boda con Felipe de Borbón, que se ha vuelto distante; quienes asimismo afirman que comienza a ahogarla esa vida de cristal, ambicionando ahora los instantes de felicidad con sus amigas en una terracita cualquiera sin que nadie controle cada uno de sus sorbos. Cuentan además por esos mentiremos que gusta de comprar ropa en esas tiendas para féminas de barrio.



Por tierras coyanas también anduvo Letizia de Borbón hace casi cinco años para la entrega del Premio de Pueblo Ejemplar a la Comunidad de Sobrescobio. Fue la distancia más corta que tuve con su persona. Los que sólo la conocemos de observarla a unos metros o a través de pantallas y  papel rosa no podemos arriesgarnos a juzgarla tan alegremente. Pero si en algo despierta mi simpatía es ese comentario que circula entre el gremio de que únicamente ha invitado a su boda a una de las personas de más bajo rango en la antigua empresa periodística en la que había hecho sus prácticas. Doble lectura tiene esa decisión, pero quienes gustamos de las relaciones no de conveniencia, la aplaudimos. También cuenta la leyenda que, tras conocerse su enlace con el Principe -no sabemos si también a ella se le habrá vuelto un poco rana a estas alturas del cuento- alguien coló bajo la puerta de su habitación en un hotel asturiano una nota que lllevaba por título: "No nos falles".

Paradójicamente, se rumorea en la actualidad  que los fervientes monárquicos, los mismos que en su día no vieron del todo bien ese enlace entre sangres de distinto color,  se parapetan ahora tras los hechos y modales de alta cuna de la nieta de una locutora.  Dicen de ella que es lista; y eso no se compra por mucha sangre azul que se tenga. Una pena que hasta la despreciaban por plebeya los de su mismo status. Y una lástima también que la cirugía, no sólo la plástica, la vaya transformando en una hembra de escaparate. Nos gustaba más aquella que "osó" decirle a su prometido: "déjame que termine". Pero, como mujer espabilada que parece, supongo que si las exigencias de la historia desbancaran de su jaula de oro a aquella joven que hizo su último trabajo de informadora con un temple envidiable -sabiendo la que le avecinaba minutos después- lo entenderá. Supongo