Esas pequeñas cosas...

martes, 11 de septiembre de 2012

Aunque los héroes también se nos mueran...

"No hay hombres perfectos, sólo intenciones perfectas". Robin Hood (Principe de los ladrones).
Que tiren la primera piedra aquellos adolescentes y jóvenes de la transición española que no han soñado con darse un paseo por la Serranía de Ronda en el caballo blanco de Curro Jiménez. Cuando la noche del domingo comenzaba la banda sonora compuesta por Waldo de los Ríos, el país entero  se paralizaba para ver al bravo justiciero que desvalijaba a los ricos con cortesía y con una veta de seductor que también tenía su aquel: "Un lugar en el monte y un hombre como yo no es un negocio rentable. Me encantan los malos negocios".

La muerte de Sancho Gracia, el actor que tan bien encarnó el bandolerismo andaluz del siglo XIX ; y aqhora la de Pepe Sancho, el Estudiante más rebelde, me hizo pensar en  los héroes y heroínas de leyenda que nos reafirman en la necesidad de creer en hombres y mujeres valientes, libres y justos. Incluso hasta guapos. Representantes de ese afán de saltarse las norma, que en los de menos edad es un valor añadido cuando está bien canalizado. A ser consevadores ya habrá tiempo.La necesidad de justicia se presenta menos adulterada cuanto mayor es la juventud.

Hemos de reconocer que a algunos nos atrae sobremanera la posesión de una pizca del coraje y la valentía de esos paladines semidioses perdidos por sierras, castillos, palacios, bosques o chozas. Son los ejecutores de los principios más nobles del ser humano, convencidos todos ellos de que "la justicia la imparten los hombres, y cuando los hombres se equivocan se convierte en injusticia" (Robbin Hood). Hace mucho que no cuela aquello de que los indios siempre eran los malos.

Ha habido y hay otros valientes más anónimos y reales. Pero cineastas y escritores se encargan de realzar lo sublime con su fantástica capacidad para hilar atractivos argumentos a medias entre la leyenda y la autenticidad, extrayendo los mejores matices de unos personajes que nos hacen ponernos de su parte en la primera escena, aún cuando no dejan de tener su lado oscuro como cualquier mortal.

En el fondo sólo se trata de cuánto nos atrae a una mayoría la justa redistribuicón de la riqueza y el bienestar. Desde ahí parten el resto de las divisiones de ideales. Al igual que el gran Sarmago pienso que la posesión de unos u otros es una cuestión hormonal.

Que lance asimismo el primer canto quien no pensó en algún momento aquello de que "quien roba a un ladrón tiene cien años de perdón", a pesar de que no debería hacerse apología del delito ni con justificación. Los villanos siempre reaparecen a través de las épocas adaptándose a las circunstancias. Por eso también retornará la réplica con bandoleros "buenos" que mutan sus caballos por vehículos a motor y sus trincheras por las redes digitales.

Que la salida para huir de las injusticias no siempre sea la del final de la serie, porque América tampoco es completamente inocente.: "¿A dónde vamos?. A América ¿Y eso dónde es?. ¿No te lo han dicho en la escuela?. Dicen que allí los campos son inmensos y se pierden en el horizonte. Que los ríos son anchos y profundos como mares. Que la tierra es generosa y hace florecer todas las estaciones".  Aunque sólo sea ya en sueños o conformándonos con representar a los luchadores anónimos de nuestro pequeño e imperfecto mundo cotidiano, no dejemos morir esa pasión por el héroe o la heroína que todos aspiramos a ser algún que otro día.