Esas pequeñas cosas...

miércoles, 10 de febrero de 2016

Ellas hablan solas

-"Pues sí que está hoy el día para ropa de primavera", digo en voz alta, mientras por las ondas ya se anuncian las nuevas prendas en rosa cuarzo, uno de los tonos de moda para los próximos meses. Al rato comento a media voz, acerca de las 13.000 unidades de cojines rojos en forma de corazón que se ofertan al año en nuestro país  por la archiconocida tienda nórdica,  que "menos mal que hay un plazo de siete días para devolverlos porque hay amores que no duran ni una semana por mucho que se esmere Valentín"." . Esto, y alguna cosita más,  a la par que ajusto el volumen de la radio, porque el ruido de la campana extractora me hace perder las informaciones que salen de mi gran confidente virtual. -"No echaré zanahoria a los garbanzos, todo es prescindible",  trato de convencerme a mi misma, al tiempo que sonrío al darme cuenta de que cada vez tengo más diálogo en soledad. También con la suma de los días detecto que aumenta el arsenal de tacos en mis divagaciones, principalmente mañaneras, por aquello de que en esas horas suelo estar sin compañía en mi cocina. "A tomar por ....", suelto también en ocasiones mientras el subconsciente me hace recordar a quienes me incomodan o me causan dolor; ya no tengo edad para aguantar estoicamente las malas energías... -"¿Un vino azul para días de amor por excelencia?.¡Hay que j.....; ahora que empezaba a cogerle el gusto a esa copita de rosado, que  incluso recomiendan para no oxidarse!".

Concluyo en que esto de hablar solo debe de ser cosa del paso del tiempo, y empiezo a entender incluso a aquellos seres humanos que hablan a dos voces, desdoblando su personalidad con una facilidad pasmosa. También comprendo el motivo por el que Celia hablaba con un amor, todo apunta que secreto, que ubicaba siempre en la luna. Nos hacía gracia,siendo niñas, agazaparnos bajo su corredor de barrotes marrones y oírla decir a viva voz: "Ayer no apareciste por el cielo, pero tranquilo, que si me necesitas subiré a visitarte".

A poco que contrastemos, podemos comprobar que el fenómeno es generalizado. Algunas de mis amigas me comentan que también notan el aumento de sus soliloquios. "Debemos de ser superdotadas, porque he leído por las Redes que hablar solo es síntoma de inteligencia", asegura Fina". "Pues yo voy para cum laude", le replica Marta, quien confiesa que aprovecha también esos momentos de desdoble de personalidad para mandar por donde se empiezan los cestos a quienes por educación, cobardía o sentido del buen gusto no se lo dice cara a cara, "¡Y lo bien que me quedo después de esos desahogos verbales!, concluye la pelirroja,  a quien por cierto tengo que llamar un día de estos, que la amistad hay que cuidarla y mimarla de cuando en cuando. De no hacerlo, no nos quejemos de las consecuencias.

Y ya no diga nada de lo de reírse cuando nadie nos ve. Porque quien a solas se ríe de sus maldades se acuerda. Que también. Por otro lado, Antonio Machado decía que quien habla solo es que llegará un día a hablar con Dios. Yo no sé a qué Dios se refería el autor de Campos de Soria. -"A uno de tantos, qué más da, si  todos debieran de hacer  milagros. Alguien tiene que haber para recompensarnos de tanta amargura e injusticia y dar alguna lección a algún que otro déspota". Enfín, a mí lo que más me convence es lo de la reencarnación -y no penséis que por culpa de Richard Gere, que pudiera ser-, sino por lo emocionante de imaginar que en una vida pasada fuiste alguien distinto o tendrás la oportunidad de ser otra cosa mejor en una próxima. "Pues no sé yo quien quisiera ser de darme esa oportunidad", me digo a mi misma al tiempo que compruebo que tampoco tengo azafrán. "Plan B: colorante... ".

Mención aparte lo de inventarse letras a las melodías conocidas, cantar a viva voz para un púbilco inexistente o tararear casi en un susurro esa música que se te ha metido en la cabeza. Hoy de la mía no sale esta: ""De aldea en aldea el viento lo lleva siguiendo el sendero.Su patria es el mundo, como un vagabundo va el titiritero..."


Fotografía hecha por Manuel Argüelles Santana