Esas pequeñas cosas...

lunes, 24 de junio de 2013

Tristes se quedan este fin de curso las aulas de las escuelas públicas

  • Cuando no existen las posibilidades de educarse, de levantar dentro de la masa corpórea la estatua magnífica de un espíritu cultivado, no se es hombre, y mucho menos se puede ser ciudadano. (Indalecio Prieto)

Despedimos este curso las aulas con la sensación de que algo ha cambiado, y no precisamente para bien, en la calidad de la Educación Pública. Las caras de los niñ@s de primaria, sin embargo, siguen siendo el mismo reflejo de la alegría que produce el fin de curso, las promesas de un largo verano de juegos, reencuentros y despreocupaciones. Quienes somos conscientes de la crisis, y de la coartada que supone para que en su nombre se decapiten derechos fundamentales a los que menos recursos poseen, con los consabidos recortes en Educación, Dependencia, Sanidad... miramos de reojo las ventanas de esas clases que se quedan vacías y nos preguntamos hasta cuándo aguantará el sistema tanto escarnio.

No es apología política la sensación de impotencia ante los retrocesos en aquellas cuestiones que nos han hecho un poco más libres e iguales. Variadas son las ideologías de quienes empiezan a sufrir las consecuencias de unas práxis que perjudican en mayor medida a quien menos recursos tienen, y que nunca verán el mundo desde la perspectiva de los que nunca tuvieron que hacer cuentas para pagarles a sus hijos unas clases particulares o una medicina en la farmacia., Simplemente produce rabia la convicción de que se desmorona un sistema que echaba una mano a quienes necesitaban de un mejor reparto de la riqueza para que en su país el estado de bienestar fuese a mejor, y se cumpliese la afirmación de Bob Tsalbert  respecto a la importancia de proteger al profesorado porque "los buenos profesores son caros; pero los malos, lo son todavía más."

Por si fuera poco la criba de profesorado y medios materiales en los colegio de Educación Pública, en la Universidad la cosa se acrecienta. Pagarse la matrícula y mantenerse en la Carrera ya sólo será posible si los "pobres" son unos superdotados. Con la excusa de la Excelencia, se mete un tajo a la igualdad de oportunidades. Sólo podrán sacarse su Licenciatura los ricos -excelentes o no- y los pobres que sean brillantes académicamente. No nos llamemos a engaño. Tal como se está poniendo el panorama, la escabechina irá in crescendo. Los recursos económicos de los propietarios de las nóminas poco más que mileuristas van a menos y las cuotas de los Servicios Públicos en progresión inversa. Y el drama se agudiza si pensamos en la tijera a las ayudas  en los niños que necesitan unos apoyos especiales. La cuestión es más ofensiva si cabe por el agravio comparativo con esas cantidades innombrables de euros que se fugan y se utilizan ilegal o inútilmente con total impunidad. .

Tal vez seamos malpensados, pero tal parece que también los recortes en materia educativa salpican la idea de la tolerancia y la libertad religiosa; hay un pequeño tufo al rancio temor porque un pueblo culto sea un pueblo peligroso. Totalmente de acuerdo con que la Educación es el arma más poderosa para la igualdad, estoy también convencida de que debemos exprimirla y fomentarla cuanto sea posible. Nunca será lo mismo cavar una zanja a sabiendas de que posees el arma del conocimiento, que usar el martillo sin más recursos en tu mente que el de un burro dándole vueltas a la noria.

Nos habíamos acostumbrado mal los hijos de la clase obrera. Bien lo dijo la mamá de un niño que llevaba a sus hijos a un colegio de medio pago, quien no tenía suficientes recursos para una privado, pero cuyo estatus no le permitía mezclarse con el pueblo llano: "tanta subvención para bilingüe en los colegios públicos de los barrios obreros es como echar margaritas a los cerdos...". Si quienes nos gobiernan tienen esa mentalidad comprendo mejor muchas decisiones...


 ,