Esas pequeñas cosas...

martes, 9 de junio de 2015

A quién le importa

En su perfil de twiter puede leerse: "Activista socialista, republicano, laico, feminista, ateo, migrante, federalista, lgtb, latino, abogado, concejal madrid, secretario movimientos sociales psoe". Nada que ocultar. Así lo confirmaba en su última entrevista en la Cadena Ser: "Tengo que ser transparente en todo lo que hago". Su último twit,el pasado 3 de Junio,demuestra que luchó hasta el final por la defensa de los derechos humanos:"el machismo mata", puede leerse en la imagen que colgó, en alusión al último crimen de violencia de género.

"A quién le importa" y "Sobreviviré" eran algunas de las canciones favoritas de Pedro Zerolo, un hombre que, por encima de todo, transmitía verdad y cercanía, defensor incansable de todos los derechos sociales, de los que decía que estaban para defenderlos, para conquistarlos y para usarlos.

Consciente de que las luchas de autodeterminación personal son las que cambian al mundo, su batalla mejor ganada fue la que le permitió casarse legalmente "por activismo y por amor" con su compañero Jesús. No es de extrañar que la Ley de Matrimonio Homosexual aprobada durante le Gobierno de Zapatero, y en la que él tuvo mucho qué decir, fuera una de las más celebradas por el concejal Zerolo, quien también dejó grabado que "los hombres tienen muchos armarios de los que salir", no solamente de la alacena de su opción sexual.

De acuerdo con la mayoría de las leyes aprobadas por los partidos de izquierdas en general y su PSOE en particular, Pedro era crítico con un punto fundamental, ya que echaba de menos una reforma fiscal progresiva para que pagasen los que más tenían. Asimismo hacía hincapié en que cuando la izquierda ha sido valiente ha acertado y ha tenido el apoyo de un sector mayoritario de la sociedad.

No ha podido ganar el activista nacido en Caracas su última batalla contra el cáncer, en la que luchó decididamente.Pero aún cuando fue conocedor de su enfermedad consideró que tenía que ser transparente y animoso, asegurando que "si el buen ánimo curase, yo ya estaría sano". Confesaba a través de las ondas que cada día se levantaba con la intención de vivir la vida viviéndola,  y aseguraba que era feliz aún en ese momento tan duro que le había tocado vivir. Seguramente porque intentar ser feliz por encima de todo es uno de los mayores actos de rebeldía.

"Estamos enfermos los dos", decía refiriéndose a su marido Jesús Santos, cómplice de más de 20 años;  la más bella declaración de amor cuando vienen mal dadas.Y así se fue, claro, luchador, feliz y enamorado. Por eso sobrevivirá en cualquier lugar donde ahora se encuentre.