Esas pequeñas cosas...

jueves, 28 de noviembre de 2013

María Belén Esteban Menéndez, princesa y escritora...

"La mayor parte de las gentes no juzgan a los hombres más que por su popularidad o por su fortuna.".  (François de la Rochefoucauld,  Escritor, militar y aristócrata francés).

Se titula 'Ambiciones y reflexiones',  pero podría haberse llamado de cualquier otro modo y el resultado del libro más vendido en España hubiera sido el mismo: ha agotado dos ediciones en apenas dos días (ya se está vendiendo la tercera), y ha batido récords que muchos escritores consagrados no han visto ni en sus mejores sueños. Se perfila como el regalo más vendido para estas navidades. 

Que levante la mano quien no conoce la existencia de María Belén Esteban Menéndez, alias La Esteban. Las audiencias y el interés que levanta la antigua novia de un torero de Ubrique, madre de su primera hija y posterior esposa de un camarero, amén de otros idilios con personajes más o menos afamados, son ya un fenómeno sociológico en estudio por los más sesudos intelectuales. A pesar de sus ganancias millonarias, eso de que su hija como pollo acerca mucho más a la clase obrera que el marisco que de cuando en cuando se comen los sindicalistas

La bola de nieve ha crecido y, nunca mejor dicho en el caso que nos ocupa, "de aquellos polvos vinieron estos lodos";  tantos que su presencia en los más variopintos medios o eventos hace sombra a cualquier otro acontecimiento de relevancia, a la par que convierte en oro cualquier producto que se le ponga por delante: desde las alcachofas hasta los sartenes, pasando por el buen olfato como cineasta de Santiago Segura. Poco puede hacer un programa de televisón que haya dedicado sus mejores profesionales a la investigación sobre los niveles de pobreza que ya han alcanzado muchas familias en España si calcando el otro botoncito del plasma aparece la mamá de Andreita con sus nuevos morros, su figura algo más rellena y la desnudez de sus glorias y miserias.

Se codea con la Alta Sociedad, quien se rinde a una foto con Belén tal vez a cambio de algún voto o de unas migajas de la simpatía de la clase media baja y no tan baja. La "princesa de Paracuellos del Jarama", que en su día osó enfrentarse al mismísimo Defensor del Pueblo, arrastra multitudes y tal vez la "sencillez" de aristócratas, políticos y otros captadores de simpatías dándole la mano a la ya divorciada de Fran Álvarez, que no duda en hacer públicas sus inclinaciones políticas, les acarree un nuevo escaño. Como la propia copresentadora afirmaba tras su sonado encuentro con Letizia: "de princesa a princesa"


El marketing que ha ido aprovechándose de los puntos más vulnerables de esa chica -nacida en Madrid el mismo año que Miguel Delibes es elegido miembro de la Real Academia española´, de su ímpetu para soltar los sentimientos más profundos, y de su atrevida ignorancia, no es sin embargo el único motivo que la han llevado a la cumbre de la popularidad. Hay en ella un punto diferente que marca la distancia con otros famosos y famosas de su misma condición. Ese sello peculiar e imposible de enmarcar por cuantos profesionales tratan de analizar el fenómeno es el quid de su tirón, sin olvidar que la fama sólo es, a veces, "un cúmulo de malos entendidos". A tener en cuenta asimismo la posibilidad de que sea más lista de lo que parece, por aquello de "que me llamen burro y que me echen alfalfa".

Hay quien ve en ella el proyecto de un juguete roto, pero el caso es que el juguete lleva haciéndose millonario dos décadas, y cada vez que se augura su decadencia resurge el Ave Fénix. Y un viernes cualquiera, a las doce de la noche, hora punta de audiencia, una frase deja embelesado a medio país: "Estoy hasta el potorro.."

Los verdaderos artífices del filón en que se ha convertido Belén Esteban están a su alrededor: mánagers, directivos de tv, y mucha gente cercana -lo de amigos daría para otro análisis- que saben hacer de los defectos virtudes de la mamá que tan bien vende lo de matar por los hijos,  retroalimentándose todos de un realismo esperpéntico que parece atraer a lectores y espectadores más que el mejor de los guionistas, el más inteligente científico o el encumbrado escritor.

Las colas para ver y comprar sus "reflexiones" estaban pronosticadas. Aún sin contar nada nuevo, ni sin hilar una historia que nos transporte a mundos sublimes , la tercera edición de la obra "presuntamente" escrita por Boris Izaguirre, ya ha marcado cotas históricas de ventas. El aire de vulnerabilidad que barruntamos a  través de la pantalla en la mujer con la nariz más observada de España,  es tal vez un gancho que no en todos los caso de personajes de plástico es posible reproducir.

Somos libres para comprar aquello que más nos seduzca, o que llene nuestros vacíos,  pero dice muy poco a favor de un "reino" el interés desmesurado por una chica que hace alarde de su incultura y cuyo mayor mérito no está precisamente en sus esfuerzos por superarse personal ni intelectualmente. Leía por las Redes que "¿De qué nos quejamos en un país que se moviliza más para ver a un personaje "elaborado" por unos intereses puramente comerciales que para protestar por el recorte de sus derechos más fundamentales?". Nos molestan cuando nos etiquetan como una nación de pandereta, pero el morbo que provoca la aparición de un personaje con muchas vivencias comunes vistas a la lupa de una opinión pública masificada deja patente que nuestra mejor anestesia es el cotilleo.

No estoy juzgando al ser humano que se esconde tras esa mujer de melena rubia, pechos artificiales y labios aumentados -como tantas- pero sí cabrea pensar en el mensaje que se transmite. Supongo que en el pecado llevará la penitencia porque siempre hay un poso de amargura en su rostro. Algo tendrá que ver ese desasosiego con la ausencia del caldo de cultivo del esfuerzo y el aprendizaje para dosificar la fama, tener la neuronas saneadas y los pies en el suelo. La culpa o el mérito de su popularidad no es otra que las de quienes escuchan con fervor que la reina de corazones les cuente que en su vida se encuentra la droga debajo de cualquier cenicero  o que tenía que ir "colocada" a aquel concurso del baile, del que salió triunfadora, mientras se escandalizan si la hija de sus vecinos fuma un porro cada fin de año.


¿Y de dónde sacamos algunas a estas alturas un novio torero...?. Para la próxima presentación de un libro habrá que ir como sus teloner@s. Lo difícil será que ella quiera... Que tiemblen los barcos perdidos en tierra de Pérez Reverte, que Belén seguramente por su libro... mate. "Y al que le pique, que se rasque", como posiblemente diga la famosa escritora ante la avalancha de críticas.


Imágenes: Hola.com


miércoles, 27 de noviembre de 2013

LO QUE SÉ DE LAS REDES SOCIALES...


¿Son redes porque entretejen relaciones entre amigos, conocidos, compañeros, camaradas, etc... o son urdimbres porque atrapan hasta el punto de hacerse imprescindibles?. ¿Qué hacíamos cuando el ordenador sólo era una herramienta para expertos en informática o se usaba como utensilio de empresa?. ¿En qué empleábamos nuestro tiempo aquella "lejana" época en la que no teníamos zona Wi-Fi en cada rincón de nuestras andanzas diarias?. Detengámonos a poner en una balanza lo que nos ha aportado y de lo que nos ha privado el uso de las redes sociales.

Para una mayoría, la interacción en Internet ha sido la mejor vía de comunicación que se ha inventado. A través de las respectivas redes sociales los seres humanos que las emplean con frecuencia han encontrado el mejor camino para compartir sus recuerdos, gustos, ideas, intereses y sentimientos. Hasta, en ocasiones, su soledad, El protector aislante de la pantalla permite abrirse al mundo  con menos tapujos, y expresar emociones que probablemente en el diario cara a cara suelen quedarse en el tintero.

A través de ellas compartimos paisajes y eventos variados, recordamos canciones, tarareamos boleros imperecederos, nos hacemos algún que otro guiño político e imprimimos nuestra versión de aquello que más nos interesa .Otras veces dejamos entrever nuestro ánimo del día con alguna frase célebre o un poema, para expresar de manera clara aquello que queremos gritar al mundo. No es preciso ser un gran sicoanalista para captar el tipo de energía que nos transmiten nuestros amigos virtuales.Digo "amigos" porque la comunicación vía internet nos ha llevado hasta personas desconocidas con las que confraternizamos de tal modo que llegan a tener una cabida importante en nuestras vidas. Otras, como ocurre en las relaciones "cuerpo a cuerpo", pasan sin pena ni gloria por nuestras pantallas. La empatía funciona a través de cualquier vía de comunicación.  Y en nuestras manos está poner distancia con quien no nos interesa.¿Quien quiere en su casa a un invitado que no le aporta buenas energías?. Como dice mi amiga Carolina: "para eso está el spam".

Por otro lado, tal vez maquillemos un poquito el muro para ofrecer una imagen algo más perfecta de nuestra existencia. No lo considero ningún engaño. Y me imagino que una mayoría acordaremos con humor que "nadie es tan guapo como se muestra en Facebook ni tan feo como aparece en su carnet de identidad".  Es posible también que esa estampa que captan quienes nos observan desde su terminal es como realmente somos o como soñamos ser. Cuando nos reconocemos en una opinión, una poesía, una canción, una foto, un chiste, o incluso algún hobbie, nos acercamos algo más a ese desconocido que todos llevamos dentro.

¡Qué decir de los recuerdos!. Son el único paraíso del cual no podemos ser expulsados, como decía un escritor alemán. Con las nuevas tecnologías, que avanzan a pasos agigantados, nos hacemos partícipes de estampas pasadas, volvemos a recuperar pinceladas de nuestro paisaje, nuestras costumbres e inclusive retazos olvidados de nuestra lengua más autóctona. Antepasados que jamás soñaron verse en la ventana al mundo que supone la red de redes, reaparecen en la memoria de quienes compartimos esas reminiscencias comunes. Vistas desde el prisma del paso del tiempo, esas vivencias toman un entrañable relieve.

En el otro plato de la balanza, el ordenador se convierte en un astuto ladrón de tiempo. Las horas parecen pasar más rápido en esos aparatitos de todas formas y tamaños. La inmediatez que supone la comucicación por Internet nos seduce más que cualquier otro medio de comunicación. Confieso que últimamente ya he devuelto más de un libro sin terminar de leer a la Biblioteca Pública y, algunos días, me retraso en el planchado de la ropa por cumplir con mis compromisos digitales. Por no decir que me tengo que poner horarios de visita a la pantalla para llevar a cabo mis obligaciones más prácticas en el tiempo previsto. De momento, me niego a aceptar las invitaciones a los juegos interactivos porque tengo poca fuerza de voluntad y me engancharía sin remedio.

También me consta de amigos y conocidos/as que se alejan del asunto de las redes sociales como del mismo demonio y nos acusan, sin acritud, a quienes estamos enganchados a la comunicación intracursor, de narcisistas y exhibicionistas.Tal vez tengan su parte de razón. La báscula, sin embargo, se inclina hacia  las cosas positivas que nos ofrece todo un mundo que se nos regala casi mágicamente desde las entrañas de las computadoras. Como excusa a nuestros excesos con el ordenador, el lema de guerra entre cómplices del tema es que "algún vicio hay que tener".

Mi blog, del que me siento orgullosa y responsable por las visitas registradas, no sería posible sin este maravilloso invento.

 "Yo, al verte sonreir,soy el niño que ayer fui. Si yo velo por tus sueños el miedo no vendrá y así sabrás lo bello que es vivir. Caen mis lágrimas al mar, tú no me verás llorar. Y es que con tu alegría amansas mi dolor, y así yo sé lo bello que es vivir, ra ra ra ra ra ra..." Una de las primeras canciones que compartí en los inicios de mi muro.¿A quien no pueden gustarle estas cosas?.