Esas pequeñas cosas...

jueves, 22 de enero de 2015

Fotos sí, fotos no

Me gusta robar momentos a la vida cotidiana -mis hijos, mis rincones, una flor, un regalo, un pastel de manzana, un café al amanecer, una sonrisa, la dignidad de una piel curtida por muchos otoños; el paso de mis días-, y compartirlos en las Redes. Presupongo que quienes los ven me sienten más cercana y se identifican con muchos detalles de mi sencillo mundo, aunque en algunas instantáneas ya se puedan contar las patas de gallo una a una. También me alegra encontrarme en imágenes a esos seres  que forman parte de la vida de mis amigos virtuales; algunos también reales. El gran angular le da un toque  aún más bonito a los recuerdos y las situaciones. En definitiva, conocer desde otra perspectiva esas vivencias ajenas que ahora nos es posible con el avance de las nuevas tecnología. Al fin y al cabo, son paisajes humanos que nos hablan tanto como cualquier puesta de sol, las aguas de una playa embravecidas, la mirada felina de un gato,el el cielo rojizo de una mañana o el perfil de una montaña.

 ¿Qué hubiese sido de la historia del arte si las Meninas se hubiesen negado a posar en un lugar tan privado como el salón del palacio de Felipe lV?. No pretendo comparar el pedigrí de esa gran obra con cualquiera de nuestras fotografías.Únicamente me llevó a ello que hoy estoy en un mar de dudas sobre la conveniencia,o no, de publicar fotos de nuestros menores y se me ocurrió qué hubiesen opinado los retratistas y pintores de otras épocas si la privacidad hubiese estado en siglos pasados tan supravalorada

Respetable, además de obligatorio por ley,  es no poner ninguna imagen de aquellas personas de las que no tengamos autorización, si están expuestas sin su consentimiento y en lugar privado.Una vez aceptada esa premisa, ¿qué pasa con quienes publicamos imágenes de nuestros pequeñines?.¿somos unos inconscientes?,¿unos irresponsables? ¿unos narcisistas que piensan que tienen los niños más guapos del mundo?¿acaso unos descerebrados que no vemos el peligro de exponer la profundidad de sus ojos, sus primeros dientes, los primeros pasos, el beso a sus abuelos, el rostro atónito el día de los Reyes Magos...?.

Mucho he leído sobre los pros y los contras de esas imágenes en el nuevo microuniverso de las Redes Sociales. Sólo se me ocurre que todo es cuestión de saber dónde está el límite de esa privacidad que pueda hacerles daño. O qué fotografía pudiera ser indigna para ofrecérsela a un público que, para qué nos vamos a engañar, no siempre es inocente. Por lo demás, cada cual tiene su idea distinta de lo íntimo, aunque coincidamos en algún punto.

La envidia, el morbo, la necesidad de saber para utilizar en contra de quienes van por el camino de la naturalidad son tan antiguos como el mundo. Quien quiera ver la negatividad de una imagen lo hará hasta de unos pies desnudos. No pretendo haceros pensar en la posibilidad de no colgar más fotos de esas personas de las que nos sentimos tan orgullosos de tenerlos por hijos o de sus compañeros de colegio, juegos y demás aventuras infantiles. Yo seguiré poniéndolas. y continuaré respetando a quienes son partidarios de la opción contraria. Por otra parte, lo de la dignidad y el pudor de las imágenes propias, después de que tienes una edad, ya es muy relativa... Eso sí, nunca dejéis de preguntatr a vuestros amigos y conocidos antes de colgar alguna de sus fotos; en este caso es preferible pedir permiso a pedir perdón...