Esas pequeñas cosas...

viernes, 19 de diciembre de 2014

Confieso

Las redes sociales parecen estar supliendo, en muchos casos, a la antigua función del confesionario comunitario, puesto en marcha no hace tanto por la iglesia más progresista. Lo de la confesión auricular tras las rejas de un locutorio, para contarle a otro ser humano, que ni siquiera era tu amigo, cosas que tal vez no le relatases ni a tu más fiel confidente, empieza a ser historia.

En lo referente al tercer Sacramento, la primera asociación de ideas  que se me viene a la mente es el rechazo que me producía la cercanía del aliento del confesor, perpetrado tras aquel confesionario de madera, que tenía un cierto tufillo a humedad y a decadencia. Recuerdo que nos aprendíamos de memoria los "pecados" a declinar cuando aquellas ceremonias eran obligatorias en determinadas fechas:.Eran cuatro o cinco ingenuas faltas que ya quisieran para sí muchos de los que nos indicaban la enmienda y nos daban la absolución con tres avemarías y dos padrenuestros. Después, aquel arrepentimiento rutinario, cuya letra imponía: "Yo pecador me confieso a Dios Todopoderoso..." .Las faltas "gordas", una vez que tuvimos uso de razón, se las contábamos vía directa a ese Dios, de cuya existencia much@s comenzábamos a dudar, aún cuando de algún modo lo hayamos reconvertido en otras entidades que también hacen de jueces.

Como es tiempo de propósitos y el espíritu navideño parece potenciar los sentimientos  -no digo que necesariamente tengan que ser buenos - hoy toca en mi blog confesión general. Lo inconfesable, como antaño, me lo reservo para mi Dios privado, lo que no significa que sea delito de omisión: Ahí van una lista de frivolidades para desdramatizar, que no todo van a ser nostalgias y filosofías:

Confieso que tengo un ordenador en la cocina tan imprescindible como el más irremplazable electrodoméstico, y por cuya causa se me ha quemado algún potaje.
Confieso que todas las mañanas envidio sanamente el talento, la voz y el buen criterio de algunas periodistas radiofónicas.
Confieso que, en ocasiones, me perfumo en el probador de la colonia más cara de la gran superficie comercial.
Confieso que siempre dejo el último bocado en el plato para no sentirme culpable por glotonería.
Confieso que cuando me doy atracones injustificados me disculpo argumentando que "total, tarde o temprano, nos vamos a morir".
Confieso que me cuesta siempre encontrar la parte a cortar que no duela.
Confieso que yo también  libro la guerra del quiero y no puedo, y del puedo y no quiero..
Confieso que pertenezco al grupo de los que le dan una lambiotada a la tapa del yogour antes de echarla al reciclaje de plásticos.
Confieso que no siempre reciclo.
Confieso que, emulando a la Santonja, de mes en mes, me regalo un "chupitín" del vino que vaya a echar al guiso.
Confieso que no plancho a diario y formo árboles de navidad con el cubo de la ropa, aunque no sea temporada de Adviento.
Confieso que he descubierto, a estas alturas de la película,  que existen vasos menstruales.
Confieso que comienzo a comprender a quienes no enseñan su DNI,  por aquello de que su edad no va pareja a sus ilusiones.
Confieso que tengo instantes en los que aún creo en la magia, aunque los Reyes Magos lleguen en trineo y Papá Nöel en camello.
Confieso que colecciono frases de muros ajenos que dicen cosas tan obvias como bonitas: "Quédate con quien te acaricie el alma que la piel te la puede acariciar cualquiera".
Confieso que presumo de mis amigos; con ellos pasa como con los libros, tal vez no sean los mejores pero son los que más nos gustan.
Confieso que escucho boleros y canto bajito cuando nadie me escucha.
Confieso que sólo pretendía hacer un poema. No me juzguen..
Confieso...

En mi  otro blog un resumen de baratijas y palabras http://baratijasparaelalma.blogspot.com.es/