Esas pequeñas cosas...

miércoles, 21 de marzo de 2012

Yo opino, tú opinas, todos opinamos...


"No comparto tus ideas, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlas"  Voltaire

Afortunadamente para todos, en nuestra sociedad ya no es preciso llegar al extremo sugerido por el escritor Voltaire..Salvo las que atentan contra las dignidad de cualquier ser humano, incluida la propia, todas las opiniones son respetables. Nadie debe tener miedo a tenerlas ni a expresarlas. Aunque mejor, si acaso, "presta el oído a todos, y a pocos la voz. Oye las censuras de los demás, pero reserva tu propia opinión", decía Shakespeare.

.En el complicado tejido de amistades que vamos hilando en las redes sociales hay, como es natural, criterios para todos los gustos. A poco observadores que seamos, cada quien sabe de que pie cojea cada cual..  ¿Para qué perder el tiempo en desagradar?.Ciertos desahogos verbales es más sabio reservarlos para la intimidad. Cuando en la "pared" de la pantalla del ordenador se cuelga algo que se aleja en exceso de mi manera de ver las cosas lo elimino; simplemente: ¿quién  mete en su casa mercancía que no le gusta?. En otras ocasiones, y es toda la licencia que me permito en cuanto a opiniones de Estado, no puedo evitar pulsar un discreto "me gusta". Hay otros foros donde uno puede dar rienda suelta a ese tipo de inquietudes y, en algunos, hasta pagan.

Aunque mi intención no sea la de juzgar a muchos de los amigos/as que plasman sus pareceres de cualquier índole sin tapujos -somos libres de decidir las funciones y los lugares para los que tenemos destinado el uso de las nuevas tecnologías-  muchas veces se rompe la magia de nuestros encuentros virtuales cuando, después de que alguien cuelgue algo tan bonito como "en la vida no te vuelvas indispensable, sé inolvidable", la siguiente notificación sea un sonoro "hijo de p..." como el juicio más inteligente sobre un representante cualquiera del pueblo.Donde acaban las buenas ideas, empiezan las descalificaciones.

Insultar sabemos todos, pero la injuria dice muy poco a favor de quien la utiliza: demuestra falta de argumentos, y da armas al adversario. En todo caso, me quedaría con el empleo de la ironía y, sobretodo, con el sentido del humor; posturas que abren ventanas y desdramatizan las opiniones. Usar ese sentido es ser consciente de la relatividad de las cosas y suele sacar a todos una sonrisa. Con el humor se dice mucho en poco espacio y quien lo capta en su justa medida revela ser listo.



Es cierto que las ideas comunes y la visión de la realidad política y social desde el mismo punto de vista crea un especial lazo de unión entre quienes comparten los mismos pareceres, pero igual de verdadero es que son muchos más los asuntos que nos unen a algunos de nuestros adversarios ideológicos que los que nos separan. Si nos paramos a reflexionar dos minutos y a escuchar con atención y respeto la verdad del prójimo siempre habrá matices para suavizar posturas e ideas que convergen. En mi caso, un cincuenta por ciento de las personas a las que aprecio no estarían sentadas en mi misma bancada, en caso de que fuésemos parlamentarios/as. El aprecio y el respeto que siento hacia ellas siempre me lleva a dar un margen  de comprensión hacia sus ideas. Si son buenas personas, algo habrá de razón en sus posturas. Como suele decirse, la diferencia de criterios se da hasta en las mejores familias. "Republicano soy, conservadora mi suegra, comunista mi mujer, y en mi casa hay una guerra..." reza el dicho.

La periodista Isolina Cueli, titulaba ayer la entrada de su blog "dichosos vosotros que creéis", y exponía, entre otros estos argumentos:  "Podría decir que aún creo en la Política con mayúsculas en el sentido de la función de gobernar o dirigir la acción del Estado en beneficio de la sociedad. Pero en el momento que entran en juego las ideologías se va todo al garete.. Me pasa lo mismo con la religión....Me quedo con los militantes, con las personas comprometidas y coherentes con lo que piensan a la hora de actuar.Curiosamente esos no suelen tocar poder. También los admiro porque, al igual que los creyentes religiosos, a pesar de los desastres que ven en la trayectoria de sus dirigentes siguen fieles a la causa. Nunca milité en ningún partido, ni sindicato, ni orden religiosa porque mi religión personal ,o mejor dicho, mi ética, no me permite comulgar con ruedas de molino, ni mirar para otro lado ante la injusticia, la mentira o la corrupción..".

Las opiniones más respetables serán siempre aquellas que estén fomentadas en la deducciones personales y no en herencias genéticas o influencias de quienes llevan su bandera como la más absoluta de las verdades, queriendo metérselas con embudo a sus círculos sociales. En más de una ocasión, si nos pusiesen delante un discurso sin firma quedarían en evidencia nuestras incoherencias. Aunque cueste más trabajo, hay que opinar por uno mismo. Además "no hace falta defender siempre la misma opinión porque nadie puede impedir volverse más sabio", dijo el político alemán Konrad Adenauer.

Siempre te desarma quien, siendo tu rival en convencimientos, te escucha, intenta comprenderte y te da muestras de sabiduría. Nadie es dueño de teorías absolutas. Hay matices en cualquier mensaje. . "Tu verdad no; la verdad / y ven conmigo a buscarla. / La tuya, guárdatela  ". Bonita la frase de Antonio Machado. Es tan sólo mi opinión