Esas pequeñas cosas...

martes, 27 de diciembre de 2011

Propósitos especiales...



No te rindas por favor no cedas,
aunque el frio queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se ponga y se calle el viento,
aun hay fuego en tu alma,
aun hay vida en tus sueños,
porque cada dia es un comienzo,
porque esta es la hora y el mejor momento,
porque no estas sola,
porque yo te quiero... Mario Benedetti

Comenzar una nueva dieta alimentaria, dejar de fumar, disminuir el consumo de bebidas alcohólicas, buscar un trabajo dignamente remunerado, encontrar un gran amor o intensificar la ilusión en el que se tiene, esmerarse más en la educación de los hijos,  mimar  la amistad, racionar las visitas a las Redes ,organizarse mejor en asuntos domésticos,  ahorrar lo suficiente para adquirir un determinado bien material costoso; sin olvidar la dedicación a ese hobbi siempre aplazado; asimismo de engendrar ese hijo  pospuesto  Este es un resumen  -no en el mismo orden ni los mismos proyectos para todos- de los propósitos diarios, semanales o para quinquenios de algunas de
las personas a cuyos deseos he tenido acceso, incluidos los míos. Sin olvidar la asignatura pendiente de valorar a quien realmente te valora y ser impermeable para quien te quiere peor.

Hablando de objetivos, cada día me levanto más temprano. No sé si con la esperanza de comenzar primero el día para cumplir aquellos planes que han quedado en el tintero la jornada anterior o simplemente porque a medida que pasa el tiempo se duerme menos. El caso es que me gusta la promesa de luz de esa semioscuridad del alba. Hay pocas cosas que me hagan sentir tan bien como observar la paz de la madrugada con un café bien calentito entre las manos y el sonido de mi emisora favorita de fondo.. El inicio de un nuevo día es como el principio de un año en miniatura: todo un abanico de posibilidades para emprender otra vez el vuelo. Sean cuales fueran los obstáculos, acrecentados en los pensamientos nocturnos, siempre se amanece con una pequeña o gran solución.

Hace tiempo que he dejado de lado los grandes propósitos. Me basta con cumplir los pequeñitos. Y hay días en que estos últimos también me superan. La realidad es tozuda  y acaba por convencerte de tus limitaciones. Los más avispados sacan provecho hasta de ellas. Los meros soñadores -entre los que me incluyo- se pasan año tras año intentando conquistar universos, cuando aún no han conseguido adueñarse de su pequeño mundo.


Y el mismísimo azar me ha llevado el pasado fin de semana a perderme en el desorden del desván de la casa donde nací. Entre una vieja maleta con la que mi abuelo materno regresó de Cuba - tras perder su fortuna por la mala cabeza de un amigo- , trapitos de mi primera niñez -aquellas enaguas infantiles que ya pertenecen a la prehistoria de la moda-, periódicos y revistas amarilleados por el paso de casi un siglo; junto  con un sinfín de objetos que sólo es posible encontrar cuando hay una persona que lo guarda todo -en este caso Bárbara, mi madre-, encontré un cuento que escribí a los nueve años. En aquellas hojas de una libreta con la que también se ha cebado la polilla releí las olvidadas andanzas de una niña que soñaba con ser escritora. Pensé mirando los ingenuos trazos infantiles que algunos deseos es posible que se hagan realidad, aunque el cómo y el cuándo nunca estén donde uno se imagina.

Si en el balance de un día cualquiera, el resultado es la conversación amigable tras una taza de café, el paseo por un camino  que invita a la vida , el abrazo sincero de un ser querido o el gesto de agradecimiento de alguien a quien hemos hecho sentir mejor con una mera sonrisa, entonces la travesía no fue en vano. A fin de cuentas el objetivo común de los seres humanos, independientemente de su cauces de consecución,es sentirse querido.  Son esas pequeñas cosas... 



Imagen: Matrioska, de Gabriela Münter




Esas pequeñas cosas

Esas pequeñas cosas 
"No es más grande aquel que nunca falla, si no quien nunca se da por vencido"