Esas pequeñas cosas...

martes, 6 de diciembre de 2016

Feminismo de andar por casa


"Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social" (Artículo 14, de la Constitución española de 1978).

Vaya por delante, antes de ir al grano de este artículo, que me considero una fervientemente defensora del reconocimiento de los derechos femeninos, que antes que cualquier postura política o ideológica tomo parte por los derechos de mis congéneres y que como frases de cabecera tengo las de algunas heroínas de las las luchas femeninas. Dicho esto hoy voy a contaros mi versión personal e intrasferible como madre de dos hijos varones y cómplice, por rebote, de todo un universos de chicos en un amplio abanico de edades, entre los que figuran los amigos de mis chicos y los papás de los mismos, incluyendo al de los míos. Con estas fuentes me considero en posición de datos suficientes como para hacer de abogada del diablo y transmitir las reflexiones que observo y me llegan desde el semillero de hombrecitos que pululan por mis casa, por mi mesa, por el patio del colegio, por las zonas de juego comunes y hasta por mis redes sociales. Son hijos, en su mayoría, de hombres y mujeres educados bajo la bandera de la igualdad-libertad-fraternidad, que la ondean a diario y que son conscientes de la necesidad de insistir en esa idea de respeto entre ambas orillas.

La idea de escribir desde la visión  en tiempo directo de los niños de ahora  me ronda por la cabeza desde que mi heredero más pequeño me espetó un día de estos, a la vuelta del cole, y después de una de las charlas en valores que ahora les dan con frecuencia,  que al parecer en esa ocasión versó sobre la igualdad de sexos. -"Mamá ¿tú que opinas del hembrismo?",  me dice mi casi preadolescente. "Querrás decir feminismo", le respondí. -"No, me refiero a la parte opuesta al machismo, esa venganza de las chicas hacia los varones que durante siglos las quisieron dominar,  (fenómeno de discriminación y subvaloración de los hombres por parte de las mujeres,dice su definición exacta) . Ahora tenemos que andar con pies de plomo", me dijo con unos ojos como platos. Aunque a él no lo pilla de sorpresa, acostumbrado como está a mis discursos feministas y a un ambiente familiar en el que me muchas veces me subo al podio de la mesa del salón a echarles mitines sobre las valía femeninas en cualquier campo,empezando por el de las tareas domésticas. Pero despierta en mí una especie de ternura comprobar, en esa edad en que las chicas despuntan primero en casi todas las facetas, cómo recogen ellos el testigo de unos tiempos en los que el enemigo no es el sexo opuesto, pero que se sienten algo despistados entre el juego de las hormonas y el de las ideas, en unos años en los que ellos apenas todavía juegan al fútbol y a los video-juegos y ellas les dan ya cien vueltas en miles de historias. Vamos, "que las niñas pueden con todo mientras que los chicos es más fácil que la adolescencia les haga perderse en una maraña de sensaciones y situaciones nuevas, al mismo tiempo que parecen algo perdidos en el baile de los conceptos", como me comentaba hace unos años uno de los profesores de mi hijo mayor.

Me suelen provocar benovolencia esas posturas entre la indefensión y la defensiva de los jóvenes varones que se criaron en un ambiente de igualdad en los hogares y ahora les toca discernir entre el respeto a unas leyes justas que protegen a la mujer, necesarias para compensar a quien tuvo durante mucho tiempo en la parte desfavorable de la balanza y una actualidad fundamentalmente social y laboral que es dura para ambos sexos. Por eso, el entrenamiento para el respeto y la igualdad en la casa y en el colegio les servirá de ensayo para entender la vida, que no es fácil para nadie."Poneros al día en todas las tareas, que ahora ya no hay parcelas femeninas", suelo decirles a mis oyentes que, dicho sea de paso,no sé si me escucharán mucho..

Por otro lado, aunque, concretamente en el Principado de Asturias,unas 750 mujeres están bajo protección policial y 40 hayan sido asesinadas por violencia machista en lo que va de años en nuestro país, algo se ha ido moviendo a través de esos siglos de los que me habla mi hijo. Al menos, se visualiza el problema, se promulgan leyes protectoras y se toman posturas de apoyo que, a vista de los hechos, son insuficientes. Por lo demás, sigo explicando a quien quiera escuchar, incluyendo a mi pequeño que reclama también derechos e igualdad para él y sus compañeros varones (eso de ponernos vídeos en los que no se puede tratar mal a una chica está mal enfocado, debería ser que no se puede tratar mal a nadie,hablaban una vez entre ellos), que la ley del péndulo es la más efectiva para llegar al equilibrio,como ocurre en cualquier tipo de exclusión. A quienes les cuesta entender la teoría de la discriminación positiva que visualicen ese ejemplo gráfico que un día escuché en boca de una mujer que llegó a uno de los cargos más altos en el ejército: "Hace un tiempo el péndulo estaba excesivamente de parte de los varones, ahora es posible que se fuerce el péndulo hacia el otro extremo, pero es lo más necesario para que en el futuro esté en el medio; donde encontrará el verdadero equilibrio"

Os dejo, mis chicos vienen del kiosko y acaban de "remover" mi ancestral gen de la maternidad con un puñado de regaliz rojo... Tregua temporal del discurso. Una suerte tener a tu alrededor a hombres que, por encima de todo te respetan; no todas las mujeres pueden decirlo, ni tienen a su alcance leyes que las protejan. Por eso no debemos bajar la guardia por pequeño que nos parezca nuestro universo de poderes.