Esas pequeñas cosas...

sábado, 29 de diciembre de 2012

La dama, el joven y la nevada: Un cuento de Navidad


Mucho de lo que cuento en primera persona como si se tratara de una autobiografía es pura mentira. Ahora, que esas mentiras puedan tener una cantidad de verdad dentro, es otra cosa. (Rosa Montero) Pero ésta es una historia real y muy cercana a mis vivencias . ¡Feliz Año Nuevo a tod@s

Caminaba a pasitos cortos por los caminos de su aldea, como hacía siempre desde ochenta y tantos años atrás. Aquella mañana la helada había caído amenazante sobre la nieve para quienes el frío fenaba las energías. Para ella, curtida en días de vientos peores y en "carámbanos" más duros, el paseo hacia el gallinero era un aliciente para comenzar con ánimo la rutina de un amanecer de diciembre. Dar de comer a sus animales era una misión para anteponer a aquel café que saborearía más tarde.

Chaqueta tirada de compromiso por encima de su menuda espalda, poco más gruesa que la rebequita una tarde de Agosto, piernas al aire, curtidas por interperies varias, zapatillas -eso sí- de auténtico fieltro, dentro de sus "madreñas" que apenas alcanzaban la numeración treinta y cinco,  y el primer palo que encontró para apoyarse, no fuera que un resbalón le fastidiase la existencia.

Con su inseparable cesta y un manojo de verduras bajo su mano derecha, mientras se apoyaba enérgica con la otra -para añadir una dato más a su individualidad era zurda- se topó con un joven que no pasaba de la veintena. El único transeúnte de aquellas primeras horas heladas por la plazoleta llevaba una especie de largo moño anudado como si tal cosa y unos vistosos "pendientes" en las cejas. Unos vaqueros tres tallas mayores que su esbelto cuerpo y un abrigado anorak de plumas que no dudó en quitarse en cuanto vio a la anciana. -"Tenga señora, póngase esto que yo tengo otra cazadora en mi coche y hace mucho frío", le ofreció con gesto amable.

La mujer en cuestión le sonrió sorprendida, rechazando la dádiva y anteponiendo su agradecimiento. -"Vivo ahí al lado, y tengo unos cuantos abrigos; pero tu acción dice mucho de ti. Nunca serás una mala persona", le contestó aquella mujer pequeñita, a quien seguramente había confundido con una "sin techo", a juzgar por sus ropajes desabrigados.

El "chico moderno" le devolvió la risa y le pidió disculpas por el malentendido.-"Debí haberme fijado en que su indumentaria era propia de una persona de aldea, curtida por el frío", le comentó a la señora que también llevaba un moño, aunque algo más canoso, mientras la acompañaba  por unos huevos que le regalaría por el conmovedor gesto.

Acompañó a la "dama del hielo" hasta donde el gallo cantaba impaciente y le pidió permiso para hacerle una cuantas fotos con su Smarphne última generación  rodeada de las gallinas que tampoco temieron la nevada para salir a picotear.

El año se despidió en aquel rinconcito norteño con la simbiosis del carácter de dos seres humanos totalmente antagónicos en moda y edad. Durante unos instantes convergieron sus almas en el mismo espíritu de generosidad, ausencia de falsas apariencias y la alegría de vivir disfrutando de las cosas más sencillas.

La fría ventisca que continuó soplando fue testigo mudo de la  atemporalidad de dos corazones libres; poniendo música imperecedera a una moraleja que trascenderá a crisis, modas y vientos políticos.



Fotografía: Soto de Agues (Asturias)  una mañana de nieve. Autora: Carolina Gutiérrez






lunes, 17 de diciembre de 2012

¿Tenemos la cara que nos merecemos?



"La cara no es jamás opaca del todo; el alma se muestra a través de sus muros" Huxley


¿Quien tiene cara de h... p... lo es?, nos pregunta un amigo. Aunque a nadie deja indiferente la primera impresión de un rostro,  también es cierto que si los encuentros con el dueño de la fisonomía se alargan en el tiempo es posible que, para bien o para mal, nuestra percepción de esos rasgos sea otra.

Pero ese primer impacto que nos causa una faz suele ser un pasapore seguro para nuestras empatías. La sonora afirmación del inicio tendría, no obstante, sus matices. Normalmente asociamos un semblante que se cruza en nuestro camino con otro u otros conocidos anteriormente y, a partir de ahí, llega la asociación de ideas.

Teniendo en cuenta esos atajos cognitivos, es innegable que hay  miradas de tal frialdad que nos hacen alejarnos leguas de la ruta de un ser humano determinado. Al igual que hay otros ojos que nos invitan a la más cálida de las cercanías. Existen semblantes que nos seducen a contarles confiados es más inescrutable de nuestros secretos. No importa que la piel sea amarilla, chocolate o blanquita. Ni siquiera el tamaño de frente, orejas y nariz  Más allá de la forma y el color se escapan sentimientos de los más variopintos registros. El lenguaje de una mirada suele venir a juego con la generosidad de la sonrisa, el desdén de unos labios o el estilo con que se contrae el entrecejo. Relacionándolas o no con nuestras asociaciones mentales, el alma se escapa por cada poro.

Cada quien tiene su interiorización de belleza y de bondad. Esa percepción determina la seguridad en uno mismo; incluso en un mundo virtual. Curiosamente, según Sergio Parra, "las cárceles de todo el mundo tienen un porcentaje más elevado de feos que de bellos. Las personas solemos acusar con mayor severidad al feo, y justificamos normalmente al bello. Algunos expertos en jurisprudencia están tan convencidos de que la belleza física es un condicionamiento en las salas de justicia que propugnan que los acusados de cualquier delito no aparezcan personalmente en el juicio o, al menos, que tengan derecho a que otra persona de belleza normal les represente".

Los primeros días de Facultad había un chico que no dejaba de mirarla. Pasado el tiempo llegaron a ser amigos." -¿Por qué me mirabas tan fijamente?", le preguntó. -"Eres igual que Reina (la de la Dama y el Vagabundo)", le confirmó el chaval. Aunque pudiera darse un parecido, el esquema mental del estudiante procedía más bien de una impresión subjetiva. No obstante, cuando la protagonista de la anécota llegó a casa aquella tarde buscó fotos del famoso largometraje de Disney. "Pudiera parecérseme. A ver donde encuentro ahora a mi vagabundo", pensó...   
 En el espejo que al amanecer nos espera no siempre vemos reflejado el haz que desearíamos. Una maldita tara nueva aparece alguna mañana. Bajamos otro poquito la luz y nos encontramos con esa cara que sigue ajena al paso del tiempo y de las calamidades. Otras madrugadas, seguramente pensemos en aquello que dejó escrito Schweiter " ...con cuarenta años tenemos el rostro que nos ha dado la vida, con sesenta el que nos merecemos".
 "Nunca olvido una cara, pero con usted haré una excepción", decía Groucho Marx. Pues eso, hay getas de las que huiríamos como del mismo demonio; otras en cambio nos conducen al mejor de los paraísos.

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martes, 20 de noviembre de 2012

El abismo de la memoria



"Si hay una facultad de nuestra naturaleza que puede considerarse maravillosa, esa es la memoria." Jane Austen


Experimentando la angustia que produce el olvido puntual de un sustantivo propio, una palabra común, esa fecha irrepetible... podemos aproximarnos al abismo que supone la definitiva desaparición de cuantos datos esenciales hay en nuestra memoria.

Tan sólo imaginar que tal vez un amanecer olvidemos que nuestro primer café nos espera , que no sepamos que los ojos que  nos miran con tristeza sean los de nuestros hijos, que al acostarnos nos encontremos con un extraño que viene compartiendo treinta años nuestra vida o  no sepamos el camino de una cucharada de sopa, se nos antoja como el más tormentoso de los infiernos.


Amelia intuyó que algo no funcionaba con normalidad en su mente cuando una mañana de domingo se le borraron por completo los ingredientes de los canelones; el plato que cada festivo suponía las delicias de sus invitados.. A la semana siguiente no supo si era el alba o el atardecer aquella luz anaranjada que llegaba hasta su ventana. Al cabo del mes acumuló tal cantidad de desvaríos que decidió acudir a su médico de cabecera. Cuando traspasaba la puerta del Consultorio una empleada de la limpieza le advirtió que aún llevaba puesto su pijama de estrellitas plateadas. Hoy vive ausente en el sendero que transita de su jardín al dormitorio. Ni una sola queja ya. Únicamente sus pisadas autómatas, y de cuando en cuando una lágrima. En ocasiones sonríe. Es cuanta compasión le permiten los renglones que ya borró su memoria. Tiene sesenta años y aún es bella a pesar de todo.


De entre las enfermedades mentales, el alzheimer es una de las más temidas. Esta dolencia neurológica progresiva e irreversible afecta al cerebro produciendo la muerte de las neuronas. Es la causa más frecuente de todas las demencias, y ocasiona un deterioro progresivo de las funciones cognitivas. Actualmente no existe tratamiento, pero se pueden paliar los síntomas y mejorar el cuidado y la calidad de vida del enfermo y de la familia.



Hasta de ese paraíso que supone nuestra memoria podemos ser expulsados. Ser conscientes de ello supone el método más efectivo para valorar la importancia del recuerdo. "Somos nuestra memoria. Somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos" dejó apuntado Borges.


Luego, a años luz de esas penosas enfermedades del olvido, están la buena y mala memoria de la que gozan o padecen muchas personas. Con ambas posibilidades se puede vivir inteligentemente porque de tenerla escasa, "siempre se puede hacer una de papel" asegura García Márquez. Más importante que la tenencia de buena rememoración es la de poseer buen criterio, y de la ausencia del mismo nadie se queja, escribía Rochefoauld. Hay además quien acusa a la memoria de ser como el mal amigo, que te traiciona cuando más lo necesitas.Una nota de humor en este tema nos la pone el gran Grouho Marx: "Nunca olvido una cara, pero con usted voy a hacer una excepción" Y sepan que olvidar lo malo también es tener buena memoria. Asimismo hay quien queriendo olvidar no lo consigue; "es tan largo el amor y tan corto el olvido", dcie el bello verso de Neruda. 

Hay otra memoria tan importante como la personal: la de los pueblos, esa conciencia colectiva que les lleva al progreso y a la continuidad histórica. No conduce, por otro lado, a ningún avance que el perdón de los hechos más dañinos  supongan  el olvido, el desprecio y la comodidad. Puesto que nuestra vida aumenta cuando podemos ponerla en la memoria de los demás, seamos la de los que, por un motivo u otro, la han perdido.

Y qué desesperación la de aquellos que han de cuidar y convivir con quien han compartido más de la mitad de su vida.Ancianos, en  su mayoría, en edad de ser cuidados enfrentándose al doble sufrimiento físico y sicológico que se desprende del día a día de quienes padecen ese terrible azote .Cada decisión reciente de quienes dependen las ayudas para hacerles más fácil -a enfermos y cuidadores- su situación se aleja de la solidaridad y la justicia colectiva.

Para finalizar, una recetita: "la felicidad consiste a veces en tener buena salud y mala memoria". Sólo mala para aquello que nos impida avanzar, añadiríamos. No me olviden. 


Imagen: el abismo, de Manuel L. Acosta





Un aperitivo...

Texto de la contraportada de nuestro libro sobre madres... ¿Imperfectas?. Confiemos en que el parto esté próximo; y sobre todo que os empiece a seducir...

Tras el alborozo posterior al nacimiento (parto superado, flores en la habitación,
¡pero qué niño/a más guapo/a!, todo alegría y felicitaciones) llega el día a día y
esa permanente prueba a las que la vida somete a todas las madres que en el
mundo han sido (y serán). No es fácil ser madre. Es más: ¡¡es complicadísimo!!
Así lo explican las periodistas asturianas Susana González y Berta Suárez, y la
prologuista Pilar Rubiera. Las tres comparten vocación profesional y experiencias
maternales. Este libro no es un manual ni nada que se lo parezca, sino un
conjunto de vivencias muy bien contadas y con sentido del humor, que es la
forma más inteligente de asumir que los niños crecen, que los problemas también.
Que nadie es perfecto y que el amor hacia la prole no siempre es garantía
suficiente para encontrar el camino más adecuado.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Por si se trasplantara el alma


El alma humana es una caja de donde siempre puede saltar un payaso haciéndonos mofas y sacándonos la lengua, pero hay ocasiones en que ese mismo payaso se limita a mirarnos por encima del borde de la caja, y si ve que, por accidente, estamos procediendo según lo que es justo y honesto, asiente aprobadoramente con la cabeza y desaparece pensando que todavía no somos un caso perdido. Saramago

Como en los últimos tiempos las noticias son tan inmediatas como efímeras,ya queda muy lejos la "comentada" frase de Mariló Montero: "No está científicamente demostrado que el alma no se transmita en un trasplante de órganos". Ya que no arriesgo ningún puesto de trabajo en TV, y mi popularidad es pequeñita, me atreveré a decir que, por una vez, y sin que sirva de precedente, puedo interpretar para bien y hasta comprender a la presentadora que  luce como nadie su melena un pelín recogida y que mejor mancha las manos de pasta para rebozar sin perder la elegancia.

No sé si manía, defecto, fantasía o todo ello junto, el caso es que acabo extrayéndole el alma incluso a la publicidad que buzonean en mi portal, a cuyos emisarios acabo abriéndoles siempre la puerta, a riesgo de alguna que otra bronca familiar. Si no me interesan los anuncios, los uso para no manchar la encimera o de salvamanteles en un apuro. Lo cierto es que cualquier papelito tiene su historia y de alguna manera siento que he de amortizarla.

De las minucias a los objetos con mayúsculas y de lo poco transitado a aquello que nos pertenece durante un periodo más largo, llámese casa,coche o abrigo, el alma invisible de los seres inanimados siempre me habla de algún modo. Qué decir del alma de nuestras partes vivientes...

Tan enigmático como el origen de la vida es el origen del alma. De ahí que Platón se preguntase insistentemente sobre las teorías de ese ente indescriptible. Su mito del "carro alado" es una muestra de sus obsesión por la esencia. Así que tal vez la reflexión de la presentadora navarra llevase al filósofo griego a alguna conclusión, que compartiría a buen seguro con Aristóteles para quien "aquello por lo que vivimos, sentimos y pensamos" era  el alma.

Alada y azul solemos imaginarnos esa esencia capaz de escapar de nuestra naturaleza mortal y vivir más allá del tiempo y el espacio; ajena a lo efímero y  salvadora de nuestros comunes aconteceres. Hay quien afirma que esa tejedora de sueños escapa de nosotros y puede llegar a los confines de cualquier otra compañera de ilusiones intangibles. Y, aún cuando siempre quisiéramos mandar en el alma, la misión es la mayoría de las veces imposible.

El sello único e irrepetible que aporta cada ser humano puede ser también considerado como ese concepto al que cada cual pone nombre y apellidos; junto con la extensión de sus actos, sus rasgos físicos y las pertenencias materiales en las que deposita su entusiasmo. ¡Cuánta necesidad tenemos en muchas ocasiones de creer que nos es posible quedarnos para siempre con el alma de quienes amamos!.

De maneras diferentes, andan revueltas estos días las almas de súbditos y gobernantes. Podrían cortarse en el aire los vuelos de sus diferentes sustancias y esencias . Importante en este punto citar,una vez más a Platón: "las almas superiores,una vez pervertidas, causan los más grandes males,así en los estados como en sus familias, pero si dirigen bien su vuelo hacen la felicidad del mundo..." .

Por si un día se trasplantara el alma me quedo con Chavela: "Todo lo he hecho a sabiendas y no me arrepiento de nada. Ni de lo bueno, ni de lo malo, ni de los momentos felices, ni de las tristezas... Al final, tengo el alma llena de paz y tranquilidad".


Fotografía: Yoli Iglesias


  










martes, 25 de septiembre de 2012

A dónde irán los besos...


"El beso es ese mordisco que aprendió idioma universal y educación"



"Hay besos que se dan con la mirada. 
Hay besos que se dan con la memoria. 
Hay besos silenciosos, besos nobles. 
Hay besos enigmáticos, sinceros. 
Hay besos que se dan sólo las almas. 
Hay besos por prohibidos, verdaderos. 
Hay besos que calcinan y que hieren..." 

Estos versos que forman parte de un poema de Gabriela Mistral bien podrían considerarse un buen resumen de los tipos de besos, aunque seguramente habrá otros tantos para añadir. Besos rentables, besos desconcertantes, besos sarcásticos, besos amargos, besos cantarines o besos interesados serían algunos de los que faltan. 


Una noticia que encontré por la Red me llevó a escribir sobre el beso y su porqué. "Seis lugares donde está prohibido besarse en público" era su titular. Dubai, la ciudad de Maryland, en Estados Unidos, Malasia, Guanaijuato (Méjico), algunos colegios de Australia, y el Estado de Iowa, también en Estados Unidos son esos puntos geográficos donde el beso no está nada bien visto. Es probable que en dichos territorios se hayan basado en la reflexión del escritor irlandés, Jonattan Swift: "Señor quisiera yo saber quien fue el loco que inventó el beso".



El acto de tocar con los labios generalmente a otra persona -algunos animales como los primates también se besan-; bien sea por amistad, cordialidad, afecto o pasión tiene algo de universal y sagrado. La combinación de los tres sentidos -gusto, tacto y olfato- llevan a hacer sublime el gesto, en la mayoría de las ocasiones. Por algo Pretty Woman permitía "todo menos besar" como condición en su trabajo, el oficio más antiguo del mundo.



Aún siendo un idioma internacional, ese contacto de dos epidermis varía en algunos lugares.En la cultura esquimal, por ejemplo, se besan frotándose la nariz. El número de besos a la hora del saludo también cambian según las latitudes. Mientras que en España y otros cuantos países más lo lógico son dos besos en los encuentros y despedidas, en Bélgica y Holanda el número de ósculos se amplía a tres.  Besarse entre personas del mismo sexo es normal en muchos puntos del planeta, mientras que en otros los hombres tienen restringido el gesto entre sus congéneres. Todo lo contrario que en Rusia, donde los varones se dan un piquito en la boca a modo de saludo. Sin menos prisa en el preámbulo, los egipcios posan sus boca en la mejilla ajena, se dan la mano y concluyen con un beso en la frente. 



Demasiados requisitos para quienes son parcos en demostraciones de afecto ,fundamentalmente en público, aunque tal adversión nada tenga que ver con la falta de amor. Muy cierto además que casi siempre hay uno que besa y otro que se limita a permitírselo. Sin olvidar a aquellos en quienes pensó Bécquer; son las almas que "si hablar pueden con los ojos también pueden besar con la mirada".Sin duda  esos 34 músculos que ponen nuestros labios en movimiento también levantan más veces de las debidas suspicacias, enconos y algunas sorpresas. 

En cualquiera de su modalidad de intenciones, tienen esas carantoñas un algo de transmisión de vida; es por ello que los besos más tiernos y desinteresados son los que salen de padres a hijos. Nada que siente mejor que un repertorio de besos a nuestros pequeñines que, de manera particular, recién despertados de esos sueños felices "saben a pan recién sacado del horno" como dice Carolina. Incomparable ese primer contacto con la piel apenas llegada a la vida de un hijo que tienes en tus brazos por vez primera. Un momento inolvidable que siempre quedará sellado con un primer beso, preludio de un amor incondicional.Nunca olvidaré un cartel que leí en la consulta de un pediatra: "Jamás niegues a tu hijo un beso o un abrazo por profundo que sea vuestro enfado" Los comeríamos a besos en esas tiernas infancias; arrepintiéndonos más de una vez de no haberlos comido mientras padecen la irritable adolescencia. 



Ya sean con connotaciones sexuales, amistosas, fliliales,  protocolarias o amenazantes , las intenciones del músculo orbicular conllevan una dosis de pretensión añadida. Interpretando a Bécquer, en un beso sabremos casi siempre todo aquello que callamos, aunque siempre habrá para quien los mejores besos sean aquellos que nunca han dado. Por algo se preguntaba el paisano Víctor "a dónde irán los besos que guardamos, que no damos...".



Por muy prosaica que sea la actualidad, siempre nos quedarán los besos, aún cuando haya alguno que lamentaremos no haber dado. No cuestan dinero y, salvo los de Judas, son un bálsamo para el espíritu. Lo único que perdura "cuando la edad enfría la sangre y los placeres son cosa del pasado, el recuerdo más querido suele ser el último , y nuestra evocación más dulce, la del primer beso..." (Lord Byron).



Imagen: Fotograma del beso entre la Dama y el Vagabundo; uno de los arrumacos de leyenda más famoso en la historia del cine...

  








martes, 11 de septiembre de 2012

Aunque los héroes también se nos mueran...

"No hay hombres perfectos, sólo intenciones perfectas". Robin Hood (Principe de los ladrones).
Que tiren la primera piedra aquellos adolescentes y jóvenes de la transición española que no han soñado con darse un paseo por la Serranía de Ronda en el caballo blanco de Curro Jiménez. Cuando la noche del domingo comenzaba la banda sonora compuesta por Waldo de los Ríos, el país entero  se paralizaba para ver al bravo justiciero que desvalijaba a los ricos con cortesía y con una veta de seductor que también tenía su aquel: "Un lugar en el monte y un hombre como yo no es un negocio rentable. Me encantan los malos negocios".

La muerte de Sancho Gracia, el actor que tan bien encarnó el bandolerismo andaluz del siglo XIX ; y aqhora la de Pepe Sancho, el Estudiante más rebelde, me hizo pensar en  los héroes y heroínas de leyenda que nos reafirman en la necesidad de creer en hombres y mujeres valientes, libres y justos. Incluso hasta guapos. Representantes de ese afán de saltarse las norma, que en los de menos edad es un valor añadido cuando está bien canalizado. A ser consevadores ya habrá tiempo.La necesidad de justicia se presenta menos adulterada cuanto mayor es la juventud.

Hemos de reconocer que a algunos nos atrae sobremanera la posesión de una pizca del coraje y la valentía de esos paladines semidioses perdidos por sierras, castillos, palacios, bosques o chozas. Son los ejecutores de los principios más nobles del ser humano, convencidos todos ellos de que "la justicia la imparten los hombres, y cuando los hombres se equivocan se convierte en injusticia" (Robbin Hood). Hace mucho que no cuela aquello de que los indios siempre eran los malos.

Ha habido y hay otros valientes más anónimos y reales. Pero cineastas y escritores se encargan de realzar lo sublime con su fantástica capacidad para hilar atractivos argumentos a medias entre la leyenda y la autenticidad, extrayendo los mejores matices de unos personajes que nos hacen ponernos de su parte en la primera escena, aún cuando no dejan de tener su lado oscuro como cualquier mortal.

En el fondo sólo se trata de cuánto nos atrae a una mayoría la justa redistribuicón de la riqueza y el bienestar. Desde ahí parten el resto de las divisiones de ideales. Al igual que el gran Sarmago pienso que la posesión de unos u otros es una cuestión hormonal.

Que lance asimismo el primer canto quien no pensó en algún momento aquello de que "quien roba a un ladrón tiene cien años de perdón", a pesar de que no debería hacerse apología del delito ni con justificación. Los villanos siempre reaparecen a través de las épocas adaptándose a las circunstancias. Por eso también retornará la réplica con bandoleros "buenos" que mutan sus caballos por vehículos a motor y sus trincheras por las redes digitales.

Que la salida para huir de las injusticias no siempre sea la del final de la serie, porque América tampoco es completamente inocente.: "¿A dónde vamos?. A América ¿Y eso dónde es?. ¿No te lo han dicho en la escuela?. Dicen que allí los campos son inmensos y se pierden en el horizonte. Que los ríos son anchos y profundos como mares. Que la tierra es generosa y hace florecer todas las estaciones".  Aunque sólo sea ya en sueños o conformándonos con representar a los luchadores anónimos de nuestro pequeño e imperfecto mundo cotidiano, no dejemos morir esa pasión por el héroe o la heroína que todos aspiramos a ser algún que otro día.







martes, 4 de septiembre de 2012

La rutina de la rutina...

"La trampa de la rutina se desarma mirando excepcionalmente lo no excepcional". V. H. Menacho
 Pese a que un refrán popular dice que "todos los días gallina amarga la cocina", cuántas veces no habrá salido de boca propia o ajena algo así como "qué ganas de volver a la rutina".

Ese hábito que forma parte de las actividades normales que diariamente llevamos a cabo sin necesidad de reflexión nos atrae después de una temporada de horarios libres y actividades extraordinarias.Aunque pasada media hora inmersos en lo rutinario ya estemos deseando volver a lo excepcional.

Así de contradictorios somos la mayoría de los seres humanos. Siempre deseando lo que no tenemos. Aún cuando sea el uso más común, necesitamos aferrarnos a una cierta seguridad. Expertos en el tema explican que "la rutina significa regularidad y gracias a ella podemos ahorrar energía para dedicarla a otras actividades más creativas centrándonos así en lo que nos interesa de verdad".

¿Podríamos vivir sin rutina? Algunos psicólogos aseguran que sería como la experiencia de un viajero que vive al día, sin tener la menor idea de lo que le va a deparar la vida. Esta situación durante un tiempo prolongado causaría un estado de inseguridad y estrés poco saludable.

Nada que ver el hábito con el aburrimiento.Más bien anhelamos una estabilidad física y emocional sin dejar de sorprendernos y motivarnos con las cosas más cotidianas. Aún cuando realicemos todos los días las mismas actividades en unos horarios más o menos similares, de nuestra actitud depende que cada jornada descubramos un nuevo detalle para valorar y sacar más provecho a nuestra existencia.Siempre a cuestas con la certeza de que todo cambia constantemente y nada está controlado al cien por cien.

Por otro lado, hasta las vivencias más extraordinarias acaban volviéndose rutina porque la costumbre es tozuda y pronto se familiariza con nuestro devenir. De ahí lo importante de saber extraer lo extraordinario de los detalles más comunes del día a día.

Hay, no obstante, una rutina a la que no debemos permitir acostumbrarnos: la que viene cargada de energías negativas para ese pequeño universo que encierra cada cual. Hay infiernos que, a fuerza de ser rutinarios, se acoplan a nuestro respirar como si fuera lo más normal. Los de las angustias que matan y los miedos que pueden .Esas usanzas que bien pueden depender de nosotros, o no, debemos aprender a convertirlas en excepcionales. De lo contrario, transformaremos en rutina vivir en el abismo del que siempre soñamos huir

Huele ahora en nuestras vidas a libros nuevos, juegos en los parques,  jornadas de horarios madrugadores, comidas ordenadas, limpiezas a fondo, series televisivas, promesas renovadas y encuentros con aquello de lo que de cuando en cuando es preciso desconectar.

Rutina de este blog que se ha convertido en un hábito del que siembre habré de extraer algo nuevo para no llegar a caer en la desgana y el hastío. Que todos sean iguales pero no se parezcan a ninguno. Feliz vuelta a las usanzas, aunque probablemente yo sea de los que rápido las aborrezca. Será por eso que me incluyo en el grupo de quienes dejan todo a medias, junto con el de los que se cansan primero de los langostinos que del plato de lentejas...



Imagen: "Garapiellu" de avellanas. La recogida de las avellanas significa en Asturias la vuelta del otoño y sus rutinas... De nosotros depende darle el toque mágico...





martes, 31 de julio de 2012

Prólogo de nuestro libro sobre madres




Comparto con vosotros el prólogo del libro que Susana González Sancho y yo hemos escrito. Un honor que la periodista de la Nueva Españña, Pilar Rubiera, nos haya redactado la introducción.

SER MADRE, UN VIAJE EXIGENTE Y GLORIOSO

Pilar Rubiera

“Recuerdo un día lluvioso de invierno. Una gran colada de ropa que no acababa de secar y otra montaña de ‘trapos’ esperando que alguien les pusiera la plancha encima. Un montón de juguetes desperdigados por los rincones más inesperados de la casa; el chiquitín llorando sin consuelo porque era de poco dormir y el futuro adolescente exigiendo mi ayuda para hacer los deberes. Así comencé a convertirme en la adulta que nunca había deseado ser. Fue uno de los momentos –tantas veces se me repiten y se me han de repetir- en los que me estremeció la gran pregunta del libro de Rosa Regás ‘Sangre de mi sangre’: “¿Estamos preparados para lanzar al mundo un nuevo ser para que no sólo reciba los bienes y el amor que estamos dispuestos a ofrecerle, sino también un futuro donde un día tendrá que abrirse paso sin nuestra ayuda afrontando las dificultades, las injusticias, los ataques que nosotros ya conocemos, ya hemos sufrido y tal vez sigamos sufriendo?””

Esta es una de las muchas reflexiones que propone el libro “Madres In-Perfectas” sobre la maternidad, del que son autoras las periodistas Susana González Sancho y Berta Suárez Hevia. Casadas y madres de dos hijos cada una de ellas, se conocieron en un curso profesional e inmediatamente conectaron. Ambas, en situación de paro laboral, se sentían atrapadas en una maternidad que, pese a ser “lo más importante de sus vidas”, aseguran, les generaba en ocasiones inseguridad, sentimiento de culpa y frustración. El libro habla de madres y de hijos, no ignora la figura del padre, pero aparece más desdibujada en el acontecer diario. Susana González Sancho se detiene en el embarazo, el parto, la lactancia, la relación de pareja y los primeros meses que siguen al nacimiento del bebé que, en el caso de su primer hijo, la niña Lucía, fueron tiempos en los que dormir era un lujo que no podía permitirse. La madre está sola ante el reto de la crianza. Susana sintió que fracasaba como tal cuando el pediatra de su hija le escribió en un papel: “Lo mejor para Lucía es que su mamá le deje de dar el pecho”. ¿La razón?, los fármacos que debía tomar para combatir la depresión que padecía no eran compatibles con la lactancia natural. “Cuando ya fui mamá, eché de menos que alguien me hubiera explicado lo duro que es criar a un bebé día tras día, lo difícil que es pasar noches enteras sin dormir”, dice. 

Berta Suárez Hevia se detiene en las difíciles relaciones con un hijo adolescente guerrero. “En las aguas turbulentas de la adolescencia que, salvando las circunstancias sociales, se remueven del mismo modo, generación tras generación, hay momentos en los que un sentimiento parecido al odio aflora en las relaciones con nuestros hijos. Después de “odiarnos” un ratito, la batalla de la intolerancia suele darse por finalizada, agitando por ambas partes la bandera blanca del perdón. Un abrazo que templa las voluntades, que apenas unos minutos antes parecían indomables. Intentamos buscar el punto medio de nuestros argumentos y el punto de vista humorístico suele hacer el resto. ¡Nada era para tanto! Dejamos de odiarnos hasta la próxima contienda y el pequeñín termina de romper barreras imitando a su hermano: “Quero poné un pisin en las seja””, escribe Berta.

Un hombre no queda embarazado. Es la mujer la que acoge en su vientre durante nueve meses al futuro ser humano y, en ello, hay algo glorioso. Cuando, en el nacimiento, el cordón umbilical se corta y el niño o la niña alumbran a la vida, el viaje comienza .Y nunca sabes adónde te llevará. La maternidad te condiciona radicalmente. Es un derecho, es un patrimonio y un vínculo de por vida. Y nada de todo ello te asegura que la aventura va a salir bien. Decía la escritora estadounidense Hill Churchill que no existe la madre perfecta pero hay un millón de maneras de ser una buena madre. Ya lo dice le refrán: “madre no hay más que una”. Para bien o para mal.

En todo este trayecto hay mucho trabajo, gran responsabilidad, renuncias y rutina. Y hartazgo en ciertos momentos. Susana y Berta también hablan de la carga que supone la crianza y educación de los hijos para la mujer frente a un papel más ausente del hombre. Las cosas, dicen, empiezan a cambiar, pero son necesarias otra actitud y mentalidad, propuestas serias que den contenido a la llamada conciliación laboral y familiar. “Que me disculpe mi compañero de fatigas –cabe la remota posibilidad de que sólo sea una percepción mía- si afirmo que, en más momentos de los que me gustaría, tengo la impresión de que la resolución de problemas educativos respecto a nuestros hijos es de mi entera exclusividad”, escribe Berta. ¿Cuántos hombres serían capaces de dejar sus ambiciones profesionales por quedarse en casa criando a los hijos?, se pregunta Susana.

En el relato, con final feliz, hay espacio para el humor, como cuando Susana cuenta el primer viaje con su hija de tres meses a Cádiz o los preparativos de un día de excursión de toda la familia, o cuando Berta escribe sobre la fracasada vasectomía de su marido ante un falso testigo. Otras catorce mujeres hablando de su experiencia como madres ayudan a entender la aventura de educar a los hijos. Lo resume con gracia una de ellas al recordar una conversación con una amiga en la que ambas despotricaban contra sus hijos. “¿Qué podríamos hacer?” le pregunta una a la otra otra. La respuesta es tan sincera como certera:”Quererlos, chica, quererlos”.

“………..” es un libro en el que muchas mujeres se sentirán reflejadas. Habla del hecho cotidiano de ser madre, la más importante de todas las profesiones, según decía la activista estadounidense Elizabeth Cady Stanton. Y añadía: “Exige más conocimiento que cualquier otro asunto”.













lunes, 30 de julio de 2012

Del estigma de ser de pueblo al orgullo de vivir en la aldea

"...Mi pueblo son sus gentes,

hombres y mujeres que labraron el surco,

aquellos que partieron en pos de un sueño

y los que dejaron los vientos y las flores

para abrazar la tierra y sus orígenes..." (Pepe cercas)



Hay un denominador común entre los que compartimos la huella de ser de aldea que nos ha concienziado en la pertenencia a una casta diferente. Una mayoría de estas generaciones pasadas, que nada tienen que ver con la integración en la sociedad más moderna de las actuales, teníamos las mejillas más rosadas, los deditos menos finos, la vestimenta no tan a la moda, el lenguaje marcado y la idea del mundo un tanto reducida. Se veía la tele -los afortunados que empezaba a tenerla- en una silla en la cocina y se hacían los deberes en ese mismo rincón. Características éstas acrecentadas en la postguerra de nuestros padres y abuelos. Por entonces un viaje a la ciudad se convertía en toda una aventura que el cine, la literatura y la televisión se encargaron de inmortalizar.

Cuarenta años atrás, alguien que conozco muy de cerca se  fue a comprar unos zapatos a la capital de provincia. Como el gusto  por la calidad  nada tiene que ver con la forma de vida, eligió un par de los de más valor. "Estos zapatos son muy caros", le apostilló la dependienta con ausencia de diplomacia. "Yo no le dije en ningún momento que quisiera un calzado barato", le contestó con rapidez mental aquel hombre de piel curtida por los aires de altura, que siempre cuenta esta anécdota cuando sale a relucir el tema de cómo engañan las apariencias. Tal vez alguien con aspecto menos rudo hubiese tenido que pagar la mercancía a plazos. Si por algo se caracterizaba a la gente de los pueblos era por ser poco deudores."Compro y pago, vendo y no cobro", es otra famosa frase de un tratante de ganado de mi tierra.

Hubo un tiempo en que incluso algunos aldeanos fueron objeto de burlas sonadas por los habitantes de núcleos mayores, pero no siempre quienes rieron primero rieron los últimos. Conocido es el percance de unas mujeres que bajaron por primera vez en su vida a la ciudad -ahora a tres cuartos de hora,- que por entonces se les antojaba lejanísima de su caserío. Cuando se disponían a comer unos pasteles en un negocio de la localidad, unos graciosillos les sugirieron posar para hacerse una foto que les enviarían a su casa; con una falsa cámara. Pusieron su mejor cara de domingo las "ingenuas" campesinas, y siguieron degustando sus dulces ajenas a las risas originadas . Al tiempo de pasarles la factura, con el mismo gesto que habían hechos la foto se despidieron amables: "Vendremos a pagarlo todo el mismo día que tengamos los retratos".

Complicado deshacerse por completo de esa marca aldeana que empieza a retornar como un símbolo de status. Muchos de los que vivimos a caballo entre la ciudad y nuestras raíces en algún pueblecito seguimos sitiéndonos unidos por algo intangible como es el pertenecer a una estirpe de manos ásperas por el trabajo en el campo, que conocía cada recodo del sendero de los valles y todas sus fuentes, además del nombre de las cumbres de las abundantes montañas. Trataban de de tú a tú a los animales y al resto de la naturaleza y aún en su tosquedad tenían parcelas de ternura. Nos sentimos ahora orgullosos de esos antepasados que un día se sintieron perdidos en la gran ciudad, con unas madres que no lucían el refinamiento de horas de peluquería y paseos por variopintas tiendas y unos padres que se sentían extraños en ropajes poco habituales en su cotidianeidad. La ropa de domingo era para los días festivos y aún con ella parecían menguados cuando la llevaban a lugares donde se sentían más chiquitos. No se si con la madurez o con el avance de los tiempos, nos percatamos ahora que no cambiaríamos la sencillez de nuestros antepasados por el encono de otros. No obstante, hubo una época en la hubiéramos deseado que nuestra progenitora hubiese lucido el cabello enlacado y nuestro papá se pasease entrajeteado y oliendo a colonias caras por las reuniones del colegio.

Inexplicablemente para muchos, nos daban un poco de envidia quienes vivían en la colmenas que, al fin y al cabo, son los pisos de ciudad, con independencia del lujo de los mismos. Era un cierto complejo de escasez de refinamiento que, de algún modo continúa en algún rinconcito de nuestras neuronas. Ese algo posiblemente inexistente nos hacía sentirnos inferiores a los chicos y chicas de población, más duchos en el manejo de las modas y otros instrumentos de las urbes que en última instancia no pasaban de la superficialidad. Una vez intimados con ellos y sus circunstancias, incluso les aventajábamos en desparpajo y conocimientos. Pero eso se demostraba con la timidez de quien siempre se encuentra desubicado y en desigualdad de condiciones.

Existió una etapa, cuando el progreso comenzó a unificarse, que en las aldea se construían o renovaban las casas imitando a las de nuestros vecinos de la ciudad. Del  mismo modo la decoración interior emulaba cocinas y salones de cualquier piso de la villa, aunque a posteriori se empezó a demostrar que se puede vivir confortablemente conjuntando tradición y progreso. Comenzaron también a llegar otro tipo de alimentos; no siempre más sanos que los cocinados con los cuatro ingredientes básicos de la tierra. Mi padre intercambiaba el bocadillo de chorizo o jamón casero que se llevaba a la mina por otros que sus compañeros en el tajo llevaban de su poblado. Los embutidos ya elaborados en fábricas representaban algunas de aquellas novedades cuya calidad no siempre iba a juego con su estética. Hace ya unas décadas que volvieron  las casas de piedra, los materiales nobles, las cocinas de leña, los corredores y las chimeneas en los salones. Se retomó el lenguaje autóctono y algunas constumbres dignas de ser protegidas.

En la actualidad vivir en un pueblecito constituye todo un lujo, envidiado por muchos.Los accesos a las comodidades de la modernidad están al alcance de la mano.Por ello la balanza se inclina ahora por la libertad de disfrutar de una casita en medio de la naturaleza, saludar en directo a tus vecinos en cuanto te levantas, sentarte a media tarde en las inmediaciones de tu vivienda para disfrutar de una charla amigable con una fruta madura en el árbol y despedir el día mirando más de cerca la luna mientras escuchas sonidos del libre albedrío de una variada fauna sólo es posible si habitas en alguna de esas reservas naturales, ahora objeto de deseo. Quien tiene  la posibilidad de ir todos los días al gallinero, coger unas lechugas en la huerta, hacer un postre con sus propios frutos secos o disfrutar de un baño en el remanso de un río a tiro de piedra, tiene un tesoro.

 Mejores accesos al progreso social en general desmitificaron esa visión de sinónimo de pueblerín. Somos ahora  afortunados del disfrute de ambos mundos que se dan la mano a través de las distintas vías de comunicación.  Nuestros hijos pueden comprobar de primera mano que los huevos no salen del supermercado de la esquina o que los tomates no se reproducen en las estanterías de una gran superficie comercial. Es más, muchos firmaríamos por vivir de seguido en la aldea que un día nos vio nacer. El universo ya no tiene barreras para las fisonomías ni las mentalidades. En todo caso, para quienes siguen considerándonos algo catetos les sugiere con humor esa amiga, tantas veces citada en mi blog, que "vale más ser paleto de pueblo que de ciudad".


Imagen: El pueblo de Soto de Agues (Asturias) cuando todavía las imágenes eran en blanco y negro. Autora:  Ana María de Vásquez.

lunes, 23 de julio de 2012

Aquello que nos hace felices

"No se recuerdan los días, se recuerdan los momentos"


Tengo la costumbre de atrapar instantes. Los guardo como tesoros en una carpeta de mi memoria para utilizarlos en caso de emergencia. Y mira que soy olvidadiza, pero en absoluto para lo intangible. Una sonrisa, un gesto entrañable, una conversación grata, una copa evasora, un gesto solidario, un elogio inesperado, la imagen de unos abuelos de la mano de sus nietos, un paseo tranquilo, un prometedor amanecer, una fiesta especial, un regalo oportuno, un lugar, una palabra tierna, la sonrisa de un ser querido, el primer olor de tus hijos, un café, una mirada cómplice o un sueño por cumplir, el saber que alguien existe  o ha existido... Pedazos  de tiempo sin precio que vamos almacenando en la suma de  los días. Cuando todo es oscuro en nuestros pensamientos rescatamos aquello por lo que un día fuimos felices. Momentos de plenitud que firmaríamos para que fueran eternos.

Un alto cargo del Principado de Asturias caminaba un día por uno de tantos parajes paradisíacos que tiene el Valle del Nalón. Escondida entre hayas, castaños, y robles apenas destacaba la sencilla cabaña de un lugareño que allí pasaba muchas de sus horas. Cuando llegó la ilustre visita se disponía a comer su rutinario manjar: arroz con patatas, rehogado con ajo y pimentón.. Un vasito -si acaso alguno más- de vino y pan con queso para el postre. El comentario realizado,después de la estancia breve, aunque de agradable conversación, pasaría a la posteridad: "Este hombre es más feliz que yo con todos mis lujos".

Y es que cada cual es feliz a su modo. Seguramente el momento más espléndido de una mayoría no sea la de comerse un humilde puchero ante la soledad de unas montañas serenas y una pradería exhuberante de sonidos naturales, pero el horizonte de cada dicha es respetable. Deteniéndonos a enumerar aquello que nos hace felices sorprende descubrir la cantidad de pequeñas cosas que colaboran a ello.Momentos cotidianos que pasamos por alto y sólo extrañamos cuando nos faltan. Porque los grandes momentos son pocos y muy separados.

Cuando Ana se tira despreocupada al sol de media mañana no hay lotería que pueda compararse al bienestar que le producen los rayos sobre su piel. Marta elegiría sentarse con un buen libro -de esos que pesan en la mano- en la hamaca verde que todos los veranos instala en su jardín; sueña a través de otros sueños con posibles historias de heroínas presentes y pasadas. Viaja segura en el tiempo y en el espacio de otros mundos que bien podrían estar en este. Una cadena de amables segundos finitos que  ayudan a olvidar sus antípodas. El minuto más feliz para Manuela es aquel en el que calma su sed con una bebida fría, sentada a la sombra de un árbol cualquiera. Escuchar la lluvia aporreando los cristales mientras llega el merecido sueño nocturno tiene un valor incalculable para Francisco. Abre una parte de su ventanal y confiesa que en ese instante no pide nada más. Contemplar como amanece con un café y el sonido de fondo de la radio como compañeros -ahora también con el ordenador abierto- es uno de mis momentos preferidos. Hay otros muchos; pero casi todos de fácil acceso.

Dicen que, al menos, todos tenemos un instante de felicidad cada día. Sólo los más inteligentes sabrán darle su valor. En el otro lado de la balanza están los sinsabores que también llegan de cuando en cuando. Difíciles de olvidar algunos de ellos, se empeñan en amargar nuestras buenas intenciones. El más listo que los olvide primero; lo que no depende de ti no debe preocuparte tanto, me dice siempre una muy buena consejera.. Nunca estuve tan de acuerdo con "nuestra" Ana  García Obregón: "entre putadita y putadita, algún instante de felicidad". 

 Los vaivenes de la historia social,política y económica de los pueblos cambian, pero ojalá que perdure aquello que no puede fastidiarnos una mala gestión ajena. Seamos recolectores de esas vivencias que nos impulsan a seguir adelante. Cada uno de nosotros le dará su color. Y gracias a estas redes sociales que difunden perspectivas algunos de esos tiempos felices pueden ser amplificados. Los otros ya los habremos llorado antes de conectarnos...



Fotografía: Un día de otoño en Soto de Agues, aunque podría ser Julio porque los instantes felices o los momentos amargos no entienden de estaciones.

lunes, 16 de julio de 2012

Cubanos por Caso y Sobrescobio

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Algunos analistas políticos dicen que la visita de Obama a Cuba es de pura diplomacia económica, otros que el Presidente de Estados Unidos trabaja ahora para la historia, con grandes viajes de grandes titulares. Una mayoría de expertos en movimientos de este calibre coinciden en que estos gestos siempre serán un paso positivo para tender puentes hacia el régimen castrista, que dejará de serlo en cuanto el Presidente Raúl abandone en breve el poder, según anunció el hermano de Fidel Castro. Por otra parte, Antón Losada, comentaba hoy en la Ser que de su experiencia como profesor en la Universidad de La Habana destacaría que "aunque muchos alumnos tomaban apuntes en papel de estraza, la cubana es una sociedad viva".

Y Justo cuando el Presidente Obama  aterriza en Cuba para estrechar la mano de los dirigentes de la isla, me llegan dos solicitudes de amistad desde ese lado del Océano. Son de Lourdes y Roberto, cómo no recordarles, aunque ella esté ahora algo más redondita porque su próxima maternidad le está dando un nuevo matiz  a su cuerpo. Por eso actualizo y repongo algo que escribí el verano que conocí a esta pareja quienes, al igual que Obama, no habían nacido aún cuando se inició la Revolución cubana. . El epílogo de la pincelada de su historia que yo escribí en mi blog fue el regreso a Cuba, meses después de haberse instalado en Oviedo. Lo que dejaron allí y la promesa de una nueva apertura económica para el país que les vio nacer, les hizo emprender el viaje de vuelta.

Todavía en la veintena de su vida, Roberto y Lourdes  han viajado esta primavera de Cuba a España, para quedarse. Su objetivo es el de encontrar unas condiciones de vida más acordes con su preparación universitaria y sus perspectivas vitales. Desde una estancia "provisional" en el asturiano Alto Nalón se han ganado la simpatía de muchos de sus habitantes. Su especial acento y la forma con que afrontan el reto de conocer nuevas gentes, diferentes contumbres y unas maneras de vivir en general que les son ajenas, han conquistado la predisposición al buen recibimiento del extranjero que ya de por sí tienen estas gentes del Parque de Redes.

Me gusta su conversación y su modo de contar acerca de su país de origen y sus desconocidos detalles. Es un placer escuchar tan directamente la opinión de unos jóvenes nacidos en La Habana sobre la historia de la controvertida Cuba, su presente y futuro; incluso la crónica sobre las diferencias gastronómicas, climáticas o culturales. Desmitificando tanto las malas como las buenas etiquetas de esa pequeña isla del Caribe, la visión del sentir cubano de a pie nos puede dar una idea de que las noticias que nos llegan,a veces, pueden desviarse mucho de la verdad. 

La tenue apertura al mundo de Raul Castro supone, a juicio de estos visitantes "un pasito hacia adelante en la democracia de nuestro país. El hermano de Fidel está dialogando más e intenta dar cabida a todas las opiniones". Sin embargo, aseguran que muchos cubanos siguen siendo fidelistas. "Sorprende  que, a pesar de los pasos al frente que está dando Raúl, el liderazgo de Fidel Castro sigue impoluto. No se puede negar que es un hombre de gran inteligencia y carisma; aunque sus esfuerzos por aplicar sus ideales -buenos en la teoría- le han llevado a cometer algunos errores", afirma Lourdes con su eterna sonrisa, su cuerpo esbelto y sus modales de chica bien educada.

Les preguntaba sobre el mito de la Educación y la Sanidad en Cuba, como su mejor carta de presentación al mundo exterior. "Lo que es innegable es que el analfabetismo ha desaparecido en la isla. La Sanidad es buena y  hay excelentes profesionales, pero al igual que ciertos apartados de la educación hay que pagarlos como en cualquier lugar. No obstante, ningún cubano se va a morir por falta de asistencia sanitaria o por hambre, a pesar de que es cierto que no tenemos un consumo tan abundante y variado como ustedes. Si hay tres libretas para todo el curso, tendrás que estirar el papel, o comprárselas de su bolsillo quien pueda".

Su verdad sobre los los cubanos que no pueden dejar el país es muy diferente de la que tenmos por aquí una mayoría. "No es cierto que no puedas salir de Cuba. Sin embargo, son múltiples las trabas que te ponen, si es que decides hacerlo, desde las propias Embajadas de los países solicitados. Como se barruntan que el cubano no irá únicamente de viaje turístico, les niegan el visado o se les exige una cantidad de dinero difícil de desembolsar", explica Roberto que está teniendo un éxito notable con los mojitos, aún cuando su profesión es la de Economista, asegurando con humor que " en el Festival Benéfico los cobramos a tres con cincuenta euros, pero si ponemos este precio en Cuba ya nos los podíamos beber todos los de dentro de la barra".

Desde su verano en el pueblecito asturiano de Soto de Agues, donde acompañan y ayudan a Flor que, dicho sea de paso, está encantada de haberles encontrado, esperan una salida laboral para no tener que regresar pronto al país que les vio nacer. Dadas las actuales circunstancias del nuestro, tal vez esa posibilidad no llegue. "Por eso hemos dejado las puertas abiertas. En Cuba tenemos nuestra familia, nuestra casa , nuestros amigos, y muchas más cosas buenas, que no vamos a olvidar. Somos como cualquier pareja joven que decide emigrar en busca de una salida profesional.". Asturias, y más concretamente el pueblo de Tanes, es donde Lourdes tiene sus raíces paternas, y por eso su destino actual.

De momento son alumnos aventajados en el aprendizaje de nuestras cocina y otras actividades. "El primer día que hice una tortilla de patata no me salió muy bien, pero ahora la puedo dar a probar a cualquiera", explica orgullosa Lourdes, a quien le hace de cerca la competencia su marido; deseoso también de aprender. A mí me han enseñado a hacer frijoles habaneros y algunas modalidades de su arroz. A la mujer para quien trabajan le sirven de revulsivo vital, especialmente cuando -al mostrar sus deseos de morirse porque ya no sirve para nada, próxima a cumplir los noventa- escucha de la boca sincera de esta encantadora muchacha, mezcla de sangre asturiana  y cubana, palabras como "para mi es usted muy necesaria, quién si no me iba a enseñar tantas cosas como estoy aprendiendo"

Espero continuar hablando con ellos otras muchas tardes. Es un placer escuchar de primera mano las vivencias de dos jóvenes procedentes de un lugar tan admirado por unos como denostado por otros tantos. Desde su formación vital y académica, muestran con palabras sensata una visión reflexiva del país que un día un joven revolucionario quiso que fuera el ideal del comunismo. Como a todos los ideales, su puesta en práctica los ha desvirtuado muchas veces, pero "una mayoría de cubanos no olvida que hemos sido y somos un pequeño país valiente que se ha enfrentado con honor al poderoso. Muchas cosas están cambiando. Esperemos saber quedarnos con lo bueno y adaptarnos con serenidad a lo nuevo. Sería un sueño que mi papá pudiera poner ese negocio propio que siempre ha deseado", asegura el chico con sonrisa perenne como rúbrica para sus esperanzas de juventud, que no dejan de ser las mismas que la de una gran mayoría de jóvenes de todo el mundo.




Imagen: pueblo de Tanes, Caso  (Asturias).








miércoles, 11 de julio de 2012

Para gustos hay colores

"El color es un medio para ejercer una influencia directa sobre el alma". Kandinsky

Manuela me repite muchas veces que a medida que aumentan los gramos de su silueta acrecientan en su ropero las prendas de color negro. Empiezo hablando de este viso oscuro porque igualmente me lo apropio con frecuencia para mi look ordinario y extraordinario. El también llamado color del silencio suele aportarnos esa sensación de adelgazamiento; más mental que real. Nos encontramos cómodas con esa coloración discreta y eso es lo que cuenta. Asimismo , dada la actualidad podríamos decir que está de moda, muy a pesar de muchos, este matiz carbón hulla.

 El color, resultado de las ondas de luz al refractar sobre la superficie de un objeto, está presente en los sentimientos y la razón ; aunque el efecto de cada tono tiene mucho que ver con el aprendizaje cultural del sujeto, su estado de ánimo y su propia entidad. Sicológicamente, el pigmento es una sensación consciente resultante de la interacción de nuestros sentidos con la estimulación luminosa.


Las preferencias cromáticas no son las mismas para la ropa, para la decoración del hogar o simplemente para imaginárnoslas. Podemos amar el azul marino para nuestro fondo de armario, elegir el anaranjado como  tono predominante en nuestro hogar, el verde para un paisaje, y citar el rojo a modo de tintura por excelencia para nuestras exaltaciones más poéticas. Además de depender de momentos nuestra pasión por una u otra tonalidad .De todos modos, cada persona suele reincidir en el agrupamiento de sus colores: minimalistas en la vestimenta, tonos pastel para el interior de la casa,  verde para el paisaje y azul para sus sueños.O multicolor para su atuendo, anaranjado para su casa,  ocre para el paisaje y rojo para sus fantasías; por poner otros ejemplos.

Según el color con que se mira, un paisaje puede evocarnos una estación, una vivencia, un aroma, una canción o la situación más insospechada. A la par que nadie mira las cosas con la misma tintada, de igual modo podemos apreciar la limitación de la mente humana al comprobar que es incapaz de inventar un color nuevo.


A mi madre, y a casi todas sus coetáneas, les horroriza ese apego al negro que le tenemos alguna de las mías y yo. Les recuerda aquellas sombrías épocas de la dictadura de un duelo que había que exteriorizar obligatoriamente; como si para el luto hubiese color. Lo negro representaba para ellas y ellos la falta de risa, de baile y de canciones. Aunque "no hay color para el luto", como bien dijo Gómez de la Serna.Lo lúgrube estuvo una temporada unido al color que ahora representa la elegancia por excelencia. Y también alguien dice que "el más vistoso color nunca anuncia lo mejor".




En una de tantas encuestas realizadas un alto porcentaje se declina por el rojo y el azul,junto con sus derivados; mientras que el marrón se lleva la peor parte. A una mayoría de niños les encanta el amarillo; algo tendrá que ver su fama de incentivo para el aliento , la innovación y el exceso de actividad mental. Como contrapartida el color del sol produce agotamiento; estado muy normal en un inquieto estudiante del primer ciclo de primaria a las diez de la noche de un día cualquiera.

En este tiempo de catálogos y colores, quedémonos con ese bello verso de Benedetti: "Uno tiene en sus manos el color de su día...".


Fotos:  Una bonita pespespectiva del pueblo asturiano de Soto de Agues desde diferentes colores.
Autores: Toni Rodríguez, Santiago García, Jaime González y Alberto Coto.

martes, 26 de junio de 2012

¿Nunca es triste la verdad?


 "Sin mentiras la humanidad moriría de desesperación y aburrimiento" Anatole France



"Nunca es triste la verdad. Lo que no tiene es remedio...", nos canta Serrat. Pero el concepto de certeza es tan amplio como complicada su esencia. La definición de verdad que más se aproxima a su significado es la que hace referencia al juicio que no se puede negar racionalmente. Si hace sol, hace sol.

El resto de las autenticidades suelen ser relativas y paradójicas.

Las verdades más elementales es posible que quepan bajo el ala de un colibrí, como apuntaba José Martí. La otra mayoría de las aseveraciones siempre tenderán al relativismo..De ahí la importancia de intentar buscar y comprender la veracidad de los hechos, aún cuando en ocasiones comprometan nuestra ideología. Al igual que Albert Camus, opino que siempre es más convincente quien busca la verdad que aquel que asegura haberla encontrado.Sin olvidar tampoco que "el que algo sea cierto no significa que sea convincente", en palabras de Truman Capote. En otras ocasiones, la verdad es demasiado sencilla para encontrar crédito. Hay, además,  un tipo de sujetos que están convencidos de que siempre dicen la verdad sólo quienes están de acuerdo con ellos.

En el terreno de las verdades del tú a tú,  todos somos más sinceros a solas. En cuanto aparece una segunda persona, suele hacer acto de presencia una pequeña o gran dosis de engaño. Normalmente "las verdades que más nos importan vienen siempre a medio decir", escribía Baltasar Gracián; porque lo más seguro es que el escritor pensara que  la sinceridad se calla donde comienza la dignidad.  Por eso Quevedo aconsejaba no mostrar la verdad desnuda, sino en camisa.

A propósito de esas realidades personales, en muchas ocasiones, vale más una mentira piadosa que una verdad mal intencionada,o una evidencia que podría dañar el ánimo más que una mentirijilla que incluso activaría el mecanismo de la autoestima (tal vez si no somos del todo sinceros con alguien que lleva una sufrida dieta,con deslucido éxito, y le decimos erróneamente que se le ve rejuvenecido, podríamos estar  incentivando su ego y aprete el acelerador del cuidado personal; por poner un ejemplo sencillo). Sólo nos engañan, no obstante, si nosotros queremos. Como bien dijo Chico Marx,en Sopa de Gansos: "¿A quien va usted a creer a mí o a sus propios ojos?".

Muchos pensamos que ser sinceros no es decir todo lo que se piensa, sino no decir lo contrario de lo que se piensa. Es indispensable tener una idea clara y fundamental de la honestidad. Tampoco es útil espetar todas las certezas; algunas de ellas jamás deben ser dichas.Quien se crea el representante de la exactitud en la tierra, no estará en lo cierto. Examinemos bien nuestras palabras y encontraremos que, aún no teniendo ningún motivo para ser falsos, es muy difícil decir la verdad exacta. Así lo pensaba George Eliot, en la misma opinión de Freud quien ratificó aquello de que "la verdad al ciento por ciento es tan rara como el alcohol al ciento por ciento".

Verdades y mentiras se juntan en un fina línea muy fácil de confundir. Santo Tomás de Aquino hizo una sabia división del tipo de embustes: las mentira útiles, las humorísticas y las maliciosas; siendo la calumnia la más grave de entre las de la tercera clasificación. Asimismo San Agustín habló de las mentiras en la enseñanza religiosa, las mentiras que hacen daño y no ayudan a nadie ,las que hacen daño y sí ayudan ,las que surgen por el mero placer de mentir,  y las dichas para complacer a los demás. Según el teólogo argelino, las mentirijillas no son pecado. Un consuelo.

Si no queda más remedio nada impide decir la verdad con humor. Sólo hace falta echarle un poco de ingenio. Y en estas tesituras también tienen su influencia los orígenes. Cuentan que, para llegar a la verdad, un alemán suma, el francés resta y el inglés cambia de tema....

"Siempre será el tiempo el mayor amigo de la verdad, el prejuicio su más encarnizado enemigo y su constante compañera la humildad". Hermosas palabras de Charles Colton.






miércoles, 13 de junio de 2012

Mineros: ¿Héroes o leyenda?

"Cuando los que mandan pierden la vergüenza, los que obedecen pierden el respeto" Lichtemberg   

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Actualizo esta entrada porque ayer el grisú ha vuelto a dar un trágico giro a la percepción de sus privilegios... Parecíamos haber olvidado que la mina sigue siendo negra, a pesar de prejubilaciones y demás pretextos...

Se recrudece el conflicto minero y parece ser que va para largo. Según se apunta desde la lne digital de las Cuencas " trabajadores de Asturias, Castilla y León y Aragón se reunirán en la capital de España el 11 de julio, tras 20 días de caminata, para terminar la protesta con otra «gran manifestación»  Los recientes acontecimientos -huelgas, barricadas, enfrentamientos con las fuerzas de seguridad , marchas, encierros y demás formas de protesta- en el tema de la minería han reabierto el debate entre los afines y los detractores de estos métodos de reivindicación en particular y del mundo del minero en general.

Como es natural, en los círculos que frecuento -tanto reales como virtuales- también hablamos ahora a diario del presente y el pasado de la minería; así como de los hechos que han llevado a través de las historia a convertir a los mineros en uno de los sectores con más fama de revolucionario en materia social y laboral.

Héroes para unos, leyenda para otros cuantos; simples trabajadores solidarios en busca de mejoras en su sector para varios y molestos activistas (se les ha llegado a tildar de "terroristas") para el resto, a nadie dejan indiferentes las protestas mineras. Se dejan y se hacen ver en las últimas semanas por las principales vías de comunicación del Norte. Han ido al centro neurálgicodel Principado y a la capital de España. Sus ruidosas acciones han hecho que muchos ciudadanos hayan llegado tarde al trabajo,o a sus casas tras la jornada laboral; incluso han causado desperfectos de mobiliario y se han registrado heridos de ambos bandos Han dado tarea a los agentes del orden y, por ello entre otros asuntos,,están ocupando páginas en los medios de comunicación y en las redes sociales. Asimismo se han convertido en el punto de mira de conversaciones entre personas de a pie que confiesan detestar sus acciones reivindicativas en la misma medida que otras las apoyan. , considerando éstas últimas que las molestias son mínimas comparado con el objetivo, y los sufrimientos de sus luchas a través de los tiempos.

Son también estos últimos quienes opinan que "los beneficios obtenidos con sus protestas afectan a muchos más sectores que el de la propia minería. Y nunca nadie, sea del sector de opinión o de partido político que sea, ha rechazo una beca para la educación de sus hijos, una ayudad para su negocio,un parque para que jueguen sus nietos,o una carretera para acceder mejor a sus destinos habituales". Ante las acusaciones del aburguesamiento de mineros por los "holgados" planes de prejubilación, la defensa no se hace esperar: "No ha habido otra alternativa. En todo caso, hay prejubilaciones bastante más elevadas y sueldos menos sudados. No hace falta más que echar un vistazo a las hemerotecas presentes y pasadas, afirman también quienes piensan que "los avances para sacar adelante el sector minero o las compensaciones económicas por el cirre de minas han beneficiado  a mucha más gente que la puramente minera".

Estas opiniones me han llevado a recordar un artículo de Ceferino Menéndez en la Nueva España Digital , con una crónica cargada de ironía: "No han dejado de oírse, durante estos pasados días de movilizaciones de los mineros, comentarios tildando las acciones realizadas en el curso de las mismas de anacrónicas, supuestamente impropias de los tiempos que corren. Para quienes así opinan, los encierros, los cortes de carreteras o las barricadas de neumáticos ardientes están fuera de lugar en el siglo XXI. Y, bien mirado, quizá no les falte razón. Y es que, a la vista de los últimos acontecimientos, tal pareciera que lo propio de nuestro tiempo, lo contemporáneo, sean los ERE fraudulentos, los trajes a la remanguillé, los discretos honorarios de más de cien millones de euros del arquitecto Calatrava por sus proyectos en la Comunidad Valenciana, que se saque a Bolsa a una entidad financiera en grave sospecha a posteriori de quiebra, que un sindicato aplique a sus empleados la reforma laboral contra la que se manifiesta en la calle, que los seguidores de un equipo de fútbol silben al himno de la nación cuya máxima magistratura da nombre a la Copa que el capitán del citado equipo besa en la victoria ante el entusiasmo de esos mismos seguidores, que algunos partidos y sindicatos pidan sin el más mínimo rubor cuentas por la gestión de entidades financieras en las que estaban representados por consejeros tan opíparamente pagados como, en el mejor de los casos, silentes, por no decir mudos, o que el presidente del Tribunal Supremo se niegue a rendir cuentas de sus fines de semana de cuatro días para dos personas en hoteles y restaurantes de lujo en Marbella a costa del contribuyente..."


Me esfuerzo en ser objetiva en este tema pero, dados mir orígenes de gente y ambiente minero, hay una genética de luchas pasadas, injusticias y condiciones de vida que es difícil de separar del sentir profundo. Soy de los que aún se les eriza la piel con fragmentos de canciones como "cuando sepas que toi presu de la llibertad de la vida, igual que si trabayase, compañeru dame tira..", la carta de un minero al sindicalista Manuel Llaneza, uno de los ideólogos asturianos más honestos de todos lo tiempos "...tú sabes que al minero si no le pinchan nunca es guerrero.Tú sabes que gritamos porque estamos cansados de ser pequeños..."; y otras tantas de nuestro paisano Vítor manuel, "en la planta 14 del pozo minero, de la tarde amarilla tres hombres no volvieron........."; junto con la más conocida del marido de Ana Belén , el abuelo que fue picador allá en la mina  y ahora se sienta a esperar el tibio sol con la mirada clavada en esa amiga más fiel que nunca le engaña. Confieso que me cuesta ponerme en el lugar de quienes tildan de alborotadores a estos hombres y mujeres, cuando no de cosas más graves. Aunque es justo reconocer que hay unos límites que no deberían traspasarse, porque de ese modo empieza a perderse la razón de de las luchas por las injusticias.

No perdamos el horizonte Al fin y al cabo,una mayoría estamos en el saco de quienes no tienen una situación económica desbordante o unos niveles de vida  aristocráticos , aunque las ideas nos separen. Hoy por ti mañana, por mí. Lo ideal sería no politizar las opiniones Ni acopiarse de frases hechas en los medios de comunicación. Pensemos por nosotros mismos y tomemos la parte positiva de la solidaridad y la luchas por unas mejoras laborales más dignas. Las últimas noticias políticas y económicas nos dan a entender que se puede retroceder en las mismas.

Hay, no obstante, las incoherentes versiones de quienes pensando hace cuatro días que el pueblo estaba acomodaddo en el conformismo, ahora encuentran molestas las incómodas acciones de la minería El posible que, a costa del mito del minero, se hayan fabricado también injusticias y se hayan aprovechado quienes,en su nombre, alcanzaron cuotas de riqueza y de poder por vías picarescas, Pero que el árbol no nos impida ver el bosque. Las mejoras conseguidas para superar la miseria y las desigualdades sociales gracias a luchas y situaciones poco envidiables, en ocasiones sangrientas, de esos trabajadores nos deben hacer pararnos a reflxionar al menos sobre la posibilidade de que no todo es tan negativo para el resto de la sociedad. No nos dejemos seducir por las divisiones que empiezan a hacer mella en los ciudadanos. Por muchas que sean las molestias de las revueltas para hacerse oir, y muy elevados los sueldos de las prejubilaciones, el agravio no es comparable a otras injusticas sociales. Lo ideal es que esos sueldos fueran iguales para todos los trabajadores, reduciendo las cantidades millonarias de otras labores, cuyos miembros no necesitan recurrir a las barricadas, a los encierros, ni a las huelgas de hambre..

Tal vez la leyenda supere ya a los objetivos, pero hay un poso de solidaridad y compañerismo en la mayoría de los integrantes de este gremio que despierta, por encima de todo, la admiración de otros. Creo que , en la hora de la verdad, cuando el obrero se enfrenta al pico, las vagonetas y la dinamita, no hay leyenda que supere la dureza de su trabajo que, afortunadamente, ya no tiene la inclemencia añadida de la ausencia de aire en los pulmones en su vejez. Cierro hoy con unas palabras recurrentes de los mineros que bajan o bajaron al pozo en su dura realidad del día a día: "la mina es muy negra una vez que la jaula te aleja de la luz del sol". De ahí una estrofa de esta canción asturiana, que contribuye a desdramatizar  en la medida de lo posible: "Cuando voy pozu abajo me acuerdo del Dios divino, y cuando voy pozu arriba de les muyeres y el vino".