Esas pequeñas cosas...

miércoles, 11 de diciembre de 2019

Tina y Manuel



Hacía muchas Nochebuenas que Manuel esperaba despierto la madrugada. Con la ventana de su habitación abierta de par en par, durante todas las estaciones del año; junto con la ayuda del cojín extra que tenía colocado sobre su almohada, a duras penas conseguía engañar a su tercer grado de silicosis.

Habían transcurrido una docena de diciembres desde la jubilación forzosa. El aire no llegaba bien a sus pulmones, por culpa del silice. Manuel Hevia, aún con reminiscencias negras en sus lagrimales, tatuajes de sus 39 años bajando a las entrañas de la tierra, temió que la vida se le acabase cuando en el reloj de la iglesia de su aldea sonasen las cuatro de la mañana y ya no le esperase humeante el café “de pota”, al que el dueño del gastado pantalón de mahón añadía unas furtivas gotas de aguardiente.  Su compañera, Tina, le preparaba ese brebaje mágico cada día, para enfrentarse a la veta de carbón.

Tenía  55 años cuando el médico del botiquín de HUNOSA le sugirió pedir la baja, al llegar con insuficiencia respiratoria al punto médico, procedente de la galería donde apuraba los últimos minutos del trabajo a destajo de su jornada laboral.  Poco tiempo después, se le concedió el merecido retiro, no sin antes haberse rebelado contra la situación,  porque el minero no conocía otra vida, desde que recién cumplidos los dieciséis entrase a picar hulla en un chamizo.

Pero Manuel sobrevivió a todos los amaneceres posteriores, con la compañía de su mujer, a la que tenía que retener bajo las sábanas blancas, bordadas por la única tía soltera de su gran familia,  que vivía con ellos en la casa paterna, y que se empeñaba en hacerles utilizar los antiguos ajuares de algodón, negándose a los nuevos tejidos, que no era tan sanos para la maltrecha salud del benjamín. “Duerme un poco más, Tina, que los dís son muy llargos y les mañanes empiecen a tar fríes”, le dijo por enésima vez a su cómplice de múltiples batallas, intentando disimular su ahogo en aquella madrugada de de hielo, y apretando con afecto las manos delgadas de su chigrera. El repentino revés de aire, que golpeó con furia la  contraventana, le trajo un claro presagio de despedida.

Sonrió al recordar la tarde en que conoció a Valentina de la Fuente, cuando se decidió a entrar a la taberna más cercano al pozo, que ella regentaba. Siempre aparcaba la bicicleta en una pared contigua al chigre de sus delirios de amor. Fue su primer medio de transporte, regalo del hermano mayor, cuando el primogénito emigró a tierras lejanas. Lo de menos era estrenarse en la primera copa de licor fuerte, porque su objetivo era hablarle a aquella “mocina” morena y menuda, a la que todos los días miraba de reojo, antes de que la jaula le bajase a la planta 16 del subsuelo.

Cuando Tina despertó de nuevo, en el reloj de la torre retumbaban las cinco de la mañana. Y la mujer,  que había compartido la vida de Manuel desde que lo viera entrar por la puerta del negocio familiar la tarde en la que se atrevió a saludarla, descubrió que aquellas serían sus postreras campanadas juntos. El aire dejó de entrar para siempre en los bronquios cansados, dejando a su compañero con la expresión eterna de los recuerdos dulces y el gesto invencible de los mineros, tan duros y tiernos al mismo tiempo; algo así  como las protectoras montañas que les arropaban siempre. Pero aquellas cumbres serían aún más su refugio inmortal desde aquella última Nochebuena, en la que el Villancico fue un verso de Neruda, que podía leerse entre la nieve prisionera dentro de la bola de cristal que adornaba la antigua mesilla de castaño: "Si nada nos salva de la muerte, al menos que el amor nos salve de la vida".

lunes, 14 de octubre de 2019

Y en su cocina...

Ayer conocíamos la noticia de la muerte de María Luisa García Sánchez. Unas cuantas generaciones saben de esta cocinera asturiana, pionera en dignificar platos e ingredientes  típicos de la cocina autóctona. En el banco de la quintana, donde muchas tardes nos juntamos mayores, jóvenes y niños, un 70 por ciento de los tertulianos y tertulianas tenían datos y opinión  de esta mujer centenaria, nacida en Figaredo.

Por mis estanterías hay varios libros de la mierense. Uno de ellos, lo recibió mi madre de su marido, como regalo de Santa Bárbara. A poco que me empeñe puedo ver la imagen de mi padre  con las gafas a media nariz y la cocina de "fierru" a pleno rendimiento, dictándole a su compañera de vida la receta de callos a la asturiana de "El arte de cocinar".Hace más de 40 años, que tu pareja te regalase un libro, aunque fuese de cocina, era todo un detalle. Tal vez ahora lo consideremos una declaración de intenciones, no siempre buenas, por aquello de que: "cocina tú". Como contrapunto, también en la actualidad, el regalo es un obsequio muto entre géneros, por lo que se puede interpretar como el reconocimiento a una excelencia..

"Mami, te salió genial el arroz. Tú no es que cocines mal, es que no pones interés", me dice  muchas veces mi segundo hijo único -así llama una amiga a cada uno de los hijos que se tienen con muchos años de diferencia-, al observar que tengo menos paciencia que su progenitor, que se luce entre fogones. Pego la frase textual porque define perfectamente mi inclinación de cocinera. Sin embargo, hay dos o tres recetas que bordo, y con los que sorprendo a quienes piensan que cocino poco. Aunque confieso que si doy con el tranquillo de alguna especialidad, corro el riesgo de aburrir con ella. Por otro lado,  treinta años cocinando porque no queda otra, algo te enseñan. Pero reconozco que la cocina no es mi hobby ni mi vocación, lo que no quita que de vez en cuando me levante inspirada y, si tengo la mañana más libre que de costumbre o la tarde se presente lluviosa, me pase un buen rato con el libro de Maria Luisa abierto y saque bastante victoriosa una tarta de manzana.

Cambiando de tercio, y con el mes contra la violencia de género a la esquina, una reflexión encaminada a que en ese lugar de la casa, donde tanto tiempo pasan la mayoría de las mujeres,  nunca sirva para que se haga realidad la canción de Andy y Lucas: "En su cara refleja la pena y el dolor....Y en tu cocina, tan prisionera de tu casa. En la cocina, donde los días pasarán como rutina..."

Que  la cocina sea, como dijo Dalí "el arte de volver a las raíces",  un lugar cálido donde la elaboración de platos sean un don que une e invita a olvidar el mundo hostil que muchas veces nos espera ahí fuera y no el tormento del que habla la canción. Por lo demás, mientras sube la tarta de manzana, que la mujer elegida un día para cocinarle al mismísimo Juan Pablo II, dejó inmortalizada en el libro que me progenitora guarda como oro en paño y con un forro impermeable para evitar estropicios -trátamelu bien, me dice-, yo sigo cocinando palabras en mi blog. ¡Buena semana!







viernes, 4 de octubre de 2019

Aire de les castañes

"Por el Pilar, les primeres castañes puedes asar" (Refrenero popular)


"Remiegues, monteses, llanisques, pilongues, sevillanes, de roxa... " Ya se siente el aire de les castañes por la aldea global coyana. Comentan por allí que este año llegarán más abundantes que el anterior.  Nada como un aroma para poner en marcha el resorte de los recuerdos, de las buenas sensaciones que te produce un paseo con el aire cálido de otoño acariciándote la cara, entre los árboles norteños presumiendo de su exquisita cosecha de la seronda.

Crema de hongos con castañas y pato confitado, carne de caza con castañas, crema ligera de castañas, sopa de castañas y setas, strudel de membrillo,higos y castañas, mousse de castañas, pavo con vino y castañas, brazo de gitano de chocolate relleno de castañas... Este fruto que, años atrás quitaba el hambre a personas y animales, es ahora una delicatessen porque sus propiedades para la salud son inmensas y su sabor exquisito. De ahí que los cocineros y cocineras de élite las utilicen para sus platos más innovadores. Pero, como lo sencillo no hay nada, "un cucuruchu de castañes asaes, con un vasín de sidra dulce", degustados en comunidad vecinal, no tiene cotejo.

Según los expertos es salud alimenticia "la castañas son un fruto seco riquísimo en nutrientes, aportando principalmente fibra e hidratos de carbono, con un bajo contenido calórico. Además ..... constituyen una fuente natural de minerales, entre los que destacan: fósforo, calcio, hierro, zinc, magnesio y en menos cobre, por lo que se le atribuyen propiedades anti-inflamatorias y vasculares. Sin olvidar que  nos aportan grandes  cantidades de vitaminas B1, B3, B6 y ácido fólico y que su elevado contenido en fibra ayuda a solventar los problemas de estreñimiento. 

Si a todo lo anterior añadimos que son beneficiosas para la hipertensión y los problemas de riñón;junto con sus efectos positivos para mujeres lactantes y personas con  anemia, debemos poner a las castañas en un sitio preferente en la escala de nuestra alimentación. Por si fuera poco, con las hojas del árbol se pueden hacer infusiones que serán muy eficaces contra la tos convulsiva y pueden utilizarse en dietas por su efecto saciante. 

Ya véis, lo que fuera remedio de miserias en un tiempo no muy lejano, es ahora un alimento altamente cotizado. Por nuestras sendas asturianas podemos disfrutar del barato placer de perdernos en busca del fruto otoñal por excelencia. Si abrimos bien los ojos podemos observar cómo alguna ardilla comparte nuestro paseo. Vivaracha y huidiza, saltando ágil por las ramas de los castaños, parece decirnos que ella es la auténtica dueña del fruto.Pero, como "en casa del herrero, cuchillo de palo", en ese paseo mañanero del fin de semana, no llevaba cámara para inmortalizar la belleza del "esquilu" desayunando en la rama de un árbol en este tiempo de castañas.

martes, 1 de octubre de 2019

Una coyana por Oslo

"Un libro, como un viaje, se comienza con inquietud y se acaba con melancolía" (José  Vasconcelos)

Un viaje inesperado, a uno de los lugares que siempre soñé con visitar, pero que jamás pensé que haría realidad, me reafirmó en la idea de que los sueños tienen una forma extraña de cumplirse. Nunca con el itinerario ni el orden en el que uno los imagina.

"¿Qué es lo que más te gustó?", me preguntó mi compañero de viaje a Oslo, a la vez que sangre de mi sangre, la última noche en Noruega.

"Pues todo -he de reconocer que soy de entusiasmarme con facilidad- aunque , si tuviera que elegir, me quedaría con alguna islina de los fiordos, y sus casinas de cuento de hadas, donde huele a bosque coyán. Será que la cabra tira al monte", le respondo.

Como el sol salía más temprano por allí, una mañana me adentré  por un barrio obrero de Oslo. Vamos, que tomé un sendero menos transitado, quizás también por aquello de que la conciencia de clase tira mucho. Por otra parte, Decía Rudyard Kipling que "lo primero que hay que hacer para descubrir un país es olfatearlo". Por Toyen olía a curri, a comino, a cardamomo, a nuez moscada, a canela, a jengibre, a cúrcuma... Pero tiene los mismos servicios que el centro de la ciudad: aparcamientos para bicis en cada portal, puntos de recarga para coches eléctricos, carril bici, tranvía, servicio de patinetes de alquiler, muchos parques y zonas verdes; además de buenas comunicaciones, y a Munch a la vuelta de la esquina, que el arte no entiende de clases sociales. Asímismo, se nota que es una ciudad de origen de pescadores, que creció sin olvidar de dónde venía,como deberíamos crecer todos;más que nada porque tal vez algún día nos vemos obligados a volver a ellos..Ahora este país nórdico está considerado como uno de los de mejor calidad de vida del mundo, lo que viene a demostrar que lo sencillo no está reñido con lo excelente. 


Una tarde, que me aventuré a ir sola al supermercado sin mi partenaire, más ducho en inglés, en estaciones de metro, en pases de autobuses, en billetes de tranvías... (De repente, te sorprenden tus propios hijos, porque tardamos en darnos cuenta las vueltas que ya nos dan en algunas situaciones). Por una circunstancia sin importancia, relacionada con mis genes del despiste de los Hevia, conocí a una joven Noruega, Justine, que con su ayuda me demostró la educación y el espíritu solidario y desinteresado de los lugares que se quedan en uno. Pero esta es otra historia..

Regresé con la sensación de que Oslo es un sitio tranquilo, con gente sencilla, que camina sin prisa por la ciudad. Lo describiría como un pueblo grande, rodeado de espacios naturales, donde muchas personas van por el centro con botas de montaña, y visten de forma cómoda y práctica, porque tienen a tiro de piedra la naturaleza; el Dios que más adoran. Se nota que están contentos con su tradicional forma de vivir. No sé si será cierto, pero escuché que se atrevían a dejar las puertas de sus casas abiertas porque la delincuencia es muy baja en Noruega. Viven como en una gran aldea, pero con todos los beneficios del progreso. Pueden coger el metro para ir a esquiar ahí al lado, y cuando hace menos frío disfrutan de espacios verdes inmensos, plagados de parques para niños, desde donde divisan la ciudad y sus fiordos. Comentan que hasta la familia real, que observa al pueblo desde una colina privilegiada, es muy cercana con sus ciudadanos. Y, cómo no, también está escrito que la igualdad entre hombres y mujeres, la conciliación familiar y el respeto por los derechos sociales no es un cuento de Andersen. 

Por algo opinó Tomas Johnson que "Todos los viajes tienen sus ventajas. Si el viajero visita países que están en mejores condiciones, él puede aprender cómo mejorar el propio.Y si la fortuna lo lleva hacia peores lugares, quizás aprenda a disfrutar de lo que tiene en casa"

Tal vez los que hayáis estado allí habréis visto cosas diferentes, por aquello de que "Los viajes son los viajeros. Lo que vemos no es lo que vemos, sino lo que somos”, que escribió Fernando Pessoa o como diría Aldoux Huxley: "Viajar es descubrir que todos están equivocados sobre los otros países". Enfín , que si un día me pierdo, igual es que regresé a la tierra que aún tiene reminiscencias de fuertes leñadores, de pescadores antiguos y piratas feroces, que posiblemente no eran tan malos. 

Ahora, desde mi aldea global, que me esperaba como la almohada casera que valoras más tras la ausencia, revivo los momentos tan amables del viaje; tan guapos que tengo que narrarlos en mi blog, como todos los asuntos importantes, esas pequeñas cosas que van moldeando tu vida para bien.


Imagen: En la ópera de #Oslo,que emula un bloque de hielo emergiendo del mar.

miércoles, 4 de septiembre de 2019

De agendas y palpitaciones

"El hombre propone y Dios dispone", que dice la refranera de mi madre, o el ser humano hace planes y luego el karma dispone y las puertas de Mandala se abren o cierran según las circunstancias o el momento de ese "francotirador paciente" que es también el tiempo, y que se adapta mejor a mi filosofía. El caso es que la cincuentena me ha obligado, entre otros síntomas innegables, a tirar de agenda diaria. Me rendí ante la evidencia de que ya me traiciona la memoria y necesito apuntar los itinerarios de mi día a día. A mi favor, o tal vez como pretexto, he de decir que tengo muchos frentes abiertos, y numerosas actividades pendientes; será por aquello de que "catorce oficios, catorce miseries", que también dice mi progenitora. Sea como fuese, necesito apuntar las cosas de almanaque. Pero para otras cuestiones me ocurre todo lo contrario: determinados recuerdos o situaciones me producen extrañas palpitaciones, suspiros profundos y extraños calores  que acto seguido se transforman en un sudor frío y viceversa , que antes no me constaban. Dichos apuntes se vuelven tozudos al olvido."Esas son consecuencias físicas y psicológicas de la menopausia.Todo llega guapina", me dice Pilar. Pues eso, síntomas innegables de que el tiempo va pasando, pero tu ya no pasas por lo de otro tiempo.

La parte buena de las sofocaciones, que casi siempre llegan cuando los estrógenos se repliegan, es que te sirven de detector de peligro: si  algo te produce sofoco o taquicardia es que debes agudizar la guardia,  no es bueno para ti o ese no es el camino.. Vamos, que llegado el climaterio, la intuición alcanza la excelencia  y suele acertar al cien por cien. No te vuelves bruja; solo que  la naturaleza te hace un regalo en forma de sabiduría extra para compensar tantas cosas que se van quedando en el camino.

Por otra parte, septiembre, un mes precioso por mi aldea global  si el buen tiempo acompaña y los aires de "les castañes" acarician con suavidad, invita a retomar definitivamente la rutina de los días programados, en la misma medida que cambiamos sandalias por botas. La aromaterapia de las mandarinas, también  preludio del otoño y de recuerdos de nuevas vidas para mí, también forma parte de las anotaciones de la agenda:¡Comprar mandarinas!.

Buen comienzo, de agendas llenas de pequeñas cosas que nos generen paz,bienestar y buenos recuerdos. Lo demás, es pasajero.



miércoles, 15 de mayo de 2019

Aquel tiempo de "manzanes de San Juan"

Hace muchos años que el árbol de "manzanes de San Juan", que se encontraba lindando con el huerto que tengo en frente de mis casa de El Caalón, ya no está. Se secó de puro viejo; como nos acaba marchitando a todos el paso del tiempo. Sin embargo, cuando se aproxima Junio, también tiempo de cerezas, siempre recuerdo aquellos primeros brotes del manzano anunciando que, a finales de ese mes, podría morder el fruto temprano,tierno pero firme, que me sabía a comienzos de verano, a comienzos de todo. Aún me gustan las manzanas verdes, en particular las que se pueden coger directamente de los árboles típicos de nuestra tierra asturiana pero, como aquellas de San Juan de mi infancia, ningunas.
El árbol en cuestión estaba en la huerta de Manuel, un maestro de escuela que ostentaba, además, otros títulos universitarios, pero que para los niños y niñas del pueblo era un señor calvo  y peculiar que les daba clases particulares en verano; con  un montón de anécdotas incluidas. Un grupo de jóvenes iban a repasar al cuartín con el marco de la ventana pintado en verde las asignaturas en las que no se habían aplicado en el curso, y otro grupo de ellos les espiaba desde aquel hueco que daba al camino.
Para los adultos era Manolo el de Damiana o Manolo el de Balbín -según se acordasen al nombrarlo de su padre o de su madre-, por lo que su segunda mujer, una señora muy fina pero con un cierto aire de rancio abolengo que la dejaba en evidencia, nunca consiguió que sus vecinos y vecinas le llamasen Don Manuel. Para ser justa con la memoria, tengo que añadir que la compañera del dueño del árbol prohibido acabó siendo una tertuliana más, una vez que entendió las relaciones de quintana, tan alejadas de las falsas apariencias.
El maestro, en vacaciones y fines de semana cálidos, se acomodaba en la silla plegable, instalada en un pequeño terreno que tenía delante de su casa de La Canella, se echaba un vasín de vino, se ponía a leer el periódico y, de cuando en cuando, echaba la vista al aire para hacerle llegar un piropo a alguna mujer, para llamar a América, la suya, o para atraer la atención de algún raitán.
Yo tenía toda la semana para coger manzanas de San Juan del árbol de Manolo, pero solo se me apetecían cuando él estaba en el pueblo y, principalmente, cuando estaba vigilante desde la antojana de su casa; algo más alta que la mía, por lo que me divisaba bien. Solía hacerme sentir que me estaba viendo sin dirigirse a mí directamente, con extraños sonidos, como carraspeos, tosidos o golpes de nudillos. Si acaso, América, menos diplomática, llamaba a mi madre: "¡Bárbara ya está la niña saltando como una corza para coger manzanas!". Cuando ya estaban tan maduras que "nun les comín ni los gochos", nos pasaba el vecino del 127 amarillo unas buenas cestadas de ellas. Siempre me pregunté por qué no quería dárnoslas en su sazón si, al fin y al cabo, iban a perderse. Pero fijo que tendría su explicación.
Solo me consta que sigue en pie un árbol de esa clase de manzanas por las cercanías de mi minifundio. Tengo el permiso de su dueña para coger cuantas quiera. Y, a veces, por San Juan, me acerco a comer alguna, solo por sentir aquella sensación única de sabor a comienzo de un tiempo más alegre. Pero aquellas que agarraba furtivamente alguna tarde de junio, aquellas no volverán, que escribiría Bécquer. Es lo que tiene lo imposible o lo prohibido, que se nos antoja más valioso cuanto menos asequible.


domingo, 7 de abril de 2019

La puesta de largo de mi aldea global

Titulé una de las primeras entradas de este blog, que comenzó su andadura allá por el 2011: "¿Y tú, qué has soñado hoy?". El pasado viernes fue la presentación de mi segundo libro -el primero, Madres  In- Perfectas fue a dos manos con Susana González-, y la noche anterior soñé que llegaba al Cidan de Laviana -donde tuvo lugar el evento-, y me encontraba la sala llena de gente. Pero se me había olvidado pintarme los labios,por lo que salí un momento a los aseos para aplicar el carmín, que siempre rejuvenece un poco intensificar el color de la sonrisa. Tardé mucho tiempo porque, como ocurre en los sueños, todo iba a cámara lenta, y  el pintalabios se me deshacía y se me deslizaba anárquicamente por los contornos de la boca. Cuando volví al salón de actos de la Casa de la Cultura lavianesa, no quedaba ni una sola persona. Desperté con taquicardia y pesimismo, pensando en por qué me metía en tantos fregaos.  Tardé en asimilar que solo había sido un sueño, fruto de la preocupación del momento. En efecto, el salón de actos estuvo lleno de gente, pero todos se quedaron hasta el final. Por si acaso, no me pinté los labios esa tarde.

Claro que la velada no hubiese sido la misma sin el presentador elegido para "Desde mi aldea global", el periodista Luis Miguel Rebustiello. Desde estas línea quiero agradecerle su presencia a él y a todas las personas asistentes -amigos de infancia, de adolescencia, de algunas situaciones concretas de mi vida, compañeros y compañeras de mis tareas actuales, vecinos de Sobrescobio, amigos de la quintana, y amigos de mis amigos; entre otros. Algunos desconocidos, muy pocos, lo que me reafirma que los incondicionales que vas agregando a medida que atraviesas etapas, son tu mayor riqueza.

Aquí os dejo algunas de las palabras del compañero Rebustiello, que dieron un toque de excelencia a parte de las historias de mi blog, que vieron la luz convertidas en un librín.

"Querida Berta: ...Pasé la jornada entre reuniones que versaban sobre el futuro del medio rural y páginas web de nuevo cuño relacionadas con el mundo rural, y mi única ansiedad era subirme de nuevo al tren y poder renaudar la lectura de tu libro, titulado, por cierto, desde mi aldea global. Y allá pasada Palencia, con la noche impidiendo ver el paisaje tras los cristales, acabé la lectura de este parto bendito que has tenido que hacer para recoger en folio impreso 28 de los 228 que has escrito en tu blog "Esas pequeñas cosas.Y supongo que ha sido un parto duro porque has tenido que dejar fuera 200 historias, todas ellas merecedoras de estar en esta publicación. 

Este libro es un libro de entrañas,salido de dentro, de lo más profundo, en cuyos relatos el odio no tiene cabida, es un canto a la esperanza que surge de relatos de la España más negra, que la prosa de Berta transita desde el ayer hasta el ahora mismo con paso firme. Es un libro de cuentos que son verdades y de verdades que tiene forma de cuento. De gentes verdaderas de nombre cierto o incierto que nos rasgan el alma pero que acaban siempre con un grito de esperanza. Son  certezas escritas con inteligencia de mujer, con pulso firme de mano frágil, con letras femeninas que denuncian sin atrocidad unas situaciones en las que se basan los pilares de nuestra sociedad...

Este libro sabe, huele y emana mujer por los cuatro costados y sin embargo yo, varón desde que nací, no me he sentido ni extraño ni incómodo en él,es más, creo que deberíamos hacer lo posible para que generaciones posteriores a la mía, lo puedan leer...

Y ahí están la mujer que inventaba cuentos porque no sabía leer, aquella otra que cambió el punto de cruz por el punto.com, las que se ponían pantalones a escondidas cuando las mujeres no podían ponérselos,e Isabel la carnicera, que con 94 años reclamó por haber estado presa 34 meses después de la Guerra Civil, la que marchó p´al chigre, y Dulia,que decía que laspenas no había que alimentarlas y era catedrática en penar, y tus abuelas, y todas las demás..."

Nos cuentas tu vida a sorbos cortos,despacio,saboreando lo que dices, uniendo tu teclear al latido de los que no están, pero que tuvieron a bien contarte sus vidas. Pero ya sabes,"vete apuntándolo too que nun soy eterna", que te diría Bárbara. Es decir, no pares de meter pa dentro aquello que te cuentan, aquello que percibes.No lo dejes nunca Berta, deja volar ese corazón de tinta negra que llevamos los periodistas y sobretodo, nunca pierdas el buen don de saber escuchar a la gente sabia, que casi siempre suele ser la gente mayor. Y te lo digo por egoísmo, porque personalmente quiero seguir leyendo esos cuentos tuyos que nos son cuentos sino historias  de vida y esperanza..."

Te haré caso, compañero Rebustiello, Rebus para nuestra amiga común Isolina. Seguiré contando pequeñas cosas desde esta ventana que tiene a sus pies toda una aldea global. También yo lo hago por egoísmo, porque no hay cosa más guapa que poder llegar al corazón de las personas a través de las palabras; como tú has llegado al de las personas asistentes a la presentación. Muchas gracias de nuevo desde esta tarde de Abril.¿Sabes?, esta mañana hemos ido a la iglesia una de mis amigas y yo.Casi nunca vamos, pero la homilía de hoy en Soto -solo hay misa cada 15 días porque escasean los curas, como escasea su púlbico rural- era por nuestra amiga Emy, muerta trágicamente hace 9 años por la violencia machista; es otra de esas mujeres a la que no queremos olvidar, y que pulula por nuestros minifundios del realismo mágico.



https://www.lne.es/cuencas/2019/04/08/libro-aldea-global-historias-sobrescobio/2454142.html?fbclid=IwAR3slXfD8cwaM_hOJKlAjTW06jHEJ2mvpSpTPdzyH5uwpO9tzgrv-OuhiU8

martes, 5 de febrero de 2019

La otra vida de los objetos

Mientras coloco las fundas de la almohada, de puro algodón blanco, con florinas bordadas, trato de adivinar en cuáles serían los pensamientos de la abuela de mis hijos mientras daba puntadas perfectas a esas labores . Argentina las cosió en aquellas tardes en las que se aprovechaba el sol de los meses más fríos en los corredores y galerías de las casas de aldea.  Estaban destinadas al ajuar de sus hijos, como se hacía antiguamente. Pero, lista como era, tal vez barruntase que las modas serían muy otras cuando llegara la época de su uso. Lo de las bajeras ajustables, la telas de planchado rápido y los colores más sufridos apenas empezaba a utilizarse por entonces en la ropa para el hogar. Es posible que mientras sentía el tibio aire en su perfil -que tenía algo de la extraña melancolía de Ingrid Bergman-, pensara que hubiese podido conocer más mundos que el de las montañas que la acompañaban desde que nació, de haber vivido otras vidas u otras circunstancias. 

Nosotros podemos palpar ahora algo de ese pasado a través del espíritu de los objetos que van pasando a través de las generaciones, fruto de unos tiempos en lo que todo se hacía más despacio y más pensado; de ahí su sello imperecedero y su encanto. Muchos de ellos podemos recuperarlos gracias a que alguien decidió guardarlos por si acaso. 


Años después, cuando las mujeres ya no somos ni la sombra de lo que fueron nuestras antecesoras, con libertades bastante más limitadas y un destino escrito casi siempre por ajenos -ella hubiese querido ser maestra y su padre la sacó del colegio para comprar "un prau"-, Rosa y yo comentábamos el uso que aún puede darse a esas obras de arte arrumbadas en muchos armarios. Ella ha convertido en originales visillos unas sábanas de lienzo de su suegra, y la muchos cabeceros de las camas actuales son reciclajes de antiguas puertas de castaño.

Daría para muchas palabras la cantidad de objetos a los que puede darse un segundo uso, práctico y elegante. Internet está plagado de tutoriales para darnos ideas. Me consta que muchas personas hacen maravillas con la madera, con las cajas de madera, con el objeto más insospechado. Todo es cuestión de imaginación y buen gusto, y ese talento innato que tienen muchas personas para las manualidades.


Un abanico de objetos con alma nos esperan en nuestros trasteros o desvanes. Una vez reciclados ya no tienen precio.  En eso debía estar pensando Don Gustavo Adolfo Bécquer cuando escribió: "Del salón en el ángulo oscuro, de su dueño tal vez olvidada, silenciosa y cubierta de polvo, veiase el arpa ¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas, como el pájaro duerme en la ramas, esperando la mano de nieve que sepa arrancarlas ¿Ay!, pensé; ¡cuántas veces el genio así duerme en el fondo del alma, y una voz como Lázaro espera que le diga: "levántate y anda! . 

jueves, 17 de enero de 2019

¿Y tú no trabajas?

La llamaré Esperanza, pero podría ser María, Sol, Rebeca, Aurora, Valeria o cualquier otra, porque la historia es real y el nombre inventado. Tiene 40 años y un trabajo sin determinar. Licenciada en Ingeniería Medioambiental, las circunstancias sociales, familiares, laborales o todas juntas a la vez no le fueron propicias para un trabajo estable y bien remunerado. Reparte su tiempo atendiendo a su familia: tres hijos, un marido y cuatro personas mayores de 80 que también requieren su atención. Se levanta a las seis de la mañana -podría levantarse a las seis y media, pero necesita ese trozo de amanecer para saborear el primer café ella sola-. A lo largo del día hace de asesora de moda, de costurera, de sicóloga, de enfermera, de mediadora, de cocinera -incluso hace unos dos años tuvo que especializarse en comida para celiacos porque la alergia del momento llegó también para algunos miembros de su familia-, de limpiadora, de maestra, y si hay suerte, se realiza en algún trabajo que le llega de cuando en cuando y mal pagado, relacionado con su profesión. Hasta hace sus pinitos, en tardes de inspiración, escribiendo poemas en una libretita rosa palo que siempre lleva en el bolso, perdida entre el amasijo de objetos que "conviven" en el mismo. Se la compró un año por las rebajas en esa tienda barata, con apariencia de cara donde solemos comprar "las que queremos pero no podemos porque gustos buenos solemos tener, aunque no dinero", que dice Pilar. Algunas veces -me cuenta como un secreto a voces que esos momentos son para ella una Religión-, Esperanza queda con sus amigas y amigos para "desembrutecer el alma", y se permite darse un capricho en forma de libro u otros objetos más mundanos, sin dejar que le cale el sentimiento de "no me lo merezco". A las diez y media de la noche, como mucho, no se va a dormir, directamente se desmaya en la cama. Está mentalizada de que cada uno debe de aprender a torear con el enfoque más positivo en la plaza que le toque en la vida, pero lo que le revienta y trata de zanjar con argumentos que no dejan duda, un día sí y otro también, es que le digan: "tú como tienes tiempo...", ¡qué bien vives!.Pero  puede ser peor, sucede cuando le preguntan: "¿Tú no trabajas?", a lo que ella responde con un contundente: "¡¿Perdona?!".

lunes, 14 de enero de 2019

La bata de percal

- ¿Acuérdeste de Benjamina?, aquella muyer que estuvo unos años en Soto porque el su hombre trabayaba en les obres de la Fontona?. ¡Qué probes éramos toos de aquella!, recuerdan las más veteranasde Soto, mientras observan unos playeros de 150 Euros, que aparecen en un catálogo de Rebajas. Cayó en sus manos porque una de ellas lo había cogido a modo de sombrero, aprovechando la vida que les da  los rayos de sol en invierno, pero "hay que tener cuidau,que el sol de frente en los meses que lleven R ye malo", nos aconsejan muchas veces.

-Pues si cuesten eso en rebajes, andarán solos, prosigue otra de ellas.

- Contaíme algo más de la muyer de la bata de percal, les pido, deseosa de anotar anécdotas para que no se  olviden..

Y así fue cómo me enteré de que, en realidad, Benjamina apenas tendría veinte años y una sola bata de flores para vestirse durante todo el año. Por  la semana la ponía por el revés y los domingos "al dereches". Cuando ya estaba muy sucia, esperaba a que cayese la noche. Se ponía encima algún trapo que la tapase, y se dirigía a la fuente a lavar su gastado vestido. Habían venido a vivir a Encima el Pueblu desde el Oriente de Asturias, hace unos 80 años, con su marido Mario, que encontró trabajo en la construcción de La Fontona,; la traída de agua que parte de Caleao y pasa por Sobrescobio y aún abastece, actualmente, a media Asturias. "Yo recuérdola con una potina colorá, y un alambre amarrau pa que nun se basculase el caldu, llevando-i la comida al su hombre. Lo de los túperes iba a tardar munchu en llegar aquí. Nun sé qué podría llevar en aquella potina, porque nun tenín ni gallines, ni huertu, ni praos, ni vaques ni ná,que era lo que los quitaba la fame a los que vivíamos en el pueblu", explica una de las que por entonces era una nena.

-Pero güelita, ¿por qué nadie i-daba un vestíu?, le pregunta el nieto, de la generación de los que miden las casas por gigas,  a una de las narradoras.

- "¡Ay queríu!, porque la mayoría de les muyeres nun tenín más de dos". Y sé que lo veis imposible, pero recién acabá la guerra, les coses eren así. Ahora táis refalfiaos, pero antes había families en les que se echaben lo nenos de día, pa que i-diera tiempu a secar la ropa pál día siguiente ir a la escuela.

Abro mi armario esta mañana, recuerdo la conversación, y decido que este año tal vez no vaya a las rebajas., porque lo único que no tengo es una bata bata de percal....