Esas pequeñas cosas...

martes, 3 de enero de 2012

El amor al fin y al cabo...

 "Elige a tu pareja con mucho cuidado. De esta decisión dependerá el 90 % de toda tu felicidad; pero después de elegir cuidadosamente el trabajo apenas empieza". H.Jakson Brown

Cuando a una amiga de batallitas de tardes de sábados  le preguntaron un día si quería mucho a su marido, ella contestó sin titubear, con su media sonrisa fácil: "Unas veces más que otras". Desde entonces me apropié de la respuesta. Una frase corta que engloba  todo el cómputo de una relación de pareja estable.

Entendiendo por pareja la unión de dos personas que de forma libre y voluntaria se aman, y que a partir de ese amor construyen en el tiempo una relación, la mayoría de estos vínculos caen sin remedio en la rutina. El hábito llega a nuestras vidas paralelo a la pérdida de la fantasía creada en el inicio de toda relación amorosa. Por ello, para salvar la ilusión, es bueno retrotaernos de cuando en cuando a los primeros pasos de ese camino juntos; aquellos en los que no había nada tan importante como estar con esa persona por la llegamos a hacer alguna que otra locura, y en la que veíamos una magia invisible para el resto.

No sé si es del todo cierto aquello de que "dos que duermen en el mismo colchón se vuelven de la misma condición" pero, después de un puñado de inviernos de vida en común, uno es capaz de adivinar con un sólo golpe de ojo de qué humor está su contrari@ esa mañana, y la interpretación de un ligero movimiento de ceja es más certera que el más avanzado test sicológico. A fuerza de conocerse, las parejas acaban construyendo un universo único del que sólo ellos son versados, aunque sin saber muy bien "si soy el hilo o la cometa...si soy el palo si soy la vela...entre los dos nos inventamos lo imperfecto con la apariencia de hacer siempre lo correcto...Qué sabe nadie lo que nos pasa por dentro..." que dice la famosa balada.

Hablar del amor entre una pareja que aguanta unos cuantos lustros es contar las más variadas vivencias de uniones y desencuentros. Cuando se han superado tantos sinsabores y se vivieron inolvidables momentos de complicidad con la persona que has elegido para compartir una vida, nos habituamos tanto a ese ser humano que  se hace aplicable un fragmento del cuento del Principito:

-"Qué significa domesticar", volvió a preguntar el principito.
- Es una cosa ya olvidada -dijo el zorro- significa crear vínculos..."
-"¿Crear vínculos?".
-"Efectivamente. Verás -dijo el zorro- tú no eres para mí más que un muchachito entre cien mil muchachitos y no te necesito.Tampoco tú tienes necesidad de mí, y no soy más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes. Pero si tú me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para tí único en el mundo...".

A pesar de la parte amable de la casi inconsciente domesticación entre los componentes del dúo amoroso, ese hecho también nos lleva a olvidarnos de grandes detalles de antaño como un abrazo a tiempo,una palabra seductora; incluso algo más de pasión. Pese a que con el paso de los días nos va quedando patente que ni ellos son los héroes ni nosotras las princesas de esos primeros sueños en común, no debemos de perder el punto de partida porque lo obvio no siempre es lo necesario y tod@s esperamos alguna tarde,  arriesgándonos a caer en un inconfesable romanticismo adolescente, ese ramito de violetas. Así,  perdidos en la cotidianeidad de nuestros recíprocos defectos y atributos , esos veinte años abundantes de recuerdos comunes nos pillan a ratos tarareando a estas alturas de la película aquello de "nos faltan ilusiones, nos falta fantasía, nos falta sobretodo un toque de locura, un enfado alguna duda, que nos haga despertar...Una ilusión absurda, una mirada inoportuna, que nos llegue a molestar... un engaño, una historia oculta, aunque al fin no sea verdad...".

Los profesionales expertos en los asuntos de pareja suelen decir que en las relaciones de amor sano, una vez superada la primera fase del enamoramiento, se encuentra el amor verdadero en aquel que se gesta de un modo lento y progresivo. Esto requiere paciencia para aceptar al otro tal cual es, y exige además la madurez suficiente para quererse y conocerse a uno mismo también. Sin olvidar que, en muchos casos, se necesita pasar por varios "príncipes" o "princesas" hasta encontrar esa estabilidad en la convivencia. Para los que creemos tenerla, nunca olvidemos la importancia de mimar aquello que creemos nuestro.

Para la ternura siempre debe de haber tiempo...

Imagen : Mi querida tía Albina y su esposo recibiendo un premio al matrimonio de más edad... Después de 55 años juntos, se puede hablar de amor del bueno.






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Autor:
Berta
Fecha de creación:
17 octubre de 2011
Ciudad, país:
Oviedo, España