Esas pequeñas cosas...

miércoles, 15 de mayo de 2019

Aquel tiempo de "manzanes de San Juan"

Hace muchos años que el árbol de "manzanes de San Juan", que se encontraba lindando con el huerto que tengo en frente de mis casa de El Caalón, ya no está. Se secó de puro viejo; como nos acaba marchitando a todos el paso del tiempo. Sin embargo, cuando se aproxima Junio, también tiempo de cerezas, siempre recuerdo aquellos primeros brotes del manzano anunciando que, a finales de ese mes, podría morder el fruto temprano,tierno pero firme, que me sabía a comienzos de verano, a comienzos de todo. Aún me gustan las manzanas verdes, en particular las que se pueden coger directamente de los árboles típicos de nuestra tierra asturiana pero, como aquellas de San Juan de mi infancia, ningunas.
El árbol en cuestión estaba en la huerta de Manuel, un maestro de escuela que ostentaba, además, otros títulos universitarios, pero que para los niños y niñas del pueblo era un señor calvo  y peculiar que les daba clases particulares en verano; con  un montón de anécdotas incluidas. Un grupo de jóvenes iban a repasar al cuartín con el marco de la ventana pintado en verde las asignaturas en las que no se habían aplicado en el curso, y otro grupo de ellos les espiaba desde aquel hueco que daba al camino.
Para los adultos era Manolo el de Damiana o Manolo el de Balbín -según se acordasen al nombrarlo de su padre o de su madre-, por lo que su segunda mujer, una señora muy fina pero con un cierto aire de rancio abolengo que la dejaba en evidencia, nunca consiguió que sus vecinos y vecinas le llamasen Don Manuel. Para ser justa con la memoria, tengo que añadir que la compañera del dueño del árbol prohibido acabó siendo una tertuliana más, una vez que entendió las relaciones de quintana, tan alejadas de las falsas apariencias.
El maestro, en vacaciones y fines de semana cálidos, se acomodaba en la silla plegable, instalada en un pequeño terreno que tenía delante de su casa de La Canella, se echaba un vasín de vino, se ponía a leer el periódico y, de cuando en cuando, echaba la vista al aire para hacerle llegar un piropo a alguna mujer, para llamar a América, la suya, o para atraer la atención de algún raitán.
Yo tenía toda la semana para coger manzanas de San Juan del árbol de Manolo, pero solo se me apetecían cuando él estaba en el pueblo y, principalmente, cuando estaba vigilante desde la antojana de su casa; algo más alta que la mía, por lo que me divisaba bien. Solía hacerme sentir que me estaba viendo sin dirigirse a mí directamente, con extraños sonidos, como carraspeos, tosidos o golpes de nudillos. Si acaso, América, menos diplomática, llamaba a mi madre: "¡Bárbara ya está la niña saltando como una corza para coger manzanas!". Cuando ya estaban tan maduras que "nun les comín ni los gochos", nos pasaba el vecino del 127 amarillo unas buenas cestadas de ellas. Siempre me pregunté por qué no quería dárnoslas en su sazón si, al fin y al cabo, iban a perderse. Pero fijo que tendría su explicación.
Solo me consta que sigue en pie un árbol de esa clase de manzanas por las cercanías de mi minifundio. Tengo el permiso de su dueña para coger cuantas quiera. Y, a veces, por San Juan, me acerco a comer alguna, solo por sentir aquella sensación única de sabor a comienzo de un tiempo más alegre. Pero aquellas que agarraba furtivamente alguna tarde de junio, aquellas no volverán, que escribiría Bécquer. Es lo que tiene lo imposible o lo prohibido, que se nos antoja más valioso cuanto menos asequible.


domingo, 7 de abril de 2019

La puesta de largo de mi aldea global

Titulé una de las primeras entradas de este blog, que comenzó su andadura allá por el 2011: "¿Y tú, qué has soñado hoy?". El pasado viernes fue la presentación de mi segundo libro -el primero, Madres  In- Perfectas fue a dos manos con Susana González-, y la noche anterior soñé que llegaba al Cidan de Laviana -donde tuvo lugar el evento-, y me encontraba la sala llena de gente. Pero se me había olvidado pintarme los labios,por lo que salí un momento a los aseos para aplicar el carmín, que siempre rejuvenece un poco intensificar el color de la sonrisa. Tardé mucho tiempo porque, como ocurre en los sueños, todo iba a cámara lenta, y  el pintalabios se me deshacía y se me deslizaba anárquicamente por los contornos de la boca. Cuando volví al salón de actos de la Casa de la Cultura lavianesa, no quedaba ni una sola persona. Desperté con taquicardia y pesimismo, pensando en por qué me metía en tantos fregaos.  Tardé en asimilar que solo había sido un sueño, fruto de la preocupación del momento. En efecto, el salón de actos estuvo lleno de gente, pero todos se quedaron hasta el final. Por si acaso, no me pinté los labios esa tarde.

Claro que la velada no hubiese sido la misma sin el presentador elegido para "Desde mi aldea global", el periodista Luis Miguel Rebustiello. Desde estas línea quiero agradecerle su presencia a él y a todas las personas asistentes -amigos de infancia, de adolescencia, de algunas situaciones concretas de mi vida, compañeros y compañeras de mis tareas actuales, vecinos de Sobrescobio, amigos de la quintana, y amigos de mis amigos; entre otros. Algunos desconocidos, muy pocos, lo que me reafirma que los incondicionales que vas agregando a medida que atraviesas etapas, son tu mayor riqueza.

Aquí os dejo algunas de las palabras del compañero Rebustiello, que dieron un toque de excelencia a parte de las historias de mi blog, que vieron la luz convertidas en un librín.

"Querida Berta: ...Pasé la jornada entre reuniones que versaban sobre el futuro del medio rural y páginas web de nuevo cuño relacionadas con el mundo rural, y mi única ansiedad era subirme de nuevo al tren y poder renaudar la lectura de tu libro, titulado, por cierto, desde mi aldea global. Y allá pasada Palencia, con la noche impidiendo ver el paisaje tras los cristales, acabé la lectura de este parto bendito que has tenido que hacer para recoger en folio impreso 28 de los 228 que has escrito en tu blog "Esas pequeñas cosas.Y supongo que ha sido un parto duro porque has tenido que dejar fuera 200 historias, todas ellas merecedoras de estar en esta publicación. 

Este libro es un libro de entrañas,salido de dentro, de lo más profundo, en cuyos relatos el odio no tiene cabida, es un canto a la esperanza que surge de relatos de la España más negra, que la prosa de Berta transita desde el ayer hasta el ahora mismo con paso firme. Es un libro de cuentos que son verdades y de verdades que tiene forma de cuento. De gentes verdaderas de nombre cierto o incierto que nos rasgan el alma pero que acaban siempre con un grito de esperanza. Son  certezas escritas con inteligencia de mujer, con pulso firme de mano frágil, con letras femeninas que denuncian sin atrocidad unas situaciones en las que se basan los pilares de nuestra sociedad...

Este libro sabe, huele y emana mujer por los cuatro costados y sin embargo yo, varón desde que nací, no me he sentido ni extraño ni incómodo en él,es más, creo que deberíamos hacer lo posible para que generaciones posteriores a la mía, lo puedan leer...

Y ahí están la mujer que inventaba cuentos porque no sabía leer, aquella otra que cambió el punto de cruz por el punto.com, las que se ponían pantalones a escondidas cuando las mujeres no podían ponérselos,e Isabel la carnicera, que con 94 años reclamó por haber estado presa 34 meses después de la Guerra Civil, la que marchó p´al chigre, y Dulia,que decía que laspenas no había que alimentarlas y era catedrática en penar, y tus abuelas, y todas las demás..."

Nos cuentas tu vida a sorbos cortos,despacio,saboreando lo que dices, uniendo tu teclear al latido de los que no están, pero que tuvieron a bien contarte sus vidas. Pero ya sabes,"vete apuntándolo too que nun soy eterna", que te diría Bárbara. Es decir, no pares de meter pa dentro aquello que te cuentan, aquello que percibes.No lo dejes nunca Berta, deja volar ese corazón de tinta negra que llevamos los periodistas y sobretodo, nunca pierdas el buen don de saber escuchar a la gente sabia, que casi siempre suele ser la gente mayor. Y te lo digo por egoísmo, porque personalmente quiero seguir leyendo esos cuentos tuyos que nos son cuentos sino historias  de vida y esperanza..."

Te haré caso, compañero Rebustiello, Rebus para nuestra amiga común Isolina. Seguiré contando pequeñas cosas desde esta ventana que tiene a sus pies toda una aldea global. También yo lo hago por egoísmo, porque no hay cosa más guapa que poder llegar al corazón de las personas a través de las palabras; como tú has llegado al de las personas asistentes a la presentación. Muchas gracias de nuevo desde esta tarde de Abril.¿Sabes?, esta mañana hemos ido a la iglesia una de mis amigas y yo.Casi nunca vamos, pero la homilía de hoy en Soto -solo hay misa cada 15 días porque escasean los curas, como escasea su púlbico rural- era por nuestra amiga Emy, muerta trágicamente hace 9 años por la violencia machista; es otra de esas mujeres a la que no queremos olvidar, y que pulula por nuestros minifundios del realismo mágico.



https://www.lne.es/cuencas/2019/04/08/libro-aldea-global-historias-sobrescobio/2454142.html?fbclid=IwAR3slXfD8cwaM_hOJKlAjTW06jHEJ2mvpSpTPdzyH5uwpO9tzgrv-OuhiU8

martes, 5 de febrero de 2019

La otra vida de los objetos

Mientras coloco las fundas de la almohada, de puro algodón blanco, con florinas bordadas, trato de adivinar en cuáles serían los pensamientos de la abuela de mis hijos mientras daba puntadas perfectas a esas labores . Argentina las cosió en aquellas tardes en las que se aprovechaba el sol de los meses más fríos en los corredores y galerías de las casas de aldea.  Estaban destinadas al ajuar de sus hijos, como se hacía antiguamente. Pero, lista como era, tal vez barruntase que las modas serían muy otras cuando llegara la época de su uso. Lo de las bajeras ajustables, la telas de planchado rápido y los colores más sufridos apenas empezaba a utilizarse por entonces en la ropa para el hogar. Es posible que mientras sentía el tibio aire en su perfil -que tenía algo de la extraña melancolía de Ingrid Bergman-, pensara que hubiese podido conocer más mundos que el de las montañas que la acompañaban desde que nació, de haber vivido otras vidas u otras circunstancias. 

Nosotros podemos palpar ahora algo de ese pasado a través del espíritu de los objetos que van pasando a través de las generaciones, fruto de unos tiempos en lo que todo se hacía más despacio y más pensado; de ahí su sello imperecedero y su encanto. Muchos de ellos podemos recuperarlos gracias a que alguien decidió guardarlos por si acaso. 


Años después, cuando las mujeres ya no somos ni la sombra de lo que fueron nuestras antecesoras, con libertades bastante más limitadas y un destino escrito casi siempre por ajenos -ella hubiese querido ser maestra y su padre la sacó del colegio para comprar "un prau"-, Rosa y yo comentábamos el uso que aún puede darse a esas obras de arte arrumbadas en muchos armarios. Ella ha convertido en originales visillos unas sábanas de lienzo de su suegra, y la muchos cabeceros de las camas actuales son reciclajes de antiguas puertas de castaño.

Daría para muchas palabras la cantidad de objetos a los que puede darse un segundo uso, práctico y elegante. Internet está plagado de tutoriales para darnos ideas. Me consta que muchas personas hacen maravillas con la madera, con las cajas de madera, con el objeto más insospechado. Todo es cuestión de imaginación y buen gusto, y ese talento innato que tienen muchas personas para las manualidades.


Un abanico de objetos con alma nos esperan en nuestros trasteros o desvanes. Una vez reciclados ya no tienen precio.  En eso debía estar pensando Don Gustavo Adolfo Bécquer cuando escribió: "Del salón en el ángulo oscuro, de su dueño tal vez olvidada, silenciosa y cubierta de polvo, veiase el arpa ¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas, como el pájaro duerme en la ramas, esperando la mano de nieve que sepa arrancarlas ¿Ay!, pensé; ¡cuántas veces el genio así duerme en el fondo del alma, y una voz como Lázaro espera que le diga: "levántate y anda! . 

jueves, 17 de enero de 2019

¿Y tú no trabajas?

La llamaré Esperanza, pero podría ser María, Sol, Rebeca, Aurora, Valeria o cualquier otra, porque la historia es real y el nombre inventado. Tiene 40 años y un trabajo sin determinar. Licenciada en Ingeniería Medioambiental, las circunstancias sociales, familiares, laborales o todas juntas a la vez no le fueron propicias para un trabajo estable y bien remunerado. Reparte su tiempo atendiendo a su familia: tres hijos, un marido y cuatro personas mayores de 80 que también requieren su atención. Se levanta a las seis de la mañana -podría levantarse a las seis y media, pero necesita ese trozo de amanecer para saborear el primer café ella sola-. A lo largo del día hace de asesora de moda, de costurera, de sicóloga, de enfermera, de mediadora, de cocinera -incluso hace unos dos años tuvo que especializarse en comida para celiacos porque la alergia del momento llegó también para algunos miembros de su familia-, de limpiadora, de maestra, y si hay suerte, se realiza en algún trabajo que le llega de cuando en cuando y mal pagado, relacionado con su profesión. Hasta hace sus pinitos, en tardes de inspiración, escribiendo poemas en una libretita rosa palo que siempre lleva en el bolso, perdida entre el amasijo de objetos que "conviven" en el mismo. Se la compró un año por las rebajas en esa tienda barata, con apariencia de cara donde solemos comprar "las que queremos pero no podemos porque gustos buenos solemos tener, aunque no dinero", que dice Pilar. Algunas veces -me cuenta como un secreto a voces que esos momentos son para ella una Religión-, Esperanza queda con sus amigas y amigos para "desembrutecer el alma", y se permite darse un capricho en forma de libro u otros objetos más mundanos, sin dejar que le cale el sentimiento de "no me lo merezco". A las diez y media de la noche, como mucho, no se va a dormir, directamente se desmaya en la cama. Está mentalizada de que cada uno debe de aprender a torear con el enfoque más positivo en la plaza que le toque en la vida, pero lo que le revienta y trata de zanjar con argumentos que no dejan duda, un día sí y otro también, es que le digan: "tú como tienes tiempo...", o puede ser peor, sucede cuando le oreguntan: "¿Tú no trabajas?", a lo que ella responde con un contundente: "¡¿Perdona?!". Buen sábado, por aquí dicen que "esta inverná espera otra". Por lo demás, Esperanza nunca libra de fin de semana.

lunes, 14 de enero de 2019

La bata de percal

- ¿Acuérdeste de Benjamina?, aquella muyer que estuvo unos años en Soto porque el su hombre trabayaba en les obres de la Fontona?. ¡Qué probes éramos toos de aquella!, recuerdan las más veteranasde Soto, mientras observan unos playeros de 150 Euros, que aparecen en un catálogo de Rebajas. Cayó en sus manos porque una de ellas lo había cogido a modo de sombrero, aprovechando la vida que les da  los rayos de sol en invierno, pero "hay que tener cuidau,que el sol de frente en los meses que lleven R ye malo", nos aconsejan muchas veces.

-Pues si cuesten eso en rebajes, andarán solos, prosigue otra de ellas.

- Contaíme algo más de la muyer de la bata de percal, les pido, deseosa de anotar anécdotas para que no se  olviden..

Y así fue cómo me enteré de que, en realidad, Benjamina apenas tendría veinte años y una sola bata de flores para vestirse durante todo el año. Por  la semana la ponía por el revés y los domingos "al dereches". Cuando ya estaba muy sucia, esperaba a que cayese la noche. Se ponía encima algún trapo que la tapase, y se dirigía a la fuente a lavar su gastado vestido. Habían venido a vivir a Encima el Pueblu desde el Oriente de Asturias, hace unos 80 años, con su marido Mario, que encontró trabajo en la construcción de La Fontona,; la traída de agua que parte de Caleao y pasa por Sobrescobio y aún abastece, actualmente, a media Asturias. "Yo recuérdola con una potina colorá, y un alambre amarrau pa que nun se basculase el caldu, llevando-i la comida al su hombre. Lo de los túperes iba a tardar munchu en llegar aquí. Nun sé qué podría llevar en aquella potina, porque nun tenín ni gallines, ni huertu, ni praos, ni vaques ni ná,que era lo que los quitaba la fame a los que vivíamos en el pueblu", explica una de las que por entonces era una nena.

-Pero güelita, ¿por qué nadie i-daba un vestíu?, le pregunta el nieto, de la generación de los que miden las casas por gigas,  a una de las narradoras.

- "¡Ay queríu!, porque la mayoría de les muyeres nun tenín más de dos". Y sé que lo veis imposible, pero recién acabá la guerra, les coses eren así. Ahora táis refalfiaos, pero antes había families en les que se echaben lo nenos de día, pa que i-diera tiempu a secar la ropa pál día siguiente ir a la escuela.

Abro mi armario esta mañana, recuerdo la conversación, y decido que este año tal vez no vaya a las rebajas., porque lo único que no tengo es una bata bata de percal....

jueves, 20 de diciembre de 2018

Queridas mujercitas

Ya decía yo que esa vieja letanía que repito a hijos, marido, familia, amigos y extraños, provenía de alguna frase lejana que quedó en el disco duro de mis recuerdos. Sobre todo cuando se aproximan las fechas de la lotería por excelencia, les suelo repetir que son más ricos y más felices de lo que ellos se creen, o como dijo Naeole: "A menudo las cosas que deseamos y no conseguimos no son más que la forma que el destino tiene de proteger lo que tenemos y no podemos perder".
Al poco de escuchar hoy en la radio hablar del clásico Mujercitas -en la Ser harán una adaptación radiofónica del cuento la mañana del próximo 25-, aproveché la salida diaria para hacer la compra y me acerqué a la biblioteca. Dicho sea de paso, es un lugar en el que me gusta pasar un ratín muchas mañanas porque; además del ambiente tranquilo, principalmente a esas horas tempranas, y ese aroma  que desprende a fantasía, a historia, a cuentos..., la bibliotecaria siempre me recibe con una sonrisa, me llama por mi nombre y me pregunta cómo estoy .... Os parecerá que me conformo con poco, pero deteneos un momento a pensar cuántas personas hacen esas tres cosas al mismo tiempo a lo largo de vuestro día. Pues a por Mujercitas me dirigí, después  de dejar finiquitados los quehaceres cotidianos básicos. Toni Garrido me vendió  tan bien la historia de Meg, Jo,Beth y Amy, mientras sacaba la ropa de la lavadora que, en cuanto acabé de tender -el cielo prometía un rápido secado-, decidí repasarla. Aquellas vivencias de solidaridad entre una madre y cuatro hermanas que caminaban hacia la madurez en unas condiciones relativamente difíciles adornó tantas de mis tardes  cuando era una nena, primero en forma de libro y después, ya con tele en blanco y negro, en forma de película, que se me figuraba un déjà vu de lo más entrañable.

-¡Cuéntanos otra historia mamá...!.
La señora March sonrió y comenzó enseguida:
- Érase una vez... cuatro niñas a las que no faltaba la comida ni la ropa necesaria, y tenían no pocos placeres y comodidades, así como buenos amigos y unos padres que las querían mucho, pero ellas no estaban satisfechas... Esas niñas querían ser buenas (apunto que el concepto de bondad va variando con el tiempo y no es lo mismo ser una mujer buena ahora que hace más de un siglo), y se hacían magníficos propósitos, pero eran incapaces de mantenerlos y al final acababan diciendo: "solo con que  tuviéramos esto", o , "Si simplemente pudiera hacer aquello", olvidando lo mucho que tenían  y todas las cosas agradables que, de hecho, hacían. Así que le pidieron a una anciana un hechizo que las hiciera felices, y la mujer les dijo: "Cuando os sintáis desgraciadas, pensad en lo bueno que os rodea y sed agradecidas".

Pues de ese capítulo me debió de quedar grabado a fuego el consejo, dado a cuatro chicas con personalidades tan distintas y con unas vidas tan diferentes a las nuestras, pero con la esencia de las mujeres de todos los tiempos. Con el libro ya sobre mi mesa, y mientras acababa de guisar el pollo para el arroz; otro déjà vu en mis olores de infancia, ojeaba a saltos los capítulos y pensaba en mis otras Mujercitas: las de mis historias medio inventadas y medio recordadas -Constantina, Santa, Carmen, Catalina, Rosina...-, y las actuales -Ana, María, Carolina, Nuria, Sonia, María José, Beni, Amelia, Belén, Noelia, Silvia, Irene, Pilar, Rosa, Susana, Isolina, Bárbara, Paz., Suny, Aurelia, Lucía, Miriam, Marisa, Elena, Virginia, Ángeles, María Teresa, Eva, Trini, Consuelo,...-; incluso las virtuales, muchas de las cuales forman ya parte de otra de las caras de mi poliedro.

En ellas encuentro algo de la  fantasía, la bondad, la valentía, la delicadeza, la timidez, la elegancia, la sabiduría, la fuerza, la coquetería,el atrevimiento, la rabia, la rebeldía, la picardía, el inevitable pesimismo.... de la historia escrita hace siglo y medio -en un contexto mucho más condicionado por la intolerancia-, por Louisa May Alcott,  y representadas posteriormente por actrices de la talla de Katharine Hepburn, Elizabeth Taylor, Susan Sarandon o Winona Rider, entre otras grandes mujercitas.

Feliz Navidad, Mujercitas y Hombrecitos -que también tenéis vuestra réplica en otro libro-, y permitíos el lujo de volver a ser niños leyendo un cuento dulce, al pie de la chimenea. Por lo demás, si tenéis cuatro auténticos amigos, ropa y calzado cómodo, comida para entretener el hambre, una senda para caminar, una casa confortable cuando regreséis, un café al amanecer y salud para disfrutar de todo eso, ya os ha tocado la lotería...



miércoles, 28 de noviembre de 2018

Te debía un cuentín

Ella siempre dice que más importante que conocer todas las cosas es saber dónde encontrarlas. Con lo que, siguiendo esa premisa, vaya si se defiende ante cualquier obstáculo. Es habilidosa, inteligente y curiosa. Y esas cualidades, usadas en el orden que convenga en cada momento, la llevaron a convertirse en una mujer de taitantos segura de si misma, valiente, reivindicativa, y "echá p´alante".

Con ese preámbulo os podría contar que había una vez una chica muy joven, que inició su vida en pareja cuando sus amigas aún jugaban con muñecas, con lo que tuvo poco tiempo para disfrutar de la descuidada adolescencia, donde las responsabilidades todavía son de otros. Madre de un niño, cuando ella casi era otra  y una situación laboral y económica también en pañales, como suele suceder al inicio de la vida de los adultos, especialmente cuando se empieza la etapa de las cargas familiares a una edad temprana, podría decirse que la protagonista de este cuentín empezó su vida un poco al revés. Vamos, que primero fue mayor, para después ser joven.

Ejerce de  abuela moderna, de fotógrafa, de tertuliana por las redes, de cuidadora de su gran familia y de mujer de hoy en día,. Por lo que,a ser posible, no renuncia a disfrutar de esos pequeños placeres de una comida con amigos, una cena entre mujeres, la celebración de una fiesta patronal, de  una ceremonia familiar, de un viaje, de un curso para aprender algo nuevo, de un café en el corredor de su casa o de los rayos del sol de otoño en su antojana de La Canella, por poner algún ejemplo de sus momentos felices.

Cuando hablo de ella, la pongo como ejemplo de que nada se puede generalizar: uno puede casarse joven y acertar con una vida plena y viceversa; como también una puede ser madre jovencísima o con  más de cuarenta, y los resultados ser imprevisibles, pero casi nunca los que se prejuician. Al final, todo es cuestión de tener la cabeza bien amueblada, poner ilusión en cualquiera de tus empresas y de creer que la suerte hay que trabajársela. Aunque también pienso que sus astros estaban bien alineados.

Tal vez  no se acuerde, pero fue la primera persona que compartió lo que escribía en mi blog, cuando comenzábamos a circular por este mundo de Redes que tejen y atrapan. Yo, que trabajo con palabras desde que tengo uso de razón, porque para otras habilidades ya me rodean la mayoría de las personas con las que me relaciono, -qué asco, todo se os da bien, les digo muchas veces en tono cariñoso-, admiro esa su facilidad para la cocina, para las manualidades, para la decoración,  para cualquier entuerto repentino o para convertir media docena de piñas en un trozo de alma de mujer, que por supuesto domina de forma innata,  mi protagonista de hoy.

He aquí un ejemplo más de mujeres que hacen con elegancia su trabajo de amas de casa; ese de los mil oficios, imprescindibles en la vida de los demás, pero también convencidas de que su propia felicidad es importante para poder repercutirlo en su mundo. Esas congéneres anónimas, bajo cuyas vidas sencillas y cuyas historias siempre aparece lo extraordinario.

Podéis encontrárosla con una cesta buscando setas en cualquier senda del municipio coyán, pero no es Caperucita porque, como la mayoría de las mujeres de hoy en día, no tiene miedo a ningún lobo ni necesita de ningún cazador que la rescate. Eso sí, bajo el mantel rojo de su cesta, siempre llevará un tarro de algo bueno para quien pudiera merecerlo o necesitarlo. Porque las mujeres de mis cuentos suelen ser son solidarias y empáticas. Y, como dice Jordi Granet, de vez en cuando hay que escribirles a los amigos para decirles cuánto valen, aunque sea a través de un cuentín.