Esas pequeñas cosas...

jueves, 16 de febrero de 2017

Arena en los pies

Días de esos en que todo nos parece un muro infranqueable; algunas mañanas o tantas tardes en las que se te acumulan, a partes iguales, las tareas, las decepciones, los no entiendo nada, las incógnitas; y  hasta los dolores físicos, una entrevista de Gema Nierga a Irene Villa, como  la que he escuchado en la radio, le da la vuelta a la tortilla.

Cuando tenía 12 años  perdió las dos piernas y tres dedos de la mano, a consecuencia de un atentado terrorista. Aquel octubre ETA había colocado una bomba bajo el coche en el que viajaba con su madre, quien también sufrió graves mutilaciones. Fue un error fatal -lo hubiera sido de todos modos-, el atentado no iba dirigida a ellas, pero explotó certero en sus vidas. Veintiséis años después, Irene Villa Gozález, trata de hacer entender a la gente la importancia de luchar porque nadie consiga borrar el brillo de sus ojos -el que ella sin duda tiene a raudales-, y pide que se valore la sencilla sensación de sentir la arena de una playa bajo los piés; una de las cosas que más desearía, ya imposible para ella

Qué inyección de positividad las palabras de una mujer con una trágica experiencia a sus espaldas, y unos efectos colaterales físicos y psicológicos que, en un principio, la hicieron desesperar. Ahora es esquiadora alpina paralímpica con varios trofeos en su haber, y un ejemplo para muchas personas con barreras físicas.

La ahora periodista,  Irene Villa  -que quiso ser juez en un principio para perseguir las injusticias, aunque después le aconsejaron que el Periodismo era otra forma idónea de proteger al débil y contar al mundo lo que sucede- afirmaba hoy en la Cadena Ser que está agradecida a la vida por tantas cosas buenas que le va dando. Tres hijos varones -"lo de la niña no ha podido ser, no se puede tener todo", afirma con humor-, un marido que la ama y la convicción de que hay muchísimas personas buenas -famosas y anónimas- que le han mostrado su apoyo y su ayuda desde que padeciera los estragos del terror hasta ahora que ya es toda una mujer de 38 años, son el trampolín para seguir luchando y teniendo ilusiones.

"Los terroristas solo son gente que cayó en una trampa", por eso afirmaba la también psicóloga que no los odia a ellos ni a nadie. De hecho, Irene -en este caso parece más que una pura coincidencia que su nombre signifique paz  en griego-, asegura no tener ningún rencor tampoco a quienes, de cuando en cuando, hacen públicos insultos y vejaciones hacia ella por las redes sociales. Esta mujer, admirable a todas luces, aconseja " inmunizarse contra las ofensas; incluso compadecerse de las personas de quienes proceden los insultos porque me lleva a pensar qué clases de cosas llevarán dentro de su alma, y me inspiran pena".

Por otro lado, la escritora madrileña aseguraba que puedes considerarte un auténtico psicólogo cuando llegas a entender a tus enemigos, lo que te deriva en una singular forma de empatía, incluso hacia ellos,  porque acabas entendiendo sus razones, para esa enemistad hacia el prójimo, lógicamente sin justificarlas jamás.

La autora de "Saber que se puede", dejaba constancia en las ondas que una de sus melodías de cabecera de su vida es la de "Color esperanza", porque es un canto a la superación, a la positividad y a la importancia de vivir con alegría y seguridad en uno mismo porque no hay barreras que uno no pueda saltar si se lo propone y porque lanzarse cada día al mundo con una actitud positiva hacia los demás y una sonrisa consigue hacer más fácil nuestra vida y la de los demás, por aquello de que "quien ríe más, soporta mejor el dolor"

En el tema del amor, y ya que ayer fue el día de los corazones rojos por excelencia, la mujer cuyo valor hace sentir pudor a quienes se quejan o nos quejamos por nimiedades, confesaba con humor que cupido le desbarató todos los planes porque su marido Juan Pablo era  todo lo que ella había descartado en una posible pareja: más  joven y de otro país. Su buena relación vino a demostrarle que nunca se pueden hacer planes ni juicios previos.

Finalizo con una preciosa declaración de amor, la que le dedica su esposo, al que incluye en su lista de ángeles en la tierra, en la parte final de la entrevista radiofónica: "Es un momento especial cuando ayudo a Irene a bajar una rampa, porque cualquier excusa es buena para abrazarla".


domingo, 29 de enero de 2017

De aquel tiempo entre costuras

De uno de esos cajones, destinados a los objetos que ni se olvidan ni se dejan de olvidar, rescaté este mural. Los complementos que llevan las muñequitas de este trabajo los hicimos en las clases de manualidades de EGB, con las monjas dominicas de Ribadesella, donde pasé algunos años de infancia y preadolescencia. Qué lejos lo de la vainica, el punto de cruz, los medios puntos, y demás; sobretodo para las que no salimos muy aleccionadas de ese tiempo entre costuras. Pero, mira, ya tenía el perfil de esas niñas su aquel de mujercitas criadas en democracia. Sin embargo, con agujas o sin ellas, hay que seguir hilando fino la vida cada día, y de qué manera. 

Por lo demás, Pepa Bueno nos cuenta esta mañana que la violencia de género no cesa en nuestro país, con dos nuevas víctimas en las últimas 24 horas, además de los agravios encubiertos de la polémica orden de Trump, que está haciendo pagar a justos por pecadores. Más terrible si cabe, la noticia del cadáver de un niño subsajariano encontrado en una playa barbateña. Asimismo Facebook, donde también abundan las violencias verbales y las noticias sesgadas -quizás más dañinas que las falsas noticias-, me recuerda una frase que colgué hace ya un año: "Les contaré a mis hijas que hubo un tiempo en el que nadie preguntaba a una niña que quería ser de mayor porque todo el mundo sabía la respuesta. Pero entonces las mujeres se levantaron y cambiaron la respuesta" (Obama). Ni un paso atrás. 

Buena semana, tampoco se puede frenar Febrero, que ya se cuela por algún rayo de sol más descarado.

domingo, 15 de enero de 2017

El pañuelín


"Sécate eses lagrimines con el pañuelín de seda, luego dime adiós con él y guárdalu hasta que vuelva" (Canción asturiana). 

La mayoría de ellos no eran de seda, y tal vez la generación del kleenex no los haya usado nunca. Pero eran un regalo obligado para Reyes, Santos y cumpleaños, además de un complemento que no podía faltar en el vestuario. Yo recuerdo que, allá por los siete años, me dejó media docena de esos lienzos infantiles el Ratoncito Pérez bajo la almohada. Alguna perreta armé aquel día -tal vez porque que el regalo no era el esperado- y las pequeñas telas de algodón con impresiones de personajes de los cuentos de hadas desaparecieron como por encanto, para no volver jamás. Aún espero encontrar los "pañuelinos" un día de esos en los que "buceo" en la nostalgia de los viejos rincones. 

Todavía quedan pañuelos de tela por casa, y con ellos se me amontonan los recuerdos de la ropa nueva de mi padre cuando iba a algún lugar para el que había que ir mejor vestido -una boda, un entierro, una visita al médico, un viaje a la ciudad...- Para esas ocasiones se reservaban los más nuevos; los de la inicial bordada eran todo un lujo. No faltaba para ese tipo de eventos el pañuelín sobre la cama, primorosamente planchado por unas manos femeninas (así era entonces), con el especial aroma a la colonia masculina por excelencia de la época. Por otra parte, a veces, alguien perdía o dejaba olvidado un pañuelo y surgía una historia inolvidable. Sin olvidar que también fueron delatoras pistas de algunas deslealtades y otros tantos secretos que pretendían guardarse bajo siete llaves. Asimismo, los suaves paños de cuatro picos secaban las lágrimas -las de la pena (especialmente conmovedor es el gesto de secar las lágrimas de un prójimo) y las de la risa-, daban un cierta seguridad y servían para dar la bienvenida o decir Adiós, (quién no recuerda aquellas despedidas masivas de los emigrantes o las de los niños de la guerra, que ahora han resucitado con noticias nuevas e historias parecidas). Si nos adentramos en el tema, existe además un interesante código del pañuelo y todo un repertorio de poemas y canciones que lo han usado de protagonista. Hasta se equiparaba el complemento que las reinas solían llevar de encaje y siempre en la mano izquierda, con el mismísimo mundo; del que todavía suele decirse que es un pañuelo.

Saludos y buena semana. Que uséis para bien vuestro pañuelo, si es que aún conserváis la costumbre de llevarlo.

domingo, 8 de enero de 2017

Este año voy a ser mala


Querida vida: "Este año voy a ser mala", dice mi amiga Luna arqueando su ceja derecha y estirando el rizo caoba que le cuelga sobre la frente. "Voy a pinchar como las hojas del acebo, reservar mis bondades para círculos exclusivos y mis mejores frutos solo para quien los merezca. Voy a actuar segura como el lobo en la noche, atacar objetivos nítidos como halcón en la  tarde o molestar cuando lo considere como la menos romántica mosca cojonera de un mediodía veraniego", prosigue cuestionándose lo mismo que los niños buenos a los duendes que pueblan la Navidad,  que no han visto la parte justa de la historia porque a los malos les han traído lo mismo o más.  Luna, la misma que asegura que esperar que el mundo te trate bien por ser bueno es lo mismo que esperar que no te coma un tigre por ser vegetariano, está convencida de que derrochar bondad no sirve para mucho, por lo que se propone racionalizarla. A ver, entiéndase en esta ocasión esa clase de bondad a ciegas, que da oportunidades hasta al más canalla de los mortales. Así que mi querida amiga ha hecho una lista de propósitos a la inversa que jura empezar a cumplir en breve, porque la decisión merece un entrenamiento previo. Sin olvidar que a ella le cuesta archivar malos rollos y tener en cuenta mucho rato daños inexplicables de comportamientos ajenos.

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Historia de un camión



Había una vez un camión que recorría los parajes del Alto Nalón, allá por la década de los 60. El transporte más emblemático de Caso hacía las veces de trineo en invierno, de AVE en verano, de descapotable en primavera, de avión en otoño,  y de burrito sabanero en Navidad. Así podría empezar uno de esos cuentos que a todos los niños solían mandarnos escribir en la escuela por "Advientu". También de aquella acostumbraba a ser el regalo estrella un libro bonito. En el caso de las chicas la temática iba de hadas,brujas y princesas, qué se le va a hacer, lo de las hijas de reyes, las inocentes doncellas, los magos, las hadas madrinas y demás hacía juego con una época de ideales menos reivindicativos de la igualdad y la libertad femeninas. Claro que eso era antes, porque ahora entre la mayoría de los niños de ambos sexos y de los jóvenes triunfa lo audiovisual y las "inocentes mujercitas" ya hace rato que nos enteramos de que "Cenicienta no pedía un príncipe, solo quería una noche libre y un vestido".  Muchos niños de entonces recordarán haber jugados con dos latas vacías de bonito, atadas con un alambre, "dos figos con pates", a modo de animales y unos palos que hacían las veces de viajero. "Hoy pido ser Toribín", era la frase más pronunciada cuando empezaba el juego por los caminos de las aldeas casinas. Son las tendencias actuales las consecuencias de la nueva era digital; una época además en la que muchas chicas conducen toda clase de vehículos y en la que ya no nos resulta imposible imaginar a una reina maga manejando un gran camión.  


Precisamente por estas cosas y otras más, también les es difícil imaginarse a nuestros herederos la historia de un híbrido de camión y autobús, "el mixtu de Toribio" que lo mismo servía para llevar mercancías, personas o animales desde el Alto Nalón hasta muchos kilómetros río abajo. Se llamaba Transportes Poli -en realidad hubo dos vehículos con ese nombre, pero con el mismo espíritu y dueño-  y su base estaba en el pueblo casín de Caleao. Seguramente todavía quede mucha gente que lo recuerde; especialmente comerciantes de Pola de Laviana, acostumbrados a escuchar la famosa frase de "mándamoslo por Toribín". Su conductor era Toribio Poli,  fallecido a finales de 2012, quien seguramente se llevaría con él cientos de anécdotas que hoy me encantaría conocer. De Caso a la parte baja del Valle, pasando por Sobrescobio y Laviana, este medio de transporte que hoy ya se antoja lejano comparado con las nuevas comunicaciones era la "autopista del mar" en la que se transportaban viajeros, vacas, mantecas, medicamentos, verdura, avellanas, cerdos, leche, libros, y toda clase de muebles y enseres. "Cuántas ilusiones lleva a la ciudad ese tren tan viejo que no puede andar", como dice la canción. La de Toribio Poli era una  familia de pequeños empresarios, siempre dispuestos a facilitarle la vida a sus paisanos, que dio mucha vida al municipio. Su hermano Santiago tenía también un taxi en el mismo pueblo, cuyas andanzas darían para otra historia.

Pero la Navidad era la época en la que más brillaban los neumáticos de aquel camión. Transportó durante las décadas de Cuéntame los regalos de Reyes de muchos niños y niñas de Caso y Sobrescobio, y en alguna ocasión el propio conductor hizo el papel de uno de Sus Majestades de Oriente. Eran unos juguetes que nada tenían que ver con los actuales -lápices de colores, cuentos, muñecas y muñecos pocos sofisticados, juegos de platos y de tacitas, cocinas de cartón piedra, alguna -pocas- bicicletas, peonzas, trenes de hojalata, maletines escolares, pizarras y pizarrinos. Algún televisor ya adentrados los setenta, ropa para los días de fiesta, zapatillas, madreñas y tal vez algún que otro par de zapatos de charol. Cómo no, algún pequeño se pediría un autocar-camión como el de su vecino Toribio para llevar un día a sus paisanos y paisanos a aquellos lugares de lenguas y costumbres diferentes, de los que le hablaba su abuelo en las noches de inviernos nevados.


A buen seguro que Transportes Poli habrá llevado a muchos vecinos y vecinas de esas montañas alejadas del mar a conocer ese horizonte infinito, tan distinto de la silueta de sus montañas. Tal vez en él hayan comenzado historias de amor que llevarían a la existencia de las vidas que ahora viajan a países lejanos en el mismo tiempo y con la misma sensación de distancia que sus antepasados bajaban a las capitales cercanas. Me consta, asimismo, que de esos viajes a lugares con más medios para estudiar, han salido grandes profesionales con los que nos topamos o nos hemos topado, que no en vano reza el dicho: "el casín más tontu abogau". Y casi con toda certeza que habrá transportado el célebre casín algún pellizco del premio de la Lotería que mañana puede traer  la suerte a alguno de vosotros aunque, como acostumbro a decir, seguramente ya la tenéis.

Aprovecho para desearos a tod@s una Feliz Navidad porque, a  pesar del abismo entre las comunicaciones de antes y las de ahora, la ilusión sigue teniendo la misma esencia, y esta época en que inauguramos el solsticio de invierno no deja de ser un pretexto más para renovarla.





martes, 6 de diciembre de 2016

Feminismo de andar por casa


"Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social" (Artículo 14, de la Constitución española de 1978).

Vaya por delante, antes de ir al grano de este artículo, que me considero una fervientemente defensora del reconocimiento de los derechos femeninos, que antes que cualquier postura política o ideológica tomo parte por los derechos de mis congéneres y que como frases de cabecera tengo las de algunas heroínas de las las luchas femeninas. Dicho esto hoy voy a contaros mi versión personal e intrasferible como madre de dos hijos varones y cómplice, por rebote, de todo un universos de chicos en un amplio abanico de edades, entre los que figuran los amigos de mis chicos y los papás de los mismos, incluyendo al de los míos. Con estas fuentes me considero en posición de datos suficientes como para hacer de abogada del diablo y transmitir las reflexiones que observo y me llegan desde el semillero de hombrecitos que pululan por mis casa, por mi mesa, por el patio del colegio, por las zonas de juego comunes y hasta por mis redes sociales. Son hijos, en su mayoría, de hombres y mujeres educados bajo la bandera de la igualdad-libertad-fraternidad, que la ondean a diario y que son conscientes de la necesidad de insistir en esa idea de respeto entre ambas orillas.

La idea de escribir desde la visión  en tiempo directo de los niños de ahora  me ronda por la cabeza desde que mi heredero más pequeño me espetó un día de estos, a la vuelta del cole, y después de una de las charlas en valores que ahora les dan con frecuencia,  que al parecer en esa ocasión versó sobre la igualdad de sexos. -"Mamá ¿tú que opinas del hembrismo?",  me dice mi casi preadolescente. "Querrás decir feminismo", le respondí. -"No, me refiero a la parte opuesta al machismo, esa venganza de las chicas hacia los varones que durante siglos las quisieron dominar,  (fenómeno de discriminación y subvaloración de los hombres por parte de las mujeres,dice su definición exacta) . Ahora tenemos que andar con pies de plomo", me dijo con unos ojos como platos. Aunque a él no lo pilla de sorpresa, acostumbrado como está a mis discursos feministas y a un ambiente familiar en el que me muchas veces me subo al podio de la mesa del salón a echarles mitines sobre las valía femeninas en cualquier campo,empezando por el de las tareas domésticas. Pero despierta en mí una especie de ternura comprobar, en esa edad en que las chicas despuntan primero en casi todas las facetas, cómo recogen ellos el testigo de unos tiempos en los que el enemigo no es el sexo opuesto, pero que se sienten algo despistados entre el juego de las hormonas y el de las ideas, en unos años en los que ellos apenas todavía juegan al fútbol y a los video-juegos y ellas les dan ya cien vueltas en miles de historias. Vamos, "que las niñas pueden con todo mientras que los chicos es más fácil que la adolescencia les haga perderse en una maraña de sensaciones y situaciones nuevas, al mismo tiempo que parecen algo perdidos en el baile de los conceptos", como me comentaba hace unos años uno de los profesores de mi hijo mayor.

Me suelen provocar benovolencia esas posturas entre la indefensión y la defensiva de los jóvenes varones que se criaron en un ambiente de igualdad en los hogares y ahora les toca discernir entre el respeto a unas leyes justas que protegen a la mujer, necesarias para compensar a quien tuvo durante mucho tiempo en la parte desfavorable de la balanza y una actualidad fundamentalmente social y laboral que es dura para ambos sexos. Por eso, el entrenamiento para el respeto y la igualdad en la casa y en el colegio les servirá de ensayo para entender la vida, que no es fácil para nadie."Poneros al día en todas las tareas, que ahora ya no hay parcelas femeninas", suelo decirles a mis oyentes que, dicho sea de paso,no sé si me escucharán mucho..

Por otro lado, aunque, concretamente en el Principado de Asturias,unas 750 mujeres están bajo protección policial y 40 hayan sido asesinadas por violencia machista en lo que va de años en nuestro país, algo se ha ido moviendo a través de esos siglos de los que me habla mi hijo. Al menos, se visualiza el problema, se promulgan leyes protectoras y se toman posturas de apoyo que, a vista de los hechos, son insuficientes. Por lo demás, sigo explicando a quien quiera escuchar, incluyendo a mi pequeño que reclama también derechos e igualdad para él y sus compañeros varones (eso de ponernos vídeos en los que no se puede tratar mal a una chica está mal enfocado, debería ser que no se puede tratar mal a nadie,hablaban una vez entre ellos), que la ley del péndulo es la más efectiva para llegar al equilibrio,como ocurre en cualquier tipo de exclusión. A quienes les cuesta entender la teoría de la discriminación positiva que visualicen ese ejemplo gráfico que un día escuché en boca de una mujer que llegó a uno de los cargos más altos en el ejército: "Hace un tiempo el péndulo estaba excesivamente de parte de los varones, ahora es posible que se fuerce el péndulo hacia el otro extremo, pero es lo más necesario para que en el futuro esté en el medio; donde encontrará el verdadero equilibrio"

Os dejo, mis chicos vienen del kiosko y acaban de "remover" mi ancestral gen de la maternidad con un puñado de regaliz rojo... Tregua temporal del discurso. Una suerte tener a tu alrededor a hombres que, por encima de todo te respetan; no todas las mujeres pueden decirlo, ni tienen a su alcance leyes que las protejan. Por eso no debemos bajar la guardia por pequeño que nos parezca nuestro universo de poderes.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Ojos que arropan


"¿Quién investiga en tus ojos?" (Mujeres de ojos grandes, Ángeles Mastretta).


Por ese cúmulo de casualidades que suele ser la vida, en este mes morado (que también es el de la luna más grande y los días más cortos), me he topado con historias vivas de mujeres de ojos que hablan y arropan. Al mismo tiempo que -tal vez el inconsciente me llevó a él- encontré un libro que ya tenía en la lista de "a dónde van las cosas que se pierden". Se titula "Mujeres de ojos grandes", y cuenta historias de féminas que tienen en común la felicidad circunscrita a las paredes de su casa. Pero más allá de su dedicación a la cocina, a su marido o a los niños, siguen latiendo en ellas sus singulares personalidades.

Curiosamente, también por estas mismas fechas (preludio de unas navidades que, aún volviéndose más tristes según aumentan las ausencias conservan esa burbuja de ilusión), nos llegan las frases grandilocuentes y poco reflexivas de determinados varones, que siguen encaminadas a decirle a las mujeres cual el su papel. Como si nada se hubiese movido y las chicas necesitasen seguir siendo tuteladas de algún modo. No han entendido nada quienes piensan que hay un perfil de mujer perfecta establecido ni quienes se olvidan que mujeres hay tantas como individualidades, independientemente de a qué dediquen su vida; unas veces elegida esa opción libremente y otras por circunstancias de las más variopintas. No necesitamos que nadie nos defina continuamente, unos desde la atalaya de las ideas menos progresistas y otros desde plataformas que pretenden ser más conservadoras. El papel de la mujer no necesita que nos lo expliquen como si fuésemos alumnas, por mucho que reconozcan que algunas son aplicadas. Todos son conscientes de sus palabras porque saben lo que va a aparecer en el titular, por mucho que después hablen de información sesgada: que si "son unas amargadas", que si "hay que feminizar la política, que si "las mujeres deben volver a donde nunca debían de haber salido". Qué antiguo todo esto.

Decía que me he encontrado con mujeres especiales este mes de Noviembre que recién terminó. Y una de ellas fue la escritora Ángeles Caso, mujer de ojos grandes y mirada que habla. Para los que comparten la idea de que la cara es el espejo del alma y convienen en que una mirada dice más que un ensayado discurso, les diré que los ojos de Ángeles son de esos en los que Mastretta también hubiera podido pensar para su novela.  Hay ojos especialmente evocadores, ojos que arropan, que transmiten sentimientos intensos, independientemente de su forma y color. Si a eso acompañan un tono de voz aterciopelado y unas declaraciones de mujer que pisa fuerte, sin dejar la sencillez a un lado, entonces merece la pena salir de tu casa un atardecer frío para ver en directo a la autora de "Contra el viento",  y para oírla contar cosas como que en sus novelas deja trozos de su alma, mientras que lo lectores buscan esa parte de si mismos que encuentran en las historias que les conmueven. La asturiana también nos confesó que su amor por la literatura le viene de los antiguos cuentos que su padre le contaba cuando era niñas; fábulas que la emocionaban tanto que la hicieron desear transmitir ese sentimiento a través de las cosas que ella escribía. me suena. También nos explicó Ángeles Caso en la Fundación 16 de 24, con  una conferencia bajo el título "Convirtiendo sueños en realidades", que no existe una literatura femenina, solo historias que hace suyas cada lector si llegan a lo más profundo de su ser. Asimismo la también autora de El peso de las sombras",  aseguraba que tampoco hacen falta los grandes escenarios de un serio despacho para hilar las palabras con la misma precisión que cualquier otra mujer hace encaje de bolillos, amasa el hojaldre, enseña la raíz cuadrada a sus alumnos o limpia la lámpara del salón, sin que ninguna de estas cosas sea excluyente. De ahí que la historiadora vigilara muchas veces sus garbanzos mientras escribía las línea que tal vez fueran Premio Planeta, al tiempo que su hija la interrumpía en lo mejor de la inspiración para preguntarle por un problema de sus tareas escolares. Caso, que firmaba su última obra "Ellas mismas", llegó a cada uno de los asistentes al acto con la empatía de quien ya está un poco de vuelta de florituras y frivolidades, con un sencillo blusón verde oliva, un pantalón negro y un reloj de pulsera como todo adorno, y un semblante en calma como toda ostentación.

Por estas cosas que nos cuentan mujeres relevantes, y porque la grandeza de una mirada no está en el tamaño de los ojos, ni tan siquiera en su forma o su color, hay personas que la transmiten de manera especial. Son ese tipo de seres humanos que no necesitan tirar del resentimiento, de la vanidad ni del desafío cuando te hablan. Y ya que hoy va de mujeres, muchas de las que conozco transmiten esa cálida valentía a través de sus actos, que acompañan de palabras oportunas. Suelen usar solamente las necesarias, las imprescindibles para no herir, las suficientes para hacernos crecer. Son hembras que, aún cuando algunas puedan jugar al despiste de parecer débiles al ataque, no sorprenden con la valentía de aguantar siempre el envite y utilizarlo a su favor. Son de esa raza que confesarían sin ser cierto amar a otra mujer, se volverían de otra raza, pasarían por mendigas o se declararían prostitutas con tal de defender de un maltrato o una mala crítica a sus congéneres.

 "Las mujeres tienen el privilegio de elogiarse sin escandalizar", leo en el libro de Mastretta. Algo es algo.