Esas pequeñas cosas...

lunes, 11 de febrero de 2019

Comerciante de profesión, progresista por vocación y solidaria con el corazón: Isabel


"Ay mi niña morenita,
no te asustes con mi pena,
que las lágrimas que corren riegan a la hierbabuena" (Nana de la Voz dormida, de Carmen Agredano)

-         - Buenas tardes: ¿Hablo con la Secretaría General de Prisiones? Soy una ex presa de la Dictadura franquista, y quería informarme sobre la nueva Ley que indemniza a los reclusos y reclusas del totalitarismo. 

-         - Un momento, señora, la paso con el Secretario General.

Así fue el diálogo que escucharon boquiabiertas las nietas de Isabel y un viajante que esperaba a ser atendido en la parte de afuera del mostrador de la tienda de ultramarinos, que la coyana regentaba en Rioseco. Cuando se produjo esta conversación la "ex presa" tenía 94 años. Desde el Servicio de Información al Ciudadano, se le comunicó -se presume que con un sonrisa despertada por lo entrañable de los datos que les llegaban a través del hilo telefónico-, que  le faltaban unos meses para poder acceder a la indemnización que  la Ley de Presupuestos Generales estableció en 1990, para  los que hubiesen sufrido privación de libertad en establecimientos penitenciarios durante tres o más años. “Güela, puedes hacer alguna fechoría para volver a la cárcel, y cumplir el cupo, que fijo que ahora serás mucho mejor tratada”, le dijeron las nietas, poniendo una pincelada de humor a la tragedia sufrida por su abuela.

La anécdota con la que comienzo la historia de Isabel Álvarez Miyares, más conocida en Sobrescobio como "Isabel la Carnicera", basta para hacerse una idea general del carácter de una superviviente de larga vida, que vivió los horrores de la Guerra Civil y de la Posguerra, junto con tragedias personales en las que no faltaron los malos tratos machistas, la enfermedad y la muerte; asimismo de las mieles de formar parte de una una familia excepcional, que la acompañó hasta el final de su vida, cumplidos los 97 años, y habiendo superado, ya nonagenaria,  un cáncer de pecho que tampoco consiguió vencerla. 

Isabel nació en Rioseco, un Día de Navidad de 1898, y en un mes de paz ya que, por el Tratado de París, se firmó aquel Diciembre el final de la Guerra hispano-estadounidense. La protagonista de esta trama se casó a los diecinueve años, y poco tardó en conocer las amarguras del maltrato de género; una situación que la mayoría de las féminas de aquella habían de soportar de puertas para adentro y de puertas para afuera. Aunque la normalidad de la situación no se cumplió en el caso de esta coyana, quien no permitió que el abuso se extendiera en el tiempo..La carnicera tuvo suficientes recursos para plantarse e invitar a su pareja a no volver jamás. Tal vez ese nefasto episodio de su primera juventud fuese el detonante para hacer de Isabel una feminsita comprometida durante toda su vida, que encerró en su historia vital la de tantas mujeres progresistas y represialadas políticas. Unas vivencias a las que se le añade el hecho de enfrentarse, con el único apoyo de su madre y sus hermanas, a unas circunstancias sociales y laborales, que si no eran fáciles para nadie, menos para las mujeres, sin ningún tipo de cobertura en el derecho legal. Hijas y esposa de un emigrante a Cuba, al que le siguieron en el viaje los varones de la familia, aprendieron temprano la diferencia de empoderarse o rendirse. .La "Auxiliadora de la Rebelión" -como solía constar en las sentencias similares-, dictada por un Consejo de Guerra, en el que también estaban condenados dos de sus hijos, aunque éstos se salvaron, tuvo que hacer frente a unas condiciones de supervivencia que supusieron todo un desafío para una mujer joven, sola y madre, con el estigma añadido de ser "roja". Pero  la resilencia siempre encontró abierta la puerta de la coyana, con lo que cogió la vida por los cuernos y empezó a salir adelante.

Después de 34 meses en la cárcel de Amorebieta, a la que ella siempre llamó "el colegio", retornó a Rioseco, recibida con cariño por la mayoría de los habitantes del concejo, que mostraron su solidaridad con detalles como el de la gocha que le habían cuidado durante su tiempo en prisión. El que la hembra del cerdo estuviese recién parida fue una premonición de buena estrella para la familia de Isabel, a pesar de los pesares. También les contaba muchas veces la abuela Isabel a su nietos, a propósito de la gratitud, el inolvidable detalle de una vecina de Soto d´Agues que se puso la "rodiella" en la cabeza, y acudió a casa de la expresa con una cesta de patatas para celebrar su regreso..Isabel, con una agradecimiento en el corazón que le duró toda su vida, retomó su profesión de carnicera, con la colaboración de sus hijos e hijas. Mataban ellos mismos las ovejas y las vendían en la carnicería, desplazándose también con un carro, tirado por un caballo, a los pueblos del vecino municipio de Casu. Más tarde, comenzó con su etapa de tendera, con un negocio de provisiones varias.

La tienda de Zulima e Isabel tenía de todo, como tantos comercios de aldea, pero con el condimento de un ambiente familiar y protector en el que todos los vecinos se sentían amparados. Porque la empresaria también hacía de comadrona, practicante y, hasta de sicóloga, si llegaba el caso. En la cocina de Isabel se tomaba café, se jugaba a juegos de mesa, se lloraban penas, se reían alegrías y se pedían consejos. De la casa ubicada en el centro del pueblo, donde pasó su vida la más "rebelde" de los Miyares, lo mismo se llevaban unos calcetines de perlé, que un kilo de garbanzos, que una solución a un problema familiar.Además, su vena de negociadora, la misma que la derivó por la profesión de la compraventa, también tuvo mucho que ver en su forma acertada de tratar con la vida; no en vano una de sus frases favoritas era que "más vale onza de tratu que arroba de trabayu". 

Las tragedias personales fueron y vinieron en la vida de Isabel, en forma de muerte de un nieto y tres de sus hijos, que antecedieron a la suya propia, pero nunca consiguió doblegar a la mujer que aparece en la imagen con el vestido de cuadros; tal vez porque tuvo que hacer de madre de los cinco nietos que le dejó su hija Zulima, cuando una penosa enfermedad femenina segó la vida de su última hija. En la vivienda de al pie carretera también se quedó a vivir su yerno Antonio, con el que Isabel compartió el cuidado de casa y prole en buena armonía; lo que viene a echar por tierra el mito de la incomprensión con la suegra.

Otro relato de la época en que la futura negociante era casi una niña, nos devuelve casi  al inicio de sus vivencias, marcadas de hechos inolvidables. El hecho sucedió 77 años antes de la llamada telefónica a la Secretaría General de Prisiones, cuando la progresista Isabel -con 17 años-, trabajó como sirvienta en casa de un militar republicano. Un día, que la vecina de Sobrescobio estaba ayudando en un traslado, y portaba un cuadro en las manos, se extrañó de que todos los militares que encontraba a su paso se cuadrasen ante ella. Finalmente, la informaron de que tanta ceremonia era porque rendían sus respetos al hombre del retrato, un alto cargo del ejército, que la joven llevaba al descubierto, ignorando el significado de tantos galones como tenía su jefe. Tal suceso pareció ser un preludio inequívoco de la vida de la guerrera ; ante la que la vida siempre acabó cuadrándose, pese a las embestidas que le propinó. Quienes tuvieron la suerte de tratarla muy de cerca, coinciden en que el recuerdo de los penosos capítulos de la obra de su vida, nunca fue impedimento para la ausencia de resentimiento o rencor en su corazón; posiblemente lo que hizo a Isabel doblemente grande. Que dejase esta vida un 14 de Febrero también pudiera considerarse como una señal de su inmortalidad, propia de quienes vienen a este mundo a revertir penas y transformarlas en energías positivas que sumen en progreso y entendimiento para todos.
















martes, 5 de febrero de 2019

La otra vida de los objetos

Mientras coloco las fundas de la almohada, de puro algodón blanco, con florinas bordadas, trato de adivinar en cuáles serían los pensamientos de la abuela de mis hijos mientras daba puntadas perfectas a esas labores . Argentina las cosió en aquellas tardes en las que se aprovechaba el sol de los meses más fríos en los corredores y galerías de las casas de aldea.  Estaban destinadas al ajuar de sus hijos, como se hacía antiguamente. Pero, lista como era, tal vez barruntase que las modas serían muy otras cuando llegara la época de su uso. Lo de las bajeras ajustables, la telas de planchado rápido y los colores más sufridos apenas empezaba a utilizarse por entonces en la ropa para el hogar. Es posible que mientras sentía el tibio aire en su perfil -que tenía algo de la extraña melancolía de Ingrid Bergman-, pensara que hubiese podido conocer más mundos que el de las montañas que la acompañaban desde que nació, de haber vivido otras vidas u otras circunstancias. 

Nosotros podemos palpar ahora algo de ese pasado a través del espíritu de los objetos que van pasando a través de las generaciones, fruto de unos tiempos en lo que todo se hacía más despacio y más pensado; de ahí su sello imperecedero y su encanto. Muchos de ellos podemos recuperarlos gracias a que alguien decidió guardarlos por si acaso. 


Años después, cuando las mujeres ya no somos ni la sombra de lo que fueron nuestras antecesoras, con libertades bastante más limitadas y un destino escrito casi siempre por ajenos -ella hubiese querido ser maestra y su padre la sacó del colegio para comprar "un prau"-, Rosa y yo comentábamos el uso que aún puede darse a esas obras de arte arrumbadas en muchos armarios. Ella ha convertido en originales visillos unas sábanas de lienzo de su suegra, y la muchos cabeceros de las camas actuales son reciclajes de antiguas puertas de castaño.

Daría para muchas palabras la cantidad de objetos a los que puede darse un segundo uso, práctico y elegante. Internet está plagado de tutoriales para darnos ideas. Me consta que muchas personas hacen maravillas con la madera, con las cajas de madera, con el objeto más insospechado. Todo es cuestión de imaginación y buen gusto, y ese talento innato que tienen muchas personas para las manualidades.


Un abanico de objetos con alma nos esperan en nuestros trasteros o desvanes. Una vez reciclados ya no tienen precio.  En eso debía estar pensando Don Gustavo Adolfo Bécquer cuando escribió: "Del salón en el ángulo oscuro, de su dueño tal vez olvidada, silenciosa y cubierta de polvo, veiase el arpa ¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas, como el pájaro duerme en la ramas, esperando la mano de nieve que sepa arrancarlas ¿Ay!, pensé; ¡cuántas veces el genio así duerme en el fondo del alma, y una voz como Lázaro espera que le diga: "levántate y anda! . 

jueves, 17 de enero de 2019

¿Y tú no trabajas?

La llamaré Esperanza, pero podría ser María, Sol, Rebeca, Aurora, Valeria o cualquier otra, porque la historia es real y el nombre inventado. Tiene 40 años y un trabajo sin determinar. Licenciada en Ingeniería Medioambiental, las circunstancias sociales, familiares, laborales o todas juntas a la vez no le fueron propicias para un trabajo estable y bien remunerado. Reparte su tiempo atendiendo a su familia: tres hijos, un marido y cuatro personas mayores de 80 que también requieren su atención. Se levanta a las seis de la mañana -podría levantarse a las seis y media, pero necesita ese trozo de amanecer para saborear el primer café ella sola-. A lo largo del día hace de asesora de moda, de costurera, de sicóloga, de enfermera, de mediadora, de cocinera -incluso hace unos dos años tuvo que especializarse en comida para celiacos porque la alergia del momento llegó también para algunos miembros de su familia-, de limpiadora, de maestra, y si hay suerte, se realiza en algún trabajo que le llega de cuando en cuando y mal pagado, relacionado con su profesión. Hasta hace sus pinitos, en tardes de inspiración, escribiendo poemas en una libretita rosa palo que siempre lleva en el bolso, perdida entre el amasijo de objetos que "conviven" en el mismo. Se la compró un año por las rebajas en esa tienda barata, con apariencia de cara donde solemos comprar "las que queremos pero no podemos porque gustos buenos solemos tener, aunque no dinero", que dice Pilar. Algunas veces -me cuenta como un secreto a voces que esos momentos son para ella una Religión-, Esperanza queda con sus amigas y amigos para "desembrutecer el alma", y se permite darse un capricho en forma de libro u otros objetos más mundanos, sin dejar que le cale el sentimiento de "no me lo merezco". A las diez y media de la noche, como mucho, no se va a dormir, directamente se desmaya en la cama. Está mentalizada de que cada uno debe de aprender a torear con el enfoque más positivo en la plaza que le toque en la vida, pero lo que le revienta y trata de zanjar con argumentos que no dejan duda, un día sí y otro también, es que le digan: "tú como tienes tiempo...", o puede ser peor, sucede cuando le oreguntan: "¿Tú no trabajas?", a lo que ella responde con un contundente: "¡¿Perdona?!". Buen sábado, por aquí dicen que "esta inverná espera otra". Por lo demás, Esperanza nunca libra de fin de semana.

lunes, 14 de enero de 2019

La bata de percal

- ¿Acuérdeste de Benjamina?, aquella muyer que estuvo unos años en Soto porque el su hombre trabayaba en les obres de la Fontona?. ¡Qué probes éramos toos de aquella!, recuerdan las más veteranasde Soto, mientras observan unos playeros de 150 Euros, que aparecen en un catálogo de Rebajas. Cayó en sus manos porque una de ellas lo había cogido a modo de sombrero, aprovechando la vida que les da  los rayos de sol en invierno, pero "hay que tener cuidau,que el sol de frente en los meses que lleven R ye malo", nos aconsejan muchas veces.

-Pues si cuesten eso en rebajes, andarán solos, prosigue otra de ellas.

- Contaíme algo más de la muyer de la bata de percal, les pido, deseosa de anotar anécdotas para que no se  olviden..

Y así fue cómo me enteré de que, en realidad, Benjamina apenas tendría veinte años y una sola bata de flores para vestirse durante todo el año. Por  la semana la ponía por el revés y los domingos "al dereches". Cuando ya estaba muy sucia, esperaba a que cayese la noche. Se ponía encima algún trapo que la tapase, y se dirigía a la fuente a lavar su gastado vestido. Habían venido a vivir a Encima el Pueblu desde el Oriente de Asturias, hace unos 80 años, con su marido Mario, que encontró trabajo en la construcción de La Fontona,; la traída de agua que parte de Caleao y pasa por Sobrescobio y aún abastece, actualmente, a media Asturias. "Yo recuérdola con una potina colorá, y un alambre amarrau pa que nun se basculase el caldu, llevando-i la comida al su hombre. Lo de los túperes iba a tardar munchu en llegar aquí. Nun sé qué podría llevar en aquella potina, porque nun tenín ni gallines, ni huertu, ni praos, ni vaques ni ná,que era lo que los quitaba la fame a los que vivíamos en el pueblu", explica una de las que por entonces era una nena.

-Pero güelita, ¿por qué nadie i-daba un vestíu?, le pregunta el nieto, de la generación de los que miden las casas por gigas,  a una de las narradoras.

- "¡Ay queríu!, porque la mayoría de les muyeres nun tenín más de dos". Y sé que lo veis imposible, pero recién acabá la guerra, les coses eren así. Ahora táis refalfiaos, pero antes había families en les que se echaben lo nenos de día, pa que i-diera tiempu a secar la ropa pál día siguiente ir a la escuela.

Abro mi armario esta mañana, recuerdo la conversación, y decido que este año tal vez no vaya a las rebajas., porque lo único que no tengo es una bata bata de percal....

jueves, 20 de diciembre de 2018

Queridas mujercitas

Ya decía yo que esa vieja letanía que repito a hijos, marido, familia, amigos y extraños, provenía de alguna frase lejana que quedó en el disco duro de mis recuerdos. Sobre todo cuando se aproximan las fechas de la lotería por excelencia, les suelo repetir que son más ricos y más felices de lo que ellos se creen, o como dijo Naeole: "A menudo las cosas que deseamos y no conseguimos no son más que la forma que el destino tiene de proteger lo que tenemos y no podemos perder".
Al poco de escuchar hoy en la radio hablar del clásico Mujercitas -en la Ser harán una adaptación radiofónica del cuento la mañana del próximo 25-, aproveché la salida diaria para hacer la compra y me acerqué a la biblioteca. Dicho sea de paso, es un lugar en el que me gusta pasar un ratín muchas mañanas porque; además del ambiente tranquilo, principalmente a esas horas tempranas, y ese aroma  que desprende a fantasía, a historia, a cuentos..., la bibliotecaria siempre me recibe con una sonrisa, me llama por mi nombre y me pregunta cómo estoy .... Os parecerá que me conformo con poco, pero deteneos un momento a pensar cuántas personas hacen esas tres cosas al mismo tiempo a lo largo de vuestro día. Pues a por Mujercitas me dirigí, después  de dejar finiquitados los quehaceres cotidianos básicos. Toni Garrido me vendió  tan bien la historia de Meg, Jo,Beth y Amy, mientras sacaba la ropa de la lavadora que, en cuanto acabé de tender -el cielo prometía un rápido secado-, decidí repasarla. Aquellas vivencias de solidaridad entre una madre y cuatro hermanas que caminaban hacia la madurez en unas condiciones relativamente difíciles adornó tantas de mis tardes  cuando era una nena, primero en forma de libro y después, ya con tele en blanco y negro, en forma de película, que se me figuraba un déjà vu de lo más entrañable.

-¡Cuéntanos otra historia mamá...!.
La señora March sonrió y comenzó enseguida:
- Érase una vez... cuatro niñas a las que no faltaba la comida ni la ropa necesaria, y tenían no pocos placeres y comodidades, así como buenos amigos y unos padres que las querían mucho, pero ellas no estaban satisfechas... Esas niñas querían ser buenas (apunto que el concepto de bondad va variando con el tiempo y no es lo mismo ser una mujer buena ahora que hace más de un siglo), y se hacían magníficos propósitos, pero eran incapaces de mantenerlos y al final acababan diciendo: "solo con que  tuviéramos esto", o , "Si simplemente pudiera hacer aquello", olvidando lo mucho que tenían  y todas las cosas agradables que, de hecho, hacían. Así que le pidieron a una anciana un hechizo que las hiciera felices, y la mujer les dijo: "Cuando os sintáis desgraciadas, pensad en lo bueno que os rodea y sed agradecidas".

Pues de ese capítulo me debió de quedar grabado a fuego el consejo, dado a cuatro chicas con personalidades tan distintas y con unas vidas tan diferentes a las nuestras, pero con la esencia de las mujeres de todos los tiempos. Con el libro ya sobre mi mesa, y mientras acababa de guisar el pollo para el arroz; otro déjà vu en mis olores de infancia, ojeaba a saltos los capítulos y pensaba en mis otras Mujercitas: las de mis historias medio inventadas y medio recordadas -Constantina, Santa, Carmen, Catalina, Rosina...-, y las actuales -Ana, María, Carolina, Nuria, Sonia, María José, Beni, Amelia, Belén, Noelia, Silvia, Irene, Pilar, Rosa, Susana, Isolina, Bárbara, Paz., Suny, Aurelia, Lucía, Miriam, Marisa, Elena, Virginia, Ángeles, María Teresa, Eva, Trini, Consuelo,...-; incluso las virtuales, muchas de las cuales forman ya parte de otra de las caras de mi poliedro.

En ellas encuentro algo de la  fantasía, la bondad, la valentía, la delicadeza, la timidez, la elegancia, la sabiduría, la fuerza, la coquetería,el atrevimiento, la rabia, la rebeldía, la picardía, el inevitable pesimismo.... de la historia escrita hace siglo y medio -en un contexto mucho más condicionado por la intolerancia-, por Louisa May Alcott,  y representadas posteriormente por actrices de la talla de Katharine Hepburn, Elizabeth Taylor, Susan Sarandon o Winona Rider, entre otras grandes mujercitas.

Feliz Navidad, Mujercitas y Hombrecitos -que también tenéis vuestra réplica en otro libro-, y permitíos el lujo de volver a ser niños leyendo un cuento dulce, al pie de la chimenea. Por lo demás, si tenéis cuatro auténticos amigos, ropa y calzado cómodo, comida para entretener el hambre, una senda para caminar, una casa confortable cuando regreséis, un café al amanecer y salud para disfrutar de todo eso, ya os ha tocado la lotería...



miércoles, 28 de noviembre de 2018

Te debía un cuentín

Ella siempre dice que más importante que conocer todas las cosas es saber dónde encontrarlas. Con lo que, siguiendo esa premisa, vaya si se defiende ante cualquier obstáculo. Es habilidosa, inteligente y curiosa. Y esas cualidades, usadas en el orden que convenga en cada momento, la llevaron a convertirse en una mujer de taitantos segura de si misma, valiente, reivindicativa, y "echá p´alante".

Con ese preámbulo os podría contar que había una vez una chica muy joven, que inició su vida en pareja cuando sus amigas aún jugaban con muñecas, con lo que tuvo poco tiempo para disfrutar de la descuidada adolescencia, donde las responsabilidades todavía son de otros. Madre de un niño, cuando ella casi era otra  y una situación laboral y económica también en pañales, como suele suceder al inicio de la vida de los adultos, especialmente cuando se empieza la etapa de las cargas familiares a una edad temprana, podría decirse que la protagonista de este cuentín empezó su vida un poco al revés. Vamos, que primero fue mayor, para después ser joven.

Ejerce de  abuela moderna, de fotógrafa, de tertuliana por las redes, de cuidadora de su gran familia y de mujer de hoy en día,. Por lo que,a ser posible, no renuncia a disfrutar de esos pequeños placeres de una comida con amigos, una cena entre mujeres, la celebración de una fiesta patronal, de  una ceremonia familiar, de un viaje, de un curso para aprender algo nuevo, de un café en el corredor de su casa o de los rayos del sol de otoño en su antojana de La Canella, por poner algún ejemplo de sus momentos felices.

Cuando hablo de ella, la pongo como ejemplo de que nada se puede generalizar: uno puede casarse joven y acertar con una vida plena y viceversa; como también una puede ser madre jovencísima o con  más de cuarenta, y los resultados ser imprevisibles, pero casi nunca los que se prejuician. Al final, todo es cuestión de tener la cabeza bien amueblada, poner ilusión en cualquiera de tus empresas y de creer que la suerte hay que trabajársela. Aunque también pienso que sus astros estaban bien alineados.

Tal vez  no se acuerde, pero fue la primera persona que compartió lo que escribía en mi blog, cuando comenzábamos a circular por este mundo de Redes que tejen y atrapan. Yo, que trabajo con palabras desde que tengo uso de razón, porque para otras habilidades ya me rodean la mayoría de las personas con las que me relaciono, -qué asco, todo se os da bien, les digo muchas veces en tono cariñoso-, admiro esa su facilidad para la cocina, para las manualidades, para la decoración,  para cualquier entuerto repentino o para convertir media docena de piñas en un trozo de alma de mujer, que por supuesto domina de forma innata,  mi protagonista de hoy.

He aquí un ejemplo más de mujeres que hacen con elegancia su trabajo de amas de casa; ese de los mil oficios, imprescindibles en la vida de los demás, pero también convencidas de que su propia felicidad es importante para poder repercutirlo en su mundo. Esas congéneres anónimas, bajo cuyas vidas sencillas y cuyas historias siempre aparece lo extraordinario.

Podéis encontrárosla con una cesta buscando setas en cualquier senda del municipio coyán, pero no es Caperucita porque, como la mayoría de las mujeres de hoy en día, no tiene miedo a ningún lobo ni necesita de ningún cazador que la rescate. Eso sí, bajo el mantel rojo de su cesta, siempre llevará un tarro de algo bueno para quien pudiera merecerlo o necesitarlo. Porque las mujeres de mis cuentos suelen ser son solidarias y empáticas. Y, como dice Jordi Granet, de vez en cuando hay que escribirles a los amigos para decirles cuánto valen, aunque sea a través de un cuentín.





martes, 20 de noviembre de 2018

¡Cómo voy a olvidarme!

Estábamos en el comedor del internado. Recuerdo hasta el sitio que ocupé aquella mañana en la fila de mesas de formica color crema, que formaban una u; incluso me parece estar escuchando la lluvia de la cristalera que tenía frente a mí. La monja que sustituía intramuros a nuestras madres nos comunicó que Franco había muerto. Para las niñas internas la noticia suponía una semana de vacaciones en nuestros respectivos pueblos -de aquella se nos antojaban más lejos de lo que en realidad estaban porque de niño todo lo ves aumentado-, pero nuestras tutoras religiosas la noticia la vivieron como una amenaza. Las oíamos murmurar algo así como “que vienen los socialistas y los comunistas”, y santiguarse a continuación. Ahora pienso que tal vez alguna de ellas, descendientes de sangre revolucionaria, solo aparentaban aquella tristeza. Paz y yo, también de sangre minera y con predominio de damnificados por ideología en nuestras ramas familiares, pero despistadas ante si eso era bueno o malo, nos fuimos a la biblioteca a buscar en el diccionario. La Superiora nos pilló con la enciclopedia abierta en "comunismo"y os podéis imaginar las consecuencias. Nada fuera de lo que suponía un castigo escolar de aquella. Vamos, que cuando nos dio el bofetón en la segunda mejilla, ya no lo sentimos por el dolor de la primera.
Pero la vida continuó como si nada, al menos para nuestras rutinas infantiles. Tampoco hubo cambios drásticos ni venganzas crueles, después de la muerte del Dictador, como presuponían las regentes del colegio riosellano. Cuando terminamos la primaria, aún quedaba en el recibidor la carta de despedida del Generalísimo, que aún puedo recitar de memoria de tanto verla. La para algunos "temida" Democracia y la recién estrenada Constitución nos esperaban, igual que la promesas paralelas a nuestra adolescencia, tras aquellos enormes portones de castaño. Yo sabía algunas cosas sobre esas nuevas formas de Gobierno, porque era la encargada de ir a buscar todas las mañanas el periódico. Era un privilegio sentir aquella sensación de libertad durante los únicos minutos del día que me permitían pisar sola la calle. Me imagino que la misma que sentían muchas personas adultas ante la nueva época. Creo que fue ese año en el que me enganchó la afición a la escritura para contar la vida, y que "el aleteo de la mariposa" me llevó a describir aquella situación muchos noviembres después, a través de este blog vía digital, que era en la década de los 70 un futurible lejano. Por lo demás, las únicas nubes grises para nuestros pocos años era el grupo con ese nombre, que cantaba aquello de: "...sentadita junto al mar..."
Hoy escucho en la radio que solo un 5 por ciento de españoles estarían a favor de una Dictadura. Me alegro de que los pronósticos, hasta cierto punto comprensibles, de las monjas, no se hayan cumplido y de que, con sus defectos, en nuestra Constitución actual, posiblemente mejorable, quepamos todos.
Amanece oscuro este martes de noviembre; principalmente porque la primera noticia que escucho en la radio es sobre un accidente de tráfico. Saldré en breve a comprar el periódico, como cuando comenzaba la vida cada día, yendo a buscarlo en el centro de la villa marinera aunque, de aquella, con coletas y calcetines blancos.¡Cómo voy a olvidarme!, que dice la canción. La filósofa Mafalda todavía no había cumplido un año.