Esas pequeñas cosas...

viernes, 22 de febrero de 2013

Que treinta años no es nada...

"Lo que puede el sentimiento no lo ha podido el saber, ni el más claro proceder ni el más ancho pensamiento. Todo lo cambia el momento, colmado, condescendiente, nos aleja dulcemente de rencores y violencias; sólo el amor con su ciencia nos vuelve tan inocentes... "  (Volver a los diecisiete, de Violeta Parra)

Tenía un Email diferente aquel atardecer del pasado Enero: Promoción Dominicos La Felguera 82/83 y allegados... te invita a su página. En vísperas de cumplirse treinta años desde que much@s nos viéramos por última vez tras aquel Junio en el examen de Selectividad y una adolescencia compartida principalmente en las aulas,  fue como si el tiempo no hubiera pasado. El grupo comenzó a crecer tan pronto como se corrió la voz digital y, escondidos entre los caracteres de nuestros respectivos ordenadores, fuimos enseñándonos las patitas de gallo, y demás huellas del paso de unos años para los que cada cual ya tiene una historia diferente.

Curioso cómo empezamos a atrapar instantes pequeñitos de nuestras vivencias comunes. De qué manera una ráfaga de tiempo vuelve a convertirnos en aquello que fuimos un día, a pesar de la canción de Presuntos  Implicados que tanto nos gustaba "Ah! Cómo hemos cambiado... ". Extraordinario también cómo el tiempo difumina los malos recuerdos y magnifica los buenos. Los profesores con los que más sufrimos ya no regresan tan temibles, ni los apodos que no perdonaban defectos eran tan crueles, e incluso la perspectiva actual nos lleva a recordarnos hasta guapos y simpáticos a tod@s. Así parece que se ha tornado el sentimiento después de tres veces quince años.


Hemos vuelto a dormir en Niza, pasearnos por la capilla Sixtina con aquellas cestitas de mimbre que por entonces era el bolso de moda para las chicas o pedir nuestros particulares deseos en La Fontana di Trevi. Enderezamos como si fuera hoy la Torre de Pisa, compramos algo inútil en el mercado de Florencia, recordamos nuestras clases de arte con los Médici y nos reencontramos en Venecia bajo el Puente de los Suspiros. Salimos de nuevo a atracarnos de "morenitos" en el recreo e hicimos alguna "peya" cuando el sol de primavera nos reclamaba en el Parque Nuevo.Repetimos las declinaciones latinas como si el profesor palentino nos escuchara "como oso por maizal", asimismo que a algun@s nos dio un nuevo vuelco el estómago recordando sufrimientos con derivadas y logaritmos; mientras que a los de los números volvieron a atragantárseles las subordinadas una mañana más.. Emprendimos nuevas batallas campales con bolas de nieve y probamos el primer baño de Junio en las excursiones hacia ese mar que nos parecía tan alejado de nuestra Cuenca Minera. Todo esto y mucho más cada vez que un recién llegado al grupo aprieta el enlace de este nuevo colegio virtual, al mismo tiempo que se presiente la brisa de ingenuos amores; algunos imposibles, otros con fecha de caducidad y sólo unos pocos eternos. 



Únicamente la información sobre las tragedias personales, nos baja de la nube de ese paraíso que revivimos. Quien más y quien menos habrá tenido sus infiernos, pero me consta que algunos han sido desgarradores.



Ya no hay vuelta atrás para dejar de respirar esa necesidad de saber los unos de los otros que ha surgido con la posibilidad de acercarnos. Tal parece que , además de la infancia, nuestra patria sigue siendo nuestra adolescencia. Cuando nos faltan dos años para el medio siglo -qué vértigo- la mayoría ya tenemos hijos que viven ahora lo que nosotros añoramos. Y asisten estupefactos al vuelco de sus padres hacia un pasado que seguramente ellos desconocen casi por completo. Les contaríamos que vivan el momento de sus pocos años si miedos y sin complejos porque, a fin de cuentas, casi nada es ese drama que nuestros años más tiernos quieren haceros ver, y lo que que a los dieciséis puede ser su gran talón de Aquiles, unos cuantos más allá será su mayor ventaja.


Aún cuando los de entonces no seamos los mismos, y más allá de que solamente podamos haber cumplido una mínima parte del famoso poema de Kipling, conservaremos la esencia de esa juventud que sigue haciéndonos únicos e irrepetibles.

A dos días para el impacto de la Gran Kedada del 29 J, en la que se fusionarán el  presente y pasado sin la protección de la pantalla de un ordenador, el vértigo es grande y la ilusión aún mayor. Porque el mejor momento debe ser siempre el ahora...hasta pronto compañer@s.