Esas pequeñas cosas...

sábado, 29 de octubre de 2011

Una vieja conversación con Ramón Sánchez Lizarralde




salía

Al cumplirse dos años de la entrega del Galardón de Pueblo ejemplar  al municipio de Sobresbobio, paralelos a la concesión del Premio Príncipe de Asturias de las letras a Ismail Kadaré, recuerdo la figura del desaparecido Ramón Sánchez Lizarralde, traductor del galardonado albanés. Acerca del ya ilustre vecino coyán escribí un artículo, que él me animaba a publicar. Hasta hora guardado en mi ordenador, hoy me gustaría compartirla, haciendo una excepción en el estilo de mi blog. Seguramente, en el ecuador de este otoño ,continuarán soplando aires de lucha por la igualdad y el respeto entre todos los seres humanos a la vera del río Alba...

Foto: Carolina GutiérrezGarcía

RamónSánchez Lizarralde, vecino del pueblo de Soto de Agues durante largos periodos del año, es el traductor del ilustre escritor albanés, Ismail Kadaré,Premio Príncipe Asturias de las Letras, y, en buena parte, responsable  -esfuerzos le ha costado que fueran editadas en España- del éxito de las obras en castellano  del poeta, ensayista y narrador cuyos trabajos asumen la tradición literaria de Homero, Shakespeare o Cervantes. 

El glosador de obras como "Noviembre de una capital" o "El palacio de los sueños" , para los lugareños siempre ha sido "Ramón el de Esperanza", una mujer natural de esta aldea y merecedora de una gran simpatía entre la mayoría de los vecinos, con quien Sánchez Lizarralde  comparte su vida y su trabajo. Desde que esta pareja -que durante un largo tiempo estuvo ausente del municipio asturiano- comenzó a frecuentar con más asiduidad el lugar donde ahora ya tienen fuertes raíces, su pasado constituía toda una incógnita para los más curiosos que veían en ellos a unos chicos -siguen transmitiendo espíritu juvenil en la plenitud de la cincuentena-  de pasado desconocido e incierto presente. Con el tiempo, las visitas a la aldea se hicieron cada vez más frecuentes, habilitaron su bonita casa en un tranquilo rincón a la vera del río Alba y se hicieron habituales en los puntos de reunión de la zona.


Cuando hace unas semanas empezaba a oler a hierba recién cortada en las entrañas del pueblo, la notcia de que Ramón y Esperanza  "se vestirían de gala" por su relación laboral y personal con el galardonado Kadaré, la constatación de que alguien ilustre se econdía tras el sencillo trato del inquilino de la casa de La Vera se hizo vox populi. En fechas no muy lejanas ya se había comenzado a rumorear que Ramón, ese chico alto, de pelo rizado y gafas de intelectual, cuya indumentaria cotidiana -camisa y pantalones tejanos-- nada hacía sospechar su grandeza, era un hombre de gran cultura, galardonado con premios importantes- Premio Nacional a la mejor traduccion, en 1993 y y Premio Pluma de Plata por el Ministerio de Cultua de Albania,en  2005-  a la par que amigo de escritores y personajes ilustres.

Si el mimetismo, en ciertos aspectos vitales, entre escritor y traductor es un hecho comprobado, por Soto de Agues se pasea estos días un poco del alma reivindicativa del narrador albanés, candidato habitual al Premio Nobel, quien se hizo merecedor del codiciado galardón Príncipe de Asturias de las letras por la belleza y el gran compromiso de su creación literaria. En ella plantea historias y leyendas de Albania que se cruzan con las grandes tragedias clásicas. 

La lucha contra el totalitarismo y el convencimiento de que "las dictaduras y la literatura auténtica son incompatibles" son premisas compartidas por el traductor de la extensa bibliografía de Kadaré. Su paso por Albania no fue  vano. Allí puso en práctica sus inquietudes democráticas y aprovechó la oportunidad que le brindó el mundo de las letras. Del mismo modo que Ismail Kadaré, su interprete a la lengua castellana valora la libertad por encima de todo y , del mismo modo que su admirado escritor del sudeste europeo trata de hacer llegar al lector con sus traducciones ese alma de escritor-combatiente, siempre al lado de los subyugados, en lucha contra toda forma de totalitarismo y conocedor profundo del alma humana; sin abandonar una cierta e irónica ternura hacia los seres opresores.


El vallisoletano Ramón Sánchez Lizarralde vivió en Albania durante cuatro años, a principios de los 80, donde había huído de su persecución por la militancia en el Partido Comunista. Además de aprender la lengua del país en el que labró su prometedor futuro,  el traductor de Kadaré y otros autores como Bashkim Shehu, Ervbin Hatibi o Mitrush Kuteli, absorbió en su paso por la región balcánica "la esencia de un pueblo desconocido para la mayoría de los españoles, con una historia con  paralelismos con nuestro pasado más reciente ".

Incluso fonéticamente Albania guarda cierto paralelismo con la región asturiana, cuna también de numerosos mitos y leyendas, y el punto de partida de conocidas revoluciones que convulsionaron toda una sociedad oprimida por el paso de siglos de ignorancia y conformismo. Aunque dobla en superficie al Principado asturiano, y el mar Cantábrico dista mucho del Jónico y Adriático que bordean la República albanesa, uno tiene la sensación de que los senderos poblados de lobos, osos y jabalíes de esa región balcánica, su frondosos bosques y su espíritu a caballo entre el medievo y la galopante modernidad bien podrían ser una superposición en la evocadora naturaleza del Parque de Redes.

Por las primeras andaduras del Nalón se cruzan espíritus de leyenda con las realidades presentes y pasadas de unas gentes que también buscan el verdadero sentido del palacio de sus sueños. Y en esa búsqueda también anda Ramón, a caballo entre las grandes urbes y su descanso del guerrero al pie de las relajantes aguas coyanas, intentando que sus trabajos continúen ayudando al lector "a recorrerse el camino que anduvo el cojo Byron, acompañar a los correos de cabezas por las rutas que enlazaban Estambul con los Balcanes, visitar los atroces subterráneos del Palacio de los Sueños y compartir la soledad de las noches con juglares de otros tiempo que repiten su letanía dramática", en memoria de las palabras encontradas en una de las seductoras obras traducidas por Ramón.


              Desde esta página, un brindis para un hombre que apuró dignamente sus últimos días de vida 
disfrutando de una copa con sus amigos en las cálidas noches de su último verano y valorando como nadie la importancia de las cosas más apequeñas...




El otoño que viene...


"No temas al otoño, si ha venido. Aunque caiga la flor, queda la rama. La rama queda para hacer el nido". Leopoldo Lugones


Hay personas que en otoño se deprimen especialmente. No es mi caso.    Encuentro una tibieza especial en ese tiempo de lunas distintas que se nos anuncia airoso..

Y, aunque no sé si los tonos cálidos de esta estación que empieza en el equinocio de su mismo nombre me gustaron antes o después que este ciclo del año, el caso es que siempre me decanto por los colores tierra otoñal.  
                                 
 En cuanto a aromaterapia, este tiempo también definido como próximo a la vejez nos anuncia, sobremanera a los que disfrutamos de una chimenea y cosecha asturiana al alcance de la mano, aromas a leña ardiendo en el hogar, a manzana madura, a hojas húmedas y a oricios en esplendor. Especialmente sugerentes son esos olores, casi palpables, a castaña asada y al ancestral ambiente del lagar. Sin olvidar los evocadores colores de las mermeladas hechas a fuego lento, que es la mejor forma de "cocerlo" todo.

Me gusta el otoño porque, si llega aliado con los cielos azules, aún se pueden disfrutar los días al aire libre.Los anocheceres, aunque algo más frescos, nos ofrecen el instintivo sonido de los animales en celo, el infalible reclamo de los nocturnos búhos y la despedida de grillos, sapos y cigarras que aprovechan las últimas reminiscencias del estío para entrar en el recogimiento de la época invernal.

Con la estación del segundo heno llegan también a mi aldea las nueces y las avellanas, íntimante relacionadas con la imagen de las ardillas (el esquilu en nuestro lenjuaje autóctono), recopilando frutos secos para guardarlos con destreza en sus entraables casitas de puerta redonda. .Rico en matices nuestro paisaje norteño, aún cuando nos desnuda su alma.

Apetece ya por estas fechas ir preparando botas, chaquetas de invierno, bufandas y todos esos atuendos con las que encaramos el frío. Reconforta como nada un paseo por cualquier senda de nuestro entorno, aunque haya que aumentar las prendas de abrigo. Allí por donde pasa el Río Alba siempre me esperan "les madreñes". Ese calzado de madera que aisla del frío,del agua y de la suciedad como ninguno, aunque ya comience a ser parte de las reservas protegidas de la Bioesfera.

Y qué decir del aire cálido que, en mi tierra, llamamos "de les castañes". Nostálgicos recuerdos se me presentan cuando el  viento sopla fuerte coqueteando con las hojas y haciendo más fácil la caída de cuantos frutos pueblan nuestra generosa naturaleza.

El otro otoño, el de los sueños rotos y las ilusiones desvanecidas, también llega de cuando en cuando. Es saludable sumergirse en él para coger nuevo impulso. Cuando tocamos fondo, siempre es posible salir de ese pozo que desgarra nuestra alegría y convierte en hojas secas muchas esperanzas.

Para los pesimistas, que ven en esta época  alejarse los días largos, el calor del sol y el dulce sopor veraniego, siempre quedará la promesa de que esas golondrinas volverán, una vez más, en primavera.


Foto:  Otoño visto desde el Xerrón de Cuitu (Ruta del Alba)de Diana Márquez Alonso.