Esas pequeñas cosas...

lunes, 12 de marzo de 2012

Por los pecados que no hicimos...


"No existe ningún pecado en ser feliz". Paulo Coelho


"De todos los pecados, los realmente destructivos son el odio y la envidia", recuerdo que nos decía uno de los profesores que con más cariño rememoro. A pesar de su trabajo en una empresa religiosa, el dominico siempre nos hablaba desde la ética elemental; sin fanatismos absurdos. No era el palentino un adoctrinador de cielos e infiernos; siempre anteponiendo la compasión al castigo. Ahora creo que tal vez pensara como Philis Gibbs: " Si algo he aprendido es que la piedad es más inteligente que el odio, que la misericordia es preferible aún a la justicia misma, que si uno mira el mundo con mirada amistosa, uno hace buenos amigos.

Un repaso por los pecados capitales -¿os acordáis: lujuria, gula, avaricia, pereza, ira, envidia,soberbia? nos arrastra con facilidad a aquellos lejanos días de catecismo y temor de Dios, derivándonos así a la gran pregunta: ¿qué es pecado?. Del original siempre se llevará la culpa la manzana y "cuando una mujer pide ensalada de frutas para dos estará perfeccionándolo", dijo con humor Gómez de la Serna . Dado que la idea de maldad ha evolucionado a través del tiempo, la definición es tan variada  como la intención de las conciencias de quienes los cometen. Opino que no hay más pecado que el que nos dicta nuestra propia ética.

Sin ser de los que ciegan para que otros no vean o de los que sienten celos hasta del aire que respira el prójimo, es raro encontrar quien no haya experimentado la tormentosa sensación de una punzada de envidia o de un odio inevitable. Cuando esas faltas son puntuales, puede que hasta sean merecedoras de comprensión. El sólo hecho de sentirnos culpables y desear eliminar esas negativas sensaciones comienza a ser el antídoto para la cura. La indiferencia será, en último término, el recurso para soportar la existencia de quienes por diferentes motivos consideramos enemigos. La historia viene demostrando, además,  que la envidia y la aversión siempre son mayores cuanto más cercano está  ser humano al que van destinados. Salvo los que los tienen por principio o por herencia genética, afortunadamente, esos sentimientos suelen ser pasajeros.

Aunque no seamos merecedores de la etiqueta de rencorosos o envidiosos oficiales, la lucha contra los efectos colaterales de ambos males es difícil. Si nos atenemos a los tratados sobre el odio, la envidia y sus derivados, sea cual sea nuestra postura, la parte positiva es difícil de elegir: si nos envidian, malo; si no somos envidiados, aún peor.  "Que ladren, Sancho, es señal de que cabalgamos", famosa frase del Quijote de la que se acopian quienes, a sabiendas de que son pasto de rencores infundados, torean con valor la mala baba de ambos términos.

A no ser resentido también se aprende. Del mismo modo que uno puede educarse en el arte de no presuponner. Sanos ejercicios ambos para ser más feliz. Y, si después de todo, haya quienes continúen con esas nefastas armas, peor para ellos. En el pecado llevarán la penitencia, dicen. Para su única tranquilidad, tan malos deseos suelen durar siempre más que la dicha de a quienes van dirigidos

He oído que cuantos más pecados confieses, mayor será el número de tus lectores.Me plantearé comenzar a relatarlos. "Mire señora, mis pecados son tantos que usted no puede darse idea, y son tan pocos que no los conoce bien", escribió Vladimir Holan.