Esas pequeñas cosas...

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Lo que sé de las redes sociales...



Como declaración de intenciones he de confesar que mi época de mayor aptitud para el aprendizaje coincidió con la de los pañales de la informática a nivel de usuario. No me avergüenza decir que cada pasito que voy dando en este terreno es todo un logro. Sólo para los "nativos digitales" el manejo de cuantos aparatitos va sacando el mercado es coser y cantar. Sin embargo, el contenido de los intercambios virtuales y su función  socializadora e informativa estaban pensados para mí.

Tras asistir a un taller sobre el aprovechamiento profesional de las redes sociales , actualizo esta entrada. Cuanto más nos adentramos en este mundo más conocedores somos de lo que ignoramos. Pero siempre se aprende algo. Tratar de tú a tú a los hastags, a los FF  y al tweedeck es un pasito.

¿Son redes porque entretejen relaciones entre amigos, conocidos, compañeros, camaradas, etc... o son urdimbres porque atrapan hasta el punto de hacerse imprescindibles?. ¿Qué hacíamos cuando el ordenador sólo era una herramienta para expertos en informática o se usaba como utensilio de empresa?. ¿En qué empleábamos nuestro tiempo aquella "lejana" época en la que no teníamos zona Wi-Fi en cada rincón de nuestras andanzas diarias?. Detengámonos a poner en una balanza lo que nos ha aportado y de lo que nos ha privado el uso de las redes sociales.

Para una mayoría, la interacción en Internet ha sido la mejor vía de comunicación que se ha inventado. A través de las respectivas redes sociales los seres humanos que las emplean con frecuencia han encontrado el mejor camino para compartir sus recuerdos, gustos, ideas, soledades, intereses y sentimientos. Asimismo nos acercan  a nuevas oportunidades laborales y concretamente para los periodistas se han convertido en una alternativa   laboralmente  vital.  El protector aislante de la pantalla permite abrirse al mundo  con menos tapujos, y expresar emociones que probablemente en el diario cara a cara suelen quedarse en el tintero.

A través de Facebook compartimos paisajes y eventos variados, recordamos canciones, tarareamos boleros imperecederos, nos hacemos algún que otro guiño político e imprimimos nuestra versión de aquello que más nos interesa .Otras veces dejamos entrever nuestro ánimo del día con alguna frase célebre o un poema, para expresar de manera clara aquello que queremos gritar al mundo.No es preciso ser un gran sicoanalista para captar el tipo de energía que nos transmiten nuestros amigos virtuales .Digo "amigos" porque la comunicación vía internet nos ha llevado hasta personas desconocidas con las que confraternizamos de tal modo que llegan a tener una cabida importante en nuestras vidas. Otras, como ocurre en las relaciones "cuerpo a cuerpo", pasan sin pena ni gloria por nuestras pantallas. La empatía funciona a través de cualquier vía de comunicación.  

Tal vez maquillemos un poquito el muro para ofrecer una imagen algo más perfecta de nuestra existencia. No lo considero ningún engaño. Y me imagino que una mayoría acordaremos con humor que "nadie es tan guapo como se muestra en Facebook ni tan feo como aparece en su carnet de identidad".  Es posible también que esa estampa que captan quienes nos observan desde su terminal es como realmente somos o como soñamos ser. Cuando nos reconocemos en una opinión, una poesía, una canción, una foto, un chiste, o incluso algún hobbie, nos acercamos algo más a ese desconocido que todos llevamos dentro.

¡Qué decir de los recuerdos!. Son el único paraíso del cual no podemos ser expulsados, como decía un escritor alemán. Con las nuevas tecnologías, que avanzan a pasos agigantados, nos hacemos partícipes de estampas pasadas, volvemos a recuperar pinceladas de nuestro paisaje, nuestras costumbres e inclusive retazos olvidados de nuestra lengua más autóctona. Antepasados que jamás soñaron verse en la ventana al mundo que supone la red de redes, reaparecen en la memoria de quienes compartimos esas reminiscencias comunes. Vistas desde el prisma del paso del tiempo, esas vivencias toman un entrañable relieve.

En cuanto a twiter, otra de las redes que he empezado a frecuentar, su contenido es diferente. Podríamos  decir que es una herramienta más dirigida a profesionales afines y a intereses sociales y laborales comunes. Se complementan en la misma medida que transcurren con vidas paralelas.

En el otro plato de la balanza, el ordenador se convierte en un astuto ladrón de tiempo. Las horas parecen pasar más rápido en esos aparatitos de todas formas y tamaños. La inmediatez que supone la comucicación por Internet nos seduce más que cualquier otro medio de comunicación. Confieso que últimamente ya he devuelto más de un libro sin terminar de leer a la Biblioteca Pública y, algunos días, me retraso en el planchado de la ropa por cumplir con mis compromisos digitales. Por no decir que me tengo que poner horarios de visita a la pantalla para llevar a cabo mis obligaciones más prácticas en el tiempo previsto. De momento, me niego a aceptar las invitaciones a los juegos interactivos porque tengo poca fuerza de voluntad y me engancharía sin remedio.

También me consta de amigos y conocidos/as que se alejan del asunto de las redes sociales como del mismo demonio y nos acusan, sin acritud, a quienes estamos enganchados a la comunicación intracursor, de narcisistas y exhibicionistas.Tal vez tengan su parte de razón. La báscula, sin embargo, se inclina hacia  las cosas positivas que nos ofrece todo un mundo que se nos regala casi mágicamente desde las entrañas de las computadoras. Como excusa a nuestros excesos con el ordenador, el lema de guerra entre cómplices del tema es que "algún vicio hay que tener". 

Mi blog, del que me siento orgullosa y responsable por las visitas registradas, no sería posible sin este maravilloso invento.








domingo, 20 de noviembre de 2011

Un trabajo a los cuarenta...


Comienza de nuevo. Cada vez que fracases empieza otra vez y te harás más fuerte hasta que finalmente logres tu propósito. Anne Sullivan



Salvo esporádicas ocasiones, mi primer trabajo asalariado y en buenas condiciones me llegó dos años después de haber cumplido los cuarenta. En ese tiempo ya había dejado de lado la idea de un empleo con todas sus consecuencias. El día que me comunicaron que había sido seleccionada para hacer una sustitución de verano en los informativos de la televisión autonómica, la noticia me pilló totalmente de sorpresa.

Recuerdo que la chica que me habían asignado para ser mi "maestra" las primeras jornadas estaba haciendo la pieza de la repatriación de los cadáveres de los soldados muertos en Afganistán, en mayo de 2007. Pensé que nunca lograría hacer aquella tarea. Todo era nuevo para mí. Si unimos al hecho de mi larga inactividad profesional  la circunstancia de que en mi etapa de estudiante la informática estaba en pañales, las consecuencias son previsibles. Estababa flojísima en el manejo del ordenador, a pesar de contar con algunos cursos en el tema, desconocía  el programa específico de la empresa, e ignoraba por completo el lenguaje y el ritmo de aquel medio de comunicación. Hasta se necesitaba algún conocimiento de inglés que no es, ni mucho menos, nuestro segundo idioma para los que "presumimos" de defendernos con la lengua francesa. Sobra narrar que me sentía la mamá de casi todos los que allí trabajaban, en su mayoría en los inicios de la treintena. Fue el preciso momento en que tomé realmente conciencia del paso del tiempo y de la cantidad de novedades que me había perdido de la profesión.

En una semana tuve que ponerme al día en "negros" -que no eran señores sino la parte sin imagen de un vídeo-, "colas", "piezas", "totales", "audios" ,"postpruducción" ,"documentación", "agencias", "brutos", "nevera" "vídeos" ... y "escaletas" en general; a la vez que hube de dominar el manejo rápido de la herramienta fundamental de trabajo: el ordenador. Yo que apenas pasaba del corta-pega- escribe-guarda-. Su correspondiente programa, el Dalet (file,new story,control...), se me quedó grabado a fuego.  Aunque su fonética suene parecida a galán rubio y escultural en busca de mujeres maduras, el famoso Dalet me trajo casi un mes por la calle de la amargura. Me desesperaba a diario a causa de sus complicados entresijos y, durante ese tiempo, me daban ganas de tirar la toalla cuando me veía entre las protectoras paredes de mi  casa. Pero, como decía Concepción Arenal "todas las cosas son imposibles mientras lo parecen", así que un día comencé a hacer mi trabajo más segura sin apenas preguntar a los compañeros. El sistema informático, mi talón de Aquiles, comenzaba a hacérseme familiar. El resto ya era un camino de rosas.

Para ser justa tengo que decir que no hubiera superado los quince días de prueba sin el impulso de mi marido y sin el aliento de  mis compañeros. De la mayoría de ellos guardo un agradable recuerdo. Me ayudaron en mis peleas con la edición , reconociendo con humildad que todos habían pasado por lo mismo. La elaboración de una noticia de dos minutos y medio requiere de mucho tiempo de trabajo y una gran concentración. Desde su búsqueda hasta el momento de la emisión hay un largo recorrido que ahora, al estar todo informatizado, es trabajo exclusivo del redactor. Sin comentarios  del estrés que se crea cuando ha de meterse una última hora con el informativo ya en marcha.

Quedaría esta memoria laboral incompleta sin una especial mención a la catalana-inglesa-asturiana Eli, en una situación de contrato y de circunstancias similares a las mías, aunque más avezada en esos trabajos de televisión  Su complicidad fue fundamental para que nuestro paso por la zona de las noticias del transformado convento de Las Clarisas nos dejase ganas de cotinuar allí. Durante un tiempo tuvimos la esperanza de que nos llamasen para nuevas sustituciones. Ya habíamos aprendido y empezábamos a ser productivas. Pero nuestra marcha coincidió con las vacas flacas y, por la información que tengo, no corren buenos tiempos ni para los que están fijos en plantilla.

De todos modos, mis vivencias en ese trabajo que llegó tardío a mi vida me dieron seguridad en caso de enfrentarme a otras de características parecidas. Si pude con el Dalet, con el que todavía tengo alguna que otra pesadilla, puedo con cualquier cosa. Ya no me dan ningún respeto las tareas del ordenador y, dicho sea de paso, me reconcilié con la conducción del coche. Aunque pasé mi particular calvario los primeros días que me enfrenté en soledad a la autopista, al cabo del tiempo también logré sentirme segura en el trayecto. Por aquellas fechas cuidé, además, mi alimentación. "No vamos a ser las más gordas, amén de las más viejas..."comentábamos Eli y yo, haciendo uso del sentido del humor, una de las pocas ventajas que nos aportaba tener unos añitos más que la media.

No corre pareja mi disposición laboral en la actualidad con los años ni las circunstancias. Pienso que, mientras se viva dignamente, la meta no es siempre un trabajo en nómina. La carencia del mismo nada tiene que ver con estar desocupado. Independientemente de la formación que se tenga, siempre es importante tener imquietudes por conocer cosas nuevas. Nuca se aprende en vano. Tampoco merece la pena coger una  tarea que  te trastoque la calidad de vida. Ya sabemos lo que dice la canción : "me matan si no trabajo y si trabajo me matan..."

En la despedida de aquel treinta de septiembre, los amigos que allí se quedaban trataban de extraer la parte positiva de nuestro fin de contrato: nos íbamos apenadas porque aún no nos había dado tiempo a conocer la rutina del trabajo, las luchas laborales internas  y las inevitables traiciones entre compañeros. Desde aquí, mi recuerdo y gratitud para todos ellos. Algunos/as leen mi blog y me animan, como siempre, a seguir adelante...



































lunes, 14 de noviembre de 2011

Tardes de domingo...


"...Hay un algo de pena insondable en los ojos sin lumbre del cielo...la nostalgia, tristísima,  arroja en las almas su amargo silencio...¡Cómo cae la bruma en el alma perfumada de amor y recuerdos...! ¡Cuántas almas se van de la vida estas tardes sin sol ni luceros...!" Juan Ramón Jiménez



Hay un algo de maniática tristeza en las tardes de domingo. No suelo saber nunca lo que busco en esos crepúsculos que me saben a atracones de comida hipercalórica, penas sin fundamento y desganas generalizadas. Aunque con algunas excepciones, los atardeceres de ese día de descanso me traen presagios de horas inciertas.

Después de comer los domingos, en el internado donde estuve los últimos  años de la primaria, paseábamos por alguno de los marineros  rincones de la villa. Seguidamente, empleábamos las quince
pesetas asignadas para las tardes domingueras en la confitería de siempre. Nos alcanzaba el sueldo para algunas chucherías y un pastel. En los cien metros de recorrido para llegar a tiempo de ver "La casa de la pradera" mi dulce ya había sucumbido.El de mi amiga Gloria Belén duraba toda la tarde. A continuación, horas de deberes y patio, paralelas al atardecer y al fin de las golosinas. Era un tiempo muerto de trabajo con desinterés  y canciones de corro, que entonábamos  por inercia en esas eternas tardes de niñez.

La sensación de vacío en el final del domingo se ha ido repitiendo en etapas posteriores: en mi adolescencia, tardía, solía ser de melancolías absurdas; durante la juventud, perdida a fuerza de no encontrar el lugar soñado; y ya en la madurez, problemas más reales, acrecentados con el estigma de esa tarde casi siempre aborrecida. Esa percepción de desamparo debe de ser un efecto sicológico connatural a muchas  personas .  Intangibles añoranzas evocan esas horas semanales . Para quienes tenemos una deuda especial con los ocasos de domingo hay algo de derrota en esos lapsos que parecen decidir por ti .Son la representación del final de una celebración, el momento de recoger lo que antes se expuso para disfrutar.

Hay una explicación científica para quienes la caída de la tarde simboliza las horas bajas de su energía vital.  Todos los seres vivos tenemos patrones rítmicos en nuestros procesos vitales. Y es precisamente el reloj biológico el responsable de que el organismo esté en condiciones más o menos activas. Las personas conocidas como "alondras" encuentran sus momentos físicos o sicológicos óptimos por las mañanas. Los seres humanos "búho" están en su mejor trance hacia el final del día. Por eso a mi nunca me pillarán planchando al anochecer. Si al final de la tarde de las "alondras" unimos el término de la semana, es explicable que su energía esté fuera de combate.

Las tardes de esa fiesta suelen ser, además, momentos de partidas. Formo parte del grupo al que no le gusta decir adiós ni aunque sea por unas horas. Cuando la separación es inevitable suelo rehuir el momento con cualquier pretexto. Algo se muere en cada hasta luego, a pesar de que en esa agonía de la despedida es cuando realmente llegamos a conocer la profundidad de nuestros sentimientos.

En las horas anaranjadas de ese séptimo día  me he visto implicada en amargas rupturas; momentos que han encogido mi corazón,  aunque yo nada hubiera podido hacer por evitarlos. Son palpables los recuerdos de adioses a sonrisas y a compañías especiales. Siempre constituyen las despedidas el punto final de una historia. Hay algo que ya no volverá a ser igual aunque haya promesas de reencuentros. Y en algún hueco de la franja horaria y del calendario hay que materializar nuestras penas, aunque en esos instantes no esté su origen.

Os dejo, que atardece y es domingo...

Foto: Suny Marco Molina











miércoles, 9 de noviembre de 2011

Yo opino, tú opinas: todos opinamos...



"No comparto tus ideas, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlas"  Voltaire


Afortunadamente para todos, en nuestra sociedad, no es ya preciso llegar al extremo sugerido por el escritor Voltaire..Salvo las que atentan contra las dignidad de cualquier ser humano, incluida la propia, todas las opiniones son respetables.Nadie debe tener miedo a tenerlas ni a expresarlas. Aunque mejor, si acaso, "presta el oído a todos, y a pocos la voz. Oye las censuras de los demás, pero reserva tu propia opinión", decía Shakespeare.

En el complicado tejido de amistades que vamos hilando en las redes sociales hay, como es natural, criterios para todos los gustos. A poco observadores que seamos, cada quien sabe de que pie cojea cada cual..  ¿Para qué perder el tiempo en desagradar?.Ciertos desahogos verbales es más sabio reservarlos para la intimidad.

Aunque mi intención no sea la de juzgar la forma de plasmar puntos de vista de cualquier índole sin tapujos -somos libres de decidir las funciones y los lugares para los que tenemos destinado el uso de las nuevas tecnologías-  muchas veces se rompe la magia de nuestros encuentros virtuales cuando, después de que alguien cuelgue algo como "...te llegará una rosa cada día a augurarte tiempos de ventura, compañera total del alma mía, propietaria de toda la ternura...", la siguiente notificación sea un sonoro "hijo de p..." como el juicio más inteligente sobre un representante cualquiera del pueblo. Donde acaban las buenas ideas, empiezan las descalificaciones.

Insultar sabemos todos, pero la injuria dice muy poco a favor de quien la utiliza: demuestra falta de argumentos, y da armas al adversario. En todo caso, me quedaría con el empleo de la ironía y, sobretodo, con el sentido del humor; posturas que abren ventanas y desdramatizan las opiniones. Usar ese sentido es ser consciente de la relatividad de las cosas y suele sacar a todos una sonrisa. Con el humor se dice mucho en poco espacio y quien lo capta en su justa medida revela ser listo.



Es cierto que las ideas comunes y la visión de la realidad política y social desde el mismo punto de vista crea un especial lazo de unión entre quienes comparten los mismos pareceres, pero igual de verdadero es que son más numerosos de lo que pensamos muchos de los asuntos que nos unen a algunos de nuestros adversarios ideológicos. Si nos paramos a reflexionar dos minutos y a escuchar con atención y respeto la verdad del prójimo siempre habrá matices para suavizar posturas e ideas que convergen. En mi caso, un cincuenta por ciento de las personas a las que aprecio no estarían sentadas en mi misma bancada, en caso de que fuésemos parlamentarios/as. El aprecio y el respeto que siento hacia ellas siempre me lleva a dar un margen  de comprensión hacia sus ideas. Si son buenas personas, algo habrá de razón en sus posturas. Como suele decirse, la diferencia de criterios se da hasta en las mejores familias. "Republicano soy, conservadora mi suegra, comunista mi mujer, y en mi casa hay una guerra..." reza el dicho.

Las opiniones más respetables serán siempre aquellas que estén fomentadas en la deducciones personales y no en herencias genéticas o influencias de quienes llevan su bandera como la más absoluta de las verdades, queriendo metérselas con embudo a sus círculos sociales. En más de una ocasión, si nos pusiesen delante un discurso sin firma quedarían en evidencia nuestras incoherencias. Aunque cueste más trabajo, hay que opinar por uno mismo.Además "no hace falta defender siempre la misma opinión porque nadie puede impedir volverse más sabio", dijo el político alemán Konrad Adenauer.

Siempre te desarma quien, siendo tu rival en convencimientos, te escucha, intenta comprenderte y te da muestras de sabiduría. Nadie es dueño de teorías absolutas. Hay matices en cualquier mensaje. . "Tu verdad no; la verdad / y ven conmigo a buscarla. / La tuya, guárdatela  ". Bonita la frase de Antonio Machado. Es sólo mi opinión.






lunes, 7 de noviembre de 2011

Ese pequeño cuarto oscuro: el miedo



"A  nada en la vida se le debe temer, sólo se le debe comprender". Marie Curie

Como definición, el miedo o temor es una emoción caracterizada por un intenso sentimiento, habitualmente desagradable, ante algo que nos asusta o creemos que nos puede hacer daño. Es una percepción primaria que procede de la aversión natural al riesgo. Existe un miedo real que se corresponde con la dimensión de la amenaza, y el miedo neurótico, que nada tiene que ver con la realidad del peligro.A medida que crecemos se van transformando nuestros temores y aparecen nuevas sombras; algunos de los espectros infantiles nos acompañan durante toda nuestra vida.

Mis miedos con mayúsculas, compartidos con casi todos los seres humanos adultos, están relacionados con la enfermedad, el sufrimiento y la muerte   de aquellos a quien queremos.. Luego están los miedos irracionales. Éstos son los más difíciles de controlar y nos atraen en la misma medida que nos infundan respeto.

 Hasta los más escépticos han tenido sus encuentros particulares con ese tipo de pánicos tan abstractos como paralizantes. Hay algo que nos seduce del miedo inexplicable. De ahí el éxito de esa fiesta anglosajona importada desde que el inglés se ha convertido en idioma obligatorio en las escuelas. Pero no son algo novedoso las celebraciones "terroríficas" de la víspera de Todos los Santos, prohibidas en un periodo de nuestra historia. Sanhaim (final del verano) era la festividad de origen celta más importante del periodo pagano que dominó Europa hasta su conversión al cristianismo. En la noche del 31 de octubre al 1 de noviembre se celebraba el final de la temporada de cosechas en esa cultura  y era considerada como el «Año Nuevo Celta», que comenzaba con la estación oscura. Ha sido practicada desde hace más de tres mil años por los pueblos célticos que han poblado toda Europa. En la actualidad Samhain continúa celebrándose por los seguidores de movimientos paganos como el druismo. Halowen, no obstante, se ha convertido ahora en la representación más palpable de la atracción por lo siniestro. 

Noviembre se presenta propicio para el relato de historias paranormales y aventuras de pánicos mentales. Pero cualquier fin de semana del año parece  adecuado -especialmente en épocas de adolescencia y juventud- para reuniones de invocaciones ultraterrenales y encuentros con espíritus más o menos temidos.A poco que nos adentremos en la conversación, casi todos tenemos algún episodio de vivencias extrañas que ponen la adrenalina a pleno funcionamiento.Son muchos los casos en los que se cuenta como, en plena invocación espiritual, se ha apagado de forma inexplicable la luz, se ha caído algún objeto bien asegurado sobre una repisa o ha sonado el picaporte sin que nadie visible estuviese tras la puerta.

De las experiencias de sobresalto vividas más de cerca podría contar la que experimenté hace unos cuantos años (¡buh! muchos ya), cuando acompañé a mi amiga Ana a hacerle una entrevista a la escritora  Dolores Medio. Fue un atardecer de invierno en el céntrico piso que la novelista asturiana tenía en Madrid. A pesar de la claridad y lo poco lúgubre del entorno -grandes ventanales, maderas auténticas  y libros como decoración básica de cualquier rincón de aquella casa- había un especial ambiente etéreo. Recuerdo que, antes de comenzar la entrevista, Dolores nos invitó a café bien calentito con pastas surtidas y nos trató como una cariñosa Tía-abuela - con lo que, dicho sea de paso, nuestra profesionalidad quedó un tanto desdibujada-.. La charla comenzó a tener aires trascendentales cuando la antigua y revolucionaria maestra nos confesó sus experiencias paranormales. Los espíritus del más allá campaban por su residencia como uno más de la familia. "Todas las noches escucho en la cabecera de mi cama toc-toc-toc" nos aseguraba la entrevistada, que trataba de tu a tú aquellas experiencias sublimes. Al tiempo de transcribir la conversación, inmortalizada en una grabadora, la autora de "Diálogos desde Madrid" me llamó, ya entrada la noche, para decirme que tenía que dejar el trabajo para el día siguiente porque "estoy empezando a oír toc-toc muy cerca de mi escritorio",  Me costó conciliar el sueño durante los días posteriores. Dudaba en mi vigilia si estaban, o no, sonando golpecitos extraños en los cristales de mi ventana.

Aún conscientes de que aguantaremos las ganas de levantarnos a algún menester importante durante la noche, nos enganchamos al trama de una película de terror ó no perdemos ni una cita con programas que te adentran en la nave del misterio. Convencidos de que todo son fantasías irreales no podemos, sin embargo, dejar de mirar de reojo a la profunda oscuridad del espejo que tenemos en frente o echar un disimulado vistazo hacia la puerta entreabierta de nuestra habitación, cuando no encender con rapidez la luz de las escaleras antes de que la imaginación nos juegue una mala pasada. Una mayoría de personas pensamos que brujas, vampiros, duendes, entes del más allá, demonios, y fenómenos extraños en general son algo irreal pero, metidos en ambiente, dudamos si "haberlos haylos..."

Fue en una obra de teatro emitida por televisión donde se explicaba de manera muy gráfica el poder de la sugestión. Reflejaba  las consecuencias de las amenazas, a todas luces imposibles, de un marido a su mujer en el lecho de muerte. Le decía algo parecido a "si se te ocurre acostarte con otro cuando yo no esté, vendré a hacerte cosquillas en los pies". Nunca más pudo aquella señora disfrutar de ese barato placer terrenal. 

Casi siempre basta con plantarle cara a nuestros temores para que estos se desvanezcan. Durante la posguerra, una mujer recorría todos los días a media noche un solitario camino que separaba su humilde casa cdel lugar al que iba a trabajar. En una de esas caminatas observó algo blanquecino que saltaba la tapia del cementerio situado a su izquierda. "Si me adentro a ver qué es lo que se mueve, es posible que me muera de miedo, si no lo hago no me atreveré jamás a pasar por aquí", pensó la señora a quien aún esperaban sus hijos despiertos para comer algo de lo que había recaudado con el intercambio de mano de obra por alimentos. Cuando cruzó la puerta de hierro macizo del campo santo descubrió a una famila de gitanos ambulantes que estaban "tomando prestada" la hierba que crecía fresca en el lugar para dársela a sus animales. El objeto blanco no era más que una sábana para envolver el pasto.

Pero los verdaderos y más insuperables demonios suelen ser los que están dentro de nosotros mismos. En palabras de Jevel Kilcher  "las cosas a las que usted les tiene miedo son invencibles, no por su naturaleza, sino por la forma en que usted las ve". Y, entre" truco o trato", un truco: podrás descubrir a qué tiene miedo tu enemigo observando los métodos que usa para asustarte.

Fotos: Alfonsoroa y Teresa Royán Pereira 











miércoles, 2 de noviembre de 2011

A menudo los hijos...


"Nada puede impedir que sufran, que las agujas avancen en el reloj, que decidan por ellos, que se equivoquen, que crezcan, y que un día nos digan adiós..."


¡Qué difícil tarea la de ser padres...! Cuando se sopesa la idea de tener hijos cuesta imaginar la cantidad de consecuencias que acarrea el hecho de traer un nuevo ser al mundo. Únicamente uno alcanza a figurarse su olor a colonia infantil y a ropita lavada con detergente para prendas delicadas. También intuyes su piel suave, sus risas inocentes y los primeros balbuceos. "A menudo los hijos se nos parecen y, con ello, nos dan la primera satisfacción",  pero las inimaginables contrariedades llegan cuando detectamos que también cargan con algunos de nuestros defectos. Las congojas empiezan a aparecer cuando asimilamos que un hijo no es nuestra propiedad, ni está hecho a la medida de nuestros gustos e intereses.Tampoco existe un libro de instrucciones para hacer algo perfecto de ese ser único e irrepetible.

Con los primeros garabatos de sus trabajos en Preescolar comienza a mostrarse su personalidad. Y el ideal de esa  persona que nos gustaría esculpir comienza a limitarse cuando debemos hacerles entender que nada es fácil. Rápido llega el juego de las comparaciones, nuestros esfuerzos porque sepan, en tiempo record, de todo. Nos empeñamos en que sean los mejores deportistas, excelentes estudiantes e, incluso destacados músicos; sin descuidar que tengan buen carácter y correcta educación. Por supuesto, los más guapos.

Quien se empeñe en tener un hijo perfecto estará equivocándose de antemano. No el que se afane en que su hijo sea lo más feliz posible. Y darle las armas para que sea dichoso significa enseñarle a buscar la solución más práctica para sus problemas. Es fundamental darle argumentos para intentar aquello que lo haga sentirse bien como ser humano, sin ocultarle nunca que no todo en la vida es un camino de rosas. Tampoco es acertado entrar en comparaciones. ¿Saldríamos sanos y salvos nosotros en el juego de la equiparación?

Cuando tienes un hijo vuelves a ser niño en un mundo diferente al de tu infancia. Te reencarnas en una nueva adolescencia más o menos problemática e igual de atormentada con asuntos que, con el tiempo, se vuelven insignificantes. Y vislunmbras nuevamente la proximidad de la juventud con ilusión y temor al mismo tiempo. También se vuelven tuyos sus primeros amores, sus pequeños fracasos, sus amigos y sus proyectos. Te sientes responsable de sus desaires y te enamoras de sus sueños. Hasta es posible que te vuelvas todo un maestro en el nuevo Bachillerato y te sepas de memoria alguna canción de Melendi  (Huele a aire de primavera. Tengo alegría en el corazón. Voy cantando por la carretera. De copiloto llevo el sol...Voy caminando por la vida, sin pausa, pero sin prisas...).

Aunque, en la mayoría de los casos, el sentimiento de fracaso como padres suele correr proporcional a los primeros síntomas de acné -un buen día te despiertas con la sensación de que no conoces a tu hijo, que no das crédito a sus malos humores, a sus ingratitudes y a sus aires de superioridad- nunca debemos perder nuestra perspectiva de adultos.Nada es nuevo y para siempre. En el universo de cada ser humano todo se vuelve efímero y relativo. En el cómputo de los éxitos vitales no suele recordarse si han repetido algún curso o si no han superado las pruebas para un determinado equipo de fútbol. Tampoco, a largo plazo, tiene excesiva importancia si han ordenado su habitación o si han faltado algún día al colegio. Nuestra balanza nos juzgará por el peso de  los momentos felices, de amigos inolvidables, de abrazos y risas.

Porque también hemos sido niños y jóvenes -y porque a pesar del tiempo transcurrido no hemos cambiado tanto- sabemos que a esas edades la vida se nos presenta como algo infinito, pese a que rápico comienzan los desengaños y aparecen  contrariedades. En esta edad de piel aún sin curtir tuvimos tiempo a desvelar que no siempre podemos alcanzar la luna, a pesar de los empeños y, un poquito más adelante llega  la más profunda decepción: que nuestros padres -a quien adorábamos de niños- son unos simples mortales cargados de imperfecciones.

Miles de oportunidades,sin embargo, para ser mejor les esperan. Es el tiempo de tener sueños, de marcarse metas y de subir el listón. Yo no podría expresarlo mejor que Goytisolo: "...Te sentirás acorralado, te sentirás perdido o solo. Tal vez querrás no haber nacido...Tú no podrás volver atrás porque la vida te empuja como un aullido interminable...Yo sé muy bien que te dirán que la vida es un asunto desgraciado...Entonces acuérdate de lo que un día escribí pensando en ti como ahora pienso...La vida es bella, ya verás como a pesar de los pesares tendrás amigos, tendrás amor..." 


Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.
Hija mía es mejor vivir
con la alegría de los hombres
que llorar ante el muro ciego.
Te sentirás acorralada
te sentirás perdida o sola
tal vez querrás no haber nacido.
Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto
que es un asunto desgraciado.
Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.
La vida es bella, ya verás
como a pesar de los pesares
tendrás amigos, tendrás amor

    PALABRAS PARA JULIA
Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.
Hija mía es mejor vivir
con la alegría de los hombres
que llorar ante el muro ciego.
Te sentirás acorralada
te sentirás perdida o sola
tal vez querrás no haber nacido.
Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto
que es un asunto desgraciado.
Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.
La vida es bella, ya verás
como a pesar de los pesares
tendrás amigos, tendrás amor