Esas pequeñas cosas...

martes, 26 de junio de 2012

¿Nunca es triste la verdad?


 "Sin mentiras la humanidad moriría de desesperación y aburrimiento" Anatole France



"Nunca es triste la verdad. Lo que no tiene es remedio...", nos canta Serrat. Pero el concepto de certeza es tan amplio como complicada su esencia. La definición de verdad que más se aproxima a su significado es la que hace referencia al juicio que no se puede negar racionalmente. Si hace sol, hace sol.

El resto de las autenticidades suelen ser relativas y paradójicas.

Las verdades más elementales es posible que quepan bajo el ala de un colibrí, como apuntaba José Martí. La otra mayoría de las aseveraciones siempre tenderán al relativismo..De ahí la importancia de intentar buscar y comprender la veracidad de los hechos, aún cuando en ocasiones comprometan nuestra ideología. Al igual que Albert Camus, opino que siempre es más convincente quien busca la verdad que aquel que asegura haberla encontrado.Sin olvidar tampoco que "el que algo sea cierto no significa que sea convincente", en palabras de Truman Capote. En otras ocasiones, la verdad es demasiado sencilla para encontrar crédito. Hay, además,  un tipo de sujetos que están convencidos de que siempre dicen la verdad sólo quienes están de acuerdo con ellos.

En el terreno de las verdades del tú a tú,  todos somos más sinceros a solas. En cuanto aparece una segunda persona, suele hacer acto de presencia una pequeña o gran dosis de engaño. Normalmente "las verdades que más nos importan vienen siempre a medio decir", escribía Baltasar Gracián; porque lo más seguro es que el escritor pensara que  la sinceridad se calla donde comienza la dignidad.  Por eso Quevedo aconsejaba no mostrar la verdad desnuda, sino en camisa.

A propósito de esas realidades personales, en muchas ocasiones, vale más una mentira piadosa que una verdad mal intencionada,o una evidencia que podría dañar el ánimo más que una mentirijilla que incluso activaría el mecanismo de la autoestima (tal vez si no somos del todo sinceros con alguien que lleva una sufrida dieta,con deslucido éxito, y le decimos erróneamente que se le ve rejuvenecido, podríamos estar  incentivando su ego y aprete el acelerador del cuidado personal; por poner un ejemplo sencillo). Sólo nos engañan, no obstante, si nosotros queremos. Como bien dijo Chico Marx,en Sopa de Gansos: "¿A quien va usted a creer a mí o a sus propios ojos?".

Muchos pensamos que ser sinceros no es decir todo lo que se piensa, sino no decir lo contrario de lo que se piensa. Es indispensable tener una idea clara y fundamental de la honestidad. Tampoco es útil espetar todas las certezas; algunas de ellas jamás deben ser dichas.Quien se crea el representante de la exactitud en la tierra, no estará en lo cierto. Examinemos bien nuestras palabras y encontraremos que, aún no teniendo ningún motivo para ser falsos, es muy difícil decir la verdad exacta. Así lo pensaba George Eliot, en la misma opinión de Freud quien ratificó aquello de que "la verdad al ciento por ciento es tan rara como el alcohol al ciento por ciento".

Verdades y mentiras se juntan en un fina línea muy fácil de confundir. Santo Tomás de Aquino hizo una sabia división del tipo de embustes: las mentira útiles, las humorísticas y las maliciosas; siendo la calumnia la más grave de entre las de la tercera clasificación. Asimismo San Agustín habló de las mentiras en la enseñanza religiosa, las mentiras que hacen daño y no ayudan a nadie ,las que hacen daño y sí ayudan ,las que surgen por el mero placer de mentir,  y las dichas para complacer a los demás. Según el teólogo argelino, las mentirijillas no son pecado. Un consuelo.

Si no queda más remedio nada impide decir la verdad con humor. Sólo hace falta echarle un poco de ingenio. Y en estas tesituras también tienen su influencia los orígenes. Cuentan que, para llegar a la verdad, un alemán suma, el francés resta y el inglés cambia de tema....

"Siempre será el tiempo el mayor amigo de la verdad, el prejuicio su más encarnizado enemigo y su constante compañera la humildad". Hermosas palabras de Charles Colton.