Esas pequeñas cosas...

martes, 4 de noviembre de 2014

Luz

Tiene la voz dulce, la mirada viva y los modales suaves. Vende gorritos y chaquetas de lana en el pasillo de uno de tantos centros comerciales. El abanico de colores de sus prendas de lana atraen la atención de los que pasan por allí; más que los anuncios de ofertas bancarias y seguros diversos que anteriormente ocuparon el mismo sitio. La dueña de esa larga melena recogida en una coleta y un atuendo a medio camino entre la moda europea y sus ancestrales raíces se llama Luzlinda.. Todavía no ha cumplido los cuarenta y, aunque la piel es firme, su sereno semblante aparenta algunos más. Me pudo la curiosidad de preguntarle sobre su negocio. Suelen pasarnos tan desapercibidas esas pequeñas cosas que encierran tantos microuniversos que desconocemos. Las cuentas les salen a duras penas a fin de mes, entre rentas e impuestos varios. Un gorrito de lana que venden a diez euros  ocupa casi dos días de trabajo; una chaqueta alrededor de una semana. Aún hay quien regatea. La economía tampoco es boyante para muchos comprandores. Me contó resignada que la gente valora poco la artesanía y la pureza de sus tejidos. "En los paises nórdicos aprecian más nuestro trabajo. Les gustan mucho los colores vivos y las manualidades, y son más considerados con las rentas", afirmaba esperanzada en que las fechas que se avecinan -de frío y regalos- muevan sus ventas. En muchos lugares les ponen obstáculos porque ven en ellos una competencia peligrosa..¡Vaya forma de equivocarnos con el enemigo a perseguir!, pensé yo mientras miraba de reojo la portada de un periódico.. Desconocedora de las redes sociales y el mundo de las nuevas tecnologías en general, paras las que de igual modo tendría poco tiempo, se ve, no obstante, una mujer lista; con esa sabiduría que radica en la humildad para reconocer lo que no sabes y la disposición para aprenderlo. En los minutos que conversé con ella a la espera de cambio para el gorrito que le había comprado me comentó también que recorrió muchos lugares con su marido y sus dos hijas. De apariencia menuda tiene, sin embargo, genética fuerte. De Ecuador recibe noticias de una tía-abuela con 115 años. Otra mujer de su familia se había muerto, también centenaria, hacía poco. "Se fue con todas sus facultades, bien peinadita, y la sonrisa y los buenos consejos de siempre.  Simplemente nos dijo ya ha llegado mi hora", Todo eso y algún detalle más me contó Luz en el breve tiempo que esperaba por cambio para devolverme. Imaginé inmediatamente el realismo mágico de la La casa de los Espíritus, con tantas vidas eternas y superpuestas. Qué distinto ese mundo de trabajo y creatividad a otros de trajes grises, rostros herméticos y apariencias absurdas. La mañana era propicia hoy para adquirir un gorro de colores.