Esas pequeñas cosas...

martes, 8 de mayo de 2012

Ya lo pensaré mañana...



"Empieza ahora mismo por dejar ese último bocado en el plato, si es que te has planteado perder unos kilos..." .

"Hoy no quiero pensar...ya lo pensaré mañana..." decía Scarlata O´hara en la célebre película "Lo que el viento se llevó". El síndrome de postergar es un mal que no sólo atañe a la mujer que también juró por Dios no volver a pasar hambre. Y es que dejar para otro día lo que podemos hacer hoy, o como alguien dijo dándole una vuelta de tuerca: "dejar para mañana lo que ayer dejamos para hoy" es un hábito nada aconsejable en muchos de nosotros.

Como para casi todo, hay libros de autoayuda que nos indican los pasos a seguir para vencer esa pereza mental o física que nos impide avanzar en nuestros pequeños o grandes objetivos, aunque ninguno insignificante. El último libro que he ojeado -Coaching para el éxito, de Talance Miedaer- trata de esos diferentes aspectos del no dejes para mañana. En él se hace una serie de reflexiones sobre el porqué de aparcar nuestras tareas, con su correspondiente solución: Si no te gusta una labor, delégala. Si no sabes cómo resolver un trabajo, pide ayuda. Si pospones por falta de tiempo, organízate. Si no llevas a cabo un cometido por causa de un bloqueo y necesitas que te empujen, busca una motivación iterna. En el caso de que necesites tiempo para pensar, haz mientras tanto otra tarea que te permita reflexionar. Todo es mejorable con auténtica voluntad, la verdadera ejecutora de cualquier proyecto porque tanto si crees que puedes como que no puedes estás en lo cierto,transcribiendo a Henry Ford.

A su vez, cada apartado podría dividirse en micro casos con circustancias más concretas,ya que generalizar en exceso lleva a la confusión. De igual modo que si trataramos de incluirnos en algunos de los grupos que dividen a los seres humanos por su personalidad acabaríamos por encontrarnos en unos cuantos: los que lamen las tapas del yogur antes de echarlas a reciclar, los que se perfuman a husrtadillas en los grandes almacenes, los que lloran hasta en las películas de humor, los que se santiguan por si acaso, los que siempre hacen planes que no cumplen, los que compran helados en tardes lluviosas, los que se dan nuevas oportunidades para todo, los que sonríen aunque tuvieran más razones para llorar, los que creen que la bondad predomina en la tierra, o los que se comen hasta la espina de algunos pescados....  Y a continuación, los contrarios de cada caso .Imposible limitar los territorios personales.

Llegado el anochecer, ese momento del día que para algunos constituye el punto álgido de todos sus problemas, me encuentro en el estereotipo de quienes, ante una preocupación de cualquier índole,  sólo anhelan meterse en su camita, situarse en posición fetal y, a todo lo más, pensar que con la la luz de la mañana todo se verá de otro color. Soy también de los que evito hacer preguntas por miedo a una respuesta de antemano sabida; además de meterme en el cesto de deprimidos ocasionales, que pueden transformar en un reto imposible las tareas más cotidianas. A quienes nos paralizan determinados momentos materiales o sentimentales, nos gusta especialmente "pensárnoslo mañana". En estos casos siempre recuerdo las palabras de un profesor: "para subir una escalera sólo hay que comenzar por el primer peldaño".

Solución similar para cualquier tentación de dejadez sería la de comenzar por ejecutar las faenas que menos nos apetece para después disfrutar más de lo que hacemos con agrado o sin dificultad; incluso es posible que ,una vez decididos, encontremos que esa misión temida o aborrecida también tiene su parte grata.

Ya mentalizada de la necesidad de realizar los trabajos menos apetecibles, comenzaré con esos azulejos que necesitan algo de brillo; después me pondré con mi hijo mayor a revisar al amigo Descartes... -¡Buff ...que pereza! pensaba que esos entresijos filosóficos ya los había perdido de vista- . Por último, pero únicamente cuando haya hecho lo anterior, cogeré mi ordenador y me perderé por estos mundos virtuales... Hay que predicar con el ejemplo.


Imagen: Yoly Iglesias