martes, 3 de febrero de 2026
Ellas hablan solas
"Pues sí que está hoy el día para ropa de primavera”, digo en voz alta, mientras por doquier se anuncian prendas en marrón café, verde lima o rojo tomate y, en paralelo, las noticias hablan de borrascas. Kristin se llama la que se avecina cuando escribo estas líneas.
En tanto que ajusto el volumen de la radio, compruebo que no tengo ajo puerro para los garbanzos. “Los haré igualmente. Todo es prescindible”, trato de convencerme, sonriendo al darme cuenta de que cada vez tengo más diálogo en soledad. “¿Dónde había ese insulto no habría otra palabra más inteligente? ¡Qué mal asesorados andan!”, murmuro ante alguna salida de tono de quien nos representa en las altas instancias. “¡Planazo!”, exclamo también con frecuencia, emulando a Giró, al escuchar ciertos deseos que se acrecientan en las antípodas de los avances sociales.
Concluyo que esto de hablar sola debe de ser cosa del paso de los inviernos. Bien me lo decía mi madre: “Como te veo me vi, como me ves te verás”.
A poco que contrastemos, comprobamos que el fenómeno es generalizado. Algunas amigas comentan que también notan el aumento de sus soliloquios. “Debemos de ser superdotadas, porque he leído que hablar solo es síntoma de inteligencia”, asegura Fina. “Pues yo voy para cum laude”, replica Marta, que confiesa aprovechar esos desdobles de personalidad para mandar por donde empiezan los cestos a quienes no se atreve a decírselo cara a cara. “¡Y lo bien que me quedo después!”, afirma.
Antonio Machado decía que quien habla solo llegará un día a hablar con Dios. No sé a cuál se refería el autor de Campos de Castilla. “A uno de tantos, qué más da. Alguien con superpoderes tiene que haber para recompensarnos de tanta tragedia e injusticia”, me digo. A mí, lo que más me convence es la reencarnación: pensar que en otra vida fuiste alguien distinto o que tendrás la oportunidad de ser mejor. “Quién pudiera”, reflexiono al comprobar que tampoco tengo azafrán. Plan B: colorante.
Mención aparte merece lo de inventarse letras a melodías conocidas o cantar para un público inexistente. Basta con que suene aquello de “cinco mil años y aún estoy por tus huesos, abrazado a tus huesos…” para que una se venga arriba. ¿A que ya la estáis cantando? Normal: los amores eternos también hablan solos.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
