Esas pequeñas cosas...

sábado, 29 de octubre de 2011

El otoño que viene...


"No temas al otoño, si ha venido. Aunque caiga la flor, queda la rama. La rama queda para hacer el nido". Leopoldo Lugones


Hay personas que en otoño se deprimen especialmente. No es mi caso.    Encuentro una tibieza especial en ese tiempo de lunas distintas que se nos anuncia airoso..

Y, aunque no sé si los tonos cálidos de esta estación que empieza en el equinocio de su mismo nombre me gustaron antes o después que este ciclo del año, el caso es que siempre me decanto por los colores tierra otoñal.  
                                 
 En cuanto a aromaterapia, este tiempo también definido como próximo a la vejez nos anuncia, sobremanera a los que disfrutamos de una chimenea y cosecha asturiana al alcance de la mano, aromas a leña ardiendo en el hogar, a manzana madura, a hojas húmedas y a oricios en esplendor. Especialmente sugerentes son esos olores, casi palpables, a castaña asada y al ancestral ambiente del lagar. Sin olvidar los evocadores colores de las mermeladas hechas a fuego lento, que es la mejor forma de "cocerlo" todo.

Me gusta el otoño porque, si llega aliado con los cielos azules, aún se pueden disfrutar los días al aire libre.Los anocheceres, aunque algo más frescos, nos ofrecen el instintivo sonido de los animales en celo, el infalible reclamo de los nocturnos búhos y la despedida de grillos, sapos y cigarras que aprovechan las últimas reminiscencias del estío para entrar en el recogimiento de la época invernal.

Con la estación del segundo heno llegan también a mi aldea las nueces y las avellanas, íntimante relacionadas con la imagen de las ardillas (el esquilu en nuestro lenjuaje autóctono), recopilando frutos secos para guardarlos con destreza en sus entraables casitas de puerta redonda. .Rico en matices nuestro paisaje norteño, aún cuando nos desnuda su alma.

Apetece ya por estas fechas ir preparando botas, chaquetas de invierno, bufandas y todos esos atuendos con las que encaramos el frío. Reconforta como nada un paseo por cualquier senda de nuestro entorno, aunque haya que aumentar las prendas de abrigo. Allí por donde pasa el Río Alba siempre me esperan "les madreñes". Ese calzado de madera que aisla del frío,del agua y de la suciedad como ninguno, aunque ya comience a ser parte de las reservas protegidas de la Bioesfera.

Y qué decir del aire cálido que, en mi tierra, llamamos "de les castañes". Nostálgicos recuerdos se me presentan cuando el  viento sopla fuerte coqueteando con las hojas y haciendo más fácil la caída de cuantos frutos pueblan nuestra generosa naturaleza.

El otro otoño, el de los sueños rotos y las ilusiones desvanecidas, también llega de cuando en cuando. Es saludable sumergirse en él para coger nuevo impulso. Cuando tocamos fondo, siempre es posible salir de ese pozo que desgarra nuestra alegría y convierte en hojas secas muchas esperanzas.

Para los pesimistas, que ven en esta época  alejarse los días largos, el calor del sol y el dulce sopor veraniego, siempre quedará la promesa de que esas golondrinas volverán, una vez más, en primavera.


Foto:  Otoño visto desde el Xerrón de Cuitu (Ruta del Alba)de Diana Márquez Alonso.

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