miércoles, 16 de diciembre de 2015

Querido Antón

"El vieyu ye Melchor, el prietu Baltasar  y el del camellu coxu que va en medio ye Gaspar..." (Villancico de Asturias)

Querido Antón: Aunque sé que ya no crees en los Reyes magos -de hecho estoy seguro de que hace unos años que estiras la inocencia, unas veces por interés y otras porque cuesta renunciar a que existe lo mágico- te escribo esta carta por aquello de que tu mamá trata de argumentarte, no siempre con el mismo poder de convicción: "existe aquello en lo que uno verdaderamente cree". Así que hazte a la idea -y seguro que no te costará mucho- de que un año más preparamos nuestro viaje para cumplir con el pedido que nos estáis enviando los más pequeños de ese Paraíso Natural, como también llaman al lugar donde vivís.

Esperamos llegar la noche prometida, a pesar de que habremos de cruzar tierras movedizas desde nuestra Persia- ya sabéis Irán, Irak, Egipo...- donde hay niños que empuñan de verdad esas pistolas de juguete que tanto os gustan a los chicos, aún cuando la mayoría de vuestros papás os educan en el pacifismo más absoluto. Asimismo podría contarte que por algún punto de nuestras geografías cercanas a las mamás no les está permitido coger su coche solas ni para desplazarse a enviar la carta al correo ordinario. No hace tanto, aunque tú no habías nacido, que en vuestro país ocurrían cosas similares.


No habéis cambiado en algunas cosas, si he de fijarme en los catálogos que recibo vía superficies comerciales y grandes jugueterías. Aún cuando mi vista es ya milenaria, apenas sin mojar un dedo para pasar página -una mala costumbre que en ocasiones transgredo- los colores me llevan veloces a los apartados correspondientes: aspiradoras, cocinillas, sillas para bebés, bicicletas Hola Gatita y demás en llamativo rosa. Más adelante toda una saga de juguetes masculinos: camión del hombre araña. mega láser, auto strike, huevos metedor, megazord samurai, en azul marino, celeste o rojos intensos; de nombres imposible que hay que anotar irremediablemente . Así, año tras año, y caiga quien caiga en el Gobierno de turno o en las altas instituciones mundiales.Ya no digo nada de las distinciones de gustos si nos metemos en el terreno de los videojuegos, de hazañas bélicas en su mayoría; universo masculino por excelencia. Hasta en el apartado de lo educativo y lo práctico se acentúan las diferencias con las carátulas de destroyers y Violetas. Por supuesto, con las excepciones que confirman toda regla.


En lo que habéis avanzado para bien es en aceptar sin prejuicios otras razas -en vuestros mundos de fantasías infantiles ya hay muñecas y muñecos de todos los colores; hasta de otros planetas y dimensiones- lo que me lleva a reafirmarme en que tus amigas ya no quieren ser las dulces y sumisas princesas ni vosotros el príncipe al uso. Y hasta es de cierta lógica -el ser humano es más influenciable de lo que parece- que estos últimos años Nelson Mandela y Obama hayan tenido mucho que ver en las preferencias raciales Y ya no digo nada lo que han hecho en favor de nuestra piel algunos deportistas,cantantes y actores famosísimos. A pesar de vuestra corta edad, ya habéis tenido tiempo a comprender que lo de menos es el lugar de procedencia o el color de la piel. De lo contrario, ¿cómo ibas a encargarle tus mayores deseos a un grupo de Reyes, entre los que destaca el negro -tu preferido, lo sé- ni dirigir la dirección de la carta a un país con una cultura tan diferente?. En eso lo niños sois bastante más listos que los adultos. Lástima que esa clarividencia para lo esencial se vaya perdiendo con el tiempo.

Por otra parte, y tal como está la actualidad, los más ingeniosos sacan chistes hasta del mismísimo infierno y se pregunta cómo van a dejar en la negra noche a tres magos en camello, procedentes de Oriente y con cientos de paquetes sospechosos. ¡Los cojones!, concluye el chiste, y disculpa por el taco; aunque yo sé que no te pillará de sorpresa ni te será de malas influencias si nos atenemos a lo espabilados que nos estáis saliendo ahora los niños y niñas. Y,desde mi modestia opinión, cosas y casos peores habéis tenido ya tiempo de ver y aprender,  que no se le pueden poner puertas al campo y,de igual modo que tenéis más acceso a muchas cosas buenas, no podemos impedir que lo malo también se os cuele por cualquier rendija.

Pero,a fin de cuentas, crédulos o incrédulos, todo el mundo espera por ese regalito especial. Algunos obsequios apenas serán desenvueltos porque lo mejor de un regalo, fundamentalmente para quienes tenéis muchas cosas, suele ser su antesala: la espera, el enigma y el envoltorio. Ganancia para los herederos de esos vuestros objetos que se reciclan para los niños que tienen menos y se conforman con lo de segunda mano. Ya ves, hasta los Reyes Magos nos hacemos irremediablemente clasistas si queremos agradar a todos: Juguetes de primera para los más pudientes y juguetes estrenados para quienes deben priorizar en otras cosas de más necesidad. También hay papás que nos están comunicando que se quedarán sin su regalo con tal de que a vosotros no os falle el vuestro. Esto me lleva a recordar a unos niños de la Posguerra de vuestro país que se asombraban de que sus padres nunca tuviesen hambre y les cediesen a ellos su torta de maíz en la cena...


Llego a la conclusión de que hay algo genético en los gustos por sexos, máxime cuando nuestro duende escucha a lo largo del año a través de las paredes de vuestras confortables casas -no malgastéis, no obstante, mucha luz ni mucho agua, que la naturaleza se desangra y los sueldos de vuestros progenitores tampoco aumentan en la medida que las tarifas de estos lujos cotidianos- expresiones de vuestra boca de niños recién estrenado el uso de razón: "los hombres no lloran, riegan". Aprovecho para decirte, mi querido Antón, que los hombre también lloran, y mucho. La rabia y la impotencia por injusticias más o menos cercanas y otros asuntos imposibles de solucionar, les sacan en ocasiones lágrimas más negras que el carbón de esos mineros de tu tierra que saben mucho de luchas.De hombre a a hombre -aunque sea mago a veces me quito el traje- también te diré que las chicas tal vez lloren más veces y con menos disimulo, pero el dolor es al mismo para todos y todas, que dirían esas mujeres de ahora que se pelean por las palabras, probablemente porque la batalla por sus objetivos comienza en las cosas más pequeñas.

Hablando de injusticias, no tengas en cuenta si no te llevamos ese juego que te pides para mayores de 18 -sabemos que has borrado lo de dieciocho, pero como ya te comenté apenas empecé con la presbicia- aunque a tu vecino del pueblo con dos años menos se le aparezca el juego de matar zombis a cañonazos en su zapatilla. Son tratos de opinión ente nosotros y los papás, y hemos de ceder para que algunos sigan poniéndonos hierba para nuestros camellos, muy a nuestro pesar. Cosas de adultos son también los problemas de aduanas para cruzar ciertos animales "exóticos" que incluis en vuestras listas.

Te mando un regalo anticipado en forma de consejo: que disfrutes de tu niñez, en la que si se tiene el cariño  de quienes os rodean, lo de menos es el juguete; ya sabes cuanto os divertís en esa preciosa aldea rodeada de montañas donde vas con frecuencia, con tan sólo jhacer castillos en la arena quesobró de una obra en vuestra quintana: una sana libertad que solo tienen los niños que disfrutan de lugares como el vuestro; donde también tenéis el privilegio de escuchar las casi mágicas historias de las personas más mayores sobre cómo se alegraban cuando les llevábamos una bolsita con "ablanes turraes" o una caja de lápices de colores . 

Y este año, ya ves,  creerás muy especialmente en esa estrella que brillará más clara que nunca sobre vuestra casa. O eso es lo te dice tu madre, que todos sabemos lo que le gusta imaginarse cuentos que acaben bien...

Con todo mi afecto, el "prietu" que siempre te habla al oído la noche de Reyes: Baltasar.

PD: El receptor de la carta dice que casi está por volver a creer...

lunes, 14 de diciembre de 2015

El escorpión, la rana y el castor

Una persona estúpida es aquella que cuando comete una acción "jode" a los otros, pero también a sí misma. Las personas inteligentes son las que cuando cometen una acción benefician a los demás y a ellos mismos. ¿Qué somos?. O... ¿Tal vez seamos de todo un poco dependiendo de las circunstancias?. Enfín, para bien de la mayoría, mejor que predomine lo segundo.

Érase una vez un escorpión que quería cruzar un río, pero no sabía nadar. En su misma orilla divisó a una rana -su presa favorita-, aunque en esta ocasión pensó en la víctima como una medio para su fin.

-Señora Rana: ¿Sería tan amable de llevarme en su lomo para cruzar el río?, preguntó el alacrán con voz seductora.

El batracio, que no era ajeno a la nociva personalidad del escorpión, aunque incapaz de negar un favor, le respondió dubitativo:

- Te cruzaría con mucho gusto, pero temo a que me claves el aguijón.

- ¡Oh!, nada de eso.¿Cómo voy a hacer algún mal a quien me ayuda tan desinteresadamente?, le argumentó convincente el escorpión.

-Está bien, súbete a mis espaldas y así no te ahogarás, le contestó la confiada rana.

Cuando iban por lo más profundo de las aguas, el escorpión,  incapaz de renunciar a su personalidad,  le clavó el pincho, y ambos murieron ahogados.

Mientras contemplaba la escena, una castor, que previamente había declinado la petición del arácnido, tallaba una cartel en la madera de un tronco en el que iba leyéndose: "Cuidado con el escorpión que siempre traiciona".

Moraleja: Entre la estupidez de la rana y la maldad del escorpión, que mata para que otro no viva, siempre está el término medio de la inteligencia del castor... Pero, si llegados al final del cuento, os habéis  identificado con alguna de las partes negativas no desistáis en superarlas; a ser empático en la justa medida  también se puede aprender. Sin olvidar que hay ciertas personas con tal grado de vileza que lo único que podemos hacer ante ellas es alejarnos.

Esta es una adaptación  de esos pequeños cuentos que uno conoce cuando se topa con personas que siempre
aportan algo positivo en la vida de los demás... En este caso, la conferencia de Jordi Grané en las Escuelas Dorado de Sama de Langreo, en el 1V Encuentro de las asocianiones y el voluntariado "de la mar a la montaña". con motivo del Día de los Derecho Humanos, y su charla sobre la felicidad, la estupidez y las acciones positivas, nos ha cundido mucho  ¡No seamos estúpidos!


viernes, 27 de noviembre de 2015

El niño de Rajoy

.El Presidente del Gobierno le dio una colleja a su hijo menor por criticar en directo, en la COPE, los comentarios del videojuego FIFA EA, a los que pone voz Manolo Lama, conductor del programa en el que Rajoy se estrenaba como periodista deportivo con la retransmisión en directo del partido entre el Real Madrid el  Sakhtar Donetsk. Cuando el niño de diez años fue interrogado en Tiempo de Juego sobre qué opinión tenía sobre los comentarios de Lama en el citado espacio, contestó sin dudar: "Me parecen bastante mejorables, por no decir que son una basura". Rajoy, ante la respuesta de su hijo, no solo se queda con cara de "tierraq trágame", sino que le da una  colleja.

 Por hacer de abogada del diablo, y sin que sirva de precedente, la reacción del hijo del Presidente del Gobierno español  me ha hecho sentirme puntualmente empática con la cara de póquer que se le quedó Don Mariano, que no es otra que la de cualquier padre cuando  un hijo preadolescente le deja en evidencia.

 Llamadme ingenua, pero hice el ejercicio de ponerme en la piel del líder del PP, que me pareció más terrenal  que nunca. Porque, vamos a ver, quién en un momento dado no sintió ganas de fulminar con la mirada, por no decir darle un coscorrón a alguno de sus retoños, cuando les sale la vena chulita y te desmienten sin reparo alguno, te sacan al relucir alguno de los secretos de familia, si no te acrecientan alguno de esos defectos que tratas de disimular contra viento y marea. Una amiga madrileña pasó uno de los mayores bochornos de su vida cuando su hija, de unos seis años, le dijo a la chica que la cuidaba: "mi madre dice que eres una guarra". Lo cierto era que la cuidadora no se lavaba mucho, la pequeña escuchó cómo la madre hacía ese comentario a su marido, y al día siguiente, ella misma se encargó de decirlo con esa sinceridad innata que se va diluyendo con el tiempo por aquello de que vas aprendiendo que decir todo lo que se piensa no siempre es la mejor opción..

 Por otro lado, que tire la primera piedra quien  no ha deseado haber dejado en casa a alguno de su prole en el momento que se le ocurre tratarte con ese aire de superioridad que hace pensar a tus conocidos que ese púber anda por el mundo perdonándote la vida un día sí y otro también. Para colmo, si le echas la bronca en el momento, quedas aún peor y le das  más bombo al tema que, con un poco de suerte, quizás pasó inadvertido por tus interlocutores. Lo de pasar desapercibido no fue el caso de nuestro Presidente que ya ha sido visto, escuchado, retuiteado y compartido por millones de personas. El ingenio español, como era de suponer, no se ha hecho esperar y ya se ha cambiado la versión del niño:  "El hijo de Mariano Rajoy se ha confesado en la radio ser independentista... ¡Menudo disgusto! El presidente responde con una colleja pero su hijo sigue: "papá me da la paga en B", es una de los tuits más comentados al respecto. Por otra parte, hay quien propone que las hijas de Zapatero -¡lo que dio para hablar el estilismo gótico de las adolescentes en la Casa Blanca-, el pequeo Nicolás, y Juan Rajoy, formen un partido político conjunto.

No creo que le hayan quedado muchas ganas al político de acudir a las ondas radiofónicas con su pequeño, aunque podría conocer a su niño y prever las respuesta y sus consecuencias, principalmente entrando en esa edad en la  que no non verdaderamente conscientes del bochorno que pueden pasar los progenitores con alguna de sus salidas, En esos casos, la posibilidad de hacer una gracieta es lo que prevalece. También cabe la posibilidad de que el gesto sincero del niño haya acarreado algún voto a los populares, que una colleja a un hijo da para muchas opiniones a favor y en contra. Los malpensantes opinan que lo de exponer el niño públicamente en la radio fue puro marketing electoral. En todo caso,, es posible que alguien de su confianza le haya tarareado al Señor Mariano Rajoy  la famosa letra de una canción de Serrat: "A menudo los hijos se nos parecen..."

lunes, 16 de noviembre de 2015

Nosotros los Pereira

"Este es el cuento que ha escrito una estudiante de periodismo sobre parte de mi vida y la de mi familia", me dice Clara con el ejemplar en la mano. Convenimos en que ahora yo haría un relato de ese cuento; algo así como un refrito con las cosas que le ha contado a una desconocida y las historias que servidora sabe de la protagonista de Sueños de Trapo y su saga, los Pereira Prado. Son los mismos que se han criado en una gran casa de piedra que puede divisarse desde casi todos los puntos de nuestra aldea; un hogar que huele siempre a leña de chimenea, a flores frescas, a piedras con solera. En definitiva, uno de esos refugios con alma propia.

Doce hijos que tuvieron Agustina y Serafín han dado para que las ramas de ese árbol se hayan extendido  y multiplicado en numerosas historias que ahora continúan  fraguando nietos y bisnietos. Todos ellos cosmopolitas ya, que acuden de temporada en temporada a beber en las raíces que el sólido caserón sigue manteniendo inamovibles.

Todo empezó cuando la matriarca del clan se empeñó en enseñar las letras a un minero portugués, que apenas había tenido tiempo de ir a las escuela, como una gran mayoría de los niños de finales del siglo XIX. Así fueron naciendo hijos e hijas que se criaron en un ambiente  religioso y progresista al mismo tiempo; pues avanzado era, por ejemplo,  que su padre fuera el primero en la aldea en sembrar los cereales a cordel, para asombro de muchos de sus vecinos. Con ese método ahorraba tener que arrancar los excesos del cultivo Más progresista todavía puede considerarse la carta que dejó firmada de su puño y letra, cuando vio que se moría, su suegro Agustín. La esposa de éste, Rosaura, estaba embarazada del último hijo y, conocedor del poco poder que tenían las mujeres por entonces, la declaró dueña absoluta de sus propiedades, atestiguando también en el escrito -que todavía se guarda en El Infiestu- que nadie pusiera en duda que el hijo que esperaba su mujer era suyo, para ahorrar habladurías y sospechas entre los mal intencionados.

La parte religiosa les venía a los habitantes de la casa con fachada de película por la línea de los Prado. No en vano tuvieron un tío ilustre  -el Padre Juan Prado -, que se trató de tu a tú con el mismísimo Papa Juan XXIII y que fue uno de los teólogos más destacados de su tiempo, asimismo fundador de la actual biblioteca de Soto de Agues, que lleva su nombre.

Pero la mentalidad conservadora de la familia nunca fue obstáculo para que en El Infiestu siempre hubiese un ambiente de comprensión para cualquier vecino que lo necesitase; un gen de la buena gente que continúa a través de sus herederos. Como testigo de esa solidaridad, las cartas que el hermano Religioso escribía desde su convento de Valladolid, en un escenario austero que poco tenía en común con el paisaje que había dejado atrás siendo apenas un niño; unos auténticos tesoros literarios en los que,entre otras palabras, pueden leerse las recomendaciones a su madre y hermana, acerca de la actitud de neutralidad y afecto con todos los vecinos que debían de mantener en aquellos años en los que los vencedores de posguerra se ensañaban con los perdedores.

El episodio más triste de las epístolas de Juan Prado se centra en la muerte de su padre, que ya había regresado enfermo del viaje en que acompañó a su hijo a estudiar a Castilla, y cuya primera carta no llegó a a leer el progenitor. Entrañables también las recomendaciones a su Rosaura -viuda desde muy joven- para que se casara de nuevo -que pretendientes no le faltaban-, haciéndole hincapié que cualquier hombre que ella eligiese sería respetado por él. Sin embargo, la madre de Juan continuó con su  viudedad y la única compañía de sus hijos y nietos, que la cuidaron como a una reina hasta el final de su larga vida. Como curiosidad os cuento que el Redentorista se duchaba todas las madrugadas en agua fría, y eso marca carácter y templa voluntades.

Cuando las chicas empezaron a descubrir la comodidad de los pantalones, las nietas de Rosaura Prado se vestían a escondidas con aquella prenda revolucionaria para las féminas, muy a disgusto de su abuela, todavía mujer de rosario y mantilla en las fiestas de guardar. Por otro lado, en Cuaresma, hacían escapadas al baile, aún en contra de las prohibiciones católicas tan arraigadas en el clan, por aquello de la rebeldía adolescente, y de las ideas que iban cambiando con los tiempos.  

Clara, la quinta después de una chica -Rosa María, que también fue madre de hermanos, hijos y algunos allegados-  y tres chicos -Florentino, Agustín y Carlos-, nació cuando las canciones de Concha Piqué salían por el único gramófono que había en el pueblo; mientras sus gentes tarareaban Tatuaje, a la par que tendían en los corredores, escogían el maíz por los minifundios de la Asturias rural o cuidaban el ganado Para paliar el hambre de sus hijos -después llegarían Clara, Serafín, Emilia, Ignacio, Pablo, Beatriz, Paloma y Juanchu-, el patriarca les aprendió, entre otras cosas, a recolectar setas; un lujo ahora, y que por aquellos años era alimento casi prohibido para los lugareños, que miraban con asombro cómo el portugués era todo un avanzado en ciertas costumbres culinarias.

Como en todas las casas hubo enfermedades, tragedias -algunas de ellas muy recientes-, y un deseo común de una vida mejor porque, por muy feliz que haya sido el ambiente familiar, la escasez y la falta de comodidades era la nota común en las familias de tantos miembros y en circunstancias históricas nada fáciles. De ahí que, unos tras otros, y  los unos con la ayuda de los otros, fueron emigrando España adentro, y más lejos aún el más pequeño,que desgraciadamente ya se ha ido para siempre.Siempre contaron con la importante ayuda del "tío Juan", que amaba profundamente a su madre y hermana, de las que nunca se desvinculó, y cuyo afecto siguió proyectando en sus sobrinos mientras vivió. Un mención especial en este párrafo para uno de sus sobrinos, el Padre Carlos, que salió Redentorista, gran artista y autor de la preciosa cruz que preside el altar de la iglesia de San Andrés, y que recuerda siempre que tiene ocasión a su otro hermano Religioso, Florentino, muerto también trágicamente cuando era muy joven. Desde la atalaya de los cuatro años, yo recuerdo al Padre Juan como al hombre de sotana negra y pobladas cejas arqueadas, que visitaba a mi abuelo materno las temporadas que regresaba al Infiestu.

 Casualidades del azar, en el corazón de las paredes que vieron nacer a los hijos de Agustina y Serafín, años después el gran Campanela rodaría alguna escena de "Vientos de Agua", una película basada en las vivencias de otra familia, los Olaya (protagonizada por Héctor y Ernesto Alterio y Eduardo Blanco), emigrantes que hicieron un viaje de ida y vuelta, obligados por las circunstancias políticas y económicas de la Asturias de hace más de setenta años.

Clara cumplió su primer sueño cuando, siendo niña, los Reyes Magos, le trajeron una muñeca de trapo; después de desearlo mucho. Pero también llevó siendo niña la primera frustración: sus hermanos mayores rasgaron el vientre de la muñeca para comprobar qué tenía dentro; travesura que aún pervive en los niños de hoy por aquello de la curiosidad. Desde entonces,  la segunda chica de los Pereira comenzó a comprender que la vida te da una de cal y otra de arena, y que frustrarse no la llevaría nunca a conseguir aquellos lujos que anhelaba de otras familias más pudientes para las que, sin embargo, el destino también tenía sus jugarretas.

La muerte del patriarca por la silicosis, la enfermedad de los mineros,  fue otra de las grandes penas que fueron acaeciendo en la familia del  caserón de piedra, junto con la alegría de ver crecer guapos e inteligentes a sus hermanos y hermanas, cada uno de los cuáles comenzaba a volar con sus propias alas, y en ese vuelo también estuvo Clara, que fundó en Madrid otro hogar igual de acogedor que la casa de la aldea, con su correspondiente marido, sus tres hijos y demás.

Muchas décadas después Clara nos visita a menudo conduciendo su propio coche, y con una vitalidad propia de las mujeres que se forjaron a medio camino entre unas raíces entrañables pero de escasez  y las posibilidades que da vivir en un mundo totalmente distinto al que un día dejó atrás; fue ese nuevo universo el que le brindó la posibilidad de poder comprarles buenos juguetes a sus nietos y una parcela cercana al huerto que en su día su padre no pudo comprar.

Internet también ha llegado a la casa de El Infiestu, y gracias a la Red de Redes, el mundo puede conocer algo más de la historia de una gran familia, cuya chimenea, al este de la aldea,  todavía alegra  los días de invierno y verano en esa ladera de la montaña,  justo bajo el Xerru que de niños, los Pereira, estaban seguros que habitaba la famosa Xana, para hacer magia en sus vidas, recordándonos bajo las enredaderas amarradas a sus aleros centenarios que siempre quedarán vidas para contarlas y cuentos para revivirlas..





Nosotros los Pereira

Clara me ha traído un ejemplar de un cuento que  sobre su vida y la de su familia ha escrito una estudiante de periodismo. Convenimos en que ahora yo haría un cuento de ese cuento; algo así como un refrito con las cosas que le ha contado a una desconocida y las historias que servidora sabe de la protagonista de Sueños de Trapo y su familia, los Pereira Prado.

Son los mismos que se han criado en una gran casa de piedra que pueden divisarse desde casi todos los puntos de nuestra aldea; uno de esos hogares que huelen a leña de hogar, a flores frescas, a piedras con soleras; uno esos refugios con alma de los que os hablo tantas veces.

Doce hijos que tuvieron Agustina y Serafín han dado para que las ramas de ese árbol se hayan extendido  y multiplicado en numerosas historias que ahora continúan  fraguando nietos y bisnietos; todos ellos cosmopolitas ya, que acuden de temporada en temporada a beber en las raíces que el caserón de El Infiestu sigue manteniendo intactas. 

Todo empezó cuando la matriarca del clan comenzó a enseñar las letras a un minero portugués, que apenas había tenido tiempo de ir a las escuela, como una gran mayoría de los niños de finales del siglo XIX. Así fueron naciendo hijos e hijas que se criaron en un ambiente  religioso, no en vano tuvieron un tío ilustre  -el Padre Juan Padro- que se trató de tu a tú con el mismísimo Papa Jan XXIII y que fue uno de los teólogos más destacados de su tiempo, asimismo fundador de la actual biblioteca de Soto de Agues que lleva su nombre Pero la mentalidad conservadora de la familia nunca fue obstáculo para que en El Infiestu siempre hubiese un ambiente de solidaridad y comprensión para cualquier vecino que lo necesitase; un gen de la buena gente que continúa a través de sus herederos.

Cuando las chicas comenzaron a ponerse pantalones, las nietas de Rosaura Prado -madre de Agustina- se vestían a escondidas aquella prenda revolucionaria para las féminas, muy a disgusto de su abuela, todavía mujer de rosario y mantilla en las fiestas de guardar. Por otro lado, en Cuaresma, hacían escapadas al baile, aún en contra de las prohibiciones católicas tan arraigadas en el clan, por aquello de la rebeldía adolescente, y de las ideas que iban cambiando con los tiempos.  

Clara, la quinta después de una chica -Rosa María, que también fue madre de hermanos, hijos y algunos allegados-  y tres chicos, nació cuando las canciones de Concha Piqué salían por el único gramófono que había en el pueblo; mientras sus gentes tarareaban Tatuaje, a la par que tendían en los corredores, escogían el maíz por los minifundios de la Asturias rural o cuidaban el ganado. No era impedimento para los instantes alegres la hambruna de la posguerra,que  hacía estragos en la década de los 40, en un país dividido y atemorizado. Para paliar el hambre de sus hijos, Serafín les aprendió,entre otras cosas, a recolectar setas; un lujo ahora, y que por aquellos años era alimento casi prohibido para los lugareños, que miraban con asombro cómo el portugués era todo un avanzado en ciertas costumbres culinarias.

Como en todas las casas hubo enfermedades, tragedias -algunas de ellas muy recientes-, y un deseo común de una vida mejor porque, por muy feliz que haya sido el ambiente familiar, la escasez y la falta de comodidades era la nota común en las familias de tantos miembros. De ahí que, unos tras otros, y unos con la ayuda de los otros fueron emigrando España adentro, con la inmensa ayuda del "tío Juan", que amaba profundamente a su madre y hermana, de las que nunca se desvinculó, y cuyo cario siguió proyectando en su sobrinos mientras vivió.Yo lo recuerdo como el hombre de la sotana negra y unas grandes cejas arqueadas que visitaba a mi abuelo materno cuando regresaba al lugar donde nació, y del que partió la mayor parte de la familia Pereira para cumplir sus sueños.  Casualidades del azar, en el corazón de las paredes que vieron nacer a los hijos de Agustina y Serafín, años después el gran Campanela rodaría alguna escena de "Vientos de Agua", una película basada en las vivencias de otra familia, los Olaya (protagonizada por Héctor y Ernesto Alterio y Eduardo Blanco), emigrantes que hicieron un viaje de ida y vuelta, obligados por las circunstancias políticas y económicas de la Asturias de hace más de setenta años.

Clara cumplió su primer sueño cuando, siendo niña, los Reyes Magos, le trajeron una muñeca de trapo; después de desearlo mucho. Pero también llevó siendo niña la primera frustración: sus hermanos mayores rasgaron el vientre de la muñeca para comprobar que tenía dentro; travesura que aún pervive en los niños de hoy por aquello de la curiosidad. Desde entonces,  la segunda chica de los Pereira comenzó a comprender que la vida te da una de cal y otra de arena, y que frustrarse no la llevaría nunca a conseguir aquellos lujos que anhelaba de otras familias más pudientes para las que, sin embargo, el destino también tenía sus jugarretas.

La muerte del patriarca por la silicosis, la enfermedad de los mineros,  fue otra de las grandes penas que fueron acaeciendo en la familia del  caserón de piedra, junto con la alegría de ver crecer bellos e inteligentes a sus hermanos y hermanas, cada uno de los cuáles comenzaba a volar con sus propias alas, y en ese vuelo también estuvo Clara, que fundó en Madrid otro hogar igual de acogedor que la casa de la aldea, con su correspondiente marido, sus tres hijos y demás.

Muchas décadas después Clara nos visita a menudo conduciendo su propio coche, y con una vitalidad propia de las mujeres que se forjaron a medio camino entre unas raíces entrañables pero de escasez  y las posibilidades que da vivir en un mundo totalmente distinto al que un día dejó atrás; fue ese nuevo universo el que le brindó la posibilidad de poder comprarles buenos juguetes a sus nietos y una parcela cercana al huerto que en su día su padre no pudo comprar.

Internet también ha llegado a la casa de El Infiestu, y gracias a la Red de Redes, el mundo puede conocer algo más de la historia de una gran familia, cuya chimenea, al este de la aldea,  todavía alegra  los días de invierno y verano en esa ladera de la montaña,, recordándonos que siempre quedarán vidas de cuento y cuentos para la vida.





Nosotros los Pereira

Clara me ha traído un ejemplar de un cuento que  sobre su vida y la de su familia ha escrito una estudiante de periodismo. Convenimos en que ahora yo haría un cuento de ese cuento; algo así como un refrito con las cosas que le ha contado a una desconocida y las historias que servidora sabe de la protagonista de Sueños de Trapo y su familia, los Pereira Prado.

Son los mismos que se han criado en una gran casa de piedra que pueden divisarse desde casi todos los puntos de nuestra aldea; uno de esos hogares que huelen a leña de hogar, a flores frescas, a piedras con soleras; uno esos refugios con alma de los que os hablo tantas veces.

Doce hijos que tuvieron Agustina y Serafín han dado para que las ramas de ese árbol se hayan extendido  y multiplicado en numerosas historias que ahora continúan  fraguando nietos y bisnietos; todos ellos cosmopolitas ya, que acuden de temporada en temporada a beber en las raíces que el caserón de El Infiestu sigue manteniendo intactas. 

Todo empezó cuando la matriarca del clan comenzó a enseñar las letras a un minero portugués, que apenas había tenido tiempo de ir a las escuela, como una gran mayoría de los niños de finales del siglo XIX. Así fueron naciendo hijos e hijas que se criaron en un ambiente  religioso, no en vano tuvieron un tío ilustre  -el Padre Juan Padro- que se trató de tu a tú con el mismísimo Papa Jan XXIII y que fue uno de los teólogos más destacados de su tiempo, asimismo fundador de la actual biblioteca de Soto de Agues que lleva su nombre Pero la mentalidad conservadora de la familia nunca fue obstáculo para que en El Infiestu siempre hubiese un ambiente de solidaridad y comprensión para cualquier vecino que lo necesitase; un gen de la buena gente que continúa a través de sus herederos.

Cuando las chicas comenzaron a ponerse pantalones, las nietas de Rosaura Prado -madre de Agustina- se vestían a escondidas aquella prenda revolucionaria para las féminas, muy a disgusto de su abuela, todavía mujer de rosario y mantilla en las fiestas de guardar. Por otro lado, en Cuaresma, hacían escapadas al baile, aún en contra de las prohibiciones católicas tan arraigadas en el clan, por aquello de la rebeldía adolescente, y de las ideas que iban cambiando con los tiempos.  

Clara, la quinta después de una chica -Rosa María, que también fue madre de hermanos, hijos y algunos allegados-  y tres chicos, nació cuando las canciones de Concha Piqué salían por el único gramófono que había en el pueblo; mientras sus gentes tarareaban Tatuaje, a la par que tendían en los corredores, escogían el maíz por los minifundios de la Asturias rural o cuidaban el ganado. No era impedimento para los instantes alegres la hambruna de la posguerra,que  hacía estragos en la década de los 40, en un país dividido y atemorizado. Para paliar el hambre de sus hijos, Serafín les aprendió,entre otras cosas, a recolectar setas; un lujo ahora, y que por aquellos años era alimento casi prohibido para los lugareños, que miraban con asombro cómo el portugués era todo un avanzado en ciertas costumbres culinarias.

Como en todas las casas hubo enfermedades, tragedias -algunas de ellas muy recientes-, y un deseo común de una vida mejor porque, por muy feliz que haya sido el ambiente familiar, la escasez y la falta de comodidades era la nota común en las familias de tantos miembros. De ahí que, unos tras otros, y unos con la ayuda de los otros fueron emigrando España adentro, con la inmensa ayuda del "tío Juan", que amaba profundamente a su madre y hermana, de las que nunca se desvinculó, y cuyo cario siguió proyectando en su sobrinos mientras vivió.Yo lo recuerdo como el hombre de la sotana negra y unas grandes cejas arqueadas que visitaba a mi abuelo materno cuando regresaba al lugar donde nació, y del que partió la mayor parte de la familia Pereira para cumplir sus sueños.  Casualidades del azar, en el corazón de las paredes que vieron nacer a los hijos de Agustina y Serafín, años después el gran Campanela rodaría alguna escena de "Vientos de Agua", una película basada en las vivencias de otra familia, los Olaya (protagonizada por Héctor y Ernesto Alterio y Eduardo Blanco), emigrantes que hicieron un viaje de ida y vuelta, obligados por las circunstancias políticas y económicas de la Asturias de hace más de setenta años.

Clara cumplió su primer sueño cuando, siendo niña, los Reyes Magos, le trajeron una muñeca de trapo; después de desearlo mucho. Pero también llevó siendo niña la primera frustración: sus hermanos mayores rasgaron el vientre de la muñeca para comprobar que tenía dentro; travesura que aún pervive en los niños de hoy por aquello de la curiosidad. Desde entonces,  la segunda chica de los Pereira comenzó a comprender que la vida te da una de cal y otra de arena, y que frustrarse no la llevaría nunca a conseguir aquellos lujos que anhelaba de otras familias más pudientes para las que, sin embargo, el destino también tenía sus jugarretas.

La muerte del patriarca por la silicosis, la enfermedad de los mineros,  fue otra de las grandes penas que fueron acaeciendo en la familia del  caserón de piedra, junto con la alegría de ver crecer bellos e inteligentes a sus hermanos y hermanas, cada uno de los cuáles comenzaba a volar con sus propias alas, y en ese vuelo también estuvo Clara, que fundó en Madrid otro hogar igual de acogedor que la casa de la aldea, con su correspondiente marido, sus tres hijos y demás.

Muchas décadas después Clara nos visita a menudo conduciendo su propio coche, y con una vitalidad propia de las mujeres que se forjaron a medio camino entre unas raíces entrañables pero de escasez  y las posibilidades que da vivir en un mundo totalmente distinto al que un día dejó atrás; fue ese nuevo universo el que le brindó la posibilidad de poder comprarles buenos juguetes a sus nietos y una parcela cercana al huerto que en su día su padre no pudo comprar.

Internet también ha llegado a la casa de El Infiestu, y gracias a la Red de Redes, el mundo puede conocer algo más de la historia de una gran familia, cuya chimenea, al este de la aldea,  todavía alegra  los días de invierno y verano en esa ladera de la montaña,, recordándonos que siempre quedarán vidas de cuento y cuentos para la vida.





La vida sin ti


Me resulta increíble, pero ya han pasado dos meses desde que se agotara tu tiempo de descuento. También me parece mentira que hayamos sido capaces de seguir viviendo sin ti. Continuamos hablando, comiendo, riendo; incluso cantando bajito a veces, pero de rato en rato acude a nuestro corazón la certeza de que no volveremos a verte más y es entonces cuando se encoge el alma. De repente, invade esa tristeza de lo irremediable, esa melancolía de lo que no volverá a ser y nos topamos con la noche más oscura aún cuando en el cielo todavía brille el sol.

Hubieras disfrutado de este Noviembre soleado; el más seco desde hace mucho tiempo. Te imaginamos sentado donde siempre, con las montañas al frente y raramente solo, porque eran pocos los que nos se paraban  a charlar contigo. Estabas lúcido, con sentido del humor y esa fortaleza que atrapaste hasta el final, por lo que era entrañable y amena tu compañía. Todavía este sábado alguien me comentaba, hablándome de ti, el vacío tan tangible que dejan algunas personas. En su coche traía colgado un pequeño recuerdo hecho con tus manos que le habías regalado hacía unos meses y me sentí muy halagada de ese cariño hacia tu persona. Te podría contar que uno de tus amigos se resiste a volver a vuestro lugar de encuentro porque afirma no quedarle ya nada por allí; el otro se seca alguna lágrima cuando me ve. En ellos rememoro vuestras tardes jugando al tute y  aquellos chupitos que os tomábais como la travesura de unos niños octogenarios
No hemos sido capaces de volver a detenernos en esos programas de la tele que tanto te entretenían en los días del invierno y en tantas horas como estuviste prisionero de tu enfermedad; la misma que te impedía moverte sin causarte un gran dolor y te llevaba a soñar que eras el hombre ágil que un día fuiste. No he vuelto a coger una manzana sin que me acuerde de que eran tu engaño más llevadero para el  hambre, que te recomendaban controlar por prescripción facultativa, aunque la recomendación solías saltártela un día sí y otro también por aquello que decías de "morria Marta, morria farta". Qué decirte de tus comidas preferidas. El arroz con pollo ya nunca más será para mi un plato normal y creo que seré incapaz de probar el turrón blando esta Navidad.

Te contaré también que este fin de semana ardió París. Una gran tragedia, procedente del semillero del odio, los fanatismo y las venganzas, segó la vida de muchos inocentes. La culpa se discute en las altas y las bajas esferas, enfrentando opiniones, pero el caso es que las víctimas siempre suelen ser las que nunca tomaron parte en el conflicto. No pinta nada bien la cosa, y hay quien habla de una guerra difícil de atajar. Yo miro a tus nietos y a sus amigos y pienso que se merecen, cuando menos, un mundo en paz. Se habla del artículo 42 de la Unión y del cambio de Constituciones.Pero los prohombres, de muchos lados, que dirigen esos hilos invisibles no están a la altura de la buena voluntad de la gente de a pie, que pide, como decía el poeta, "la paz y la palabra"; único camino para frenar la barbarie y atajar la espiral de los odios y la violencia. 

Por las redes sociales seguimos compartiendo paisajes -especialmente guapos los de este mes de Noviembre-, noticias, canciones, frases, felicitaciones, eventos y todas esas cosas que antes solían hacerse por otros medios, pero que ahora acercan en el tiempo y la distancia. En el mes contra la violencia de género,  éste en el que tu cumplirías años, también se celebra el Día de la Tolerancia. Bonita palabra para terminar hoy querido padre; creo que sin usarla nunca textualmente tú me has enseñado a ejercerla.

Hasta otro momento, en el que vuelva a hablarte del paso de nuestros días, aún cuando en el tintero me vayan quedando esos hechos difícilmente perceptibles que van haciendo que ya nunca más seamos los mismos. Sabes que pocas cosas más que escribir sé hacer bien, aunque para ti siempre seré la más buena, la más guapa y la más lista. Nada particular respecto a los sentimientos de todos los padres; y lo que nos hace únicos en el mundo.Que no se te olvide seguir mirándonos con tu sonrisa socarrona desde esa luna o desde una de esas estrellas, que las noches de este otoño brillan más que nunca.