Esas pequeñas cosas...

lunes, 16 de noviembre de 2015

La vida sin ti


Me resulta increíble, pero ya han pasado dos meses desde que se agotara tu tiempo de descuento. También me parece mentira que hayamos sido capaces de seguir viviendo sin ti. Continuamos hablando, comiendo, riendo; incluso cantando bajito a veces, pero de rato en rato acude a nuestro corazón la certeza de que no volveremos a verte más y es entonces cuando se encoge el alma. De repente, invade esa tristeza de lo irremediable, esa melancolía de lo que no volverá a ser y nos topamos con la noche más oscura aún cuando en el cielo todavía brille el sol.

Hubieras disfrutado de este Noviembre soleado; el más seco desde hace mucho tiempo. Te imaginamos sentado donde siempre, con las montañas al frente y raramente solo, porque eran pocos los que nos se paraban  a charlar contigo. Estabas lúcido, con sentido del humor y esa fortaleza que atrapaste hasta el final, por lo que era entrañable y amena tu compañía. Todavía este sábado alguien me comentaba, hablándome de ti, el vacío tan tangible que dejan algunas personas. En su coche traía colgado un pequeño recuerdo hecho con tus manos que le habías regalado hacía unos meses y me sentí muy halagada de ese cariño hacia tu persona. Te podría contar que uno de tus amigos se resiste a volver a vuestro lugar de encuentro porque afirma no quedarle ya nada por allí; el otro se seca alguna lágrima cuando me ve. En ellos rememoro vuestras tardes jugando al tute y  aquellos chupitos que os tomábais como la travesura de unos niños octogenarios
No hemos sido capaces de volver a detenernos en esos programas de la tele que tanto te entretenían en los días del invierno y en tantas horas como estuviste prisionero de tu enfermedad; la misma que te impedía moverte sin causarte un gran dolor y te llevaba a soñar que eras el hombre ágil que un día fuiste. No he vuelto a coger una manzana sin que me acuerde de que eran tu engaño más llevadero para el  hambre, que te recomendaban controlar por prescripción facultativa, aunque la recomendación solías saltártela un día sí y otro también por aquello que decías de "morria Marta, morria farta". Qué decirte de tus comidas preferidas. El arroz con pollo ya nunca más será para mi un plato normal y creo que seré incapaz de probar el turrón blando esta Navidad.

Te contaré también que este fin de semana ardió París. Una gran tragedia, procedente del semillero del odio, los fanatismo y las venganzas, segó la vida de muchos inocentes. La culpa se discute en las altas y las bajas esferas, enfrentando opiniones, pero el caso es que las víctimas siempre suelen ser las que nunca tomaron parte en el conflicto. No pinta nada bien la cosa, y hay quien habla de una guerra difícil de atajar. Yo miro a tus nietos y a sus amigos y pienso que se merecen, cuando menos, un mundo en paz. Se habla del artículo 42 de la Unión y del cambio de Constituciones.Pero los prohombres, de muchos lados, que dirigen esos hilos invisibles no están a la altura de la buena voluntad de la gente de a pie, que pide, como decía el poeta, "la paz y la palabra"; único camino para frenar la barbarie y atajar la espiral de los odios y la violencia. 

Por las redes sociales seguimos compartiendo paisajes -especialmente guapos los de este mes de Noviembre-, noticias, canciones, frases, felicitaciones, eventos y todas esas cosas que antes solían hacerse por otros medios, pero que ahora acercan en el tiempo y la distancia. En el mes contra la violencia de género,  éste en el que tu cumplirías años, también se celebra el Día de la Tolerancia. Bonita palabra para terminar hoy querido padre; creo que sin usarla nunca textualmente tú me has enseñado a ejercerla.

Hasta otro momento, en el que vuelva a hablarte del paso de nuestros días, aún cuando en el tintero me vayan quedando esos hechos difícilmente perceptibles que van haciendo que ya nunca más seamos los mismos. Sabes que pocas cosas más que escribir sé hacer bien, aunque para ti siempre seré la más buena, la más guapa y la más lista. Nada particular respecto a los sentimientos de todos los padres; y lo que nos hace únicos en el mundo.Que no se te olvide seguir mirándonos con tu sonrisa socarrona desde esa luna o desde una de esas estrellas, que las noches de este otoño brillan más que nunca.


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