jueves, 5 de junio de 2014

La reina que llegó de un telediario


Mi artículo para El Periódico de las Cuencas.

"Déjame que termine de hablar..."

Tras la noticia de la abdicación de Juan Carlos I, la princesa asturiana es noticia por partida doble: una década de matrimonio con el príncipe heredero y la posibilidad inmediata de convertirse en reina de España. La polémica, las críticas y los halagos están nuevamente en la primera plana del mercado informativo

Nació en Oviedo cuando la censura aún hacía estragos en los medios de comunicación y  en el pop español triunfaba "Dama dama", de la malograda Cecilia. Hoy es la princesa que llegó a nuestras vidas inmediatamente después de acabar la segunda edición de un informativo nacional un frío Noviembre. y cuyo futuro pasa por teorías inciertas. Sea como fuese, paradojas de la vida, con un década de aprendizaje entre la casta suprema, aquella presentadora que nos hablaba de premios con títulos principescos, tan criticada por muchos, de ideas progresistas, divorciada, hija de un periodista y una enfermera, con ascendientes de clase obrera, es ahora, dicen, la que podría salvar la monarquía, de quedarle alguna posibilidad a la institución.


No soplan los mejores vientos para el futuro real de nuestro país; en buena parte porque el enemigo lo han tenido dentro. La veda de las críticas se ha levantado y salpican y mucho a la antigua reportera. Las palabras más demoledoras sobre la princesa Letizia salieron de la pluma de su propia familia, en el libro "Adiós, princesa", que su primo David Rocasolano le "regaló" a la futura reina, donde contradictoriamente de lo que más se la acusa es con lo que más puedan simpatizar quienes presumen de ideas libres.Tampoco faltan otras "malas lenguas" que cuchichean sobre su pasado de  profesional fría y ambiciosa, las mismas que continúan diciendo, diez primaveras después  de su boda con Felipe de Borbón, que se ha vuelto distante; quienes asimismo afirman que comienza a ahogarla esa vida de cristal, ambicionando ahora los instantes de felicidad con sus amigas en una terracita cualquiera sin que nadie controle cada uno de sus sorbos. Cuentan además por esos mentiremos que gusta de comprar ropa en esas tiendas para féminas de barrio.



Por tierras coyanas también anduvo Letizia de Borbón hace casi cinco años para la entrega del Premio de Pueblo Ejemplar a la Comunidad de Sobrescobio. Fue la distancia más corta que tuve con su persona. Los que sólo la conocemos de observarla a unos metros o a través de pantallas y  papel rosa no podemos arriesgarnos a juzgarla tan alegremente. Pero si en algo despierta mi simpatía es ese comentario que circula entre el gremio de que únicamente ha invitado a su boda a una de las personas de más bajo rango en la antigua empresa periodística en la que había hecho sus prácticas. Doble lectura tiene esa decisión, pero quienes gustamos de las relaciones no de conveniencia, la aplaudimos. También cuenta la leyenda que, tras conocerse su enlace con el Principe -no sabemos si también a ella se le habrá vuelto un poco rana a estas alturas del cuento- alguien coló bajo la puerta de su habitación en un hotel asturiano una nota que lllevaba por título: "No nos falles".

Paradójicamente, se rumorea en la actualidad  que los fervientes monárquicos, los mismos que en su día no vieron del todo bien ese enlace entre sangres de distinto color,  se parapetan ahora tras los hechos y modales de alta cuna de la nieta de una locutora.  Dicen de ella que es lista; y eso no se compra por mucha sangre azul que se tenga. Una pena que hasta la despreciaban por plebeya los de su mismo status. Y una lástima también que la cirugía, no sólo la plástica, la vaya transformando en una hembra de escaparate. Nos gustaba más aquella que "osó" decirle a su prometido: "déjame que termine". Pero, como mujer espabilada que parece, supongo que si las exigencias de la historia desbancaran de su jaula de oro a aquella joven que hizo su último trabajo de informadora con un temple envidiable -sabiendo la que le avecinaba minutos después- lo entenderá. Supongo

lunes, 26 de mayo de 2014

El chico de la coleta

Póngase usted un vestido viejo y, de reojo, en el espejo, haga marcha atrás, señora. Recuerde antes de maldecirme, que tuvo usted la carne firme y un sueño en la piel, y un sueño en la piel, y un sueño en la piel, señora...
Coincidencias del destino, nació el mismo otoño que se aprobaba nuestra Constitución, justo el año en que el grupo Tequila cantaba "un rock and roll en la plaza del pueblo" e imagino que lo evocado por su nombre y su apellido no será una pura casualidad. Como tampoco  será totalmente inocente esa imagen que recuerda en cierto modo a otros hombres de leyenda. Hoy es noticia porque ha conseguido hacer de la indignación ciudadana un partido político, y ha superado con creces las previsiones más optimistas en el números de votos para Podemos. Miraba con especial atención a Pablo Iglesias en ese programa de las mañanas que algunos dicen que lo elevó al "estrellato" y se me antoja que podría ser de todo menos peligroso; calificativo del que le acusan quienes ven en él a la mismísima reencarnación de Lenin. Tal vez si de algo puede tacharse a este chico con aire progre y modales impecables es de ingenuo. Su trayectoria no le dio tiempo aún para malearse en las mieles del alto poder, aún cuando piense el ladrón que todos son de su condición. ¡A nosotros nos van a hablar de mafias, subvenciones ilegales, y violencia directa o disfrazada de miedos!. La frescura de este joven profesor desbancó a viejas glorias y consolidadas fuerzas. Por qué temer tanto a quien -populista, demagogo, o no- predica axiomas como que los derechos  debieran ser inviolables, los bancos pagar las propias deudas con sus grandes fortunas y  la educación y la medicina ser un bien social sagrado y de primer valor.

Parece que molesta esa sonrisa que parece franca, esa forma de hablar llana y esos vaqueros holgados que llevan cualquiera de nuestros chicos. Como si fastidiasen sus frases sin subordinadas y la lógica de andar por casa. ¿Serían menos severas las voces que le atacan si su disfraz fuese el de niño bien? . Pero cuando se estorba es que algo avanza. Sus gestos decididos hacia un estado menos marcado de castas remueve las entrañas de un país incrédulo y desencantado. Savia nueva que aún tiene un largo recorrido, y muchos obstáculos, algunos de ellos rayando en la utopía, para apuntalar ese estado de bienestar que se desmorona sin remedio. Un aliado perfecto para otros pequeños Davices que van subiendo posiciones.


Los partidos más pequeños han hecho buena la leyenda de David contra Goliat y sólo se han usado las espadas de papel. ¿Por qué tememos tanto a lo nuevo? Me venía a la mente  Señora, esa vieja canción  de Serrat. Cambiándole algunos vocablos muchos de nuestros apoltronados políticos que un día vistieron camisa de cuadros podrían darse por aludidos; también alguna lideresa que no recuerda haber llevado nunca camisetas... Tiempo al tiempo; el enemigo más duro, y respeto por quienes consiguieron acaparar los sobres del desencanto. Un nombre y un apellido que recuerdan a otro gran ideólogo ha descabezado la dirección de uno de nuestros grandes partidos; el otro también echa sus barbas a remojar, aún cuando no lo quiera dar a entender. Por lo demás, esperemos que no defraude ese "revolucionario" de nueva escuela, en el que seguramente muchas madres pudieran haber visto a uno de esos hijos del siglo XXI a la hora de depositar su voto; el voto  de la utopía y la canalización de la rabia del pueblo llano. Lo ideal: el equilibrio de todas las fuerzas para que las mayorías no abusen.

viernes, 16 de mayo de 2014

Fondo de armario

"Tenemos un armario lleno de nada que ponernos"

Una de mis amigas del alma; esa que siempre me da consejos de madre, aunque solo me saca tres meses; la misma que insiste en que el truco de conservar el peso es comer de todo pero muy poquito, me aconsejaba hace tiempo sobre el fondo de armario: hay que tener siempre disponible una camisa o camiseta blanca, una chaqueta negra o azul marino, un buen pantalón vaquero -de esos que suben lo que la fuerza de la gravedad tiende a bajar- y unos zapatos de calidad. Desde ese consejo ha llovido bastante y tal vez haya quedado un tanto desfasado por aquello de que hasta los clásicos se renuevan. Pero lo cierto es que si un armario tiene sus cuatro prendas comodín estaremos salvadas ante la duda de qué ponernos un día sí y otro quizás.

Definitivamente este sol duradero nos anima ya a mudar nuestros anaqueles. Hay quienes suben su ropita de invierno el trastero, mientras que otros lo clasifican de forma que lo de verano esté más al alcance. Aparte de aquellos trapos que aprovechamos para desechar porque llegamos a la cómoda disculpa de que han menguado desde el comienzo del verano anterior. Sin olvidar a quienes lo dejan todo tal como está por aquello de que tanta disciplina no es lo suyo. En el norte hay unas estanterías y percheros término-medio, destinados a esas prendas de las que echas mano en todas las estaciones por culpa de que ni frío ni calor la mayoría de los días.

Suele ser por estas fechas de días largos y noches ya más cálidas el tiempo de organizar armarios y demás muebles roperos, y ocurre también en estos días de ilusiones renovadas en que apetece abrir ventanas cuando hacemos inventario de la prendas inservibles que vamos acumulando. Al tiempo nos desconcierta el hecho de que hay momentos en que uno no sabe que ponerse, aún cuando no tengamos falta de nada... Cosas del progreso, y de que ha mejorado el nivel de vida, a pesar de crisis y demás. En época de posguerra la mayoría de las personas no tenían esas dudas existenciales porque no les quedaba otra que dejar su ropa lavada al anochecer para ponérsela al día siguiente. Era cuando la camisita de los domingos se lavaba con esmero, se almidonaba y se colgaba en lugar preferente; tener unas medias de cristal constituía un tesoro y los zapatos de caballero de perfil inglés suponían una fortuna. Eso sí que era fondo de armario. Por eso, en esos años que se nos antojan tan lejanos, no necesitaban grandes guardarropas.

Con los zapatos suele suceder los mismo. Hay una periodo de transición en que  pocos nos vienen bien.  Cuesta deshacerse de las cómodas botas; el resto parece molestar al pie: o se te cae o te aprieta o te agobia. Hasta que no hace el calor necesario para las sandalias, la mayoría de los comentarios que me han llegado es que cuesta elegir el calzado más cómodo y apropiado para esta temporada de accesorios variables en que tanto te puedes encontrar ciudadanos con botines y anorak, como los que ya optan por la camisetita de tirantes y los pies descalzos.

A medida que se suceden las primaveras nos vamos haciendo más prácticos, y entendiendo que valen más muchos pocos que pocos muchos pocos. Que la mayoría de las veces menos es más, para entendernos mejor. Paralelamente a lo que hacemos con nuestras indumentarias materiales lo practicamos con las prendas del alma. Vas organizando mejor amigos, sentimientos y prioridades vitales en general. De ahí esa famosa frase de que con los atuendos -sean de la estación que sean- sucede como con los amigos:  aunque tengas muchos, al final,siempre estamos con los que nos encontramos más cómodos. San Juan está a la vuelta de la esquina para echarnos una mano con lo de las hogueras reales o espirituales. Ligeros de equipaje se recorre mejor el camino.



Imagen: Armario antiguo en el interior de un hórreo del parte de Redes. Autor: Compasso




miércoles, 14 de mayo de 2014

Días de lágrimas y rosas...

Olía a rosas y a hierba recién cortada. Llegaban los días más largos al mismo tiempo -nada particular- que comenzaba una vida en común. Había penas que parecían insalvables, pasos que se barruntaban imposibles, mucho amor y la necesidad de seguir adelante. ¡En el camino se nos han quedado tantas cosas que un día juramos conservar... ! Nadie nos enseña a amar y ni eso es fácil a veces por más que te lo propongas.Ya lo dice la canción: "una de cal y otra de arena". Y así van pasando los días... Y aunque ya hace mucho que aprendí a hacer aquellas croquetas en las que hube de aplicarme, las rosas siempre vuelven para hacernos sentir que vale la pena y, sobretodo cuando la vida aprieta, ahí siguen esas manos curtidas como la única tabla de salvación... Cuando uno se detiene a hacer cómputos sólo una verdad: lo que realmente importa es invisible a los ojos. Algunas mañanas sigo tarareando esa nuestra canción que parece escrita para la banda sonora de una historia que, espero, dure mucho tiempo... A veces te hago trampa y comparto algo de nuestra vida en las redes... Aquel tiempo de cerezas que comenzaba bien vale esta inocente traición ...

martes, 22 de abril de 2014

Mi desorden ordenado


"El caos es el orden sin descifrar" (José Saramago)

¿Sois caóticos, desordenados, acumuladores de objetos o las tres cosas al mismo tiempo?. ¿Por qué no tiráis las cosas que no usáis? ¿Porque os hacen felices?, ¿porque podréis necesitarlas en el futuro?, ¿porque pudieran tener valor dentro de un tiempo?. Una japonesa, Marie Kondo, se dedica a ir por todas las casas del mundo a ordenar vidas y objetos. Su libro. "La magia del orden", se ha convertido en un best-seller, El consejo más resalltable de la oriental es que debes de tirarlo casi todo. Hay quien dice que el método de Marie es infalible. Si lo sigues, ya no tendrás caos en tus cajones nunca más, y la vida te cambiará para bien.

Sin querer hacer del defecto virtud, ni pretender usarlo de justificación o pretexto para ensalzar a las personas desordenadas, se afirma que el caos lleva implícita su parcela extra de creatividad. De ahí que Paul Chaudel escribiera: "el orden es el placer de la razón, pero el desorden es la delicia de la imaginación". A los que hemos nacidos desordenados -no sé si por genética, comodidad o pereza- nos cuesta superar ese handica por muy buena voluntad que le pongamos. Los días que se apodera de mí el barullo la anarquía empieza en cuanto mi gata viene a despertarme avalanzándose sobre el cable de la lámpara de mi mesilla de noche a las siete menos diez de la mañana. El consiguiente efecto dominó se hace de ese modo previsible . Continúa la desorganización casi el resto del día, hasta tal punto que, en ocasiones, llego a desear no haberme movido de la cama. Un desastre en toda regla se apodera de mis movimientos que , si no son lentos, son excesivamente rápidos, involuntarios, desafortunados o catastróficos. Nada entra en armonía en mi vida cuando los astros se confabulan para que la jornada sea digna de señalar en el libro de los desaciertos. Palabras, obras u omisiones componen todo un cuadro en alguna de mis jornadas digno del más puro surrealismo doméstico. 

Hay amaneceres, en cambio, en que presiento que las constelaciones se han alineado para que mi vida parezca perfecta. Tal que así que hacen presagiar doce horas de equilibrio casi absoluto. Aunque, ya al atardecer, compruebes que la cosa no da para tanta euforia. Sientes, no obstante, que has hecho lo que has podido alineando todas tus esferas y el resultado te llega para un aprobado. El sobresaliente se lo cedo a quienes son capaces de mantener el armario ordenado, los juguetes a raya, revisadas las obligaciones del resto del clan familiar,  el cesto de la ropa por planchar vacío, renovado la tarjeta del Inem antes de su caducidad y han cedido el tiempo justo a sus entretenimientos, hoy en día concentrados en su mayoría en toda la gama de las redes sociales; junto con el resto de las obligaciones que se les presupone acabadas y bien concluidas. Amén de haber conseguido que el resto de los integrantes de la casa hayan colaborado en esa armonía. Son los que jamás olvidan echar los garbanzos a remojo para el día siguiente y sacar los filetes del congelador para la cena, perfectamente organizados en túperes por colores, a la par que siempre tienen a mano el boli que escribe y el móvil cargado.


Mi admiración sincera a quienes consiguen que nadie les pille con un solo vaso fuera de la alacena, la cocina recogida a su hora, y los armarios con las camisetas bien ordenaditas por marcas y colores. Juro que yo intento imitarlas y, a veces, hasta lo consigo, pero me falta constancia y así no se va a ningún lado. Envidia sana es la que me despiertan esos hogares en los que reina el orden y las disciplina. La mayoría de mis amigos y amigas pertenecen a ese grupo privilegiado; y hasta los invoco cuando me desborda la desorganización. Matilde es de las pocas que comparten conmigo el defecto de las mezcolanzas, y  la única norma de orden que cumple a rajatabla es que no abre la puerta a nadie si la visita no fue anunciada con anterioridad. A bien seguro que, de lo contrario, se hará certeza el dicho de que "el día que no barriste verás en tu casa a quien nunca viste".



Anima revisar la lista de desordenados ilustres -Bob Dylan trataba al desorden de amigo-, junto con la de aquellos como Baudelaire que reivindicaba el desorden en la cesta de los derechos humanos. El filósofo y estratega de la antigua China, Sun Tzu, iba más allá y hablaba del caos como un arma infalible contra el enemigo: "Cuando se está cerca se debe parecer lejos, cuando se está lejos se debe parecer cerca. Se muestran carnadas para incitar al enemigo. Se finge desorden y se le aplasta". Tampoco había de faltar el amor entre los desordenados, ya que alguien lo calificó como otra modalidad de desequilibrio. Asimismo Enrique Tierno Galván lo bendecía como "una forma de libertad".



Primo-hermano del despiste no falla, los desorganizados siempre perdemos un sólo guante; como también se hace cierto aquello de  que en la batalla el fárrago siempre derrota al orden porque está mejor organizado. Pero al mismo tiempo se afirma que "el que quiere vivir el placer sin el dolor, y el orden sin el desorden no entiende de las leyes del cielo y de la tierra". 



Lo dicho, un cúmulo de bonitos pretextos tal vez para posponer actividades que nos gustan poco, convencidos los que somos caóticos de que los desórdenes pueden enmendar otro desorden más grave. Pero no hay excusa para el barullo; un montón de guías prácticas para solucionarlo nos esperan. Basta con empezar por darle salida al calcetín que ha quedado desubicado. Sin embargo, también es posible que sepa más el loco en su caos que el cuerdo en el ajeno. Dejo por hoy la escritura, todo un desorden que se desliza a través de la palabra, que decía Barthes.







lunes, 7 de abril de 2014

Operación bikini

¿Tenía que haberse puesto faja la guionista Lena Dunham?, se preguntaban hace unos días en la redes sociales, y se repreguntaban muchos y muy "serios" medios de comunicación. La también actriz estadounidense lucía un vestido verde de lunares de una conocida y asequible firma de ropa, para la gala Arts American Stongbook. Aunque muchas personas alabaron su cuerpo real, hubo numerosos comentarios que se decantaban por recomendarle una faja, porque su barriga no era lisa como una tabla. A pocos les importaba que la cineasta estuviera pasando por una mala racha, tras su separación matrimonial y haber sufrido la extracción del útero a principios de año. Atreverse con el vestido de Zara, que ella había elegido libremente era el mayor de los problemas y la más central de las noticias para quienes la imperfección está en no seguir a rajatabla los cánones de la moda.

Los bombardeos de primavera-verano, en plena vorágine -ya en otoño una va más tapadita y pasan desapercibidos ciertos exceso alimentarios-, tienen parte de culpa de que María llene de adhesivos el frontal de su frigorífico a principios de todas las estaciones cálidas, desde que la celulitis llegó a su vida. En ellos escribe con signos de exclamación disuasorias frases en llamativos colores: ¡si abres esta puerta no entrarás en tus vaqueros T38!.  ¡La camiseta que conpraste en la tienda barata para gustos caros marcará los michelines que difuminan esa cintura que un día fue de avispa!. ¡Cuidado con el vestido de punto rosa palo que la temporada pasada ya tenías que meter con calzas para que no reventasen sus costuras! o directamente escribe las cinco letras:¿Gorda!. Adelina usa un método que no siempre funciona: compra un pantalón pitillo, mitad algodón mitad elástico, una talla menos que el que habitualmente ya le queda apretado, y jura por lo más sagrado que podrá ponérselo a poco que guarde la dieta.

El caso es que pocas personas, fundamentalmente mujeres, nos salvamos de las exigencias que con la promesa de la estación mágica nos seducen desde esas tiendas que marcan fechas  y convencen más que el tradicional calendario. Nos vamos al súper y llenamos la cesta de verduritas, yogures desnatados, ayudas microbióticas, alimentos ricos en fibras, bebidas diuréticas y demás. Pero después de tres días, comenzamos a reducir los posis de la nevera en la misma medida que se cae el entusiasmo por embutirnos las talla 36 de esos comercios para jóvenes en el que te encuentras mujeres en edad de ser abuelas al cincuenta por ciento.

Sólo las más tenaces consiguen reducir la silueta en paralelo al aroma a bronceador que se va aproximando. Algunas descendientes de Eva se pasan la vida con la dieta de la manzana, independientemente de la temporada: tres meses se la saltan, cuatro vuelven a ella y cinco hacen mantenimiento. El caso es que sólo ellas y quien las tiente muy de cerca aprecia sus oscilaciones en kilocalorías. Otras vamos aguantando las inclemencias de esas edades en las que todo se cae y se infla con algunas privaciones. Como el que no quiere la cosa un día no cenas, otro saboreas un yogur, al siguente una sopa, el cuarto te devoras todas las patatas de la fuente y el quinto te aguantas con unas verduritas al vapor. pero pocas son a las que les importa un bledo coger una talla más o que el espejo les devuelva la cara de luna llena.

Si bien es cierto que ciertos momentos -suelen ser lluviosos y de pocas compensaciones personales- buscamos esa excusa perfecta que nos libere del calvario que supone el sentimiento de pasarte de calorías. Es cuando te dices a ti misma cosas como: "total, para dos días que vivimos", "si no voy a ser más feliz con cinco kilos menos", "lo importante es ser guapa por dentro, "tanto sacrificio para llegar igualmente a vieja",  "después de los cuarenta o ajamonas o amojamas", "habrá que ir eligiendo entre culo o cara", "a mi pareja no le gustan los palos de las escobas", "a ver si voy a perder la salud", "el cuerpo de vez en cuando necesita azúcar, etc...

Al final, cuando ni la dieta vegetariana, ni todas las inventadas hasta ahora consiguen calmar tu ansiedad - cuanto más piensas en privarte mayores son tus deseos de chocolate- casi siempre nos quedamos con los trucos que vamos adquiriendo con los años, que algo habían de traernos de bueno. Por supuesto sin olvidar esas fajas mágicas que aprietan por un lado y se vengan por otro; si es que no te dan un fiebrón, como le ocurrió a una querida conocida, que a la semana de parir quiso ir monísima a una boda y se embutió en esa lencería moldeadora que le dejó el vientre más plano que antes del mes cero de su embarazo, pero le costó una visita al médico.

Como todo, hay que tomarse en su justa medida el asunto de la delgadez. A veces, con comer inteligentemente y evitar una vida sedentaria es suficiente para sentirse bien en nuestras propias pieles. También se dice que el sexo libera calorías además de otras energías malignas. Pero pocas frivolidades cuando comer se convierte en un infierno y deriva en enfermedades mentales peligrosas y difíciles de atajar. Se empieza a coquetear con la comida sin grasa, sin azúcar, sin nada y se acaba viendo las barbas a la anorexia o la bulimia. Todos conocemoss o habemos vivido de cerca en algún momento estos episodios, y sabemos que los espejos tardan en devolver la imagen sin distorsionar de la persona que sufre la enfermedad, después de un largo sufrimiento que implica a todo el clan familiar; eso en el mejor de los casos.

Hablando de equilibrios físicos y mentales me viene la imagen de la periodista Gloria Serra; con un físico de mujer resolutiva, sin complejos y con una silueta que, sin acercarse a una talla de modelo, transmite belleza, inteligencia y sensualidad. Por cierto, fue madre de mellizos a sus cuarenta y nueve años.  Lo que confirma que la vida comienza siempre que uno tenga ilusiones.

Feliz cena a tod@s, casi que os presiento con la lechuguita a través de estas ondas. No sufráis en exceso, que se aproximan fechas de espichas por nuestra Asturias y la felicidad de un pincho de tortilla, un trozo de empanada, un concejal de bacalao y un culín de sidra es incomparable. De postre vosotros diréis. El bikini puede esperar.

Imagen tomada de Cosmopolitan.com


sábado, 22 de marzo de 2014

Visita... de médico

"Allí donde el arte de la medicina es cultivado también se ama a la humanidad" Hipócrates

Siempre la misma sensación cuando voy a visitar a alguien a un hospital: alargaría el pasillo hasta el infinito para no cruzar esa puerta tras la que no sabes qué te vas a encontrar; más fuerte el deseo cuanto más afectos te unen a la persona que allí está.  Mientras caminas miras de reojo  puertas entreabiertas de las habitaciones que te quedan de paso y casi siempre te llega una queja, un grito desgarrado o la imagen de alguien que ya no puede ni mostrar el sufrimiento. No puedes evitar imaginar en esa tesitura a un ser querido o a ti mismo y se te apodera la impotencia sin remedio. Pero nuestros recursos para no pensar en futuros inevitables o impredecibles, afortunadamente, siempre son más fuertes que nuestro miedos y conseguimos borrar imágenes de unas posibilidades que quién sabe de qué modo están escritas en los destinos de cada cual.

Sin embargo, esa impresión de darte de  bruces con la realidad más amarga de la la vida es lo más habitual cuando transitas esos centros. Salvo excepciones, el cuento que allí se vive no suele ser feliz. Por otro lado, sigue siendo el mismo ese olor a desinfectante para neutralizar tragedias del cuerpo y del alma;  además del aroma a albóndigas hipocalóricas y sopa de verdura baja en sal. Sabe a vulnerabilidad ese ambiente hospitalario, por eso ningún hombre se asemeja más a otro que cuando comparte la indefensión de la enfermedad, la tragedia o la tristeza.

Paralelamente a mis percepciones, me llegan noticias a través de ese televisor -un negocio bien montado  que cuelga frente a las camas paralelas- de que al expresidente Suárez, también en una cama de una clínica (seguramente con más lujos pero con la misma esencia del dolor que se respira en la mayoría de estas situaciones),  en un destino como el de tantos de esos españoles a los que llevó de la mano para alejarsles de una cruel dictadura, le quedan pocas horas de vida. Qué extraños somos los seres humanos capaces de apedrear sin piedad a poco que nos dejemos influir, para luego cuando llega la enfermedad o la muerte, elevar a la excelencia a quien denostamos. Extraña la crónica de la muerte anunciada de este hombre que fue una tabla a la que se agarraron quienes vieron el "centro"como el lugar más adecuado para salvarse de los extremos de esa España que sangraba. Recuerdo que llegó a decirse, quitándole mérito a él y a las féminas, que las mujeres lo votaban por guapo (si así hubiese sido en algún caso tal vez se hiciera por cierto aquello de que la cara es el espejo del alma). Con todos los matices que quieran ponerse,  el Presidente Adolfo Suárez decidió y asumió con todas la consecuencias -de ahí que sus mayores enemigos los tuvo dentro de sus filas- que era tiempo de entender que pensar diferente no merecía la muerte ni el exilio.

Quisiera apuntar también, antes de que no me quede espacio en este trocito de papel que agarré entre los variopintos objetos de mi bolso, para después pasarlo al blog, mi admiración por la mayoría de esos profesionales, hombres y mujeres, que se te vuelven dioses cuando estás en sus manos la salud de quien aprecias. Tras su bata blanca con la placa que los identifica, y unos sencillos vaqueros que se entreveen en algun@s, la mayoría de ellos muy jóvenes ya a mis ojos, me hacen sentir lo importante y admirable que es su profesión cuando la desarrollan  con vocación.  Su humanidad y sicología es un bálsamo mucho más eficaz que cualquier cura del medicamento que opten aplicar. Por lo general, una mano en el hombro del enfermo, una sonrisa franca o unas palabras de ánimo son cuanto necesita una persona con su moral, y en ocasiones su dignidad bajo mínimos, agudizados estos parámetros cuando la vejez es otro efecto colateral . De ahí que la ética debería de ser una de las asignaturas reinas en las ciencias de la salud. Dice una famosa frase de Voltaire que “Los hombres que se ocupan de restaurar la salud de los demás uniendo habilidad con humanidad están sobre los grandes de la tierra. Aún comparten la divinidad, ya que preservar y renovar es casi tan noble como crear.” 

Escribía estas líneas sentada en uno de esos sillones de un hospital de la sanidad pública. Salvo pequeños detalles como el agua que el enfermo debe pagar, en este centro asturiano donde tengo tiempo para observar detalles materiales y espirituales, no se notan cambios apreciables a simple vista por culpa de la crisis, a la que se le echan la culpa ahora de la inmensa mayoría de las carencias en los derechos fundamentales. Cuando te encuentras allí, de interno o visitante, puedes palpar que hay asuntos, como la salud y la educación, que van más allá de los beneficios económicos.  Y te reafirmas en que ambas cuestiones deberían ser sagradas e inegociables, máxime si tenemos en cuenta que sus usuarios en ningún caso las disfrutan tan "gratuitamente" como quieren hacernos creer sus detractores

Enfín, hoy uno de esos momentos en los que recuerdo especialmente algo de A. Shopenhauer: "la salud no lo es todo pero sin ella todo lo demás no es nada".