Esas pequeñas cosas...

viernes, 16 de mayo de 2014

Fondo de armario

"Tenemos un armario lleno de nada que ponernos"

Una de mis amigas del alma; esa que siempre me da consejos de madre, aunque solo me saca tres meses; la misma que insiste en que el truco de conservar el peso es comer de todo pero muy poquito, me aconsejaba hace tiempo sobre el fondo de armario: hay que tener siempre disponible una camisa o camiseta blanca, una chaqueta negra o azul marino, un buen pantalón vaquero -de esos que suben lo que la fuerza de la gravedad tiende a bajar- y unos zapatos de calidad. Desde ese consejo ha llovido bastante y tal vez haya quedado un tanto desfasado por aquello de que hasta los clásicos se renuevan. Pero lo cierto es que si un armario tiene sus cuatro prendas comodín estaremos salvadas ante la duda de qué ponernos un día sí y otro quizás.

Definitivamente este sol duradero nos anima ya a mudar nuestros anaqueles. Hay quienes suben su ropita de invierno el trastero, mientras que otros lo clasifican de forma que lo de verano esté más al alcance. Aparte de aquellos trapos que aprovechamos para desechar porque llegamos a la cómoda disculpa de que han menguado desde el comienzo del verano anterior. Sin olvidar a quienes lo dejan todo tal como está por aquello de que tanta disciplina no es lo suyo. En el norte hay unas estanterías y percheros término-medio, destinados a esas prendas de las que echas mano en todas las estaciones por culpa de que ni frío ni calor la mayoría de los días.

Suele ser por estas fechas de días largos y noches ya más cálidas el tiempo de organizar armarios y demás muebles roperos, y ocurre también en estos días de ilusiones renovadas en que apetece abrir ventanas cuando hacemos inventario de la prendas inservibles que vamos acumulando. Al tiempo nos desconcierta el hecho de que hay momentos en que uno no sabe que ponerse, aún cuando no tengamos falta de nada... Cosas del progreso, y de que ha mejorado el nivel de vida, a pesar de crisis y demás. En época de posguerra la mayoría de las personas no tenían esas dudas existenciales porque no les quedaba otra que dejar su ropa lavada al anochecer para ponérsela al día siguiente. Era cuando la camisita de los domingos se lavaba con esmero, se almidonaba y se colgaba en lugar preferente; tener unas medias de cristal constituía un tesoro y los zapatos de caballero de perfil inglés suponían una fortuna. Eso sí que era fondo de armario. Por eso, en esos años que se nos antojan tan lejanos, no necesitaban grandes guardarropas.

Con los zapatos suele suceder los mismo. Hay una periodo de transición en que  pocos nos vienen bien.  Cuesta deshacerse de las cómodas botas; el resto parece molestar al pie: o se te cae o te aprieta o te agobia. Hasta que no hace el calor necesario para las sandalias, la mayoría de los comentarios que me han llegado es que cuesta elegir el calzado más cómodo y apropiado para esta temporada de accesorios variables en que tanto te puedes encontrar ciudadanos con botines y anorak, como los que ya optan por la camisetita de tirantes y los pies descalzos.

A medida que se suceden las primaveras nos vamos haciendo más prácticos, y entendiendo que valen más muchos pocos que pocos muchos pocos. Que la mayoría de las veces menos es más, para entendernos mejor. Paralelamente a lo que hacemos con nuestras indumentarias materiales lo practicamos con las prendas del alma. Vas organizando mejor amigos, sentimientos y prioridades vitales en general. De ahí esa famosa frase de que con los atuendos -sean de la estación que sean- sucede como con los amigos:  aunque tengas muchos, al final,siempre estamos con los que nos encontramos más cómodos. San Juan está a la vuelta de la esquina para echarnos una mano con lo de las hogueras reales o espirituales. Ligeros de equipaje se recorre mejor el camino.



Imagen: Armario antiguo en el interior de un hórreo del parte de Redes. Autor: Compasso




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