martes, 20 de noviembre de 2012

Un aperitivo...

Texto de la contraportada de nuestro libro sobre madres... ¿Imperfectas?. Confiemos en que el parto esté próximo; y sobre todo que os empiece a seducir...

Tras el alborozo posterior al nacimiento (parto superado, flores en la habitación,
¡pero qué niño/a más guapo/a!, todo alegría y felicitaciones) llega el día a día y
esa permanente prueba a las que la vida somete a todas las madres que en el
mundo han sido (y serán). No es fácil ser madre. Es más: ¡¡es complicadísimo!!
Así lo explican las periodistas asturianas Susana González y Berta Suárez, y la
prologuista Pilar Rubiera. Las tres comparten vocación profesional y experiencias
maternales. Este libro no es un manual ni nada que se lo parezca, sino un
conjunto de vivencias muy bien contadas y con sentido del humor, que es la
forma más inteligente de asumir que los niños crecen, que los problemas también.
Que nadie es perfecto y que el amor hacia la prole no siempre es garantía
suficiente para encontrar el camino más adecuado.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Por si se trasplantara el alma


El alma humana es una caja de donde siempre puede saltar un payaso haciéndonos mofas y sacándonos la lengua, pero hay ocasiones en que ese mismo payaso se limita a mirarnos por encima del borde de la caja, y si ve que, por accidente, estamos procediendo según lo que es justo y honesto, asiente aprobadoramente con la cabeza y desaparece pensando que todavía no somos un caso perdido. Saramago

Como en los últimos tiempos las noticias son tan inmediatas como efímeras,ya queda muy lejos la "comentada" frase de Mariló Montero: "No está científicamente demostrado que el alma no se transmita en un trasplante de órganos". Ya que no arriesgo ningún puesto de trabajo en TV, y mi popularidad es pequeñita, me atreveré a decir que, por una vez, y sin que sirva de precedente, puedo interpretar para bien y hasta comprender a la presentadora que  luce como nadie su melena un pelín recogida y que mejor mancha las manos de pasta para rebozar sin perder la elegancia.

No sé si manía, defecto, fantasía o todo ello junto, el caso es que acabo extrayéndole el alma incluso a la publicidad que buzonean en mi portal, a cuyos emisarios acabo abriéndoles siempre la puerta, a riesgo de alguna que otra bronca familiar. Si no me interesan los anuncios, los uso para no manchar la encimera o de salvamanteles en un apuro. Lo cierto es que cualquier papelito tiene su historia y de alguna manera siento que he de amortizarla.

De las minucias a los objetos con mayúsculas y de lo poco transitado a aquello que nos pertenece durante un periodo más largo, llámese casa,coche o abrigo, el alma invisible de los seres inanimados siempre me habla de algún modo. Qué decir del alma de nuestras partes vivientes...

Tan enigmático como el origen de la vida es el origen del alma. De ahí que Platón se preguntase insistentemente sobre las teorías de ese ente indescriptible. Su mito del "carro alado" es una muestra de sus obsesión por la esencia. Así que tal vez la reflexión de la presentadora navarra llevase al filósofo griego a alguna conclusión, que compartiría a buen seguro con Aristóteles para quien "aquello por lo que vivimos, sentimos y pensamos" era  el alma.

Alada y azul solemos imaginarnos esa esencia capaz de escapar de nuestra naturaleza mortal y vivir más allá del tiempo y el espacio; ajena a lo efímero y  salvadora de nuestros comunes aconteceres. Hay quien afirma que esa tejedora de sueños escapa de nosotros y puede llegar a los confines de cualquier otra compañera de ilusiones intangibles. Y, aún cuando siempre quisiéramos mandar en el alma, la misión es la mayoría de las veces imposible.

El sello único e irrepetible que aporta cada ser humano puede ser también considerado como ese concepto al que cada cual pone nombre y apellidos; junto con la extensión de sus actos, sus rasgos físicos y las pertenencias materiales en las que deposita su entusiasmo. ¡Cuánta necesidad tenemos en muchas ocasiones de creer que nos es posible quedarnos para siempre con el alma de quienes amamos!.

De maneras diferentes, andan revueltas estos días las almas de súbditos y gobernantes. Podrían cortarse en el aire los vuelos de sus diferentes sustancias y esencias . Importante en este punto citar,una vez más a Platón: "las almas superiores,una vez pervertidas, causan los más grandes males,así en los estados como en sus familias, pero si dirigen bien su vuelo hacen la felicidad del mundo..." .

Por si un día se trasplantara el alma me quedo con Chavela: "Todo lo he hecho a sabiendas y no me arrepiento de nada. Ni de lo bueno, ni de lo malo, ni de los momentos felices, ni de las tristezas... Al final, tengo el alma llena de paz y tranquilidad".


Fotografía: Yoli Iglesias


  










martes, 25 de septiembre de 2012

A dónde irán los besos...


"El beso es ese mordisco que aprendió idioma universal y educación"



"Hay besos que se dan con la mirada. 
Hay besos que se dan con la memoria. 
Hay besos silenciosos, besos nobles. 
Hay besos enigmáticos, sinceros. 
Hay besos que se dan sólo las almas. 
Hay besos por prohibidos, verdaderos. 
Hay besos que calcinan y que hieren..." 

Estos versos que forman parte de un poema de Gabriela Mistral bien podrían considerarse un buen resumen de los tipos de besos, aunque seguramente habrá otros tantos para añadir. Besos rentables, besos desconcertantes, besos sarcásticos, besos amargos, besos cantarines o besos interesados serían algunos de los que faltan. 


Una noticia que encontré por la Red me llevó a escribir sobre el beso y su porqué. "Seis lugares donde está prohibido besarse en público" era su titular. Dubai, la ciudad de Maryland, en Estados Unidos, Malasia, Guanaijuato (Méjico), algunos colegios de Australia, y el Estado de Iowa, también en Estados Unidos son esos puntos geográficos donde el beso no está nada bien visto. Es probable que en dichos territorios se hayan basado en la reflexión del escritor irlandés, Jonattan Swift: "Señor quisiera yo saber quien fue el loco que inventó el beso".



El acto de tocar con los labios generalmente a otra persona -algunos animales como los primates también se besan-; bien sea por amistad, cordialidad, afecto o pasión tiene algo de universal y sagrado. La combinación de los tres sentidos -gusto, tacto y olfato- llevan a hacer sublime el gesto, en la mayoría de las ocasiones. Por algo Pretty Woman permitía "todo menos besar" como condición en su trabajo, el oficio más antiguo del mundo.



Aún siendo un idioma internacional, ese contacto de dos epidermis varía en algunos lugares.En la cultura esquimal, por ejemplo, se besan frotándose la nariz. El número de besos a la hora del saludo también cambian según las latitudes. Mientras que en España y otros cuantos países más lo lógico son dos besos en los encuentros y despedidas, en Bélgica y Holanda el número de ósculos se amplía a tres.  Besarse entre personas del mismo sexo es normal en muchos puntos del planeta, mientras que en otros los hombres tienen restringido el gesto entre sus congéneres. Todo lo contrario que en Rusia, donde los varones se dan un piquito en la boca a modo de saludo. Sin menos prisa en el preámbulo, los egipcios posan sus boca en la mejilla ajena, se dan la mano y concluyen con un beso en la frente. 



Demasiados requisitos para quienes son parcos en demostraciones de afecto ,fundamentalmente en público, aunque tal adversión nada tenga que ver con la falta de amor. Muy cierto además que casi siempre hay uno que besa y otro que se limita a permitírselo. Sin olvidar a aquellos en quienes pensó Bécquer; son las almas que "si hablar pueden con los ojos también pueden besar con la mirada".Sin duda  esos 34 músculos que ponen nuestros labios en movimiento también levantan más veces de las debidas suspicacias, enconos y algunas sorpresas. 

En cualquiera de su modalidad de intenciones, tienen esas carantoñas un algo de transmisión de vida; es por ello que los besos más tiernos y desinteresados son los que salen de padres a hijos. Nada que siente mejor que un repertorio de besos a nuestros pequeñines que, de manera particular, recién despertados de esos sueños felices "saben a pan recién sacado del horno" como dice Carolina. Incomparable ese primer contacto con la piel apenas llegada a la vida de un hijo que tienes en tus brazos por vez primera. Un momento inolvidable que siempre quedará sellado con un primer beso, preludio de un amor incondicional.Nunca olvidaré un cartel que leí en la consulta de un pediatra: "Jamás niegues a tu hijo un beso o un abrazo por profundo que sea vuestro enfado" Los comeríamos a besos en esas tiernas infancias; arrepintiéndonos más de una vez de no haberlos comido mientras padecen la irritable adolescencia. 



Ya sean con connotaciones sexuales, amistosas, fliliales,  protocolarias o amenazantes , las intenciones del músculo orbicular conllevan una dosis de pretensión añadida. Interpretando a Bécquer, en un beso sabremos casi siempre todo aquello que callamos, aunque siempre habrá para quien los mejores besos sean aquellos que nunca han dado. Por algo se preguntaba el paisano Víctor "a dónde irán los besos que guardamos, que no damos...".



Por muy prosaica que sea la actualidad, siempre nos quedarán los besos, aún cuando haya alguno que lamentaremos no haber dado. No cuestan dinero y, salvo los de Judas, son un bálsamo para el espíritu. Lo único que perdura "cuando la edad enfría la sangre y los placeres son cosa del pasado, el recuerdo más querido suele ser el último , y nuestra evocación más dulce, la del primer beso..." (Lord Byron).



Imagen: Fotograma del beso entre la Dama y el Vagabundo; uno de los arrumacos de leyenda más famoso en la historia del cine...

  








martes, 11 de septiembre de 2012

Aunque los héroes también se nos mueran...

"No hay hombres perfectos, sólo intenciones perfectas". Robin Hood (Principe de los ladrones).
Que tiren la primera piedra aquellos adolescentes y jóvenes de la transición española que no han soñado con darse un paseo por la Serranía de Ronda en el caballo blanco de Curro Jiménez. Cuando la noche del domingo comenzaba la banda sonora compuesta por Waldo de los Ríos, el país entero  se paralizaba para ver al bravo justiciero que desvalijaba a los ricos con cortesía y con una veta de seductor que también tenía su aquel: "Un lugar en el monte y un hombre como yo no es un negocio rentable. Me encantan los malos negocios".

La muerte de Sancho Gracia, el actor que tan bien encarnó el bandolerismo andaluz del siglo XIX ; y aqhora la de Pepe Sancho, el Estudiante más rebelde, me hizo pensar en  los héroes y heroínas de leyenda que nos reafirman en la necesidad de creer en hombres y mujeres valientes, libres y justos. Incluso hasta guapos. Representantes de ese afán de saltarse las norma, que en los de menos edad es un valor añadido cuando está bien canalizado. A ser consevadores ya habrá tiempo.La necesidad de justicia se presenta menos adulterada cuanto mayor es la juventud.

Hemos de reconocer que a algunos nos atrae sobremanera la posesión de una pizca del coraje y la valentía de esos paladines semidioses perdidos por sierras, castillos, palacios, bosques o chozas. Son los ejecutores de los principios más nobles del ser humano, convencidos todos ellos de que "la justicia la imparten los hombres, y cuando los hombres se equivocan se convierte en injusticia" (Robbin Hood). Hace mucho que no cuela aquello de que los indios siempre eran los malos.

Ha habido y hay otros valientes más anónimos y reales. Pero cineastas y escritores se encargan de realzar lo sublime con su fantástica capacidad para hilar atractivos argumentos a medias entre la leyenda y la autenticidad, extrayendo los mejores matices de unos personajes que nos hacen ponernos de su parte en la primera escena, aún cuando no dejan de tener su lado oscuro como cualquier mortal.

En el fondo sólo se trata de cuánto nos atrae a una mayoría la justa redistribuicón de la riqueza y el bienestar. Desde ahí parten el resto de las divisiones de ideales. Al igual que el gran Sarmago pienso que la posesión de unos u otros es una cuestión hormonal.

Que lance asimismo el primer canto quien no pensó en algún momento aquello de que "quien roba a un ladrón tiene cien años de perdón", a pesar de que no debería hacerse apología del delito ni con justificación. Los villanos siempre reaparecen a través de las épocas adaptándose a las circunstancias. Por eso también retornará la réplica con bandoleros "buenos" que mutan sus caballos por vehículos a motor y sus trincheras por las redes digitales.

Que la salida para huir de las injusticias no siempre sea la del final de la serie, porque América tampoco es completamente inocente.: "¿A dónde vamos?. A América ¿Y eso dónde es?. ¿No te lo han dicho en la escuela?. Dicen que allí los campos son inmensos y se pierden en el horizonte. Que los ríos son anchos y profundos como mares. Que la tierra es generosa y hace florecer todas las estaciones".  Aunque sólo sea ya en sueños o conformándonos con representar a los luchadores anónimos de nuestro pequeño e imperfecto mundo cotidiano, no dejemos morir esa pasión por el héroe o la heroína que todos aspiramos a ser algún que otro día.







martes, 4 de septiembre de 2012

La rutina de la rutina...

"La trampa de la rutina se desarma mirando excepcionalmente lo no excepcional". V. H. Menacho
Paradójicamente, lo rutinario, aquello que forma parte de las actividades normales que diariamente llevamos a cabo sin necesidad de reflexión, nos atrae después de una temporada de horarios libres y actividades extraordinarias.Aunque pasada media hora inmersos en lo de siempre ya estemos deseando volver a lo excepcional.

Así de contradictorios somos la mayoría de los seres humanos. Siempre deseando lo que no tenemos. Aún cuando sea el uso más común, necesitamos aferrarnos a una cierta seguridad. Expertos en el tema explican que "la rutina significa regularidad y gracias a ella podemos ahorrar energía para dedicarla a otras actividades más creativas centrándonos así en lo que nos interesa de verdad".

¿Podríamos vivir sin rutina? Algunos psicólogos aseguran que sería como la experiencia de un viajero que vive al día, sin tener la menor idea de lo que le va a deparar la vida. Esta situación durante un tiempo prolongado causaría un estado de inseguridad y estrés poco saludable.

Nada que ver el hábito con el aburrimiento.Más bien anhelamos una estabilidad física y emocional sin dejar de sorprendernos y motivarnos con las cosas más cotidianas. Aún cuando realicemos todos los días las mismas actividades en unos horarios más o menos similares, de nuestra actitud depende que cada jornada descubramos un nuevo detalle para valorar y sacar más provecho a nuestra existencia.Siempre a cuestas con la certeza de que todo cambia constantemente y nada está controlado al cien por cien.

Por otro lado, hasta las vivencias más extraordinarias acaban volviéndose rutina porque la costumbre es tozuda y pronto se familiariza con nuestro devenir. De ahí lo importante de saber extraer lo extraordinario de los detalles más comunes del día a día.

Hay, no obstante, una rutina a la que no debemos permitir acostumbrarnos: la que viene cargada de energías negativas para ese pequeño universo que encierra cada cual. Hay infiernos que, a fuerza de ser rutinarios, se acoplan a nuestro respirar como si fuera lo más normal. Los de las angustias que matan y los miedos que pueden .Esas usanzas que bien pueden depender de nosotros, o no, debemos aprender a convertirlas en excepcionales. De lo contrario, transformaremos en rutina vivir en el abismo del que siempre soñamos huir

Huele ahora en nuestras vidas a libros nuevos, juegos en los parques,  jornadas de horarios madrugadores, comidas ordenadas, limpiezas a fondo, series televisivas, promesas renovadas y encuentros con aquello de lo que de cuando en cuando es preciso desconectar.

Rutina de este blog que se ha convertido en un hábito del que siembre habré de extraer algo nuevo para no llegar a caer en la desgana y el hastío. Que todos sean iguales pero no se parezcan a ninguno. Feliz vuelta a las usanzas, aunque probablemente yo sea de los que rápido las aborrezca. Será por eso que me incluyo en el grupo de quienes dejan todo a medias, junto con el de los que se cansan primero de los langostinos que del plato de lentejas...



Imagen: "Garapiellu" de avellanas. La recogida de las avellanas significa en Asturias la vuelta del otoño y sus rutinas... De nosotros depende darle el toque mágico...





martes, 31 de julio de 2012

Prólogo de nuestro libro sobre madres




Comparto con vosotros el prólogo del libro que Susana González Sancho y yo hemos escrito. Un honor que la periodista de la Nueva España, Pilar Rubiera, nos haya redactado la introducción.

SER MADRE, UN VIAJE EXIGENTE Y GLORIOSO

Pilar Rubiera

“Recuerdo un día lluvioso de invierno. Una gran colada de ropa que no acababa de secar y otra montaña de ‘trapos’ esperando que alguien les pusiera la plancha encima. Un montón de juguetes desperdigados por los rincones más inesperados de la casa; el chiquitín llorando sin consuelo porque era de poco dormir y el futuro adolescente exigiendo mi ayuda para hacer los deberes. Así comencé a convertirme en la adulta que nunca había deseado ser. Fue uno de los momentos –tantas veces se me repiten y se me han de repetir- en los que me estremeció la gran pregunta del libro de Rosa Regás ‘Sangre de mi sangre’: “¿Estamos preparados para lanzar al mundo un nuevo ser para que no sólo reciba los bienes y el amor que estamos dispuestos a ofrecerle, sino también un futuro donde un día tendrá que abrirse paso sin nuestra ayuda afrontando las dificultades, las injusticias, los ataques que nosotros ya conocemos, ya hemos sufrido y tal vez sigamos sufriendo?””

Esta es una de las muchas reflexiones que propone el libro “Madres In-Perfectas” sobre la maternidad, del que son autoras las periodistas Susana González Sancho y Berta Suárez Hevia. Casadas y madres de dos hijos cada una de ellas, se conocieron en un curso profesional e inmediatamente conectaron. Ambas, en situación de paro laboral, se sentían atrapadas en una maternidad que, pese a ser “lo más importante de sus vidas”, aseguran, les generaba en ocasiones inseguridad, sentimiento de culpa y frustración. El libro habla de madres y de hijos, no ignora la figura del padre, pero aparece más desdibujada en el acontecer diario. Susana González Sancho se detiene en el embarazo, el parto, la lactancia, la relación de pareja y los primeros meses que siguen al nacimiento del bebé que, en el caso de su primer hijo, la niña Lucía, fueron tiempos en los que dormir era un lujo que no podía permitirse. La madre está sola ante el reto de la crianza. Susana sintió que fracasaba como tal cuando el pediatra de su hija le escribió en un papel: “Lo mejor para Lucía es que su mamá le deje de dar el pecho”. ¿La razón?, los fármacos que debía tomar para combatir la depresión que padecía no eran compatibles con la lactancia natural. “Cuando ya fui mamá, eché de menos que alguien me hubiera explicado lo duro que es criar a un bebé día tras día, lo difícil que es pasar noches enteras sin dormir”, dice. 

Berta Suárez Hevia se detiene en las difíciles relaciones con un hijo adolescente guerrero. “En las aguas turbulentas de la adolescencia que, salvando las circunstancias sociales, se remueven del mismo modo, generación tras generación, hay momentos en los que un sentimiento parecido al odio aflora en las relaciones con nuestros hijos. Después de “odiarnos” un ratito, la batalla de la intolerancia suele darse por finalizada, agitando por ambas partes la bandera blanca del perdón. Un abrazo que templa las voluntades, que apenas unos minutos antes parecían indomables. Intentamos buscar el punto medio de nuestros argumentos y el punto de vista humorístico suele hacer el resto. ¡Nada era para tanto! Dejamos de odiarnos hasta la próxima contienda y el pequeñín termina de romper barreras imitando a su hermano: “Quero poné un pisin en las seja””, escribe Berta.

Un hombre no queda embarazado. Es la mujer la que acoge en su vientre durante nueve meses al futuro ser humano y, en ello, hay algo glorioso. Cuando, en el nacimiento, el cordón umbilical se corta y el niño o la niña alumbran a la vida, el viaje comienza .Y nunca sabes adónde te llevará. La maternidad te condiciona radicalmente. Es un derecho, es un patrimonio y un vínculo de por vida. Y nada de todo ello te asegura que la aventura va a salir bien. Decía la escritora estadounidense Hill Churchill que no existe la madre perfecta pero hay un millón de maneras de ser una buena madre. Ya lo dice le refrán: “madre no hay más que una”. Para bien o para mal.

En todo este trayecto hay mucho trabajo, gran responsabilidad, renuncias y rutina. Y hartazgo en ciertos momentos. Susana y Berta también hablan de la carga que supone la crianza y educación de los hijos para la mujer frente a un papel más ausente del hombre. Las cosas, dicen, empiezan a cambiar, pero son necesarias otra actitud y mentalidad, propuestas serias que den contenido a la llamada conciliación laboral y familiar. “Que me disculpe mi compañero de fatigas –cabe la remota posibilidad de que sólo sea una percepción mía- si afirmo que, en más momentos de los que me gustaría, tengo la impresión de que la resolución de problemas educativos respecto a nuestros hijos es de mi entera exclusividad”, escribe Berta. ¿Cuántos hombres serían capaces de dejar sus ambiciones profesionales por quedarse en casa criando a los hijos?, se pregunta Susana.

En el relato, con final feliz, hay espacio para el humor, como cuando Susana cuenta el primer viaje con su hija de tres meses a Cádiz o los preparativos de un día de excursión de toda la familia, o cuando Berta escribe sobre la fracasada vasectomía de su marido ante un falso testigo. Otras catorce mujeres hablando de su experiencia como madres ayudan a entender la aventura de educar a los hijos. Lo resume con gracia una de ellas al recordar una conversación con una amiga en la que ambas despotricaban contra sus hijos. “¿Qué podríamos hacer?” le pregunta una a la otra otra. La respuesta es tan sincera como certera:”Quererlos, chica, quererlos”.

“………..” es un libro en el que muchas mujeres se sentirán reflejadas. Habla del hecho cotidiano de ser madre, la más importante de todas las profesiones, según decía la activista estadounidense Elizabeth Cady Stanton. Y añadía: “Exige más conocimiento que cualquier otro asunto”.













lunes, 30 de julio de 2012

Del estigma de ser de pueblo al orgullo de vivir en la aldea

"...Mi pueblo son sus gentes,

hombres y mujeres que labraron el surco,
aquellos que partieron en pos de un sueño
y los que dejaron los vientos y las flores
para abrazar la tierra y sus orígenes..." (Pepe cercas)


Hay un denominador común entre los que compartimos la huella de ser de aldea que nos ha concienciado en la pertenencia a una casta diferente. Una mayoría de estas generaciones pasadas, que nada tienen que ver con la integración en la sociedad más moderna de las actuales, teníamos las mejillas más rosadas, los deditos menos finos, la vestimenta no tan a la moda, el lenguaje marcado y la idea del mundo un tanto reducida. Se veía la tele -los afortunados que empezaba a tenerla- en una silla en la cocina y se hacían los deberes en ese mismo rincón. Características éstas acrecentadas en la postguerra de nuestros padres y abuelos. Por entonces un viaje a la ciudad se convertía en toda una aventura que el cine, la literatura y la televisión se encargaron de inmortalizar.

Cuarenta años atrás, alguien que conozco muy de cerca se  fue a comprar unos zapatos a la capital de provincia. Como el gusto  por la calidad  nada tiene que ver con la forma de vida, eligió un par de los de más valor. "Estos zapatos son muy caros", le apostilló la dependienta con ausencia de diplomacia. "Yo nun i dije en ningún momentu que quisiera unos baratos", le contestó con rapidez mental aquel hombre de piel curtida por los aires de altura, que siempre cuenta esta anécdota cuando sale a relucir el tema de cómo engañan las apariencias. Tal vez alguien con aspecto menos rudo hubiese tenido que pagar la mercancía a plazos. Si por algo se caracterizaba a la gente de los pueblos era por ser poco deudores."Compro y pago, vendo y no cobro", es otra famosa frase de un tratante de ganado de mi tierra.

Hubo un tiempo en que incluso algunos aldeanos fueron objeto de burlas sonadas por los habitantes de núcleos mayores, pero no siempre quienes rieron primero rieron los últimos. Conocido es el percance de unas mujeres que bajaron por primera vez en su vida a la ciudad -ahora a tres cuartos de hora,- que por entonces se les antojaba lejanísima de su caserío. Cuando se disponían a comer unos pasteles en un negocio de la localidad, unos graciosillos les sugirieron posar para hacerse una foto que les enviarían a su casa; con una falsa cámara. Pusieron su mejor cara de domingo las "ingenuas" campesinas, y siguieron degustando sus dulces ajenas a las risas originadas . Al tiempo de pasarles la factura, con el mismo gesto que habían hechos la foto se despidieron amables: "Vendremos a pagalo tou xunto el mismu día que tengamos los retratos".

Complicado deshacerse por completo de esa marca aldeana que empieza a retornar como un símbolo de status. Muchos de los que vivimos a caballo entre la ciudad y nuestras raíces en algún pueblecito seguimos sitiéndonos unidos por algo intangible como es el pertenecer a una estirpe de manos ásperas por el trabajo en el campo, que conocía cada recodo del sendero de los valles y todas sus fuentes, además del nombre de las cumbres de las abundantes montañas. Trataban de de tú a tú a los animales y al resto de la naturaleza y aún en su tosquedad tenían parcelas de ternura. Nos sentimos ahora orgullosos de esos antepasados que un día se sintieron perdidos en la gran ciudad, con unas madres que no lucían el refinamiento de horas de peluquería y paseos por variopintas tiendas y unos padres que se sentían extraños en ropajes poco habituales en su cotidianeidad. La ropa de domingo era para los días festivos y aún con ella parecían menguados cuando la llevaban a lugares donde se sentían más chiquitos. No se si con la madurez o con el avance de los tiempos, nos percatamos ahora que no cambiaríamos la sencillez de nuestros antepasados por el encono de otros. No obstante, hubo una época en la hubiéramos deseado que nuestra progenitora hubiese lucido el cabello enlacado y nuestro papá se pasease entrajeteado y oliendo a colonias caras por las reuniones del colegio.

Inexplicablemente para muchos, nos daban un poco de envidia quienes vivían en la colmenas que, al fin y al cabo, son los pisos de ciudad, con independencia del lujo de los mismos. Era un cierto complejo de escasez de refinamiento que, de algún modo continúa en algún rinconcito de nuestras neuronas. Ese algo posiblemente inexistente nos hacía sentirnos inferiores a los chicos y chicas de población, más duchos en el manejo de las modas y otros instrumentos de las urbes que en última instancia no pasaban de la superficialidad. Una vez intimados con ellos y sus circunstancias, incluso les aventajábamos en desparpajo y conocimientos. Pero eso se demostraba con la timidez de quien siempre se encuentra desubicado y en desigualdad de condiciones.

Existió una etapa, cuando el progreso comenzó a unificarse, que en las aldea se construían o renovaban las casas imitando a las de nuestros vecinos de la ciudad. Del  mismo modo la decoración interior emulaba cocinas y salones de cualquier piso de la villa, aunque a posteriori se empezó a demostrar que se puede vivir confortablemente conjuntando tradición y progreso. Comenzaron también a llegar otro tipo de alimentos; no siempre más sanos que los cocinados con los cuatro ingredientes básicos de la tierra. Mi padre intercambiaba el bocadillo de chorizo o jamón casero que se llevaba a la mina por otros que sus compañeros en el tajo llevaban de su poblado. Los embutidos ya elaborados en fábricas representaban algunas de aquellas novedades cuya calidad no siempre iba a juego con su estética. Hace ya unas décadas que volvieron  las casas de piedra, los materiales nobles, las cocinas de leña, los corredores y las chimeneas en los salones. Se retomó el lenguaje autóctono y algunas costumbres dignas de ser protegidas.

En la actualidad vivir en un pueblo pequeño constituye todo un lujo, envidiado por muchos.Los accesos a las comodidades de la modernidad están al alcance de la mano.Por ello la balanza se inclina ahora por la libertad de disfrutar de una casita en medio de la naturaleza, saludar en directo a tus vecinos en cuanto te levantas, sentarte a media tarde en las inmediaciones de tu vivienda para disfrutar de una charla amigable con una fruta madura en el árbol y despedir el día mirando más de cerca la luna mientras escuchas sonidos del libre albedrío de una variada fauna sólo es posible si habitas en alguna de esas reservas naturales, ahora objeto de deseo. Quien tiene  la posibilidad de ir todos los días al gallinero, coger unas lechugas en la huerta, hacer un postre con sus propios frutos secos o disfrutar de un baño en el remanso de un río a tiro de piedra, tiene un tesoro.

 Mejores accesos al progreso social en general desmitificaron esa visión de sinónimo de pueblerín. Somos ahora  afortunados del disfrute de ambos mundos que se dan la mano a través de las distintas vías de comunicación.  Nuestros hijos pueden comprobar de primera mano que los huevos no salen del supermercado de la esquina o que los tomates no se reproducen en las estanterías de una gran superficie comercial. Es más, muchos firmaríamos por vivir de seguido en la aldea que un día nos vio nacer. El universo ya no tiene barreras para las fisonomías ni las mentalidades. Por eso, hay que colaborar, cada uno desde su parcela social, en el incentivo de aquello que haga más fácil la vida de la gente que decida quedarse en esos minifundios entre valles y montañas que van enraizando nostalgias y progresos.


Imagen: El pueblo de Soto de Agues (Asturias) cuando todavía las imágenes eran en blanco y negro. Autora  de la foto:  Ana María de Vásquez.