martes, 31 de marzo de 2026

Soledad también es nombre de mujer

La soledad no es una sola: existe la elegida, necesaria de cuando en cuando. La soledad impuesta, que es la que más duele; hasta físicamente en algunos momentos. La soledad social, rodeados de gente pero desconectados. La soledad emocional, quizá la más silenciosa. Por último, quién no conoce a alguna Soledad, con este precioso nombre de mujer. En una sociedad hiperconectada, la llamada “soledad no deseada” se ha convertido en un problema público que España ha empezado a abordar con iniciativas como la Estrategia Estatal contra la Soledad No Deseada, impulsada por la Ministerio de Derechos Sociales. A nivel global, países como el Reino Unido crearon incluso un ministerio específico. En Asturias, destacan programas autonómicos y municipales que fomentan el acompañamiento y otras actividades sociales activas, para paliar el aislamiento involuntario. Por su parte, la cultura lleva siglos explorando este sentimiento. “La soledad es muy hermosa… cuando se tiene alguien a quien decírselo”, escribió Gustavo Adolfo Bécquer. En la música, resuenan cientos de temas, al tempo que el cine y la literatura la convierten en espejo social. Hablar de soledad hoy implica reconocerla sin estigma. No siempre se trata de eliminarla, sino de transformarla. Porque la soledad más dura no es estar solo, sino sentirse invisible. Curiosamente, Soledad es también un nombre propio de mujer. Simboliza recogimiento, introspección y fortaleza interior. Mujeres como la escritora Soledad Puértolas, la cantante Soledad Giménez, la política Soledad Murillo, primera fiscal de sala contra la violencia sobre la mujer, la ministra de la Transición, Soledad Becerril… han llevado este nombre con una fuerte presencia pública. Por nuestres caleyes, asimismo, hubo muchas Soledades, que encarnaron a la perfección aquel viejo tema: “Soledad, vive como otra cualquiera, en la aldea donde naciera, lava, cose, llora y ríe, ¡ay mi soledad…!” Mientras cierro esta columna, la noticia más comentada (junto a los diarios sonidos de los bombardeos de las malditas Guerras), es la conmovedora decisión de Noelia Castillo y su derecho a morir dignamente. Enlanzándola con el tema tratado, recordé la canción de Alfonsina y el mar: “…Un sendero solo de pena y silencio llegó hasta el agua profunda… Te vas Alfonsina con tu soledad…”

martes, 3 de febrero de 2026

Ellas hablan solas

"Pues sí que está hoy el día para ropa de primavera”, digo en voz alta, mientras por doquier se anuncian prendas en marrón café, verde lima o rojo tomate y, en paralelo, las noticias hablan de borrascas. Kristin se llama la que se avecina cuando escribo estas líneas. En tanto que ajusto el volumen de la radio, compruebo que no tengo ajo puerro para los garbanzos. “Los haré igualmente. Todo es prescindible”, trato de convencerme, sonriendo al darme cuenta de que cada vez tengo más diálogo en soledad. “¿Dónde había ese insulto no habría otra palabra más inteligente? ¡Qué mal asesorados andan!”, murmuro ante alguna salida de tono de quien nos representa en las altas instancias. “¡Pl
anazo!”, exclamo también con frecuencia, emulando a Giró, al escuchar ciertos deseos que se acrecientan en las antípodas de los avances sociales. Concluyo que esto de hablar sola debe de ser cosa del paso de los inviernos. Bien me lo decía mi madre: “Como te veo me vi, como me ves te verás”. A poco que contrastemos, comprobamos que el fenómeno es generalizado. Algunas amigas comentan que también notan el aumento de sus soliloquios. “Debemos de ser superdotadas, porque he leído que hablar solo es síntoma de inteligencia”, asegura Fina. “Pues yo voy para cum laude”, replica Marta, que confiesa aprovechar esos desdobles de personalidad para mandar por donde empiezan los cestos a quienes no se atreve a decírselo cara a cara. “¡Y lo bien que me quedo después!”, afirma. Antonio Machado decía que quien habla solo llegará un día a hablar con Dios. No sé a cuál se refería el autor de Campos de Castilla. “A uno de tantos, qué más da. Alguien con superpoderes tiene que haber para recompensarnos de tanta tragedia e injusticia”, me digo. A mí, lo que más me convence es la reencarnación: pensar que en otra vida fuiste alguien distinto o que tendrás la oportunidad de ser mejor. “Quién pudiera”, reflexiono al comprobar que tampoco tengo azafrán. Plan B: colorante. Mención aparte merece lo de inventarse letras a melodías conocidas o cantar para un público inexistente. Basta con que suene aquello de “cinco mil años y aún estoy por tus huesos, abrazado a tus huesos…” para que una se venga arriba. ¿A que ya la estáis cantando? Normal: los amores eternos también hablan solos.

viernes, 16 de enero de 2026

Te contaría

Próximos a cumplirse dos eneross sin ti -es increíble cómo uno va superando el paso de los días-, ajenos ellos a las ausencias personales e intrasferibles, pienso en lo que te contaría ahora, mientras me llegan recuerdos de instantes felices y flases de otros amargos. Te contaría que te recordamos cada día, que sigues siendo el amor de mi vida (eso que tal vez no te dije suficiente; tal vez nunca), y que estamos convencidos de que nos proteges desde ese lugar donde habitan los recuerdos y las huellas que nos han dejado quienes tanto nos quisieron. Aunque la nieve, que sigue cayendo de cuando en cuando ya nunca será la misma. Te contaría que, a simple vista, todo parece igual: los malotes de patio y sus secuaces siguen campando a sus anchas -a pequeña y gran escala-, porque ponerse al lado del fuerte -yo no digo que lo sean, pero sí que lo pareceb-, envalentona un montón a quienes, a nivel individual, son otra cosa. Y que el mundo está tan revuelto que, ante las noticias que nos llegan cada día (predominando el bulo que se alimenta de la ignorancia, las hipocresíad y el algoritmo), a buen seguro que tú harías zaping y seguirías sintonizando con aquellos reportajes de naturaleza que tanto te gustaban. Te contaría también que nos han ido dejando muchas personas -jóvenes y mayores-, porque el destino no pregunta ni respeta el turno. Te contaría que parece estar cada día más de moda la ausencia de empatía, el tener razón sin escuchar, el juzgar sin mirarse al espejo, la amistad egoísta -ahora me convienes, ahora no-, y la falta de lealtad. Por eso, el círculo de personas a las que llamar amigos se va reduciendo. Te contaría que te sorprendería cuánto me vale pensar en esa tu energía superpuesta en el realismo mágico de mis deseos, para ser algo más valiente y para solucionar "empresas" que se van presentando a diario. Incluso me hice un poquitín menos ingenua y, mira que me cuesta bajarme del guindo, pero recuerdo coversaciones contigo, pienso en lo que tú opinarías, me aconsejarías, en tu rapidez mental... y cambio el chip. Te contaría que ahora suelo mirarme al espejo medio a oscuras, porque me cuesta reconocerme en él y me asusta, te lo confieso, las huellas que veo del paso del tiempo codimentado por las tristeza, que trato de paliar con sonrisas por aquello de no convertirme en una amargada. Te contaría que sigo llevando a cabo pequeños proyectos que mantengan viva la ilusión y hasta, en ocasiones, canturreo por la casa, para que la luz no deje de entrar en ella. Te contaría que tu compañeru de batanes por praos y montes sigue echándote de menos como el primer día. Justo hoy te recordamos en todes eses ferramientes que quedadaron suspendidas en el tiempo; como recuerdos sagrados; que apenas nos atrevemos a cambiar de sitio, con la imposible idea que un día vuelvan a tus manos. Te contaría que ahora me da por leer libros como "El poder de las lágrimas", aunque ahora sea incapaz a derramar ni una. Vamos que "lloro pa dentro", como nos decía uno de tus hijos, que también son los míos. O escuchar canciones como "Te veré" o "Nos haces tanta falta". Te contaría que no abandoné mi pasión por la escritura, aunque te asombrarías de mis derroteros laborales. Pero esta válvula de escape con la que canalizo sentimientos propios y ajenos a través de hilar palabras, supongo que continuará mientras haya quien las haga también suyas. Te contaría... Y, no obstante, no poder contarte es lo que más duele. .

domingo, 11 de enero de 2026

El tamiz de la amistad

A medida que cumplimos años, nos hacemos más selectivos a la hora de enumerar los amigos, al igual que el resto de nuestras prioridades. A diferencia de la familia, la amistad es un pacto libre entre dos personas que puede retirarse en cualquier momento. La reciprocidad es uno de los ingredientes imprescindibles de la camaradería, puesto que la amistad no es simétrica al milímetro, pero sí equilibra. Si siempre das o siempre recibes, no funciona. Poder mostrar tu vulnerabilidad sin temor a que se use contra ti, sería otro de los pilares de la hermandad. Qué decir del tiempo y la constancia: la amistad se verifica en la duración; quien solo aparece en los buenos momentos no es un amigo. Por último, tendríamos que hablar de la libertad, porque un amigo no te encadena. Asimismo, su calidad se mide en la calma que produce. Tras ver a un verdadero amigo, sientes claridad, no confusión; impulso, no desgaste. Puedes discutir sin romper nada, porque el vínculo es más grande que el desacuerdo. Y, sobre todo, un amigo verdadero te hace mejor persona sin proponérselo. Cicerón, decía que un amigo es “otro yo”: alguien que desea tu bien sin interés propio. Borges veía al amigo como la patria íntima del individuo: “La amistad no necesita frecuencia; el amor sí”. Probablemente “Amigo”, de Roberto Carlos sea una de las canciones que mejor define la gratitud profunda hacia esos compañeros de vida que permanecen, incluso en la distancia o en la ausencia definitiva. De lo único que yo presumo es de tener buenos amigos, lo que se reafirma en esta mini tesis de la amistad. ¡Qué suerte la mía…!, como dice la canción. Recientemente, por eso de que “estes nueves tecnologíes, leénte hasta el pensamientu”, me apareció por las redes sociales un texto que decía: “Quédate con quien sepa herirte y nunca lo haga”, y también me lo apropié para mi reflexión sobre el tema, junto con un dicho de nuestro “Refraneru coyán”: “Nun ye tu amigu quien nun comió un sacu de sal contigo” Que tengáis un buen año y que no os falten los buenos amigos. Imagen: Cuadro de La Amistad, de Cristina Blanch.