Esas pequeñas cosas...

sábado, 18 de febrero de 2012

Un martes de Carnaval...



"Llevamos siempre una máscara cada vez diferente, que cambia en cada papel que nos asigna la vida, la del profesor, del amante, del intelectual, del mundo engañado, del héroe, del hermano afectuoso..." 


Aunque la canción dice que "las niñas ya no quieren ser princesas...", el de hija de rey sigue siendo el disfraz más demandado en épocas de carnaval. No obstante, a buen seguro que en esta edición alguno reptirá con la "infanta imputada". Por su parte, los chicos continúan deseando convertirse en los héroes de leyenda. Podríamos decir que los sueños de romanticismo y aventura confluyen todavía a partes iguales en las fantasías infantiles.También entre los adultos es normal el gusto por mutarse esporádicamente en  personalidades tan imposibles como extremas a nuestro habitual modo de vida. Pero como el carnaval va pegado a la vida, a la actualidad y muy especialmente a los dictados de la televisión, los disfraces de cocineros y cocineras han sido la novedad en esta nueva edición carnavalesca.  Desde que Chicote llegó a nuestras vidas,  ser chef de cocina ya va parejo a los sueñosde emular a las estrellas del cine y la canción.

Escuchaba un día de estos por la radio que, a pesar de que los disfraces de más valor son los artesanales y originales, también es cierto que hay algunas obras de arte que a los niños pequeños les resultan muy incómodas de llevar. Además, les molesta tener que ir dando continuamente explicaciones de su atuendo, la mayoría de las veces difícil de adivinar.: "Voy disfrazado de caramelo de chocolate, un M&M´S, sí ese que le regaló Obama a Rajoy".


Las celebraciones de carnaval, que coinciden con la primera luna nueva de Febrero, se remontan a unos 5000 años, cuando se festejaba la proximidad de la primavera y se rendían honores al Dios Baco. Durante la Edad Media , la Iglesia católica se apropió de la ceremonia pagana, instaurándola como un festejo para satisfacer las necesidades de la carne, y con la misión de compensar los ayunos y abstinencias que habrían de venir los próximos cuarenta días.

 De todos es sabido que quienes obstentaban los mayores privilegios tenían sus cauces para saltarse el sacrificio.Casualmente el cura de una parroquia pequeñita recordaba ayer en su "trasnochado" sermón que los feligreses no debían comer productos cárnicos ni los viernes ni en Cuaresma, haciendo hincapié en que cuando decía carne se refería tanto al alimento como a la relacionada con los "contactos" entre parejas. Recordó el párroco, no obstante, que cuanto mayor donativo a la Iglesia, más difuminada quedaría la culpa. La sonrisa irónica de muchos y muchas al salir de la iglesia  me llevó a  intuir sus pensamientos.

Los Martes de Carnaval de mi infancia comenzaban a primera hora de la mañana. Las niñas de la escuela nos vestíamos de gitanillas.-una falda de vuelo en la que nuestra madre nos cosía lazos y flores hechas con papeles de colores era el fondo de armario más recurrido-. Recorríamos el pueblo cantando lo de  "...un martes de carnaval de gitana me vestí y en un gran salón de baile a mi novio pretendí. Gitanilla, gitanilla dame la buena ventura... cásate con la morena no te cases con la rubia....Yo me caso con la rubia, aunque sea un desgraciado y me dejo la morena, aunque sea afortunado...". Luego venía el chocolate con churros y el regalo a la  maestra quien, al menos ese día, se nos mostraba como una persona menos temida. Por su parte, los chicos -de aquella todavía estábamos separados por razón de sexo- le regalaban un cotizado gallo al profesor, persona no menos autoritaria que nuestra tutora, y a tiempo paralelo también tenían su peculiar ceremonia carnavalesca. Sobrescobio sigue celebrando su particular carnaval, pero la modernidad ha llegado a todos sus rincones, aunque siempre hay algo de esencia en cada lugar que atraviesa el paso de los días.

Tan diferente ahora todo a aquellos primeros años de la década de los 70, la esencia del "Antroxu", como también se le llama en Asturias a la mascarada, sigue destilando la misma pasión entre los entusiastas del intercambio pasajero de personajes y personalidades

Pero...en esta primera luna nueva del frío Febrero, como en todas las lunas, "¿qué máscara nos ponemos o qué máscara nos queda cuando estamos en soledad, cuando creemos que nadie nos observa, nos controla, nos escucha, nos exige, nos suplica, nos intima, nos ataca?". Ernesto Sábato.


















3 comentarios:

  1. Hola Berta, es grato estar de vuelta por aquí.
    Una entrada bastante buena y sobretodo reflexiva.
    Te dejo un abrazo.
    Eres bienvenida por mi espacio!.

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  2. Hola mi niña... Aquí estoy .. Tengo un cacao... Trabajo niños casa... Ya sabes... Bueno carnavales? Pues a mi nunca me han gustado... Este año aun no hemos disfrazado a los bebes... Ellos no se dan cuenta aun... De todas maneras aquí donde vivo no sin muy bonitos... Esperamos el año que virne vivir en Malaga ... Y papa quiere ir a Cádiz... Y yo... A mi siempre me ha gustado disfrazarme de lo que sea pero en plan sexi, enfermera, pilingui.... Xdxdxd muackkkk y como siempre genial!!!!

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  3. Hay personas que piensan que el disfraz sirve para mostrar nuestro verdadero yo sin miedo, que la verdadera máscara la tenemos puesta a diario, es nuestra imagen desnuda, vulnerable y por eso la protegemos. Yo pienso que en algunas personas es verdad, pero no en todas.
    Escribes fenomenalmente bien
    Besos Berta!

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