Esas pequeñas cosas...

miércoles, 29 de febrero de 2012

Mientras haya primavera


"Nada levanta más el ánimo apagado que el madrugador aroma del rocío en una rosa..."                                                                


Allí donde las montañas se muestran tan cercanas todavía existe el prometedor olor a primavera.En los prados que rodean el lugar donde nací las margaritas silvestres y las flores de "pan y quesu" (prímulas) renacen tempranas. La vida huele a tierra fresca, a naturaleza  en  ebullición ,aliada a la luna nueva que nunca falta a su cita en este tiempo de siembras.

Esa misma luna es la que le anuncia a mi amiga Isolina la llegada de los oricios, preludio de su particular primavera. Cuando acude al "pedreru" en busca del olor y el sabor de esas delicias del mar, sabe que ha llegado la temporada de los días luminosos. "Son las flores que todos los años le pongo a mi madre", asegura en su blog (Con espíritu crítico).


Como en todos los rincones del hemisferio Norte, el sol llega de otra manera anunciando la promesa de días más largos, cielos más azules y noches más tibias.Cuando la tierra estrena ese manto nuevo parecen renovarse las esperanzas de otras primaveras, aletargadas en las almas de muchos seres humanos. A costa de diversas alergias y  algunas abstemias, la mayoría de las personas firmaríamos por el barato placer de un paseo al cobijo de esta esencia de la vida.

Es en este entretiempo el momento de renacer las ilusiones por abrir ventanas, ventilar armarios, revisar deterioros y patear el mundo; llámese la senda más próxima o el país más lejano. Para los materialistas, algunos a la fuerza, la llegada de soles más duraderos supone un ahorro considerable en sus energías domésticas, confirmándose el dicho de que "el buen tiempo es la capa del pobre". Hasta el cuidado personal requiere más de nuestra atención en esta época, en forma de cualquier categoría estética: vestuario, dieta, peluquería ,masajes, gimnasia, cremas o todas al mismo tiempo. "Es tiempo de poner el escote al sol y curtir las extremidades", dice una de mis incondicionales.

A pesar de que siguen siendo mis preferidos los vientos cálidos del otoño, reconozco que las mañanas luminosas y los atardeceres tardíos seducen nuestro ánimo, aletargado después de días cortos y noches frías. Se le alegra a uno el espíritu ante esos rayos salvadores y la vida de puertas afuera nos atraae de nuevo. Sin olvidar que siempre habrá para quien sea primavera en invierno y viceversa porque los estados de ánimo personales no van en absoluto correlativos a las cuatro estaciones.

Es sabido que el paisaje que comienza a dibujarse lleno de vida ante nuestros ojos no se ve con el mismo prisma desde las dieciocho primaveras  de algunos que después de las ochenta vividas de otros, pero también para estos últimos el poema de Machado sigue siendo un canto a sus esperanzas: "A un olmo viejo, hendido por el rayo y en su mitad podrido, con las lluvias de abril y el sol de marzo algunas hojas nuevas le han salido... Mi corazón espera también , hacia la luz y hacia la vida, otro milagro de la primavera".


Imagen: Prímulas en Ribota (Asturias), de Noelia Torre Roza.
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1 comentario:

  1. Si te digo la verdad que me den sol, flores... A mi me da la vida... Hasta para limpiar... Estoy estos fías un poco ploffff porque quiero con todo mi alma irme a vivir a Malaga y se esta retrasando por diversos motivos... Pero todo llegara... Muackkkk

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