martes, 20 de septiembre de 2016

Cohousing

Entre el hacerse mayor con los viejos conocidos y el co-housing -envejecer con los amigos-, han pasado ya siglos. En la hilera de casas de un barrio de mi pueblo -dos de sus viviendas son las que os muestro en la foto-, el más antiguo por el número de casas viejas que hay juntas, ahora más despoblado, vivían Ramona y Pelayo, María y Celedonio, Generosina y Llorencín, Gilda de Roces, los hermanos Melendi, Kiko y Virginia, Nieves y Josefa, Concha y Constante; no todos en el mismo tiempo , pero sí en una época cercana;  algunos con su prole, y otros eternos "solterones", con el encanto de los mordaces gruñones, algo más puñeteros que el resto, por aquello de que es fácil criticar sin piedad lo que no se ha vivido.  Como nada está inventado, era un ensayo de las modernas modalidades de envejecimiento con independencia y dignidad. Los más jóvenes ayudaban a los mayores y, a su vez, los segundos servían de cuidadores de niños y otros ancianos en peores condiciones; incluso de  periodistas de temas varios, que por entonces lo de los medios de información actuales no existía. Compartían asimismo comidas, carencias, risas y duelos a partes iguales.
Miedo me da, porque los que tenemos ya esa edad -rara porque ni nos sentimos mayores ni somos jóvenes- ya empezamos con conversaciones de lo que nos gustaría hacer dentro de unos años, siempre con la incertidumbre lógica de los acontecimientos y del devenir que no suele ser como uno se lo imagina. "A mí no me gusta la soledad", dice María, que asegura que vendería su alma al diablo con tal de no verse en esa tesitura. Juan, por el contrario, dice que aguantará en su nido, solo o acompañado, mientras el cuerpo aguante. A unos cuantos y cuantas más nos encanta la idea de una especie de comuna en la que cada cual aporte sus valías para ayudar a sus compañeros. "¡Menuda orgía octogenaria!", dice con picardía Inés, para quien esa utopía es difícil de cumplir porque para entonces ya no estaremos para organizar y ahora que sería el tiempo no hemos empezado. Esteban piensa que acabará como un ermitaño porque reconoce que, a pesar de que valora más los quereres auténticos,cada día siente más necesidad de estar solo. Vamos, que se aguanta cada vez menos a si mismo, como para pensar en un futuro de cercanías vecinales y comunitarias. Nada que no sepamos de esa necesidad de aislamiento transitorio que nos va invadiendo al tiempo que cumplimos otoños. "Con que haya Wifi donde caiga me conformo", les aseguró yo tan en broma como en serio...

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Ningún tiempo es perdido



  • Ningún tiempo es perdido siempre que uno tenga la sensación de no malgastarlo. Así que hasta del sopor de una tarde de Agosto, a comienzos de Septiembre, se pueden sacar buenos momentos, que es de lo que se trata. 

  • En el lento transcurrir de los minutos de estas sobremesas de los últimos días de verano, leo. Nada que exija excesiva concentración. Algo fresco, colorido, ligero y superficial como las páginas de una revista del corazón. Si acaso también se ojea un libro breve o algún suplemento dominical, con el que aumenta tu impresión de calor debido a esos reportajes atemporales, en los que te encuentras las fotografía de un público excesivamente abrigado para los cuarenta y pico grados actuales. Mentiría si os contase que no tengo al lado el móvil, ya un apéndice más de la naturaleza de muchos de nosotros. De lejos, escucho a unos niños decir que van a jugar a islamistas; nada de qué escandalizarse dado su relación con la actualidad y nuestra memoria del juego de indios y vaqueros de aquella otra nuestra  niñez. Este inciso me lleva a tararear bajito una estrofa de aquella canción: "Quién les dirá cuando crezcan que los hombres no son niños. Que no lo son, que no lo son".

  •  Intento desconectar de los agravios de un mundo imperfecto, alejado de la poesía, desde mi sencillo paraíso -un pequeño prado, cuatro rosas y la sombra de unas montañas eternas- leyendo que Banderas sacará en breve su propio libro de poemas; le pasaría alguno de los versos breves  de B. R. si fuera posible que le llegasen. Y observo que el tiempo pasa también para los guapos, ricos y famosos . Detallitos de la edad a un lado, cómo lucen de bien la mayoría de los habituales del papel cuché  en bañador, bikini o facekini (lo del clip vaginal queda para publicaciones más especializadas). Me entero asimismo, por estas revista que pasan de vecina a vecina -hay que amortizar la tinta de color- de que la relación con Melanie del protagonista de Matador es un ejemplo para los matrimonios rotos.Cómo, si no, le escribiría vía digital la madre de su hija: "Feliz cumpleaños a mi macizo exmarido". Por cierto,  la actual pareja del malagueño lleva el nombre de mi gata, un punto más en común con el versátil e implicado actor. Enfin, que Antonio Banderas, también metido a diseñador y próximo a los sesenta, continúa sin decepcionar y parece feliz con un polo de su colección al que no ha hecho más que quitarle el cuello para convertirlo en diferente. Cosas de la excelencia de la sencillez y de quien no le gusta perder el tiempo. Como nota menos desenfadada, me comenta una amiga que ha leído una entrevista en la que el novio de Nicole se barrunta un triste futuro para los jóvenes de nuestro país. Esperemos que esta vez  la astucia de "el zorro" solo sea un presentimiento pasajero. Por otra parte, con esa sencillez propia de los grandes, que no van de divos ni de más que nadie, Antonio asegura que pasará la última etapa de su vida donde están sus raíces... ¿Dónde si no?

lunes, 13 de junio de 2016

Manolín el de Matilde


"La discapacidad no está reñida en absoluto con la felicidad"

Vivió la mayor parte de su vida en el pueblo casín de Tanes, y pasó a la historia del municipio como uno de sus personajes más populares. Una especial vis cómica, un sentido extremado del orden, un amor incondicional por el Ejército y la Guardia Civill -no en vano su padre era hijo del Cuerpo- y una divertida faceta de cantautor (“Ay madre, madre, tiróme la jarra, tiróme la leche, tiromelo tou…”), hicieron de Manuel González Pérez una leyenda entre quienes le conocieron y supieron de sus hazañas.

Desde niño comenzó a sentar las bases de esas historias que ahora pasan de padres a hijos cuando se recuerdan capítulos de personajes únicas de la aldea.. Sus características físicas y síquicas algo diferentes al común de sus contemporáneos nunca fueron un impedimento para dar muestras de gran astucia. Especialmente conocida era su manera de escaquearse de las tareas que sus abuelos, con quienes vivía, le tenían dispuestas. La abuela Matilde picaba desde la cocina al suelo de la habitación del nieto que tanto le gustaba dormir. Manolo abría un ojo, buscaba a tientas sus zapatillas y las arrastraba un poco por la madera para que todos pensasen que estaba levantándose. Al cabo de un buen rato, subía su abuela alarmada por la tardanza y encontraba al chiquillo como un tronco con el calzado dispuesto para repetir la faena por si lo reclamaban nuevamente.

Seguramente los antiguos trabajadores de El Carbonero (ahora Alcotán) recordarán el día que dejó a uno de sus cobradores –una figura ya desaparecida la empresa- “a pata”. Regresaba Manolo a Tanes, desde Tudela Veguín, donde pasaba alguna temporada con sus padres,  después de que su madre le pidiera, como siempre, al cobrador –que conocía sobradamente al chico- que estuviese atento para que se bajara en su destino. Manolo, buen observador y mejor imitador de voces, se dedicó parte del trayecto a escuchar el diálogo entre conductor y cobrador, quedándole claro que el vehículo arrancaba a la voz de "¡Vamonosss!". En el pueblo lavianés de Muñera el cobrador se bajó a dejar unos paquetes como solía hacer en todas las paradas. Manolo exclamó: "¡Vamonosss!" con una imitación de voz y entonación perfectas y el conductor arrancó el autobús dejando a su compañero brazos en alto en la parada. Un vecino tuvo que arrancar su coche para que el trabajador alcanzase a su compañero en el próximo alto del autobús.

La iglesia y toda su parafernalia eran otra de las curiosidades del célebre casín. Se pasó años mostrando su deseo por conocer al Obispo, por lo que no sorprendió a nadie que el día que este alto cargo del clero visitó el pueblo, el párroco del lugar –que sentía una gran simpatía por Manolín- lo llamase para presentarle al prelado. -Mira, Manolín esti ye el Obispo”, le explicó el cura. Con toda la naturalidad, el muchacho miró de arriba abajo a aquel señor tan raro y exclamó: “¡Ay paxarón!, sorprendido por la vestimenta y los adornos que llevaba aquel hombre tan raro; seguramente decepcionado porque no era aquella la imagen que él se había creado del máximo sacerdote.

También sembró cátedra en la cocina. Cuando tenía unos ocho años, y habiendo oído  comentar que  las mujeres recién paridas  debían tomar caldo de gallina, decidió ir a casa de su vecina, que acababa de tener un niño y se encontraba en la cama con el recién nacido. Soledad comenzó a oír unos ruidos extraños (tras tras, tras tras…).. Bajó las escaleras y se encontró con una gallina viva, metida en una cazuela sobre la cocina de carbón encendida. El ave luchaba con todas sus fuerzas por salir de aquella prisión. Los golpes que se escuchaban era la tapa de la olla que subía y bajaba cada vez que daba un salto la gallina que Manolo había cogido en el gallinero de su otra madre.

La etapa final de su vida, y obligado por las circunstancias a abandonar el pueblo donde tantas caleyas recorrió, Manolo la pasó en casa de su único hermano. Una de sus últimas “trastadas” la  realizó un día que la mujer de Carlos le llevó a visitar a una amiga. Gran amante también de la pulcritud, el protagonista de esta historia acostumbraba a peinarse –siempre traía un peine en el bolso de atrás de su pantalón vaquero- y asearse en algunas de las casas que frecuentaba. –“Nena voy al bañu”, le dijo a su cuñada Blanca. Como tardaba en aparecer, entraron al aseo y se encontraron a Manolín cantando bajo la ducha una de sus originales composiciones. que a veces arrancaba por rancheras, otras por tonada asturiana y en la mayoría de ocasiones con ritmo propio.

Sus innumerables aventuras darían para escribir un libro de muchas páginas. Esto es solo un pequeño esbozo de algunas anécdotas que quedaron apuntadas en el cuéntame casín para rememorar a una de esas personas que siempre conseguía sacar una sonrisa a sus paisanos y paisanas, incluso muchos adoptaron como propia su evasiva de casarse siempre "pa mayo", y ahí siguen con la disculpa... Como a todos nosotros, a Manuel lo que más le importaba era lo mismo que  en realidad le interesa al común de los mortales:que nos quieran más. Por eso repetía con frecuencia la  archifamosa de entre sus frases:  "¿quiéresme prenda?" (para los que desconocen el idioma del concejo de Caso,  prenda es sinónimo de mi  vida, cielo, cariño, etc...).

 Hoy, a  modo de despedida,  otra expresión que acostumbraba a decir el célebre personaje del municipio más alto del Valle del Nalón:  “Ta  luego nena, mañana marcho p´al Ferral” (Cuartel militar leonés).


En la imagen, Manolín con una de sus poses preferidas. 
 


domingo, 12 de junio de 2016

El Príncipe infiltrado


Todos los fines de semana, en el trayecto de Oviedo a Redes y viceversa, recorremos un buen trecho de carretera construida sobre las galerías mineras de la Cuenca del Nalón. "Aquí, en el Pozu San Mamés picó carbón  tu abuelo. Allí, en el Sotón, trabajaba su hermano de barrenista. En la mina de Llaímu, perdió la vida  el mayor de todos ellos, cuando tenía 18 años.  Es muy duro, sobretodo en el pasado, el  trabajo de los mineros; un ejemplo de lucha  y compañerismo laboral"  les repito, hasta aburrir, a mis hijos, que ya poco saben de la indiosincrasia minera. Otras veces,  les cuento un cuento de un Príncipe que fue minero...

Sucedió en el siglo pasado en la mina asturiana  de El Sotón, cuando en nuestro país imperaba la Dictadura franquista y en la Cuenca minera asturiana el sindicalismo reclamaba la nacionalización de la minas y la excarcelación de los detenidos políticos. El  Primero de Mayo de ese 1962 también las crónicas hablan de "un hecho admirable ocurrido en el Parque de Sama: los socialistas permitieron participar a los comunistas en uno de sus mítines".Qué cosas...  Por supuesto que  las redes sociales no podían dejar constancia de ninguno de esos instantes porque eran un universo aún por descubrir. De haber existido, la foto con el Príncipe minero hubiese sido viral.

Cuentan las crónicas de la época que Carlos Hugo de Borbón-Parma y Bourbon-Busset quiso vivir en carne propia la vida minera,  y comenzó a trabajar en el Pozo Sotón, con una identidad falsa. Se hizo llamar Javier, y alrededor de un mes fue un minero más. Dormía en la colonia residencial de la Plaza del Sotón, que con anterioridad había sido barracón y residencia penitenciaria -en la que a los trabajadores se les conmutaban penas por trabajo-, y formó parte de una plantilla de hombres que trabajaban en  condiciones laborales duras, y que picaban carbón y derechos con el mismo coraje.

Fue el último día de la estancia del tío-abuelo de Felipe VI,  cuando al salir de la jaula la prensa había invadido los exteriores de la mina, y el Candidato al trono de España tuvo que descubrirse, aunque algunos de sus compañeros ya sabían de su verdadero origen. Son los mismos que cuentan de él que era un joven sencillo,educado y simpático.  Enmendado el engaño,  esa última jornada en la Brigada de Camineros,  invitó a sus compañeros a comer al restaurante del pueblo casín de Coballes, negocio de referencia de la época, y ahora cubierto por las aguas del Pantano. Consta que pidieron fabada como plato principal y que el primo de Don Juan Carlos dio muestras de buen apetito -el trabajo duro suele abrirlo- y que repitió de ese primer entrante.

Pero qué sería de una buena  historia sin amoríos. Tampoco faltaron en ésta. El  "Sálvame" de aquellos años sesenta nos contaría que "Javier" tuvo amores con una chigrera de El Entrego. Nada que extrañar, porque el Príncipe tenía aires aristocráticos, aún con sus ojos pintados de carbón, y ese porte seductor en el que suele colaborar haber nacido en buena cuna, por mucho que nos neguemos al valor de la apariencia. Tampoco me cuesta imaginarme que la chica que visitaba en el bar entreguino lo hiciese dudar entre las princesas y las plebeyas, que ya sabemos que las segundas tiran mucho en nuestras monarquías. Y a buen seguro que le cantaría algo de la canción de moda ese año, "Amuleto de Cuatro hojas", con su porte de caballero inglés: "No quiero un trébol de cuatro hojas... tu amor vale todo el oro del mundo", emulando al gran Elvis Presley.

No le costó al Borbón congeniar con los representantes en estado puro de la lucha obrera -políticos, sindicalistas y trabajadores-, porque los Borbón-Parma eran el verso suelto entre la realeza europea. De hecho, el general Franco se deshizo en cuanto le fue posible de la saga, enviándoles al exilio sin piedad. Además, un cierto viraje al rojo teñía su sangre, de naturaleza azul. Como prueba, en las palabras que dejó escritas el Secretario General del Partido Comunista. Santiago Carrillo, reconocía que había establecido una estrecha relación con esta rama de los borbones, defensores a ultranza del carlismo, durante su estancia en París.

Carlos continuó con su aristócratica vida, primero de estudiante en prestigiosas Universidades y después como empresario de élite. Se casó con la Princesa Irene de los Países Bajos, con la que tuvo cuatro hijos y varios nietos -de los que algunos seguimos teniendo noticia por la prensa rosa, amarilla y demás colores-, y de la que posteriormente se divorció.

Aunque el auténtico cuento de hadas hubiese sido la vuelta de Carlos Hugo años después  al tajo negro, y que un anochecer de primavera se hubiese aparecido con una rosa roja para su princesa plebeya. Por supuesto que eso no sucedió, pero  en la visita guiada al Pozo Sotón,  nunca falta la mención a la estancia del Príncipe Obrero es esta mina asturiana. Así que observad bien a quienes os encontréis en vuestro itinerario cotidiano, que las apariencias engañan. Por otro lado, el rapport -un anglicismo muy utilizado en las clases de inteligencia emocional- ya véis que fue practicado cuando tampoco se era consciente de su utilidad. Ponerse en el lugar de los demás ayuda a entenderles y hacerse querer, aunque luego cada cual vuelva a su refugio; unos a los barracones y otros a los palacios...


Foto 1: Un primer plano del Príncipe Carlos Hugo de Borbón-Parma

Foto 2: Residencia de trabajadores en la plaza minera donde se hospedó el Dirigente carlista.

Foto 3. La imagen más emblemática del Pozo Sotón, por donde se bajaba en la jaula al interior de la mina.





jueves, 2 de junio de 2016

Amelia


Tiene más de nueve décadas vividas y "el pelo blanco de nieve", como dice una de mis canciones favoritas. Dueña, a su vez, de una memoria prodigiosa y un entusiasmo por la vida que la lleva a seguir apreciando la pintura, la literatura, las flores de su jardín, los juegos de palabras y las redes sociales. Pero, como no podía ser de otro modo en una persona inteligente, el sentido del humor es uno de los rasgos más destacados de su personalidad. De ahí que cuando afronta con toda naturalidad el tema de la muerte con su familia les cuenta que lo primero que le dirá a su marido, ya fallecido, cuando le llegue su hora, será: "Aníbal, ya estoy aquí, pero llego hecha polvo". Con todos ustedes, una joven nonagenaria cuya forma de estar nos hace un poco más llevadero imaginarnos nuestra vejez; porque en ella se confirma aquello de que "quien es realmente joven lo es para toda la vida".

Langreana de nacimiento, hija de un trabajador de Duro Felguera y la propietaria de una pequeña tiendecita, Amelia nació el año en que en Europa hubo cambios tan trascendentales como la instauración de la República en Grecia, el primer triunfo en Gran Bretaña de un Gobierno Laboral, los primeros Juegos de Invierno en Francia, el nacimiento de la radio en España o la Edad de Plata de nuestra literatura. En Asturias, un gran temporal azotaba la Costa de Gijón y la situación política en nuestro país daba paso a  la Dictadura de Primo de Rivera. Por otro lado, el carácter alegre de Amelia tal vez tenga algo que ver con que el Charlestón era el baile de moda de los felices años veinte. Para contrarrestar, Carlos Gradel ponía por esas fechas la nota melancólica con su famoso "caminito que el viento había borrado..." Pero ella se quedó con "Vereda Tropical" como su canción de cabecera: "Voy por la vereda tropical, la noche plena de quietud, con su perfume de humedad...". Su grupo musical favorito: la Masa Coral de Laviana, de la que la empresaria de la ferretería formó parte.

Cuando vi la foto de Amelia en el inicio de nuestra amistad virtual pensé que de algo me sonaban aquellos rasgos, ahora poblados de canas y alguna de esas cicatrices que se cobra la experiencia. Claro, era la mujer que tantas veces nos abastecía de "puntes de tazu, gomes y argolles pa les madreñes", parches para la bici, fiambreras para llevar la comida cuando íbamos a la hierba,   "fierros pa ferrar los gochos", rollo de alambre, lija para la cocina, repuestos para algún apero de labranza, cristales, quicios para las puertas, y un largo etcétera que mi padre solía ir a buscar cuando bajábamos los jueves al "mercau" de Pola de Laviana. Nunca faltaba en la lista de recados la visita a la ferretería más emblemática del Valle . Cómo no acordarse de su dueña, a la par que encargada, Amelia, que despachaba en el negocio fundado con su marido, en un mundo por entonces de paisanos, pero con  el mismo saber y desenvoltura que los del sexo opuesto; un espíritu emprendedor  que también la llevó a ser cofundadora de la Cooperativa de Ferreterías de Asturias (COFEDAS).

Décadas después, y cosas de la magia digital, Amelia me envía un mensaje contándome que le encanta leer mis pequeñas cosas y que le hago pasar muy buenos ratos con lo que se me va ocurriendo; algo así como el cuento de las mil y una noches, versión moderna y personal. Tasmbién me escribe muchas veces diciéndome que le gusta mi sonrisa, lo que me lleva a esbozarla siempre que me acuerdo de ella. 

Cuántas cosas se nos pasan desapercibidas de las personas que encontramos habitualmente en nuestro camino. Ahora sé que  la pequeña y única superviviente de tres hermanas, asimismo madre de tres hijos, nació el mismo año que Neruda escribió "Veinte poemas de amor y una canción desesperada", con versos tan bonitos como: "... es tan corto el amor , y es tan largo el olvido".  Hoy pienso en la antigua dueña  de la  ferretería Galván como una mujer luchadora, culta, trabajadora, optimista, y muy querida por su familia. Vamos, lo que me gustaría ser a mí cuando pasen unos cuantos años, aunque yo no haya vivido dos Dictaduras, una República, un Guerra Civil, y este mes sabremos qué nueva forma de Gobierno. 

Amelia no es vieja. Transmite vida. No hay más que fijarse en su jardín, en los cuadros que pinta, en su consciencia de la actualidad, en su ilusión por disfrutar de cada día. Aunque nació en una época en que las mujeres carecían de casi todos los derechos, ella se empoderó -esa famosa palabra por la que ahora tanto se lucha- y fue una avanzada a su época. Me la imagino desafiando la moralidad de los años que le tocó vivir con su primera falda corta, sus decisiones  en el imperio de la ley masculina y la ejecución de su matriarcado a contracorriente. Educada en plena imposición de la religión católica, Amelia es una mujer de fé, pero de la buena. Su mente progresista y abierta no deja dudas de que le importan la libertad de ideas y los derechos ajenos.

Ahora disfruta de su jubilación entre rosas,  hijos, nietos,  tranquilos paseos por la naturaleza,  a caballo entre Laviana y Sobrescobio  y, cómo no, con el entretenimiento añadido de su ordenador personal. Con razón, entre las informaciones de su muro puede leerse: "una abuela moderna es aquella que cambió el punto de cruz por el punto com". Aunque estoy convencida de que ella saca tiempo para ambas cosas, y que tendría fuerzas, si llegara el caso, para levantar una pancarta en la que se leyera: ¡¿Que las mujeres mayores no podemos hacer qué?!. Por cierto, le encanta recibir visitas en su casa de Pola de Laviana, donde su estado físico y mental le conceden el privilegio de disfrutar de su mundo. Un poema que compartió hace poco en su muro de Facefook resume el resto de su actitud ante la vida; la misma que inicia cada día como si fuera el primero:



domingo, 29 de mayo de 2016

20. Os cuento qué el valle sigue verde

Escribo estas líneas desde un amanecer con el perfume de las primeras rosas de la primavera, todavía con perlas del rocío, con el murmullo del río que transita cercano, aún pletórico del agua invernal; y con el canto de cientos de pájaros, de los que solo acierto a distinguir tres o cuatro especies. Suena ya el gori gori de algún invertebrado que se adelanta al calor,  y no muy lejos el gallo de la quintana da la bienvenida al día con su chulería habitual. Una Mariquita que intenta pasar desapercibida entre las hojas -Catalina en mi lengua materna y Cocinélida para los Biólogos-, es la prueba real de que el aire es puro en el microuniverso que ha nacido.

Los sueños nocturnos todavía no se han despegado totalmente de la realidad a estas horas, difuminándose aún con ella. Cuántas veces lo soñado nos deja espejismos de realidad durante un tiempo.Miro al frente las montañas, las mismas de siempre que nunca amanecen igual, y pienso en lo que tantas veces comentaba mi padre en su auténtico idioma coyán: "Cuánta xente que ya nun está miraría pa eses penes". Bebo a sorbos pequeños ese primer café bueno, fuerte y verdadero -así como me gustan las personas- , cuyo aroma hace un rato que subió por las escaleras para invitarme a bajar. Apenas comienza la primavera -incluso algunos días de invierno- acostumbro a sentarme en la anteojana de mi casa de El Caalón, y saborear la sensación del tranquilo despertar cuando la vida de cada día empieza a desperezarse. En esos minutos sin precio saludo a algún vecino madrugador-qué guapo ese sencillo gesto de darse los buenos días-, me entretengo unos segundos viendo todavía "fumear" alguna chimenea, en la línea divisoria entre los coletazos del frío y los primeros calores veraniegos; o apreciando cómo en las viviendas cercanas comienza a bullir la vida con el olor de algún guiso temprano.

El cielo comienza a ponerse gris; había madrugado azul demasiado temprano, lo que posiblemente confirmará el refrán:  "sol madrugador y cura caleyeru, ni el sol calentará ni el cura será buenu". Las aplicaciones móviles para los pronósticos del tiempo empiezan a sustituir a la sabiduría popular, y si el teléfono informa de que lloverá a las doce del mediodía, es muy posible que así sea.

También ha llovido durante la noche y la tierra húmeda y caliente anima a crecer las hierbas; incluso las malas. El panadero llegará en breve, con ese privilegio de muchos servicios a domicilio, propio de los lugares pequeños. Junto al pan vendrán las noticias vía periódico. Hoy copará su portadas el partido de fútbol de ayer. La mayoría de la población se volcó con el opio del deporte de masas. Lágrimas y risas se fueron entremezclando hasta la madrugada. Las emociones unen, aunque sea por un balón que va y viene a los pies de unos chicos que les tocó la varita mágica de la fortuna. Guapos, ricos y famosos, con un solo lanzamiento certero con la punta de sus zapatillas, cuya marca calzan nuestros chicos a diario, remueven las entrañas de las grandes economías y las sencillas fortunas.

Os cuento qué verde está mi valle. Se lo cuento a todos los pobladores de mis cuentos antiguos, en los que me refugio cuando quiero creer que hay algo eterno de todos ellos. ¡Cuántos tonos de un solo color!: verde decepción, verde bondad, verde rabia, verde estupidez, verde ignorancia, verde dulzura, verde tristeza, verde desencanto, verde perdón, verde sensatez, verde inocencia, verde amistad, verde recuerdos, verde no me falles, verde me da igual...  Me detengo en esos capullos que se atreven a despuntar. Nunca son los mismos, como también se echan en falta las ausencias irreemplazables. Las golondrinas hace rato que comenzaron con los nuevos nidos. Sí, siempre vuelven. Porque la naturaleza sigue su rutina inmutable, sin hacerse preguntas. Una cría de gorrión  se posa confiada próxima a mi café. Qué privilegio el de poder confiar en algo o en alguien.













sábado, 23 de abril de 2016

Querida estrella fugaz

Hace unas semanas que no me visita la inspiración, a diferencia de otras temporadas que tengo que ir apuntando continuamente, y para que no se me olviden, cosas que se me van ocurriendo, en una libretita con marca publicitaria -sepeccialK-  que me han regalado. Se me resiste últimamente la página en blanco. Pero hace días que tenía empezada una entrada sobre aquellos que deseamos realmente. Hoy lo tengo más claro. Tal vez haya tenido mucho que ver en despejarme las ideas un curso de oratoria al que  he asistido a un curso de oratoria; ya sabéis, esa asignatura pendiente que una mayoría de nosotros tenemos. La falta de recursos, el sentido del ridículo, la creencia de que solo algunas personas está dotadas para hablarles a un grupo de seres humanos nos paraliza cuando nos surge la posibilidad de dar cualquier tipo de charla.

La oratoria no es una faceta reservada a determinados trabajos y profesiones. En cualquier momento de nuestra vida nos puede surgir la ocasión de enfrentarnos al gran público y el pánico puede impedirnos hacerlo medianamente bien. Todo se puede lograr. Hasta ser un buen orador. He aprendido tantas cosas en el curso impartido por mi amiga Mónica Pérez de las Heras -términos conceptuales aparte como PNL, Vak,calibración, raport... que también son importantes aunque suenen algo más fríos- que siento la necesidad de compartirlo con los lectores de mi blog; al menos la parte más entrañable.

Sencillez, humildad y corazón. Estas son las tres claves para hablar en público y que el discurso resulte seductor. Si conocemos bien el tema a tratar, no habrá ningún problema. Que la preocupación por que el sistema nervioso pueda delatarte no sea un obstáculo,ya que solo el uno por cierto de nuestro nerviosismo será detectado por el espectador. Por lo demás, hay trucos:: posición de neutralidad, mirada, silencios... que nos ayudarán enormemente en el intento.

¿Qué es lo peor que puede pasarte hablando en público?: morirte, y eso no es lo más habitual. Los demás contratiempos pueden ser suficientemente superados con la sencillez de unos recursos que la mayoría de las veces están relacionados con el sentido común.

Visuales, auditivos, kinestésicos, Cuánta información podemos obtener con tan solo observar al ser o seres humanos que tenemos en frente y el provecho que le podemos sacar al conocimiento de esos elementos de la personalidad. Me temo que, al menos estos primeros días en que tengo frescos los conceptos, voy a mirar a las personas que caigan en mi campo de los sentidos desde  otro puntos de vista. No os preocupéis los que podáis sentiros aludidos, también me quedó muy claro que "el mapa es el territorio", y que a nadie debemos juzgar estrictamente porque todos tenemos una mapa y un territorio que justifica la mayoría de nuestros comportamientos y actuaciones. que  De este cursos de oratoria en el que tanto he aprendido, una vez más me reafirmo en  cuánto desconocemos, y apelo a fomentar nuestra capacidad de entusiasmarnos y descubrir cosas nuevas independientemente de la edad o de la etapa vital que estemos atravesando.

Ya metida en terrenos más espirituales, quiero terminar hoy este pequeño repaso de mi paso por el mundo de la oratoria con una conclusión en la que también me he vuelto a reafirmar:  las cosas que realmente nos importan apenas cuestan dinero.Me explico, :la profesora  nos mandó llevar un objeto al que le tuviéramos especial cariño para una práctica en grupo. Ninguno de los asistentes al curso llevó nada de gran valor material. Todas las cosas tenían que ver con recuerdos, con momentos,con afectos: un camafeo, un anillo,una fotografía, un carnet de un abuelo, una llave, etc... Yo he llevado un pequeño elefante de trapo que representa para mí la bondad,la amistad y la superación. Algún día os contaré más sobre "Carlitos". Nada como los sentimientos comunes para unir a las personas y hacerlas empatizar. Asimismo nos quedó claro que el sentido del humor también es un gran aliado para mantener la atención del público dinámica. Sonrisas y lágrimas  para poner broche de oro a un seminario que se nos hizo corto.

Nadie como Obama, hoy por hoy la persona más poderosa del mundo, y considerado como uno de los oradores por excelencia de nuestro tiempo, para demostrarnos que esas cualidades citadas anteriormente -el sentido del humor, la sencillez, la humildad- son los mejores aliados para llegar a cualquier corazón y seducir a cualquier público.

No dudéis de que todos somos capaces de cualquier cosa. Lo dice Nick Vujicic, el joven que recorre el mundo dando conferencias sobre la superación personal y demás: "Si yo soy capaz de casi todo sin brazos ni piernas... ¿qué no podéis hacer vosotros". No le pidamos tantos deseos a las estrellas fugaces, sino a nuestra capacidad de superarnos cada día. Buen Día del libro; otro sencillo objeto que puede llenar nuestra vida de emociones y aprendizajes...