Esas pequeñas cosas...

lunes, 17 de abril de 2017

Las aguas del Alba aún mueven molinos




Dice el refrán que agua pasada no mueve molinos, pero no es el caso del  "molín" de Alfredo Sánchez, a la orilla del río Alba, en Soto de Agues. En la entrada del pueblo que le vio nacer, este joven molinero aprovecha el potencial energético de la fuerza del agua y el cielo para continuar con un trabajo centenario, casi en desuso. De hecho, es el único molino en funcionamiento, de esta modalidad, que se puede encontrar en el Valle del Nalón; torrente en el que desemboca uno de sus afluentes más populares, con nombre de madrugada.

 Comenzó con el negocio de moler su abuelo Juan, después continuó su padre, Alfredo y, tras un tiempo cerrado, el tercero en la generación de molineros -Alfredín para los lugareños más veteranos, aún cuando ya es un "paisano" de buenas espaldas para cargar sacos y experimentado padre de un par de gemelas-,  decidió dar un paso adelante y poner de nuevo el engranaje de canales, canaletas y  muelas en movimiento para aprovechar  las aguas de un valle abundante en ríos, fuentes y manantiales.

 No es el molino de Fondón un edificio antiguo, ni de estructura externa similar a los viejos molinos. Pero el ambiente que lo rodea por dentro y por fuera, invita a recordar las viejas leyendas de la molienda. El aroma del grano trae reminiscencias de estampas bucólicas y conocidas historias populares.

 Aunque lo de ir al "molín" sea ahora una actividad esporádica, apenas traspasas la puerta del triturador de Afredo,  las materias primas que lo poblan, el olor de la harina, el trun trun de la maquinaria y el evocador sonido del agua te transportan de inmediato a un tiempo indefinido, un oasis en los avances de la economía y de los productos que consumimos, de menos acceso directo, procedentes de lugares dispersos, y con muchos de sus componentes de dudosa reputación para la salud.. Después está ese agua que se coge del río tan próximo, justo bordeando el lugar de trabajo del molinero, rodeado de naturaleza, y no se hace esperar la sensación de transitar los mismos escenarios que las generaciones pasadas recorrían como rutina.

De manera muy resumida, el funcionamiento de este tipo de molinos consiste en coger el agua del río, que es canalizado y conducido a un sistema que hace fuerza sobre una rueda que, a su vez, consigue hacer girar un sistema de transmisión de potencia hacia la piedra que convierte el grano en harina. Una vez hecho su trabajo, el agua es devuelto al río.

En otro tiempo ir al molino era tan habitual como acudir ahora a la panadería. A diario iban los vecinos de las aldeas asturianas a moler maíz, trigo o escanda. Amanecía o anochecía y todavía podían verse candiles de ida y vuelta a los molinos,en su mayoría comunales. Y un dicho popular rezaba aquello de que "el más roín, al agua y al molín". Los derivados de los cereales que cultivaban por los minifundios asturianos -maíz y escanda principalmente- eran la base de una alimentación sencilla en tiempos de escasez.. Tampoco en ninguna casa faltaba el horno para cocer la masa que habría de saciar el hambre de las familias, por lo general numerosas.

Ya sea porque las costumbres son de ida y vuelta, o porque las actuales modas alimenticias llevan por caminos de regreso a una alimentación más natural, lo cierto es que ir al molino a comprar harina natural o a triturar la que algunos clientes cosechan en sus minifundios empieza a ser una tendencia a destacar. También uno puede llevarse el sabor de Sobrescobio en los Suspiros del Alba, que se empezaron a elaborar recientemente en el pequeño negocio de Fondón. Si a nadie le amarga un dulce, adquirirlo en el mismo sitio donde el grano es triturado, adquiere un especial grado de excelencia; más si cabe, al mojar esas  galletas que tienen el color del  sol, en ese primer café saboreado al alba.






Tras la visita al molino, en esa aldea de Sobrescobio, donde tan fácilmente uno puede creer en historias  de trasgos y xanas, el  aroma al primer alimento produce un
Déjà vu de antiguas vivencias, así como el rezo de uno de los cientos de poemas escritos como oda a un trabajo, cuya conservación entronca con unas raíces que no deberían ser arrancadas nunca: "Siempre habrá nieve altanera que vista el monte de armiño, y agua honesta que trabaja en la presa del molino.Y siempre habrá un sol traidor - un sol verdugo y amigo- que trueque en llanto la nieve y en nube el agua del río". (León Felipe) 






1 comentario:

  1. gracias Berta, la historia de una saga de molineros con muchas inquietudes y sacándole todo el provecho al gran equipo que forman el agua el molino y el hombre para seguir adelante con una tradición y poder disfrutar de esa harina que sabe a gloria bendita y asi como no, poder saborear sus deliciosas galletas del maíz SUSPIROS DEL NALON.

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