Esas pequeñas cosas...

martes, 27 de septiembre de 2016

Hojas muertas


Una persona con la que hablo a menudo me cuenta que tenía la costumbre de adentrarse  con su pareja en el bosque para escuchar cómo hablaban los árboles. Era cuando pasaban temporadas inolvidables en su cabaña en el corazón del monte. Buscaban, ya entrada la noche, lugares inhóspitos en el epicentro de la naturaleza, que por allí era espléndida, y se quedaban paralizados oyendo a los gigantes de hojas murmurar. Se dejaban envolver por la fortaleza de los robles, la elegancia de las hayas, la contundencia de los castaños, la seguridad de los fresnos o la astucia de sus hermanos más pequeños. Tenían entonces la sensación de fundirse en aquel realismo mágico y ser parte de raíces eternas  y  hojas libres, unidas sin embargo por ramas seguras. Es ahora uno de esos recuerdos que la ayudan a vivir en otoños menos amables.

 No recuerdo muy bien si llovía, pero estoy segura de que empezaban a volar sin rumbo fijo las hojas secas por la acera que más frecuento durante la semana. Aquella tarde de otoño medio cálida medio fría, medio triste medio alegre; sí, como la de hoy, como las de casi  siempre, pensaba en la importancia de las cosas más pequeñas -a medida que van pasando Septiembres valoras más lo insignficante- , y comencé a escribir este blog. Ya han pasado cinco años desde entonces. "El otoño que viene"-así titulé a una de mis primeras entradas-, fue la culpable de engancharme a la vanidad que otorga el poder contabilizar tus visitas por miles. Más de cien en la primera prueba de contacto me pareció todo un éxito. Es increíble lo ingenuas que te pueden parecer tus convicciones, tus obras o tus acciones pasado un tiempo.  Pero sigo pensando que  una centena de personas se paren unos minutos a leer esas palabras que les vas hilando, mitad historias mitad ficción, es para sentirse satisfecho. Es más, con que solamente unos ojos se pongan en la piel de tus pensamientos ya debe hacerte sentir bien. Hay que ejercer la humildad aunque se tenga treding topic todos los días, que diría San Agustín de haber vivido en el siglo de las ondas digitales. Ahora que mi blog contabiliza muchas más, el viaje a ninguna parte que es lo que se escribe en forma de articulitos,  parece un camino sin retorno. A veces, me planteo parar, pero la ocurrencia dura poco. Es tan bonito poder usar y comunicarte con las palabras para expresar unos sentimientos que rara vez se dejan o se saben mostrar en su pureza con el trato cara a cara. Por otro lado, toda una aventura la de llegar a verdaderos desconocidos que, por unos minutos, entran en tus vivencias, en tus fantasías, en tus consejos o en tus opiniones; según cuadre el día o el momento. Y qué decir cuando te encuentras por la calle a un vecino del que ni te consta que tenga Internet, y del que apenas sabías nada por esas cosas de la vida que te lleva por derroteros lejanos, y te comenta que sabe por elblogdebertasuhe que ya has cumplido los cincuenta ... También he de confesar que esas situaciones son las que me llevan al vértigo de la responsabilidad de las malas  intenciones, las erróneas suposiciones y las malicias, que haberlas haylas... Pero no hay rosas sin espinas, que dice el dicho. Se asumen riesgos, que esto de escribir también tiene sus peligros; nada que no salve la experiencia de estas cinco décadas que le constan a mi vecino, en esta edad en la que que ya te resbala lo suficiente lo que no depende de ti...

Vuelve Octubre, cinco años después, con sus "feuilles mortes" -qué poéticas suenan algunas expresiones cotidianas en un idioma diferente-, con el sonido de ese viento cálido y distinto -ahora ya no se cuela por las ventanas por eso del doble acristalamiento-, pero se presiente, y se palpa en los paseos que se llenan de colores de la estación del ocaso, tintadas que conservan su esencia, aunque no su nominación. Que se lo digan a los incondicionales de la moda, que cada otoño sorprenden con nuevas palabras cromáticas: gris otoñal (Desert Sage), color cielo nublado (Storny Weather), el color del sol tras la tormenta (Oak Buff), el  del vino (Marsala), el enigmático violeta de la amatista (Amethist), el marrón rojizo (Ovied Herb),  el verde oliva (Dried Herb) o el azul frío (Reflecting Pong), por citar algunas tonalidades que ya están inventadas en los miles de matices de la naturaleza, pero que necesitan de otras palabras para revivir.

Todo tan igual y tan diferente en nuestras vidas también de estaciones; en la mía -que es la que transito-, especialmente. ¿Sabrá el otoño que ya no le miran algunos ojos, que ya no le sienten algunas manos?. ¿Conocerá la antesala del invierno que vamos perdiendo tantas cosas en su camino?. ¿Sabrá de nuestros amigos, de nuestros planes -la mayoría de las veces frustrados-,  de nuestros olvidos, de nuestros agravios y de nuestras decepciones?. ¿Sabrá que van creciendo nuestros hijos?.¿Presentirá  la estación de los ocres nuestros odios y nuestros afectos más allá de las apariencias?. Claro que quién los conoce realmente... Y precisamente algunos escribimos para dejarlos colarse por entre las palabras en forma de metáforas, de comparaciones, de hipérboles, de símiles, de personificaciones...

Pero siempre queda un  otoño similar al  que me animó a escribirle hace un lustro, es el de la fauna autóctona que sigue acudiendo leal a su cita con la naturaleza para hacer eterna la sangre de su sangre, el de las cigarras que ya van menguando su canto cuando la luna es más distante, el de las luciérnagas que  apagan primero sus luces, el de las aves que no son de paso preparando refugios seguros... Seguimos asombrándonos, como si nada hubiese pasado,  con el reclamo del búho y otras especies de vidas nocturnas, cuyo eco el viento arrastra hasta el mismísimo asfalto, y seguimos esperando que nos cuenten un cuento y otro cuento para no morir de realidad. Más a  lo lejos,  en los bosques que nos rodean se escucha el murmullo de los árboles, con el quejido ancestral de  cómo van perdiendo sus hojas y su suspiro esperanzador de que regresarán aún mejores la próxima primavera. Los árboles hablan. Yo también los he oído. Buen otoño.


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