Esas pequeñas cosas...

martes, 11 de noviembre de 2014

Es caprichoso el azar

Como pertenezco a ese grupo de personas que suelen pensar que el universo conspira para bien en su karma -luego los batacazos son más notorios, pero hay cosas que no cambian por mucho que tropieces- sigo pensando que la suerte llegará de alguna manera. "Suerte ya tenéis" suelen decirnos a muchos quienes desde fuera ven a una familia en "apariencia" normal, con su casita más o menos grande, coche con aplicaciones "inteligentes", móviles y ordenadores con su correspondiente wi-fi, calefacción cuando el frío -en el Norte lo del aire acondicionado es secundario porque el calor no aprieta- y tal vez dos días de batuka o tres de gimnasio con bono. La ropa siguiendo las tendencias de temporada; aún con alguna que otra de logotipo de imitación, los productos de droguería de marca blanca -si los usa la Carbonero quién somos nosotros para no hacerlo-, y casi todas las prendas íntimas de mercadillo que son las más duraderas y nada tienen que envidiar a las de Victoria Secret. Tus niños con sus respectivos regalos de Navidades, cumpleaños, fin de curso, y si acaso algún Santo. Varios domingos de restaurante; comidas caseras, aunque no pretenciosas, buenas y variadas. Viajes más o menos largos y noches para soñar con lo que no tienes en ese confortable colchón reversible según la temporada y con un amoroso edredón de la tienda nórdica. Amigos y amigas; unos mejores que otros -sólo dos o tres fieles- pero amigos al fin y al cabo, y esa parte de familia -toda es utopía- que te abraza, te valora, te desespera o te recrimina según cuadre, pero de la que estás seguro que sería más difícil de soportar tu existencia si un día te faltaran. Mas esa luna que sale gratis mirar.

¡Quién dijo suerte entonces! ¿Por qué esa ansiedad infinita por encontrar aquello que no tenemos y que no sabemos muy bien qué es? Algo parecido a cuando buscas en la nevera una tarde de "ansiedad". Cuando al fin "devoraste" como si fuese a acabarse el mundo todo lo que no necesitabas, te sientes más vacío que al principio de tus deseos... Si acaso encuentras lo que anhelabas tan desesperadamente, no suele ser lo que estabas buscando; será por aquello de que el placer no está en la meta, sino en la escalada.

Todo estos para contaros que hoy, justo después de una llamada telefónica de esas que siempre te hacen sobre las tres para ofrecerte unos créditos que te presentan con voz seseante como el mejor de los regalos, me ha llegado un mensaje en el que se me comunicaba que llamando al número de teléfono indicado recibiría información sobre un carro de la compra que me había tocado, valorado en 1.000 Euros. Me consta que los timos abundan en ese terreno, pero como había rellenado un cupón con esas condiciones en el Centro Comercial -justo el día que conocí a Luzlinda- quise creer que la suerte me había acompañado desde la colorterapia de los gorritos de lana. Pero la picaresca fue todo cuanto me visitó esta tarde de otoño. Un día nos pasará como con Manolito el mentiroso: nos tocará el carro de la compra, no nos lo creeremos y pasará palabra...

No esperemos sentados, sin disfrutar de lo que tenemos, por invocar magias. Supongo que la suerte es tener la opción de jugar bien en la ruleta de los días, a partes iguales con el trabajo, la actitud y la oportunidad. Lo otro ya sería por caprichos del azar...  "El que no se conforma es porque no quiere", que dice mi madre y estaréis pensando muchos de vosotr@s. Feliz tarde-noche  Yo me voy a rellenar otro cupón...



Fotografía de mi amiga Elena González Fernández

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