Esas pequeñas cosas...

martes, 14 de mayo de 2013

Crónica de la soledad

 "La soledad humana se admira y se desea cuando no se sufre, pero la necesidad de las personas de compartir cosas es evidente" Carmen Martín Gaite

Leía por las Red hace unos días que la soledad más triste que un hombre puede experimentar es la que siente cuando está acompañado. Pienso muchas veces en la soledad y en el dicho castellano de que el hombre nace solo y muere solo, "y el paréntesis de esa soledad es tan grande que necesitas compartir la vida para olvidarlo", añadiría Frown.

Hay soledades situacionales, emocionales, existenciales, forzosas, buscadas, deseadas... pero todas ellas implican un encuentro exclusivo con nuestra conciencia; el único intermediario entre nosotros y nuestros más íntimos, y tal vez, más inconfesales anhelos o pesares.

Sin embargo, la soledad es tanto más necesaria como innata al hombre; nadie puede salir de su individualidad, del mismo modo que no puede huir de compartir con sus semejantes. Después de un atracón de compàñías, incluso de las buenas, uno suele sentir la necesidad de la suya propia.  Por algo dejó escrito Lord Bayron: "Salgo para renovar la necesidad de estar solo".

Es curioso que, a medida que pasa el tiempo, el ser humano es atraído con más frecuencia por la búsqueda de espacios donde únicamente tienen cabida sus pensamientos, con los que intima por los más diferentes cauces de gustos, sueños, músicas o cualquier otra afición. Te sientes a gusto solo, pero probablemente porque sabes que no es más que un paréntesis en tu día. Hay paseos que no serían iguales si el sonido del agua no fuera la única canción que te distrae, y poemas que no vivirías del mismo modo si no es en el aislamiento de tu propio yo, pongo por caso. Y "¡Qué agradable sorpresa es descubrir que, al fin y al cabo, estar solo no es necesariamente sentirse solo!" (Ellen Burstyn)

Tiene algo de sublime la soledad. "Rema en tu propio barco", que decía Eurípides. Quien es capaz de ocupar su soledad  también sabrá cómo ocupar la compañía. También tiene algo grande ese sentimiento buscado unas veces, impuesto otras muchas. Emerson explicó claramente esa característica al afirmar que "el hombre grande es aquel que en medio de las muchedumbres mantiene, con perfecta dulzura, la independencia de la soledad". Es importante enseñar y aprender a llenar momentos del ser humano que deberá lidiar sólo con sus sentimientos, no siempre lo más felices.

El gran poeta Neruda dejó claro que hasta para amar era necesaria la senda de la soledad: "Amor, cuántos caminos hasta llegar a un beso, ¡qué soledad errante hasta tu compañía!". Sin embargo, otro poeta -Machado- determinó que "un corazón solitario no es un corazón". Asimismo, cualquier soledad sucumbe al calor de otra semejante, me atrevo yo a apostillar.

En esta era de la comunicación universal, de la inexistencia de fronteras virtuales, se detecta tanta soledad a través de los caracteres de un tweet, de los enlaces de una canción, del mensaje de una fotografía, de la rabia de una crítica, del cinismo de un trazo o de la indefensión de una falta de ortografía, que esta tarde decidí compartir la mía.




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