Esas pequeñas cosas...

martes, 15 de mayo de 2012

Es un secreto...


"El que confía sus secretos a otro hombre se hace esclavo de él". Baltasar Gracián
 Aún cuando se afirma que los ojos, sin hablar, confiesan los secretos del corazón, tan cierto es que cada ser humano es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras. El secreto mejor guardado será, por tanto, aquel que uno no se permite pensar ni a sí mismo.

Todos tenemos, en mayor o menor medida, nuestros misterios. Estos enigmas habitan la parcela más valiosa de nuestra intimísima libertad. Su revelación constituye la pérdida de esa osadía que forma parte de nuestro mundo más escondido, compuesto de placeres, pesares,deseos. recuerdos, sueños y fantasías. Toda una gama de reservas clasificadas en personales, familiares, profesionales, de pareja, de alcoba, de amistad, etc... asimismo de los secretos a voces. Además de la distinción del enfoque por razón de sexo. Dejó apuntado La Bruyère que "el varón guarda mejor el secreto ajeno que el suyo; la mujer, por el contrario, guarda mejor su secreto que el ajeno".

A cualquiera le gusta ser el receptor de una confidencia. Pero muy pocas las personas capaces de guardarla eternamente; de ahí la afirmación de que "lo que quieres que otro calle no se lo cuentes a nadie". No vamos a pretender que alguien guarde un secreto cuando nosotros no lo hemos podido guardar. Por ese motivo toda expansión de un recóndito personal es culpa exclusiva de quien lo ha contado primero.

Hay, sin embargo, personas más propicias a que les sean confiados los secretos. Existe un poso de confianza  en ciertas miradas que seducen a la confesión como el sol a abrir las ventanas. Podríamos decir que ahí entran en juego las categorías de la amistad. Cuando consideras a un prójimo digno de hacerle cómplice de una oculta intimidad es que la hermandad ha alcanzado su grado superior. Esa es la razón por la que León Daudí consideraba a un buen amigo aquel para el que nuestra vida no tiene secretos y, a pesar de ello, sigue queriéndonos. No obstante, por mucha que sea la camaradería, quien confía un secreto a  otro hombre se hace de algún modo su esclavo.
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Enfín, a pesar de que hasta los más oscuros de los hermetismos privados tengan su absolución, mejor guardarlos de vientos externos como una forma de sabiduría; lo contrario sería locura. Hasta es posible que ese placer oculto que nos producen ciertos sentimientos insondables, deje de serlo una vez que se hace público;

 No hace falta tampoco saber todos los secretos que esconde el silencio porque eso probablemente nos haría más infelices. Igualmente consta en  algún lado que "si quieres guardar bien un secreto escríbelo en un libro". Donde no se nos ocurrirá ponerlo jamás es en las redes sociales. Hoy alguien me ha sugerido que hable de esto. Es nuestro secreto...


Imagen: Mujer con abanico  (objeto confidente de muchos secretos) , de Renoir .    









4 comentarios:

  1. En mi tienen ventaja los que me cuenten un secreto por tres razones:
    1º Valoro mucho la confianza que depositan en mi para contármelo y me siento mal traicionando a quien me lo cuenta.
    2º Mi marido no los guarda bien y me siento obligada a no compartirlo ni siquiera con él
    3º Con el paso del tiempo acaban olvidándoseme
    A veces he pensado, lo mismo está sufriendo esta pobre persona por haberme contado su secreto.
    Me ha gustado mucho tu entrada Berta
    Besitos y por la hora en la que te escribo ¡Buenas noches!

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  2. Somos almas gemelas,Lola. Comparto esas tres razones.!Buenas noches¡.

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  3. Pues yo cuento todo a todo el mundo... No se porque pero en cuanto cojo un poco de confianza largo todo... Creo que puede ser por mi soledad... Muackkk tesoro

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  4. Como dice Lola, siempre he valorado muchísimo la confianza que alguien deposita en mí para contarme algo. Muchas veces peco de ingenuidad porque creo que los demás van a valorarlo también cuando soy yo quien me confieso, y en algunos casos eso no ha sido así.
    Pero lo peor de los secretos es cuando son desvelados por la otra persona con mala idea, con ganas de hacer daño. Esa creo que es la peor de las traiciones.
    Magnífica entrada, Berta, como siempre. Un beso.

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