Esas pequeñas cosas...

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Vértigo

Mientras el mundo espera la media noche pienso que hay comienzos de año que producen vértigo. Este es uno de ellos. Doce meses preparándote para la nueva década que se te avecina y sigue paralizándote la idea de que medio siglo empezará a hacer mella en tu piel, tus articulaciones, tus hormonas (convertidas en estrógenos hostiles según me cuentan quienes se me adelantan en la experiencia) y tus ilusiones. Después palpas que nada ni nadie es eterno y se te encoge aún más el corazón al pensar que te vas quedando vacío de afectos y compañías; cuando no desapareces de la memoria de otros muchos por causas ajenas a su voluntad. Quienes te borran a propósito supongo que será para bien de las dos partes. Sé que mañana solo será un día más, pero me da la impresión que muchas cosas comenzarán a cambiar. Me he levantado negativa; cosa rara para mí, que suelo tener las mejores energías a estas horas del día... Y no tengo ni un propósito. Total, para no cumplirlo. Mejor que fluyan las circunstancias...

Luego escucho las noticias y pienso que no tengo derecho a quejarme por comeduras de tarro tan personales como cambiantes. Lo malo es que las informaciones tampoco animan. La vida sigue igual. Definitivamente el ser humano no es bueno y las injusticias seguirán siendo tan antiguas como el mundo y tan actuales como el día; claro que si lo fuera no necesitaríamos gobierno. Y los que tengan la bondad como prioridad en su vida, mucho ánimo. Como dice sabiamente una famosa frase que leí por las Redes, pretender que el mundo sea bueno contigo porque tú lo eres es como pensar que un león no te va comer porque seas vegetariano,o algo parecido...

Las malas prácticas no desaparecen; únicamente cambian según los tiempos. Escucho como noticia de portada en la información regional que fueron condenadas a cuatro meses de trabajos sociales las  menores causantes del acoso escolar a una niña gijonesa que acabó suicidándose. Los emigrantes siguen saltando la valla porque el hambre no conoce fronteras. La macroeconomía sigue hablando un lenguaje que se nos antoja de otro planeta y el pez grande sigue comiéndose al pequeño en cualquiera de las esferas.

Algunos políticos nos quieren vender que la crisis ya es historia y que todo va bien. No vale; nos huele a elecciones. De un y otro lado siento ese matiz de buenas intenciones que sólo pretenden acomodarse en el poder. Mientras un voto valga más que una verdad difícilmente habrá cambios auténticos. Entiendo, por otro lado, que es difícil ponerse en los zapatos de un miserable, aquellos que tienen una tarjeta opaca a su disposición.

Pero miras el primer rayo de sol que entra por la ventana y piensas que siempre  quedará la música, el paisaje, las palabras y algunos gestos que te reconcilian con la vida.Y apenas terminadas estas divagaciones se levanta tu hijo pequeño y te pregunta con toda naruralidad:"¿Quedaron fabes de ayer?.Me apetecn para desayunar". La mejor sonrisa vuelve a mi cara. Enfín, que hay finales de año que solo la música puede salvar; como también seguirán salvándonos las buenas compañías: "con tu puedo y con mi quiero, vamos juntos, compañero". 








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