viernes, 16 de diciembre de 2011

Tan sólo veinticinco...



"Si dos mujeres cuchichean y paran bruscamente cuando te acercas... es sin duda que hablan de sexo.¡Y si una de ellas es tu mujer, seguro que hablan de ti!"  Arthur Miller


Nacho Vidal acaba de lanzar un perfume unisex denominado 25 tuenty five. El frasco de la colonia es una réplica de los 25 centímetros del pene del actor .Un 5% de los beneficios de las ventas irán destinados a la lucha contra el SIDA.

Dado el éxito de comentarios que está teniendo en la red el asunto de la colonia que el galán de cine para adultos ha sacado al mercado, me imagino que no nos vendrá mal pasar un ratito comentando este tema, cuando menos, distraído. Estaremos de acuerdo con Wody Allen en que "el sexo es lo que más divertido que se puede hacer sin reír".

Nunca veinticinco centímetros de algo dieron para tanto. Aunque todavía no se conoce el aroma tan eróticamente embotellado, las respuestas en los foros no se han hecho esperar: el olor será muy "penetrante". Incluso se leyeron  sugerencias de posibles mejoras  para próximas ediciones. 

Me atrevería a apostar que será uno de los regalos estrella entre parejas desinhibidas. Aunque los más materialistas quizás opinen como Lynn Launer: "hay un gran número de dispositivos mecánicos pensados para aumentar la líbido pero, particularmente entre las mujeres, el más efectivo es el Mercedes-Benz 3805L". Desde luego que Isabel Allende no opina la mismo, por algo esccribió que: "para una mujer el mejor afrodisíaco son las palabras. El que busque el punto G más abajo de los oídos está perdiendo el tiempo".

Nunca olvidemos, sin embargo, que lo más importante en todo encuentro erótico es que hay un personaje invisible y siempre  activo: la imaginación...

Hoy sólo eran 25...  líneas.




martes, 13 de diciembre de 2011

Abre la muralla...


"Triste época la nuestra. Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio". Albert Einstein


"..Estoy disgustadísima. En mi comunidad no nos dejan tener perro....". "Pues donde vive mi hija está prohibido que residan inmigrantes, personas de color y gente de baja posición... Bueno, el año pasado vivió allí unos meses una familia árabe, pero tenían mucho dinero...". Este es un fragmento de la conversación que escuché hace tiempo en el autobús urbano entre dos señoras. Me costó callarme ante tal derroche de prepotencia, ignorancia e inconstitucionalidad.

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Me hubiera gustado conocer el árbol genealógico de aquella "distinguida" dama. Seguramente, entre los seres humanos que lo pueblan no faltará más de un emigrante, a alguno de sus ancianos lo cuidará un "extranjero", y es posible que no todos sus parientes vivan en exclusivas colonias. Creo que no me equivoco si imagino que alardeará de dar un donativo estas Navidades para la construcción de una escuela en Centroamérica, mientras está en contra de que al colegio de sus nietos vayan niños "pobres" .

No voy a hacer aquí un alegato contra  la xenofobia. Pero, analizado el diálogo captado aquel día en el transporte público, sobran las palabras. No seamos hipócritas, no hay desprecio contra negros, sudacas, homasexuales... "Hay racismo contra los negros pobres, sudacas pobres y gentes de tendencias sexuales minoritarias que son pobres. A los que tienen dinero ó buena posición social, independientemente de sus diferencias raciales o sociales, pocos les hacen ascos". Algo así afirmaba el ex-futbolista Valdano en una entrevista radiofónica. 

Todos, en un momento dado,  por cualquier "gen" desigual,  podemos sufrir la injusticia de la discriminación. Si no fuera posible  por convicción, sí por egoísmo cualquiera debería  pensar en que el desprecio hacia el diferente no es bueno para nadie. Un buen día, a un loco con madera de líder se le ocurre que no deben ser aceptadas las personas de cabello castaño  ó aquellas que no sepan, como mínimo tres idiomas, y todo el odio de la Comunidad caerá sobre ellas sin piedad. Además, no deberíamos discriminar a otros seres humanos de procedencia lejana a la nuestra, aunque sólo sea por si acaso. Un conocido, hace unos años, apagaba la tele cada vez que aparecían negros en la pantalla. Hace unos meses lo vi paseando a un precioso niño mulato. Era su nieto, al que adora, y por el que daría su vida.

No es justo generalizar y poner etiquetas. El  único criterio que deberíamos utilizar para valorar a los semejantes es el de la bondad o la maldad, y ambas calificaciones podemos encontrarlas en personas de cualquier parte del mundo y cualquier nivel económico, raza, ideología o religión;  incluso de muy diversos coeficientes intelectuales, los famosos "tóxicos", tan de moda ahora. La mayoría de las personas que conozco somos un poco emigrantes: del campo a la ciudad, de una gran población a otra, de región a región, o de barrio a barrio.. .¿Quién marca el límite en el kilometraje del desplazamiento?.

Quizás nunca hubiera llegado a escribir estas palabras si no se me hubiese encogido el corazón al encontrarme con una foto publicada en el The New York Times, ganadora de un Pulitzer. He leído ahora que la imagen es un montaje. Quedémonos con lo que representa. ¡Qué afortunados somos -y así trato de explicárselo a mis hijos- de haber nacido lejos de la miseria y la pobreza extrema!. ¿Qué derecho tenemos a impedirles a esas personas que no han tenido la misma fortuna el acceso a una vida mejor?. 


"... No me llames extranjero, ni pienses de donde vengo. 
Mejor saber donde vamos, adonde nos lleva el tiempo.
No me llames extranjero, por que tu pan y tu fuego. 
Calman mi hambre y frío, y me cobije tu techo.
No me llames extranjero tu trigo es como mi trigo           
Tu mano como la mía, tu fuego como mi fuego.         
Y el hambre no avisa nunca, vive cambiando de dueño...."
(Rafael Amor)

                                                                               Foto: Kevin Carter ( Sudán 1993)





miércoles, 7 de diciembre de 2011

Del portalín de piedra al portal de Internet



La Navidad no es una fecha... Es un estado de la mente (Mary Ellen Chase)

Por aquellas nochebuenas también se retrasaba la hora de la cena. Había arroz con pollo de primer plato y, en algunas mesas, un pescado fresco de segundo. Turrón "del duro" y "del blando",  junto con  las típicas "casadielles del cazu" para el postre. En esas ocasiones hasta los niños podíamos tomar una copita de una conocida sidra asturiana. Un Nacimento sencillo, y un Árbol los más progresistas. Villancicos a viva voz, un buen fuego para combatir la noche helada y reunión con algunos vecinos.Si además ese anochecer nevaba, la postal no tenía precio. Aún nos quedaban otras cuantas veladas de cenas especiales hasta el colofón que suponía el día de reyes. Es el primer recuerdo que tengo de la Navidad, que en los pueblos pequeños tenía un sello diferente.
 Frente a mi ventana se repiten hoy los comienzos del frío y el preámbulo de esas fiestas de invierno.  Nada es como antes. Tras la hilera de árboles que ya han perdido sus hojas se nos ofrece la imponente iluminación navideña de un centro comercial. Más al fondo, en las terrazas de la urbanización más próxima, comienzan a colgarse los primeros Papás Noeles (muchos distintos y uno sólo verdadero) y ya se adivinan, protegidos por  las cristaleras de los salones, los consabidos decorados de quita y pon. Con la llegada de nuevas culturas, los adornos navideños cada año son más sorprendentes. Y no nos rasguemos las vestiduras por lo de adoptar costumbres de otros lugares porque, como bien decían por un portal de Internet, Jesucristo tampoco era de Burgos. Asimismo, el acceso a multitud de mercados y una situación económica -a pesar de la consabida crisis- totalmente deferentes a aquellos primeros años de mis recuerdos nos ofrecen una interminable gama de productos de alimentación, objetos navideños y rompedoras letras de nuevos villancicos; incluso alguna no apta para menores, como la del paisano Melendi: "...Ya llegó la Navidad. La nieve cubre los parques, y otra vez las campanadas.Yo me vuelvo a equivocar.¡Jo! los cuartos no me valen, y dejaré de fumar. No frecuentaré los bares.Año nuevo, vida nueva, pero ya he quedao de pena. Saca ya esa hierba buenaaa..."

Los langostinos y la sopa de pixín, que hace tiempo que han desterrado a pollos y pavos, comienzan a quedarse antiguos ante la propuesta de delicatessen con que nos tienta la nueva cocina: desde salmón con costra  de mostaza con yemas de espárragos blancos y salsa holandesa, hasta la confitura de conejo con samfaina y maíz tostado hay todo un mundo de nuevos platos, rematados con un biscotti de almendra y chocolate o un stollen de mazapán y ciruelas, regado todo ello con una piña colada analcohólica, un ron elixir o un gringo tropical,por poner algún ejemplo.  De tanto como se ha abierto el abanico de los turrones llegamos a dudar si de verdad continúan siendo una masa obtenida por la cocción de miel y azúcar. El acceso a todo tipo de comidas, dulces y  bebidas durante cualquier momento del año convierten en hastío lo que antes fuera un lujo. Pero tal    como están desarrollándose los acontecimientos es posible que muchos hogares este año vuelvan a épocas  de menos variedad. 

La oferta y la demanda de regalos para Reyes y Papá Noël crecen en la misma proporción que disminuyen las ilusiones. Una bicicleta se compra un lunes cualquiera y el perfume preferido se renueva en cuanto se acaba el frasco. Ni mucho menos sorprende un estuche con veinticuatro lápices de colores o un calentito pijama. Los cabezas pensantes de las nuevas tecnologías tienen que trabajar duro para ofrecer novedades que sorprendan a jóvenes y adultos. Y las tradicionales tarjetas de felicitación comienzan a ser objetos de museo. A través de la Red se nos ofrece todo un mundo de posibilidades hasta para  cumplimentar las celebraciones.

Con todos sus defectos, huyendo de ella o dejándonos atrapar sin remedio, herederos de la fiesta religiosa o la tradición pagana, a todos nos afectan los casi obligados excesos de estos eventos festivos que nos lanzan a un nuevo año. Las necesitamos -ocurre en casi todas las celebraciones extraordinarias- como una manera de salir de la rutina, una excusa para hacer un regalo, un pretexto para vernos con quienes apreciamos, una evasiva para encontrarnos con sueños nuevos; además de una buena ocasión para sacar el fino mantel de hilo y la vajilla de porcelana  blanca con flores azules que siempre espera paciente en la vitrina.

La incoherencia llamará de nuevo un día de estos a las puertas de muchos de nosotros, y bajaremos los adornos que duermen doce meses, y nos esforzaremos por ser felices. Descolgaremos todos una de esas estrellas que vamos olvidando en nuestro universo particular y, si acaso, miraremos para otras que creemos ver brillar más en ese cielo que nunca es el mismo. Los niños seguirán siendo los que nos hagan seguir viendo huellas de reno en el asfalto y estampas felices, como las de las postales de antes. Por algo todos coincidimos en que las mejores Navidades son las de nuestra infancia. Será por eso que cada año confiamos tozudamente en recuperar algo de aquella magia, a modo de ese déjà vu que vuelve sin remedio a finales de Diciembre, como el turrón.

Si ese anochecer nevaba, la postal no tenía precio. (Fotografía @rascacheiro)







Esas pequeñas cosas

Esas pequeñas cosas 
"Lo que se recuerda es casi siempre mucho más de lo que se vive"



http://elblogdebertasuhe.blogspot.com
Url:
http://elblogdebertasuhe.blogspot.com
Autor:
Berta
Fecha de creación:
17 octubre de 2011
Ciudad, país:
Oviedo, España






















miércoles, 23 de noviembre de 2011

Lo que sé de las redes sociales...



Como declaración de intenciones he de confesar que mi época de mayor aptitud para el aprendizaje coincidió con la de los pañales de la informática a nivel de usuario. No me avergüenza decir que cada pasito que voy dando en este terreno es todo un logro. Sólo para los "nativos digitales" el manejo de cuantos aparatitos va sacando el mercado es coser y cantar. Sin embargo, el contenido de los intercambios virtuales y su función  socializadora e informativa estaban pensados para mí.

Tras asistir a un taller sobre el aprovechamiento profesional de las redes sociales , actualizo esta entrada. Cuanto más nos adentramos en este mundo más conocedores somos de lo que ignoramos. Pero siempre se aprende algo. Tratar de tú a tú a los hastags, a los FF  y al tweedeck es un pasito.

¿Son redes porque entretejen relaciones entre amigos, conocidos, compañeros, camaradas, etc... o son urdimbres porque atrapan hasta el punto de hacerse imprescindibles?. ¿Qué hacíamos cuando el ordenador sólo era una herramienta para expertos en informática o se usaba como utensilio de empresa?. ¿En qué empleábamos nuestro tiempo aquella "lejana" época en la que no teníamos zona Wi-Fi en cada rincón de nuestras andanzas diarias?. Detengámonos a poner en una balanza lo que nos ha aportado y de lo que nos ha privado el uso de las redes sociales.

Para una mayoría, la interacción en Internet ha sido la mejor vía de comunicación que se ha inventado. A través de las respectivas redes sociales los seres humanos que las emplean con frecuencia han encontrado el mejor camino para compartir sus recuerdos, gustos, ideas, soledades, intereses y sentimientos. Asimismo nos acercan  a nuevas oportunidades laborales y concretamente para los periodistas se han convertido en una alternativa   laboralmente  vital.  El protector aislante de la pantalla permite abrirse al mundo  con menos tapujos, y expresar emociones que probablemente en el diario cara a cara suelen quedarse en el tintero.

A través de Facebook compartimos paisajes y eventos variados, recordamos canciones, tarareamos boleros imperecederos, nos hacemos algún que otro guiño político e imprimimos nuestra versión de aquello que más nos interesa .Otras veces dejamos entrever nuestro ánimo del día con alguna frase célebre o un poema, para expresar de manera clara aquello que queremos gritar al mundo.No es preciso ser un gran sicoanalista para captar el tipo de energía que nos transmiten nuestros amigos virtuales .Digo "amigos" porque la comunicación vía internet nos ha llevado hasta personas desconocidas con las que confraternizamos de tal modo que llegan a tener una cabida importante en nuestras vidas. Otras, como ocurre en las relaciones "cuerpo a cuerpo", pasan sin pena ni gloria por nuestras pantallas. La empatía funciona a través de cualquier vía de comunicación.  

Tal vez maquillemos un poquito el muro para ofrecer una imagen algo más perfecta de nuestra existencia. No lo considero ningún engaño. Y me imagino que una mayoría acordaremos con humor que "nadie es tan guapo como se muestra en Facebook ni tan feo como aparece en su carnet de identidad".  Es posible también que esa estampa que captan quienes nos observan desde su terminal es como realmente somos o como soñamos ser. Cuando nos reconocemos en una opinión, una poesía, una canción, una foto, un chiste, o incluso algún hobbie, nos acercamos algo más a ese desconocido que todos llevamos dentro.

¡Qué decir de los recuerdos!. Son el único paraíso del cual no podemos ser expulsados, como decía un escritor alemán. Con las nuevas tecnologías, que avanzan a pasos agigantados, nos hacemos partícipes de estampas pasadas, volvemos a recuperar pinceladas de nuestro paisaje, nuestras costumbres e inclusive retazos olvidados de nuestra lengua más autóctona. Antepasados que jamás soñaron verse en la ventana al mundo que supone la red de redes, reaparecen en la memoria de quienes compartimos esas reminiscencias comunes. Vistas desde el prisma del paso del tiempo, esas vivencias toman un entrañable relieve.

En cuanto a twiter, otra de las redes que he empezado a frecuentar, su contenido es diferente. Podríamos  decir que es una herramienta más dirigida a profesionales afines y a intereses sociales y laborales comunes. Se complementan en la misma medida que transcurren con vidas paralelas.

En el otro plato de la balanza, el ordenador se convierte en un astuto ladrón de tiempo. Las horas parecen pasar más rápido en esos aparatitos de todas formas y tamaños. La inmediatez que supone la comucicación por Internet nos seduce más que cualquier otro medio de comunicación. Confieso que últimamente ya he devuelto más de un libro sin terminar de leer a la Biblioteca Pública y, algunos días, me retraso en el planchado de la ropa por cumplir con mis compromisos digitales. Por no decir que me tengo que poner horarios de visita a la pantalla para llevar a cabo mis obligaciones más prácticas en el tiempo previsto. De momento, me niego a aceptar las invitaciones a los juegos interactivos porque tengo poca fuerza de voluntad y me engancharía sin remedio.

También me consta de amigos y conocidos/as que se alejan del asunto de las redes sociales como del mismo demonio y nos acusan, sin acritud, a quienes estamos enganchados a la comunicación intracursor, de narcisistas y exhibicionistas.Tal vez tengan su parte de razón. La báscula, sin embargo, se inclina hacia  las cosas positivas que nos ofrece todo un mundo que se nos regala casi mágicamente desde las entrañas de las computadoras. Como excusa a nuestros excesos con el ordenador, el lema de guerra entre cómplices del tema es que "algún vicio hay que tener". 

Mi blog, del que me siento orgullosa y responsable por las visitas registradas, no sería posible sin este maravilloso invento.








domingo, 20 de noviembre de 2011

Un trabajo a los cuarenta...


Comienza de nuevo. Cada vez que fracases empieza otra vez y te harás más fuerte hasta que finalmente logres tu propósito. Anne Sullivan


Salvo esporádicas ocasiones, mi primer trabajo asalariado y en buenas condiciones me llegó dos años después de haber cumplido los cuarenta. En ese tiempo ya había dejado de lado la idea de un empleo con todas sus consecuencias. El día que me comunicaron que había sido seleccionada para hacer una sustitución de verano en los informativos de la televisión autonómica, la noticia me pilló totalmente de sorpresa.

Recuerdo que la chica que me habían asignado para ser mi "maestra" las primeras jornadas estaba haciendo la pieza de la repatriación de los cadáveres de los soldados muertos en Afganistán, en mayo de 2007. Pensé que nunca lograría hacer aquella tarea. Todo era nuevo para mí. Si unimos al hecho de mi larga inactividad profesional  la circunstancia de que en mi etapa de estudiante la informática estaba en pañales, las consecuencias son previsibles. Estababa flojísima en el manejo del ordenador, a pesar de contar con algunos cursos en el tema, desconocía  el programa específico de la empresa, e ignoraba por completo el lenguaje y el ritmo de aquel medio de comunicación. Hasta se necesitaba algún conocimiento de inglés que no es, ni mucho menos, nuestro segundo idioma para los que "presumimos" de defendernos con la lengua francesa. Sobra narrar que me sentía la mamá de casi todos los que allí trabajaban, en su mayoría en los inicios de la treintena. Fue el preciso momento en que tomé realmente conciencia del paso del tiempo y de la cantidad de novedades que me había perdido de la profesión.

En una semana tuve que ponerme al día en "negros" -que no eran señores sino la parte sin imagen de un vídeo-, "colas", "piezas", "totales", "audios" ,"postpruducción" ,"documentación", "agencias", "brutos", "nevera" "vídeos" ... y "escaletas" en general; a la vez que hube de dominar el manejo rápido de la herramienta fundamental de trabajo: el ordenador. Yo que apenas pasaba del corta-pega- escribe-guarda-. Su correspondiente programa, el Dalet (file,new story,control...), se me quedó grabado a fuego.  Aunque su fonética suene parecida a galán rubio y escultural en busca de mujeres maduras, el famoso Dalet me trajo casi un mes por la calle de la amargura. Me desesperaba a diario a causa de sus complicados entresijos y, durante ese tiempo, me daban ganas de tirar la toalla cuando me veía entre las protectoras paredes de mi  casa. Pero, como decía Concepción Arenal "todas las cosas son imposibles mientras lo parecen", así que un día comencé a hacer mi trabajo más segura sin apenas preguntar a los compañeros. El sistema informático, mi talón de Aquiles, comenzaba a hacerse familiar. El resto ya era un camino de rosas.  A todo esto os iréis preguntando:  ¿y cómo te cogieron para ese trabajo?. Pues yo creo que porque la cualidad esencial de un periodista, la redacción y la elaboración de una noticia, sí que era mi fuerte, modestia aparte.

Para ser justa tengo que decir que no hubiera superado los quince días de prueba sin la ayuda de muchas de las personas que me rodearon. De la mayoría de ellos guardo un agradable recuerdo. Me ayudaron en mis peleas con la edición , reconociendo con humildad que todos habían pasado por lo mismo. La elaboración de una noticia de dos minutos y medio requiere de mucho tiempo de trabajo y una gran concentración. Desde su búsqueda hasta el momento de la emisión hay un largo recorrido que ahora, al estar todo informatizado, es trabajo exclusivo del redactor. Sin comentarios  del estrés que se crea cuando ha de meterse una última hora con el informativo ya en marcha.

Quedaría esta memoria laboral incompleta sin una especial mención a la catalana-inglesa-asturiana Eli, en una situación de contrato y de circunstancias similares a las mías, aunque más avezada en esos trabajos de televisión  Su complicidad fue fundamental para que nuestro paso por la zona de las noticias del transformado convento de Las Clarisas nos dejase ganas de cotinuar allí. Durante un tiempo tuvimos la esperanza de que nos llamasen para nuevas sustituciones. Ya habíamos aprendido y empezábamos a ser productivas. Pero nuestra marcha coincidió con las vacas flacas y, por la información que tengo, no corren buenos tiempos ni para los que están fijos en plantilla.

De todos modos, mis vivencias en ese trabajo que llegó tardío a mi vida me dieron seguridad en caso de enfrentarme a otras de características parecidas. Si pude con el Dalet, con el que todavía tengo alguna que otra pesadilla, puedo con cualquier cosa. Ya no me dan ningún respeto las tareas del ordenador y, dicho sea de paso, me reconcilié con la conducción del coche. Aunque pasé mi particular calvario los primeros días que me enfrenté en soledad a la autopista, al cabo del tiempo también logré sentirme segura en el trayecto. Por aquellas fechas cuidé, además, mi alimentación. "No vamos a ser las más gordas, amén de las más viejas..."comentábamos Eli y yo, haciendo uso del sentido del humor, una de las pocas ventajas que nos aportaba tener unos añitos más que la media.

No corre pareja mi disposición laboral en la actualidad con los años ni las circunstancias. Pienso que, mientras se viva dignamente, la meta no es siempre un trabajo en nómina. La carencia del mismo nada tiene que ver con estar desocupado. Independientemente de la formación que se tenga, siempre es importante tener imquietudes por conocer cosas nuevas. Nuca se aprende en vano. Tampoco merece la pena coger una  tarea que  te trastoque la calidad de vida. Ya sabemos lo que dice la canción : "me matan si no trabajo y si trabajo me matan..."

En la despedida de aquel treinta de septiembre, los amigos que allí se quedaban trataban de extraer la parte positiva de nuestro fin de contrato: nos íbamos apenadas porque aún no nos había dado tiempo a conocer la rutina del trabajo, las luchas laborales internas  y las inevitables traiciones entre compañeros. Pero de esos temas no hacía falta que nos diesen lecciones porque ya nos lo había enseñado, antes que a ellos, por razón de edad,  la vida vida misma. Desde aquí, mi recuerdo y gratitud para todos ellos. Algunos/as leen mi blog y me animan, como siempre, a seguir adelante...



































lunes, 14 de noviembre de 2011

Tardes de domingo...


"... Hay un algo de pena insondable en los ojos sin lumbre del cielo...la nostalgia, tristísima,  arroja en las almas su amargo silencio... ¡Cómo cae la bruma en el alma perfumada de amor y recuerdos...! ¡Cuántas almas se van de la vida estas tardes sin sol ni luceros...!" (Juan Ramón Jiménez)



Hay un algo de maniática tristeza en las tardes de domingo. No suelo saber nunca lo que busco en esos crepúsculos que me saben a atracones de comida hipercalórica, penas sin fundamento y desganas generalizadas. 

Después de comer los domingos, en el internado donde estuve los últimos  años de Primaria, paseábamos por alguno de los marineros  rincones de la villa. Seguidamente, empleábamos las quince
pesetas asignadas para las tardes domingueras en la confitería de siempre. Nos alcanzaba el sueldo para algunas chucherías y un pastel. En los cien metros de recorrido para llegar a tiempo de ver "La casa de la pradera" -tal vez las lloreras que pillábamos con las desgracias que le pasaban a aquella familia pluscuamperfecta tenga algo de culpa- mi dulce ya había sucumbido.El de mi amiga Gloria Belén duraba toda la tarde. A continuación, horas de deberes y patio, paralelas al atardecer y al fin de las golosinas. Era un tiempo muerto de trabajo con desinterés  y canciones de corro, que entonábamos  por inercia en esas eternas tardes de niñez.

La sensación de vacío en el final del domingo se repite aún hoy, a mis taitantos.  Esa percepción de desamparo debe de ser un efecto sicológico connatural a muchas  personas . Intangibles añoranzas evocan esas horas semanales . Para quienes tenemos una deuda especial con los ocasos de domingo hay algo de derrota en esos lapsos que parecen decidir por ti .Son la representación del final de una celebración, el momento de recoger lo que antes se expuso para disfrutar.

Existe una explicación científica para quienes la caída de la tarde simboliza las horas bajas de su energía vital. Todos los seres vivos tenemos patrones rítmicos en nuestros procesos vitales. Y es precisamente el reloj biológico el responsable de que el organismo esté en condiciones más o menos activas. Las personas conocidas como "alondras" encuentran sus momentos físicos o sicológicos óptimos por las mañanas. Los seres humanos "búho" están en su mejor trance hacia el final del día. Por eso a mi nunca me pillarán planchando al anochecer. Si al final de la tarde de las "alondras" unimos el término de la semana, es explicable que su energía esté fuera de combate.

Las tardes de esa fiesta suelen ser, además, momentos de partidas. Formo parte del grupo al que no le gusta decir adiós ni aunque sea por unas horas. Cuando la separación es inevitable suelo rehuir el momento con cualquier pretexto. Algo se muere en cada hasta luego, a pesar de que en esa agonía de la despedida es cuando realmente llegamos a conocer la profundidad de nuestros sentimientos.

En las horas anaranjadas de ese séptimo día tengo muchos recuerdos de adioses a sonrisas y a compañías especiales. Siempre constituyen las despedidas el punto final de una historia. Hay algo que ya no volverá a ser igual aunque haya promesas de reencuentros. Y en algún hueco de la franja horaria y del calendario hay que materializar nuestras penas, aunque en esos instantes no esté su origen.

Os dejo, que atardece y es domingo...

Foto: Suny Marco Molina











miércoles, 9 de noviembre de 2011

Yo opino, tú opinas: todos opinamos...



"No comparto tus ideas, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlas"  Voltaire


Afortunadamente para todos, en nuestra sociedad, no es ya preciso llegar al extremo sugerido por el escritor Voltaire..Salvo las que atentan contra las dignidad de cualquier ser humano, incluida la propia, todas las opiniones son respetables.Nadie debe tener miedo a tenerlas ni a expresarlas. Aunque mejor, si acaso, "presta el oído a todos, y a pocos la voz. Oye las censuras de los demás, pero reserva tu propia opinión", decía Shakespeare.

En el complicado tejido de amistades que vamos hilando en las redes sociales hay, como es natural, criterios para todos los gustos. A poco observadores que seamos, cada quien sabe de que pie cojea cada cual..  ¿Para qué perder el tiempo en desagradar?.Ciertos desahogos verbales es más sabio reservarlos para la intimidad.

Aunque mi intención no sea la de juzgar la forma de plasmar puntos de vista de cualquier índole sin tapujos -somos libres de decidir las funciones y los lugares para los que tenemos destinado el uso de las nuevas tecnologías-  muchas veces se rompe la magia de nuestros encuentros virtuales cuando, después de que alguien cuelgue algo como "...te llegará una rosa cada día a augurarte tiempos de ventura, compañera total del alma mía, propietaria de toda la ternura...", la siguiente notificación sea un sonoro "hijo de p..." como el juicio más inteligente sobre un representante cualquiera del pueblo. Donde acaban las buenas ideas, empiezan las descalificaciones.

Insultar sabemos todos, pero la injuria dice muy poco a favor de quien la utiliza: demuestra falta de argumentos, y da armas al adversario. En todo caso, me quedaría con el empleo de la ironía y, sobretodo, con el sentido del humor; posturas que abren ventanas y desdramatizan las opiniones. Usar ese sentido es ser consciente de la relatividad de las cosas y suele sacar a todos una sonrisa. Con el humor se dice mucho en poco espacio y quien lo capta en su justa medida revela ser listo.



Es cierto que las ideas comunes y la visión de la realidad política y social desde el mismo punto de vista crea un especial lazo de unión entre quienes comparten los mismos pareceres, pero igual de verdadero es que son más numerosos de lo que pensamos muchos de los asuntos que nos unen a algunos de nuestros adversarios ideológicos. Si nos paramos a reflexionar dos minutos y a escuchar con atención y respeto la verdad del prójimo siempre habrá matices para suavizar posturas e ideas que convergen. En mi caso, un cincuenta por ciento de las personas a las que aprecio no estarían sentadas en mi misma bancada, en caso de que fuésemos parlamentarios/as. El aprecio y el respeto que siento hacia ellas siempre me lleva a dar un margen  de comprensión hacia sus ideas. Si son buenas personas, algo habrá de razón en sus posturas. Como suele decirse, la diferencia de criterios se da hasta en las mejores familias. "Republicano soy, conservadora mi suegra, comunista mi mujer, y en mi casa hay una guerra..." reza el dicho.

Las opiniones más respetables serán siempre aquellas que estén fomentadas en la deducciones personales y no en herencias genéticas o influencias de quienes llevan su bandera como la más absoluta de las verdades, queriendo metérselas con embudo a sus círculos sociales. En más de una ocasión, si nos pusiesen delante un discurso sin firma quedarían en evidencia nuestras incoherencias. Aunque cueste más trabajo, hay que opinar por uno mismo.Además "no hace falta defender siempre la misma opinión porque nadie puede impedir volverse más sabio", dijo el político alemán Konrad Adenauer.

Siempre te desarma quien, siendo tu rival en convencimientos, te escucha, intenta comprenderte y te da muestras de sabiduría. Nadie es dueño de teorías absolutas. Hay matices en cualquier mensaje. . "Tu verdad no; la verdad / y ven conmigo a buscarla. / La tuya, guárdatela  ". Bonita la frase de Antonio Machado. Es sólo mi opinión.