lunes, 7 de abril de 2014

Operación bikini

¿Tenía que haberse puesto faja la guionista Lena Dunham?, se preguntaban hace unos días en la redes sociales, y se repreguntaban muchos y muy "serios" medios de comunicación. La también actriz estadounidense lucía un vestido verde de lunares de una conocida y asequible firma de ropa, para la gala Arts American Stongbook. Aunque muchas personas alabaron su cuerpo real, hubo numerosos comentarios que se decantaban por recomendarle una faja, porque su barriga no era lisa como una tabla. A pocos les importaba que la cineasta estuviera pasando por una mala racha, tras su separación matrimonial y haber sufrido la extracción del útero a principios de año. Atreverse con el vestido de Zara, que ella había elegido libremente era el mayor de los problemas y la más central de las noticias para quienes la imperfección está en no seguir a rajatabla los cánones de la moda.

Los bombardeos de primavera-verano, en plena vorágine -ya en otoño una va más tapadita y pasan desapercibidos ciertos exceso alimentarios-, tienen parte de culpa de que María llene de adhesivos el frontal de su frigorífico a principios de todas las estaciones cálidas, desde que la celulitis llegó a su vida. En ellos escribe con signos de exclamación disuasorias frases en llamativos colores: ¡si abres esta puerta no entrarás en tus vaqueros T38!.  ¡La camiseta que conpraste en la tienda barata para gustos caros marcará los michelines que difuminan esa cintura que un día fue de avispa!. ¡Cuidado con el vestido de punto rosa palo que la temporada pasada ya tenías que meter con calzas para que no reventasen sus costuras! o directamente escribe las cinco letras:¿Gorda!. Adelina usa un método que no siempre funciona: compra un pantalón pitillo, mitad algodón mitad elástico, una talla menos que el que habitualmente ya le queda apretado, y jura por lo más sagrado que podrá ponérselo a poco que guarde la dieta.

El caso es que pocas personas, fundamentalmente mujeres, nos salvamos de las exigencias que con la promesa de la estación mágica nos seducen desde esas tiendas que marcan fechas  y convencen más que el tradicional calendario. Nos vamos al súper y llenamos la cesta de verduritas, yogures desnatados, ayudas microbióticas, alimentos ricos en fibras, bebidas diuréticas y demás. Pero después de tres días, comenzamos a reducir los posis de la nevera en la misma medida que se cae el entusiasmo por embutirnos las talla 36 de esos comercios para jóvenes en el que te encuentras mujeres en edad de ser abuelas al cincuenta por ciento.

Sólo las más tenaces consiguen reducir la silueta en paralelo al aroma a bronceador que se va aproximando. Algunas descendientes de Eva se pasan la vida con la dieta de la manzana, independientemente de la temporada: tres meses se la saltan, cuatro vuelven a ella y cinco hacen mantenimiento. El caso es que sólo ellas y quien las tiente muy de cerca aprecia sus oscilaciones en kilocalorías. Otras vamos aguantando las inclemencias de esas edades en las que todo se cae y se infla con algunas privaciones. Como el que no quiere la cosa un día no cenas, otro saboreas un yogur, al siguente una sopa, el cuarto te devoras todas las patatas de la fuente y el quinto te aguantas con unas verduritas al vapor. pero pocas son a las que les importa un bledo coger una talla más o que el espejo les devuelva la cara de luna llena.

Si bien es cierto que ciertos momentos -suelen ser lluviosos y de pocas compensaciones personales- buscamos esa excusa perfecta que nos libere del calvario que supone el sentimiento de pasarte de calorías. Es cuando te dices a ti misma cosas como: "total, para dos días que vivimos", "si no voy a ser más feliz con cinco kilos menos", "lo importante es ser guapa por dentro, "tanto sacrificio para llegar igualmente a vieja",  "después de los cuarenta o ajamonas o amojamas", "habrá que ir eligiendo entre culo o cara", "a mi pareja no le gustan los palos de las escobas", "a ver si voy a perder la salud", "el cuerpo de vez en cuando necesita azúcar, etc...

Al final, cuando ni la dieta vegetariana, ni todas las inventadas hasta ahora consiguen calmar tu ansiedad - cuanto más piensas en privarte mayores son tus deseos de chocolate- casi siempre nos quedamos con los trucos que vamos adquiriendo con los años, que algo habían de traernos de bueno. Por supuesto sin olvidar esas fajas mágicas que aprietan por un lado y se vengan por otro; si es que no te dan un fiebrón, como le ocurrió a una querida conocida, que a la semana de parir quiso ir monísima a una boda y se embutió en esa lencería moldeadora que le dejó el vientre más plano que antes del mes cero de su embarazo, pero le costó una visita al médico.

Como todo, hay que tomarse en su justa medida el asunto de la delgadez. A veces, con comer inteligentemente y evitar una vida sedentaria es suficiente para sentirse bien en nuestras propias pieles. También se dice que el sexo libera calorías además de otras energías malignas. Pero pocas frivolidades cuando comer se convierte en un infierno y deriva en enfermedades mentales peligrosas y difíciles de atajar. Se empieza a coquetear con la comida sin grasa, sin azúcar, sin nada y se acaba viendo las barbas a la anorexia o la bulimia. Todos conocemoss o habemos vivido de cerca en algún momento estos episodios, y sabemos que los espejos tardan en devolver la imagen sin distorsionar de la persona que sufre la enfermedad, después de un largo sufrimiento que implica a todo el clan familiar; eso en el mejor de los casos.

Hablando de equilibrios físicos y mentales me viene la imagen de la periodista Gloria Serra; con un físico de mujer resolutiva, sin complejos y con una silueta que, sin acercarse a una talla de modelo, transmite belleza, inteligencia y sensualidad. Por cierto, fue madre de mellizos a sus cuarenta y nueve años.  Lo que confirma que la vida comienza siempre que uno tenga ilusiones.

Feliz cena a tod@s, casi que os presiento con la lechuguita a través de estas ondas. No sufráis en exceso, que se aproximan fechas de espichas por nuestra Asturias y la felicidad de un pincho de tortilla, un trozo de empanada, un concejal de bacalao y un culín de sidra es incomparable. De postre vosotros diréis. El bikini puede esperar.

Imagen tomada de Cosmopolitan.com


sábado, 22 de marzo de 2014

Visita... de médico

"Allí donde el arte de la medicina es cultivado también se ama a la humanidad" Hipócrates

Siempre la misma sensación cuando voy a visitar a alguien a un hospital: alargaría el pasillo hasta el infinito para no cruzar esa puerta tras la que no sabes qué te vas a encontrar; más fuerte el deseo cuanto más afectos te unen a la persona que allí está.  Mientras caminas miras de reojo  puertas entreabiertas de las habitaciones que te quedan de paso y casi siempre te llega una queja, un grito desgarrado o la imagen de alguien que ya no puede ni mostrar el sufrimiento. No puedes evitar imaginar en esa tesitura a un ser querido o a ti mismo y se te apodera la impotencia sin remedio. Pero nuestros recursos para no pensar en futuros inevitables o impredecibles, afortunadamente, siempre son más fuertes que nuestro miedos y conseguimos borrar imágenes de unas posibilidades que quién sabe de qué modo están escritas en los destinos de cada cual.

Sin embargo, esa impresión de darte de  bruces con la realidad más amarga de la la vida es lo más habitual cuando transitas esos centros. Salvo excepciones, el cuento que allí se vive no suele ser feliz. Por otro lado, sigue siendo el mismo ese olor a desinfectante para neutralizar tragedias del cuerpo y del alma;  además del aroma a albóndigas hipocalóricas y sopa de verdura baja en sal. Sabe a vulnerabilidad ese ambiente hospitalario, por eso ningún hombre se asemeja más a otro que cuando comparte la indefensión de la enfermedad, la tragedia o la tristeza.

Paralelamente a mis percepciones, me llegan noticias a través de ese televisor -un negocio bien montado  que cuelga frente a las camas paralelas- de que al expresidente Suárez, también en una cama de una clínica (seguramente con más lujos pero con la misma esencia del dolor que se respira en la mayoría de estas situaciones),  en un destino como el de tantos de esos españoles a los que llevó de la mano para alejarsles de una cruel dictadura, le quedan pocas horas de vida. Qué extraños somos los seres humanos capaces de apedrear sin piedad a poco que nos dejemos influir, para luego cuando llega la enfermedad o la muerte, elevar a la excelencia a quien denostamos. Extraña la crónica de la muerte anunciada de este hombre que fue una tabla a la que se agarraron quienes vieron el "centro"como el lugar más adecuado para salvarse de los extremos de esa España que sangraba. Recuerdo que llegó a decirse, quitándole mérito a él y a las féminas, que las mujeres lo votaban por guapo (si así hubiese sido en algún caso tal vez se hiciera por cierto aquello de que la cara es el espejo del alma). Con todos los matices que quieran ponerse,  el Presidente Adolfo Suárez decidió y asumió con todas la consecuencias -de ahí que sus mayores enemigos los tuvo dentro de sus filas- que era tiempo de entender que pensar diferente no merecía la muerte ni el exilio.

Quisiera apuntar también, antes de que no me quede espacio en este trocito de papel que agarré entre los variopintos objetos de mi bolso, para después pasarlo al blog, mi admiración por la mayoría de esos profesionales, hombres y mujeres, que se te vuelven dioses cuando estás en sus manos la salud de quien aprecias. Tras su bata blanca con la placa que los identifica, y unos sencillos vaqueros que se entreveen en algun@s, la mayoría de ellos muy jóvenes ya a mis ojos, me hacen sentir lo importante y admirable que es su profesión cuando la desarrollan  con vocación.  Su humanidad y sicología es un bálsamo mucho más eficaz que cualquier cura del medicamento que opten aplicar. Por lo general, una mano en el hombro del enfermo, una sonrisa franca o unas palabras de ánimo son cuanto necesita una persona con su moral, y en ocasiones su dignidad bajo mínimos, agudizados estos parámetros cuando la vejez es otro efecto colateral . De ahí que la ética debería de ser una de las asignaturas reinas en las ciencias de la salud. Dice una famosa frase de Voltaire que “Los hombres que se ocupan de restaurar la salud de los demás uniendo habilidad con humanidad están sobre los grandes de la tierra. Aún comparten la divinidad, ya que preservar y renovar es casi tan noble como crear.” 

Escribía estas líneas sentada en uno de esos sillones de un hospital de la sanidad pública. Salvo pequeños detalles como el agua que el enfermo debe pagar, en este centro asturiano donde tengo tiempo para observar detalles materiales y espirituales, no se notan cambios apreciables a simple vista por culpa de la crisis, a la que se le echan la culpa ahora de la inmensa mayoría de las carencias en los derechos fundamentales. Cuando te encuentras allí, de interno o visitante, puedes palpar que hay asuntos, como la salud y la educación, que van más allá de los beneficios económicos.  Y te reafirmas en que ambas cuestiones deberían ser sagradas e inegociables, máxime si tenemos en cuenta que sus usuarios en ningún caso las disfrutan tan "gratuitamente" como quieren hacernos creer sus detractores

Enfín, hoy uno de esos momentos en los que recuerdo especialmente algo de A. Shopenhauer: "la salud no lo es todo pero sin ella todo lo demás no es nada".

martes, 25 de febrero de 2014

Como te veo me vi, como me ves...

"El tiempo me ha enseñado a mirar. A veces, me ha enseñado a callar" (Fito Páez)

Observaba esta mañana en la televisión al Presidente de Facebook, también ahora de washapp, y me parecía demasiado joven y listo para tan importante cargo. "Va a ser que tú ya tienes una edad", me decía mi voz interior, del mismo modo que me percato de que los médicos y médicas, pongo por caso, que me encuentro por hospitales y demás centros sanitarios no es que tengan pocos años, sino que los míos van aumentando. Lo que viene a confirmar que cuando se tienen veinte años la vejez y todos sus efectos colaterales se nos antojan tan lejanos que nos parece imposible vernos en esa texitura. El pretérito imperfecto de los sueños está por escribir y nos consolamos pensando, como escribió Giovanni Papini, que este presente nos es más que un prefacio de la bella novela del porvenir, pero a medida que pasan las décadas las perspectiva va cambiando. De ahí el poema de Benedetti:

"...ya cuando nos casamos
los ancianos estaban en cincuenta
un lago era un océano
la muerte era la muerte
de los otros
ahora veteranos
ya le dimos alcance a la verdad
el océano es por fin el océano
pero la muerte empieza a ser
la nuestra"

 Paralelamente al paso de los años vamos planteándonos cuestiones que eran inimaginables en la etapas de niñez y primera juventud, en las que en muy pocas ocasiones ves el mundo como algo con caducidad. El día que aparece la primera cana, o aquel en el que algunas arrugas de la cara ya son apreciables al tacto de tu mano en esas noches de insomnio que se hace más frecuentes según se van cumpliendo inviernos, comienzas a fijarte un poco más en esos viejecitos que cruzan, vulnerables, los pasos de peatones -otros dos se nos colaron ayer mismo en el turno de citas sanitarias con "ingenua" inocencia-, haces más tuya cualquier ausencia  provocada por la muerte, y te planteas la posibilidad de verte así un día. Empiezas a comprender porqué tu abuelo siempre decía que fuese como fuese el cuento siempre acababa mal, incluso ves más clara la parte de razón de quien cree que la vida, en su mayoría, es un valle de lágrimas, o un asco según la versión más pesimistas. Menos mal que todos no lloramos al mismo tiempo porque, según palabras de mi antigua vecina "no habría río que llevase tantas lágrimas".

El caso es que recuerdo muchas veces la frase de una señora entrada en su tiempo de descuento que le dijo a un niño que la llamó vieja¨"como te veo me vi,  como me ves te verás". Para no estropearos en exceso la jornada, y apoyar la teoría de que siempre es importante tener algo por lo que luchar, aún cuando nuestras pieles no sean las mismas, os pego una esperanzadoras palabras que escribía María Teresa Álvarez en su muro de Facebook: "abrazar un ideal hace que te sientas joven". Y a los eternamente jóvenes y agradecidos del vivir esa hermosa canción de Mercedes Sosa:

 "Gracias a la vida que me ha dado tanto 
Me ha dado el sonido y el abecedario 
Con él las palabras que pienso y declaro 
Madre, amigo, hermano y luz alumbrando, 
La ruta del alma del que estoy amando..."


Todo esto por haberme detenido en la figura del flamante jefe de washapp y su "exótica" esposa: Jóvenes, ricos, guapos y famosos... Desconozco su actitud ante la vida y los problemas de sus semejantes. De ser solidaria, rozarían la perfección.

martes, 11 de febrero de 2014

Flores silvestres para Juan

"Amar no es solamente querer, es sobre todo comprender" Francoise Sagan


Cada 14 de Febrero le llevaba un ramo de las primeras flores silvestres que anunciaban la primavera. Ningún año faltó Guadalupe a la tumba que se adivinaba bajo las ortigas, tras la tapia del cementerio, justo a la izquierda del lado más soleado.

Dos matrimonios y algunos otros amores no consiguieron que olvidara a quien el resto del mundo ignoró bajo aquellas piedras que fueron el último refugio de Xuan; su gran amor secreto, víctima de las injusticias de la posguerra y de la mentalidad de la propia familia de Lupe. La sangre de su sangre nunca hubiera entendido aquel enamoramiento por el soñador de pelo largo que cabó su propia tumba el día que se le ocurrió decir a viva voz en la plaza del pueblo dos o tres frases revolucionarias. Con el paso de la historia, se fue demostrando que aquellas exclamaciones formaban parte de la más pura justicia social.

Treinta días después de haber cumplido los ochenta  y cinco, cuando su largo cabello -magistralmente disimulado en un moño inimitable- era todo blanco y de sus enormes ojos sólo quedaba aquel brillo mágico con que la naturaleza obsequia a determinadas personas, comprendió que se puede amar de muchas formas. Al acariciar el trozo de papel de aquel libro viejo, que siempre llevaba en el bolso de su chaqueta de color indeterminado de tantas lavaduras, recordó en alto el final del poema que Juan le había entregado un día antes de que fuese fusilado. Había conseguido leerlo veinte años atrás, cuando cumplió la promesa de aprender a leer. Se lo debía a su amor prohibido,  aquel cuyos labios tan solo llegó a rozar un atardecer de abril, en el mismo instante que supo que sería la última primavera que volvería a respirar aquel aire inconfundible que les mecía cuando caminaban juntos. Pero hubiese jurado por sus tres hijos que el aroma a jabón de lavanda al que olía Xuan se renovaba todos los amaneceres en el papel sepia y gastado:

"Serán ceniza, mas tendrá sentido;
Polvo serán, mas polvo enamorado"  (Francisco de Quevedo)







jueves, 6 de febrero de 2014

UNA DE BRUJAS

"Que te acaricien el cabello es hermoso. A menos que sean las 3 de la mañana, estés dormido, con todas las luces apagadas y vivas solo".

Ayer recibí la última de las llamadas que todos los días, sobre las siete de la tarde, suena en mi teléfono fijo: "Hola, te llamo porque las cartas me han dicho que debo protegerte. Alguien está ejerciendo una mala influencia sobre ti. Si quieres saber más llama al...", fue la última advertencia porque, a veces, me puede la curiosidad y caigo en la tentación de escuchar. 

Busqué por el sabelotodo de Google y lo cierto es que hay testimonios de muchas personas que desesperan con la insistencia de estas llamadas, a las que las compañías de teléfono les dan poca solución; más que nada porque "presuntamente" hay un negocio implícito del que se beneficiarán en caso de que optes por devolver el toque. Ningún misterio entonces si no fuera porque el otro número que también aporrea mi celular en días alternos se queda en silencio cuando descolgamos. "La hora de la bruja", decimos en casa tomándonoslo con humor.

"Ciertos fenómenos inquietantes son magnéticos para la emoción y nos rodean más de lo que parece a primera vista", me hace llegar un amigo tan real como virtual -ese que siempre me llama como la protagonista de la novela de Clarín que acabó convenciéndose de que los sueños nunca se cumplen- al que le había hablado del tema que estaba escribiendo. Curiosamente él había puesto en su muro la cita de la cabecera  al tiempo paralelo en que yo tramaba una de brujas. Y tan bien relató una "inquietante" experiencia suya que tal parecía un fragmento sacado de una novela del realismo mágico: "En una pequeña estancia del palacio vienés de Schönbrunn quedé una vez solo. Es infrecuente porque las salas están siempre recorridas por turistas. De repente comenzó a sonar una melodía dulce, como el recuerdo de una felicidad ida. Era un violín solo quebrando el silencio, temblando en el aire. Al principio no la reconocí. Luego comprendí que era la Meditación de Thais, de Massenet. Supuse que alguien a quien no veía tocaba en el jardín exterior, o que algún guarda había puesto un CD más alto de lo normal para combatir el tedio de otra jornada monótona. Pregunté a un guía que llegaba de dónde procedía la música enigmática. Se mostró sorprendido. Dijo que no había escuchado nada, y que fuera los paseos de grava estaban recubiertos de escarcha. un azote para la madera noble de un violín. Repetí la pregunta, suponiendo que mi alemán pedregoso confundía las palabras. Pasó de la perplejidad a una cierta irritación: estaban prohibidos los reproductores musicales en el palacio y, en Viena, herr besucher, las órdenes se cumplen, sugiriendo una cierta indolencia latina para respetar las normas. Estará la melodía en su imaginación, concluyó. Pensé que no: hubiera podido casi acariciar con la mano aquellos acordes. Tal vez no estaba en mi cerebro; tal vez había sonado de verdad, tal vez emanaba de las paredes revestidas de raso dorado, fluyendo desde otro tiempo. Cuando me disponía a salir y arrojaba la entrada cortada en una papelera volvió a sonar. Apresuré el paso sin mirar atrás".  Nos atrae pensar en que "algo hay", a sabiendas de que todos los mundos están en éste. La magia rompe las cadenas de la rutina diaria y nos transporta a universos más sutiles. Nadie se queda indiferente ante las historias de lunas, brujas, espíritus, hadas, brujos. demonios varios o acordes de violín salidos de las paredes de raso de un palacio vienés. La imaginación o la necesidad de visualizar un recuerdo echa el resto.

De un modo u otro lo contrario a las leyes naturales siempre está implícito en nuestra propia realidad, y habrá quien siempre vea un duende bajo una seta, una xana oculta chiscando bajo el manantial, un diañu escondiéndonos la otra pareja del calcetín rayado o una bruja de mejor o peor intención planificándonos el destino; incluso una luna llena manejando hilos invisibles. Lo mismo pensaba Reinaldo Arenas al escribir: "realmente el mundo está poblado de brujas; unas más benignas otras más implacables, pero el reino, no solo de la fantasía sino también de la realidad, pertenece a las brujas".

¡Quién no tiene en su haber una historia que vivió o que le han contado sobre sorprendentes hechos didíciles de explicar!. Esas otras dimensiones que se hacen más palpables cuanto más echemos la fantasía a volar. Amén de que nos gusta creer que en nuestras limitadas vivas siempre pueden vivir de otro modo las historias imposibles, ya sean de miedo, de amor o de amistad. "Vamos a contar historias de miedo", me dice mi hijo pequeño, y acabamos todos tapándonos hasta la nariz a medida que el misterio de la trama aumenta porque el miedo crece cuanto más se alimenta.

Luego, está el tema de la edad para eso de las intuiciones, los presentimientos y las artes adivinatorias. Un chiste de esos facilones dice que "las féminas son magas porque levantan las cosas sin tocarlas". Lo cierto es que a medida que vas cumpliendo años, aunque no practiques las artes levitatorias, sientes que te vuelves un poco brujita o brujito, al tiempo que se multiplican las lunares y las verrugas en los sitios que menos falta hace. A fuerza de vivir, las historias no hacen más que repetirse y lo que para unos es casualidad rara y sospechosa, para otros no es más que la lógica de la naturaleza humana.

La mayor y más sorprendente magia es, al fin y al cabo, la ifluencia que la vida de unas personas ejerce sobre otras. Quedémonos con las buenas. Para las malas, una velita de esos aromas irresistibles. Que haberlas haylas y haylos...


Fotografía: Paniceres (Laviana) un atardecer de vientos misteriosos. Autor: Cases de Arriba


sábado, 1 de febrero de 2014

Sentimientos tóxicos

"La envidia en los hombres muestra cuan desdichados se sienten, y su constante atención a lo que hacen o dejan de hacer los demás muestra cuánto se aburren" (Shopenhauer, filósofo alemán)


Quién no ha sentido alguna vez la inquina directa o indirecta de personas a las que no nos consta haberles hecho daño alguno. Un amigo, que por su profesión entiende mucho del intelecto humano, me comentaba que los recovecos de la mente son sorprendentes, inescrutables e incomprensibles a primera vista, pero que ciertas reacciones de ataques injustos tienen sus explicaciones más o menos fundadas, pero inevitables para quien las experimentan, e imposibles de esquivar. Sólo la coraza de la indiferencia y de la distancia, incluso la del sentido del humor podrá salvarnos de los tóxicos sentimientos ajenos. Para neutralizar esos vientos envenenados es necesaria una dosis considerable de inteligencia emocional. La peor parte se la suele llevar quien te "persigue" con el intento de dañarte porque nada tan cierto que quien siembra vientos recoge tempestades. Si aprendemos a volvernos resbaladizos ante determinados "deseos" ajenos difícilmente alcanzarán su objetivo, que nos es otro que llevarnos a su terreno. "Tranquilidad, que maldiciones de burro no llegan a buen puerto", que suele decirse en el lenguaje popular.


 A medio camino entre la ira y la vanidad, experimentar el tóxico sentimiento de la envidia es algo que nadie desea, fundamentalmente porque lleva aparejada una declaración de inferioridad atrapada en la maldad. Francisco de Quevedo definía la envidia como flaca y amarilla porque no comía, y Gustaf Klimt la pintó en la revista alemana Secesión como una figura femenina, vestida de negro, de rostro enjuto y coronada de cardos. Lo de pintarla en femenino no sé yo si será peyorativo, como tantos atributos negativos que se nos atribuyen por excelencia a las hembras.

Según el profesor de sicología H. Smith "si usted es una persona envidiosa le costará mucho apreciar lo bueno porque estará demasiado preocupado en cómo se refleja en su yo". La única recompensa para el envidioso parece ser ese placer que siente cuando la persona envidiada se derrumba. A buen seguro que ese momento llega porque, como bien decía el escritor francés Rochefoucauld "nuestra envidia siempre dura más que la dicha de aquellos que envidiamos". Pero el envidioso nunca verá su placer satisfecho porque el hambre espiritual es muy difícil de saciar. Napoléon, que de batallas sabía mucho, dejó escrito que "la envidia es una declaración de inferioridad".


Sesudos estudios consideran la envidia como una enfermedad corporal, e investigaciones con neuroimágenes muestran que activa áreas vinculadas con el dolor. Sin embargo, para el profesor de sicología Horacio Krel podemos verter en positiva ese corrosivo sentimiento poniendo nuestra salud síquica en terceros. El método sería desarrollar ese poder interior que todos tenemos para logar un equilibrio con la inteligencia emocional, consiguiendo sentimientos positivos, ya que los negativos sólo sirven para destruirnos.

Esos mismos estudios aseguran que la envidia cumple asimismo un rol social. Los impulsos de ese sentimiento tan mal afamado ayudan a explicar por qué los humanos somos más propensos al igualitarismo y a rebelarnos contra tiranos. También nos ayuda a ser mejores al no deseperarnos tanto en lo que envidiamos en el otro. Curiosamente solemos sentir esa punzada con quienes están en nuestro mismo rol social, intelectual o físico.

Partiendo de que la envidia es un impuesto establecido por la civilización y que todos debemos pagar, además de ser un sentimiento que todos hemos experimento alguna vez, canalicemos nuestras energías a positivizarlo y a no extenderlo dañinamente hacia los demás. Reconocerlo e intentarlo ya es un paso hacia el equilibrio mental.

Para nuestro consuelo debemos saber que a utilizar la envidia en positivo se aprende y debería ser una enseñanza obligatoria en los primeros años de nuestra educación, enseñándonos que debemos ver al prójimo como un aliado estratégico. Es una capacidad que concecta nuestro cerebro individual con el social y nos conducirá a una comprensión muy positiva para nuestra vida futura si nos lo hacen saber en las aulas y en los hogares, junto con el resto de aprendizajes.

Para los envidiosos y envidiosas sin remedio, supongo que si algo vamos aprendiendo con los años es que no ofende quien quiere si no quien puede, así como otras frases más directas que ahora circulan mucho por las Redes y que en un momento dado sirven de gran desahogo: "Estoy en esa edad en que le vas a vacilar a tu P.  Madre...". Disculpad la frasecita, pero algunas gotas llegan a desbordar el vaso de la educación y nos atrevernos a reencarnarnos en una Estela Reynols cualquiera; aquellas que también dijo : "Oh que ataque más gratuito... Tú marido me ataca con su tosca ironía, pero yo le respondo con mi fina indiferencia...".



jueves, 16 de enero de 2014

Renglones para un hasta luego




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Estoy buscando la mejor manera de cerrar un círculo, el de mi blog,  que comenzó a trazarse hace dos años abundantes. Y no se me ocurre mejor momento que este mes de Enero en que comienza el tiempo de Acuario, el de mi nacimiento y el de todos aquellos que, según dicen las estrellas, somos comunicadores, fantasiosos y espirituales; al tiempo que vivimos en el mundo abstracto de las ideas y de los pensamientos, que para nosotros llegan a ser reales; una justificación como otra cualquiera para disculpar que estamos en las nubes...

A veces, tienes la sensación de que un camino ya te lleva a ninguna parte, a pesar de que nunca has estado sólo en él. Nada dura eternamente y las venturas y desventuras de estos taitantos que os he ido desnudando, con mayor o menor detalle  y mejor o peor ventura; incluso con algunos recuerdos que el tiempo ha convertido en historias a las que añadir matices de colores más intensos, alguna vez habían de tener un punto y final.

Por aquí han desfilado soledades, ilusiones, secretos, piropos, colores, pecados, agradecimientos, proyectos, carnavales, magias, sueños, despistes, manías, leyendas,  murallas, partos, libros, amigos, paternidades, nombres, otoños, reencuentros, postres, seducciones, primaveras, casas con alma, abismos, fobias y filias,  algún cuento, muchas nostalgias y numerosas tardes de domingo. Asimismo que cartas, alguna de amor, rutinas, y suposiciones. Hasta algún esbozo de erotismo, porque os recuerdo chicos la famosa frase de Asthur Miller: "Si dos mujeres cuchichean y paran bruscamente cuando te acercas es sin duda que hablan de sexo. ¡Y, si una de ellas es tu mujer, seguro que hablan de ti". De cuando en cuando alguna información relacionada con la más cruda actualidad, pues a pesar de que no era esa la línea de este cuadernillo, hay cuestiones de derechos fundamentales que son sagrados para mí, aún a riesgo de perder lectores. Ah!, se me olvidaba ese pregón en las fiestas del lugar a donde siempre vuelvo (lo tenéis cerquita, justo ahí, encima del título). Haber escrito un libro bien lo valió.

 El contenido de cuanto escribí no fue ni más ni menos que esas vivencias cotidianas de las que, en el día a día, solo vemos la punta del iceberg porque gran parte de las auténticas verdades se componen de silencios. La mayoría de vosotros habéis estado presentes en alguno de mis renglones. Seguramente hubo palabras que parecían robadas de vuestras vidas, como otras que estaban muy alejadas de los mundos que habitáis. Y  también aquí os quedó escrito algún que otro mensaje subliminal. Al fin y al cabo, de eso vivimos quienes gustamos de contar historias, de que los lectores se sientan atrapados por la melodía de unas frases que les hacen vivir o revivir lo que en sus sentimientos de alguna manera fue, es o será.

El número de visitas y vuestros mensajes me animaba a seguir con mis relatos de nunca acabar. Cuántas veces me he preguntado qué coincidencia del destino llevaría a abrir "esas pequeñas cosas"a personas desconocidas, en lugares alejados, algunos de los cuáles hube de localizar en el mapa por aquello de que determinados puntos de la geografía se me escapan ya de las manos, fundamentalmente desde que las fronteras son otras muy diferentes a las de mis tiempos de EGB.

A otros seguidores y seguidoras os conozco desde siempre, a muchos os tengo de amigos, vecinos y conocidos en mi vida real y en la virtual; junto con los que he ido encontrando a través de las Redes, desde donde también llegan las empatías y las antipatías. Incluso a algún adversario se la habrá escapado la curiosidad de leer mis "cuéntame". Desde luego que no podemos ser monedita de oro que caiga bien en todos los bolsillos. Sé que algunos, a través de esta aventura que decidí comenzar una mañana de otoño, de esas en las que te sientes perdida y de poca valía, me habéis redescubierto, y fue un honor para mí escucharos decir que os he sorprendido, para mejor, espero... Yo también he aprendido a valorar a personas que apenas eran meras conocidas.

Os cuento que por mis cajones de Soto de Agues y Oviedo guardo, en mi desorden ordenado, cientos de historias escritas desde que apenas aprendí que las oraciones se componen en su esencia de sujeto, verbo y predicado. María me recordaba hace unos días que unas Navidades me premiaron un cuento que había escrito en el internado donde ambas estuvimos. Incluso se acordaba del título y, sobretodo, de mis manos, cuando supimos una de la otras casi cuarenta años después. Es curioso cómo y qué recuerda de ti cada quien. También Sol, una de esas amigas que sabes que están ahí a pesar de haber perdido su rastro durante 15 años y que ahora se ha ido a vivir allí a donde las mujeres aún no pueden salir de casa sin un acompañante masculino, me encontró a través de una de mis entradas en la que hablaba de cuentos antiguos: "No podía haber otra Berta de Soto y con una madre llamada Bárbara", me escribió.

Internet ha sido una forma de hacer públicas esas historias. Lo ideal sería que un medio de comunicación bien equipado me sirviera de plataforma, pero tal como está las cosas habremos de conformarnos con menos. Imposible olvidar el concurso de relatos que gané gracias a vuestros votos -os confieso que ahí sigo, a veces, mirando nubes- y de qué manera no recordar la buena acogida de nuestro libro "Madres In-Perfectas". No dudo de que sin no hubiese sido por las Redes sociales su eco hubiese sido menor.

Enfín, lo dicho al inicio, estoy buscando la mejor manera de poner punto y final a este blog, y me cuesta dejar de teclear. Tomarlo como una novela que llega a su fin. Su epílogo y su verdadero sentido queda ahí para que lo pongan cuantos sigan visitándolo. Inspirándome en una canción de Alejandro Sanz , ese que tanto les gusta a algunas de mis amigas y a mí, casi todas en ese abanico de edad en el que ya los estrógenos nos amenazan con replegarse: "Sé que volveremos a encontrarnos en otros renglones, otras palabras y otros guiños..." . Ha sido un placer.

PD: Pero toda novela tiene su epílogo, y ésta no había de ser menos:  El punto final ha retornado en continúo porque el concurso que ha llegado como sugerencia a mi correo así lo requiere. La puertas de Mandala se abren a su antojo... Seguirá siendo un placer...

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