viernes, 8 de junio de 2012

Sentido del humor: el más necesario de todos los sentidos


"No hay ninguna cosa seria que no pueda  decirse con una sonrisa" (Alejandro Casona)


La sonrisa es el idioma general de los hombres inteligentes, también dejó escrito el dramaturgo español Ruiz Iriarte. Y algo tendrá de cierto que la hilaridad desencadena reacciones positivas y acorta distancias entre las personas emocionalmente listas, porque hace falta una especial aptitud para desdramatizar. Sólo posible ese privilegio para quienes tienen las neuronas bien saneadas. 

De entre las técnicas destinadas a relajar el espíritu, la risoterapia figura como una de las más eficaces. Es ésta una estrategia  psicoterapéutica encaminada a producir beneficios mentales y emocionales por medio de la risa. No puede considerarse una terapia, ya que no cura por sí misma enfermedades, pero en ciertos casos logra sinergias positivas con las curas practicadas. Es importante que las sesiones de risoterapia se practiquen en grupo, aprovechando el contagio de la risa de persona a persona, ya que reír entre unos cuantos no es lo mismo que hacerlo solos. El efecto grupal estimula a los que normalmente no reirían.. Es fundanental aprender a reírse de uno mismo, de las capacidades limitadas del ser humano y de la vida.

Si la sonrisa es la distancia más corta entre dos personas, en opinión de Víctor Borge, asimismo puede considerarse la manera más acertada de hacer confluir opiniones, buscar puntos comunes y abrir ventanas a otrosuniversos, que desde el gesto mustio o la palabra agria nunca podrían acercarnos. La sonrisa, si no la carcajada sana -que nada tienen que ver con la burla- pone distancia entre nosotros y algún suceso,  facilita su lidia, e incluso ayuda a pasar página. Por ello quien ríe poco es más sospechoso de cualquier cosa que el que se toma todo con el ingrediente añadido del humor. Tampoco juzguemos de frívolos a quienes se ríen en abundancia  porque para ellos, en determinados momentos,puede ser un modo de llorar con bondad, transcribiendo a Gabriela Mistral

A través de la historia se ha considerado que el movimiento de esos quince músculos faciales tiene más poder que la punta de una espada .En China los taoistas enseñaban que una simple sonrisa aseguraba la salud, la felicidad y la longevidad. Pensaban ya por aquel entonces los orientales que el bienestar de una persona era proporcional a las veces que se reía durante el día. En la Edad Media uno de los momentos más importantes era la actuación de los bufones durante las comidas con el fin de producir hilaridad en los comensales, con lo que se lograba una mejor digestión. Richard Mulcaster (1530-1611) recomendaba la risa moderada como ejercicio.».El médico inglés William Battie, realizaba tratamientos a los enfermos mentales complementándolos con la utilización del sentido del humor. Sin faltar a la mención del gran Freud; el padre del sicoanálisis atribuía a las carcajadas el poder de liberar nuestro organismo de energía negativa.

Conozco muchas personas que son de la opinión de que no debemos implicar al prójimo en exceso en nuestras desdichas, y que al mostrarlas las hacemos más grandes. Son las que sacan un poquito de humor hasta de las adversidades más serias. Incluso el filósofo Descartes aseguraba que "con frecuencia es preferible una falsa alegría a una tristeza real". Tal vez de esa afirmación provenga un poema de Bécquer que me han hecho llegar: "Alguna vez la encuentro por el mundo, y pasa junto a mí; y pasa sonriéndose. Y yo digo: ¿Cómo puede reír?.Luego asoma a mis labios otra sonrisa, máscara de dolor, y entonces pienso: -Acaso ella se ríe como me río yo..." .

Especialmente para los más coquetos, dicen que el maquillaje que embellece sobremanera es una sonrisa sincera. Pensando en  los románticos sin remedio está escrito que "el amor es la capacidad de reir juntos". Dirigida a los más transcendentales se puede aplicar la reflexión siguiente: " conviene reir sin esperar a ser dichoso, no vaya a ser que la muerte nos sorprenda sin haber reido" (La Bruyère),o aquella de que "la sonrisa es una verdadera fuerza vital ,la única capaz de mover lo inconmovible". Y si acaso, podemos echar mano de esas dentaduras que ahora lucen en su mayoría impecables para desconcertar al enemigo, por eso sería imperdonable olvidar en esta entrada la ya mítica frase  de la tonadillera más polémica, viuda de torero y ex-amante de un alcalde marbellí, a la vez que presunto corrupto: "dientes, dientes, que es lo que les jode"

 Para los seguidores de cualquier medio de comunicación, el mejor editorial es una viñeta cargada de sustanciales mensajes humorísticos. Como también se afirma que nunca le faltará un motivo de diversión al ser humano que se ríe de sí mismo. Por su parte, Charles Chaplin  nos dejó el mejor de los broches para cerrar esta entrada: "Un día sin risa, es un día perdido".


























martes, 5 de junio de 2012

Cuando los estrógenos se repliegan: esa segunda adolescencia.


"La edad madura es aquella en la que todavía se es joven pero con mucho más esfuerzo" (J.L. Barrault)

Ante las inevitables transformaciones que acarrea la madurez se nos presentan dos opciones: deprimirnos o aprovechar esas nuevas energías desconocidas para encarar etapas distintas. La ginecóloga Beatriz Literat afirma que " en el umbral de la menopausia tenemos la oportunidad de volver a vivir una segunda adolescencia, parecida, y a la vez diferente de la que hemos vivido". Es tiempo de compartir, desear y vivir.

Me di de bruces con los efectos colaterales de los taitantos la mañana que me disponía a coger en el supermercado una cajita de ensalada en conserva, y no pude ver sus ingredientes. Para evitar la molestia de que alguien me leyera si llevaba o no cebolla, introduje las dos en la cesta de la compra -mediterránea y milanesa-. Desde entonces incluyo, entre los múltiples objetos de mi bolso, gafas para deletrear -nada nuevo eso de la presbicia una vez pasados los cuarenta- siempre que me acuerde de guardarlas. Esos despistes que van en aumento ya empiezan a preocuparme también por mucho que el médico diga que suelen ser gajes de quien tiene muchas cosas en qué pensar, o mucha vida interior como me dice, a modo de consuelo, una amiga.

Medio siglo vivido te hace replantearte muchos esquemas Es el ahora o nunca. El sentimiento de que el sol pasa por delante de tu puerta por última vez te lleva algunas veces a volverte esa o ese adolescente que un día soñaba con . Escenas que, a fuerza de mobiola, unas veces se aproximan a nuestro ideal de paraíso y otras nos decepcionan hasta la desilusión más profunda. Con todo un bagaje de experiencia de todo tipo, las de pareja son quizás las que más nos vayan marcando. Pequeñas decepciones y nuevas alegrías que, respectivamente, minan  la convivencia o la hacen más entrañable, haciéndonos cómplices conocedores de quienes elegimos para compartirlo todo. "Los defectos de mi marido nadie los sabe si yo no los digo" son ya lemas de sabiduría para la etapa de palpitaciones extrañas que encaramos los de taitantos.  La reflexión de mi amiga Maite es muy otra: "casar yo me casaría si la vida del casado fuera como el primer día". Soltera, por supuesto.

Son los temas de café mañaneros que solemos tener; puntos comunes sobre esos compañeros de fatigas  e incondicionales apoyos en momentos verdaderamente delicados, a los que "por lo bajini" confesamos querer unas veces más que otras. Cosas de mujeres seguras de que el sentido del humor y la fina ironía es la tabla de salvación para muchos inevitables desasosiegos que la realidad va imponiendo. "Lloran de rabia, envejecen haciéndose más sabias, saben coger el toro por los cuernos,pero también correr para no caer en el infierno... Que transforman lo eterno en cotidiano... Y como todos quieren que las quieran más...", canta como nadie Ana Belén.

A los desgastes de la convivencia se unen los rechazos para la mayoría de los trabajos, con lo que la sensación de que se te escapa de las manos la juventud va en aumento. Desde luego que no es necesario llegar a los extremos de una de las protagonistas de la película de protesta social cuyo nombre no recuerdo ahora, en la que la madura mujer metió bajo el brazo un paquete de compresas para que en la selección de personal para un trabajo "comprendiesen"  que aún era joven, a pesar del DNI. Sin embargo por la coquetería en unas ocasiones , en otras por el desfase entre cuerpo y mente, junto con una tercera posibilidad en la que se juntan ambos argumentos, el cuerpo y el alma femeninas mutan en auténticas explosiones de acaloramientos, sentimientos a flor de piel, insomnios injustificados y anhelos de los más variopintos que pasan a ser auténticas obsesiones.   

En algunas mujeres los "adornos" exteriores para semejarse a esa hija en la pubertad  pueden llegar a ser extremadamente patentes. De ahí la repentina necesidad por adelgazar, lucir vistosos modelitos, teñirse el cabello o ponerse tetas, entre otros artilugios de coqueta rebeldía. "..Te diré que tengo 47 años y que en mi caso no he sentido todavía la tentación  que sí he visto en alguna amiga, de volver a las minifaldas o al gimnasio "in extremis", ja,ja. Pero sí que es verdad que estoy pasando por una etapa complicada donde me planteo a menudo las opciones que tomé o dejé a lo largo de mi vida. Algunas veces me enfado conmigo misma por lo que pude hacer y no hice. Y en el fondo me da rabia porque estoy traicionando mi filosofía de vida. Yo siempre he sido de pensar: estoy aquí, estoy viva, pues no me equivoqué, porque en realidad siempre creemos que lo que no hicimos hubiera sido lo correcto, lo bueno o lo que nos hubiera dado una vida llena de éxitos y eso no tiene por qué ser así. Quien sabe, tal vez hubiese tenido un accidente mortal yendo de camino a ese trabajo maravilloso que perdí o se hubiera hundido mi velero, ese que me hubiera comprado con el billete de lotería que no tocó...", escribió Mamen para mi blog.

Por su parte, Suny comenta que se casó muy jovencita y, tal vez esa circunstancial la haya conducido a disfrutar de una juventud más plena con el medio siglo. " Ahora, con la madurez de los cincuenta, me apetecen hacer muchas cosas que no hice en la edad de la juventud. Quiero pintar, bailar, salir de excursión, reunirme con amigas y cenar, alguna vez, para intercambiar conversaciones de "mujeres maduras". Todo esto me hace sentirme bien y joven. Cuando veo fotos de mis hijos, me doy cuenta de la realidad", 
explica esta polifacética mujer que lo mismo pinta que cultiva una camelia.

En el caso de algunos varones, esa segunda juventud se refleja en una necesidad imperiosa por demostrar que aún son buenos "machitos"; y también emprenden nuevas visitas al gimnasio, disimulan las entradas de su frente o intentan competir en músculos con sus cachorros. Otro grupo de ellos abandona el nido familiar y rompe con toda su vida anterior, en busca de esa otra juventud que a la que se niegan a renunciar. En la en la mayoría de los caso, acaben por comprender que el paraíso es preciso buscarlo dentro de uno mismo. Al final, por mucho que huyan se encontrarán con más de lo mismo. Es lo que ahora llaman el síndrome del viejazo. Esta búsqueda de estimulación hace que durante un tiempo se sientan a gusto con un estilo de vida lejos del compromiso y asociado a la libertad ya consumida por las responsabilidades y exigencias de la vida madura, pero a largo plazo, será uno de los mayores errores cometidos porque se pone en juego la verdadera estructura emocional y social que tanto sacrificio ha costado conseguir y todo por un momento pasajero de confusión”, explica la socióloga y catedrática norteamericana Barbara Weiss Hewitt

Las mujeres, más sutiles para casi todo, suelen vivir el espejismo de esas ilusiones de una manera menos exteriorizada. Para los sentimientos solemos ser más intensas, pero asimismo más reflexivas. Si alguna tentación de hacer locuras llama a nuestra puerta siempre sopesaremos más las consecuencias de las decisiones que pueden acarrear los impulsos hormonales.  Una larga herencia genética nos ha aprendido a vivir sin que los sueños nos dominen. "Ya no tiene veinte años, aunque a veces lo parezca. Sus ojeras maquilladas son azules como el alba.. Ayúdala. Pon sus pies sobre la tierra, sin que apenas se de cuenta, pero no quiebres sus alas, hoy teñidas de esperanzas", recuerdo que cantaba Mari Trini por aquellos años en los que yo pensaba que nunca tendría que tapar esas señales delatoras.

Tomarse las cosas  con esa inteligencia emocional vendrá a salvarnos de augurios dramáticos que debería aportarnos el paso del tiempo. Una de mis amigas, a la que le dijeron un día: "¡vaya pedazo de culo que tienes!", se dio media vuelta con su mejor cara y les espetó contundente: "¡De algo hay que fardar!". "A los quince me hubiera pillado una perreta por llamarme gorda, pero a estas alturas, me lo tomo con humor e icluso tenía una respuesta más fuerte que me reservé para no pecar de  ordinaria", nos argumentaba. El pudor es una virtud relativa, según se tengan veinte,treinta o cuarenta y cinco años. Eso sí, la subsodicha siempre se quita un año -sólo uno-. Ya es cuestión de principios.

Tomemos la opción de recibir con naturalidad las etapas que nos va deparando nuestro futuro. Nada tan positivo como aceptarse y vivir cada momento como único que es. Ni pasados ni futuros. Aquí os dejo un fragmento del cortometraje titulado "Las Esperas": "Atesora momentos de tu vida... Trabaja como si no necesitaras el dinero, ama como si nunca te hubieran herido, y baila como si nadie te estuviese viendo...". 


Imagen: Pintura "Las mujeres azules", de Marc Jesús










lunes, 28 de mayo de 2012

Para Ana

"Que el maquillaje no apague tu risa, que el equipaje no lastre tus alas, que el calendario no venga con prisas, que el diccionario detenga las balas...
Que el corazón no se pase de moda, que los otoños te doren la piel, que cada noche sea noche de bodas, que no se ponga la luna de miel." (Joaquín Sabina)




Hoy te regalo de nuevo palabras; las flores las dejo para el fin de semana, si es que la lluvia no las marchitó. No importa, siempre renacen. Mientras tomo este primer café de la mañana  pienso en algo nuevo para decirte. A ti, que sabes casi todo de mí, y a pesar de ello me quieres, recordando esa célebre frase de amistad.... Pero a fuerza de intentar ser original me faltan teclas  para alguien con quien comparto en directo muchas cosas de mi mundo.

Dicen que no todos los enamorados son novios; también pueden ser amigos. Y algo de cierto tiene la frase. ¿Qué sentimiento hay más dulce que el recuerdo o la compañía de aquellas personas  que nos hacen palpar que somos importantes para ellas y nos echan en falta cuando no estamos?. 

También cuentan que los halagos no se devuelven, se pasan... Yo te paso éste: "te queremos  porque eres auténtica y transmites cosas buenas". (Y te gustan la rosas aunque sean con "rau cortu", añadiría con un toque cómplice que tu entenderás). Sé lo más feliz que puedas y, si puedes sonreír cuando algo se tuerce, cómo no hacerlo en las mañanas que la vida se presenta con mejores perspectivas."Que el alma que hablar puede con los ojos, también puede besar con la mirada", escribió Bécquer para quienes tienen ese encanto...
  
Sabed mujeres que la vida comienza siempre que una se sienta bien consigo misma. Que todas las de "taitantos" estuviesen como tú.... Un abrazo












Filias y fobias: dos caras de una misma moneda


"El hombre que tiene miedo sin peligro, inventa el peligro para justificar su miedo" ( Alain)

Elena rodeaba el camino más directo a su trabajo para evitar bordear el precipicio que ofrecía unos doscientos metros de vacío. En realidad nunca supo si lo que le daba miedo era la atracción por lanzarse a los brazos de aquel abismo magnético o el terror a ser involuntariamente precipitada a él. De ahí su fobia a los barrancos, tan intensa como la angustia que también le provocan los espacios cerrados.

Los reptiles se llevan la peor parte de entre las fobias humanas. Hay quienes no pueden tener cerca a una  serpiente -ofiidofobia es la palabra científica para definir esa sensación- ni en una fotografía. Alguna clase de roedores, arácnidos y gusanos tampoco salen nada bien parados de las aversiones personales; junto con las del pánico a quedarse encerrados en lugares tan diversos como un ascensor, un sótano o la fortaleza de una buhardilla.

Los precipicios y alturas en general también figuran entre los pavores más comunes de la gente  La profundidad de una sima corre paralela a la angustia que les apodera al imaginarse la consecuencia de un solo paso hacia adelante. Fobias a presenciar heridas abiertas o sangre humana, a los objetos inservibles, a la humedad, a padecer determinados sentimientos; y un malestar muy actual, la fobia a no tener ningún puntito rojo en las anotaciones de las redes sociales. Son muchos de los temores que me han llegado dando un paseo por el mundo de los rechazos inexplicables.

Uno de mis buenos amigos tiene auténtico horror al compromiso de pareja. Esa  renuncia a su libertad y todo lo que eso conlleva paraliza cuantas relaciones comienza este chico en edad de hacer nido, cuando sus aventuras amorosas amenazan con hacerse estables. "Es lo que hay. Si te decides por un dulce tienes que renunciar al resto. Será sin embargo tú pastel, único en el mundo para ti", le decimos cuando pide consejo.

De entre todas mis fobias -se me han revelado unas cuantas más de las que contaba en mi haber después del viaje por este tema- me quedaría con el terror al vacío que me produce asomarme a un despeñadero.Tal vez un profesional del subconsciente nos diagnosticara a quienes padecemos estos rechazos que nuestros temores están directamente relacionados con el talud de los sentimientos. Esas percepciones que entre el cielo y el suelo nos amenazan, en ocasiones,con pánicos difíciles de superar.


Del mismo modo me causa desasosiego la negrura amenazante de una ola embravecida. Tal vez esa circunstancia tenga que ver con muchas de mis recurrentes pesadillas. Me adentro en algunos de los sueños en el vértigo de lanzarme al horror de unas aguas profundas y oscuras, casi siempre para buscar en ellas a alguien querido. Me despierto con la percepción de haber pasado por el infierno de todas las sensaciones. Por ello comprendo muy bien a quienes me contaron su rechazo a las aguas no cristalinas, donde además no pisan tierra firme.

La búsqueda en las antípodas de las fobia, las filias; esas atracciones desmesuradas hacia determinadas personas, animales, situaciones o cosas, aportan asimismo nuevos descubrimientos: la existencia de la abasiofilia (atracción por las personas cojas), la acrofilia (atracción por las personas altas), algofilia (atracción por sentir dolor), agonofilia (atracción por la lucha con la pareja), agorafilia (atracción por los espacios abiertos),etc. Y otras cuantas, tan insanas como sus contrarias.

El agujero negro que suponen las exageradas reacciones ante las dos caras de una misma moneda -filias y fobias- me conduce al poema titulado "El Pozo", de Pablo Neruda: "A veces, te hundes, caes en tu agujero de silencio... y apenas puedes volver, aún con jirones de lo que hallaste en la profundidad de tu existencia...".

La última moda de las fobias, la aporofobia (alergia al pobre) es, en mi opinión, la más peligrosa de todas las manías, por la injusticia y el peligro que lleva implícitos. Hasta una próxima. El primer café cargadito de la mañana me espera. ¿Cafetofilia podría ser?.


Fotografía: Una gran ola en el mar del Occidente Asturiano. . Autor: Rascacheiro.




domingo, 20 de mayo de 2012

¿A dónde irán las cosas que se pierden?


"Dichas que se pierden son desdichas más grandes". (Calderón de la Barca)

Hay quien dice que son los trasgos quienes las hacen desaparecer, aunque  tal vez solo sea que hay temporadas en las que te dispersas de manera especial con las cosas materiales. Ya sabéis, los estrógenos, las hormonas, las circunstancias, el tiempo... Yo que sé, el caso es buscar un culpable para el despiste.  Llevo tres días buscando un zapato del pasado verano. Estoy a punto de desistir porque no me queda ningún rincón de mi pequeño piso donde mirar. Dada como soy a deshacerme de lo inservible seguramente se habrá ido en alguna bolsa del reciclaje. Pudiera ser que al mismo lugar que la camiseta de algodón azul de mi hijo mayor, ya tres meses desaparecida, o el  penúltimo recogedor de mano que adquirí en la tienda oriental.  Mi amiga Marta anda buscando todavía el huevo cocido que perdió hace unos días en su cocina de muebles metalizados. Por su parte Ana continúa boquiabierta tras el hallazgo de su monedero destinado a la calderilla ligera el día que descongeló su frigorífico. Tarea que lleva a cabo meticulosamente el primer lunes de cada tres meses. 

Me consuela saber que mi casa no es el único hogar donde desparecen objetos varios: prendas íntimas, cucharillas, llaves, tapas de los recipientes herméticos, facturas, tickets de compra, cortauñas, pinzas de depilar, gafas... Una larga lista de enseres, de entre los que se llevan la palma los calcetines .Quien no tenga o haya tenido algún calcetín desparejado que tire la primera piedra. Se les va apartando en un ladito de la cajonera por si llegara aparecer su otro gemelo. Hasta que llega el momento de retirarles definivamente de la circulación. El capítulo de hoy se centra en los bienes que fundamentalmente perdemos dentro de nuestros domicilios particulares porque la lista se haría interminable si atendemos a lo que se extravía en general. "¿Vienes tú?",suele preguntarme el padre de mis hijos cuando emprendemos viaje. A buen seguro que algo menos humano he de perder siempre para alimentar mi fama.

En esa edad madura en la que algunos hombres y otras tantas mujeres sucumben a la necesidad de atrapar la atención  sexual de alguien con bastante menos años, el tío carnal de una de mis confidentes llegó a casa sin su dentadura postiza. En didícil, si no imposible, se convirtió la película inventada para narrar la pérdida a su atónita familia. El verdadero guión fue que había estado pasando una juerga con un amigo y dos jovencitas en la playa, mientras su esposa confiaba en que estaba trabajando. El azar de una ola enrevesada le marchó con su carísimos dientes que, lógicamente, nunca aparecieron.  

Santos, seres mitológicos (en Asturias los trasgos se llevan muchas de las culpas de los extravíos del material casero) y otros entes a medias entre las creencias y la imaginación, son invocados cuando la búsqueda de bien se vuelve una misión imposible.  "Cinco euros a San Antonio si me aparece el abanico".  "Al calvario subiste, el breviario perdiste, Jesucristo se lo halló y tres voces te dio ¡Antonio!, ¡Antonio!, ¡Antonio!, da tres pasos para atrás y al niño Dios te encontrarás, y tres cosas le pedirás: que lo perdido sea encontrado, lo olvidado sea acordado y lo ausente que sea presente". "San Cucufato, San Cucufato, te ato los huevos al trapo. Hasta que no me encuentres (nombras el objeto perdido) no te los desato", son algunas de las letanías procedentes de la tradición, a  las que nos agarramos como a un hierro ardiendo ante la necesidad de localizar algo.

Es posible que pasado el tiempo un buen día se encuentre el anillo de compromiso con nuestra primera pareja la soleada tarde en que estamos desmotando la casa que durante unos años se ha compartido con la segunda. Un alto porcentaje de "desparecidos"  no volverán a caer jamás en nuestras manos. La parte positiva de su infructífera búsqueda será que aprovecharemos para organizar aquellos rincones en los que hemos husmeado; abandonados a su suerte desde tiempos indefinidos. Y en ellos tal vez encontremos algún tesoro de cuya búsqueda habíamos desistido. Se celebra como si te hubiese tocado una cifra importante en la lotería  cuando encuentras un billete de 50 bien dobladito en el bolso de una chaqueta pasada de moda que se moría de aburrimiento en el fondo del armario. Y,además, no  tienes que pagar el 20 por ciento al Estado

Hasta el olvido más inexplicable tiene recorrido y destino cierto. Por eso no tomemos a la ligera cuando alguien nos diga: "si me pierdo que me busquen aquí". Al igual que nuestras prendas y esas otras pertenencias materiales, muchas personas necesitamos perdernos de cuando en cuando, aunque volvamos rápido para no dejar nuestro calcetín desparejado. Me viene a la memoria una canción sobre esas otras pequeñas cosas no contables que se pierden por no haber sabido protegerlas en el momento adecuado: " ...A  dónde se va ese abrazo si no llegas nunca a darlo. Dónde irán tantas cosas que juramos un verano....". 

No se me pierdan.





martes, 15 de mayo de 2012

Es un secreto...


"El que confía sus secretos a otro hombre se hace esclavo de él". Baltasar Gracián
 Aún cuando se afirma que los ojos, sin hablar, confiesan los secretos del corazón, tan cierto es que cada ser humano es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras. El secreto mejor guardado será, por tanto, aquel que uno no se permite pensar ni a sí mismo.

Todos tenemos, en mayor o menor medida, nuestros misterios. Estos enigmas habitan la parcela más valiosa de nuestra intimísima libertad. Su revelación constituye la pérdida de esa osadía que forma parte de nuestro mundo más escondido, compuesto de placeres, pesares,deseos. recuerdos, sueños y fantasías. Toda una gama de reservas clasificadas en personales, familiares, profesionales, de pareja, de alcoba, de amistad, etc... asimismo de los secretos a voces. Además de la distinción del enfoque por razón de sexo. Dejó apuntado La Bruyère que "el varón guarda mejor el secreto ajeno que el suyo; la mujer, por el contrario, guarda mejor su secreto que el ajeno".

A cualquiera le gusta ser el receptor de una confidencia. Pero muy pocas las personas capaces de guardarla eternamente; de ahí la afirmación de que "lo que quieres que otro calle no se lo cuentes a nadie". No vamos a pretender que alguien guarde un secreto cuando nosotros no lo hemos podido guardar. Por ese motivo toda expansión de un recóndito personal es culpa exclusiva de quien lo ha contado primero.

Hay, sin embargo, personas más propicias a que les sean confiados los secretos. Existe un poso de confianza  en ciertas miradas que seducen a la confesión como el sol a abrir las ventanas. Podríamos decir que ahí entran en juego las categorías de la amistad. Cuando consideras a un prójimo digno de hacerle cómplice de una oculta intimidad es que la hermandad ha alcanzado su grado superior. Esa es la razón por la que León Daudí consideraba a un buen amigo aquel para el que nuestra vida no tiene secretos y, a pesar de ello, sigue queriéndonos. No obstante, por mucha que sea la camaradería, quien confía un secreto a  otro hombre se hace de algún modo su esclavo.
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Enfín, a pesar de que hasta los más oscuros de los hermetismos privados tengan su absolución, mejor guardarlos de vientos externos como una forma de sabiduría; lo contrario sería locura. Hasta es posible que ese placer oculto que nos producen ciertos sentimientos insondables, deje de serlo una vez que se hace público;

 No hace falta tampoco saber todos los secretos que esconde el silencio porque eso probablemente nos haría más infelices. Igualmente consta en  algún lado que "si quieres guardar bien un secreto escríbelo en un libro". Donde no se nos ocurrirá ponerlo jamás es en las redes sociales. Hoy alguien me ha sugerido que hable de esto. Es nuestro secreto...


Imagen: Mujer con abanico  (objeto confidente de muchos secretos) , de Renoir .    









lunes, 14 de mayo de 2012

Manías: ¿Quién no las tiene...?



Zidane ha vuelto a aparecer en el banquillo con su pantalón roto. Se especula sobre si será una superstición...








Manías…¿Quién no tiene -al menos- una?. Las hay para todos los gustos. Y, salvo las inconfesables, nadie se avergüenza de sus pequeñas o grandes rarezas.
 Según el diccionario de la lengua española, la manía es una preocupación fija y obsesiva por algo determinado. También se define como costumbre extraña,caprichosa o poco adecuada. El odio, aversión y ojeriza forman también parte del término; junto con un desequilibrio mental caracterizado por una fuerte obsesión. Asimismo está la manía persecutoria. Cada cual que eliga la que prefiera.

Hasta Luis Migue hace gala de ellas. De los tics más notorios del cantante de boleros se detecta el de tocarse el cabello. Se lo perdonamos. Quién nos cantaría si no como nadie aquello de “No sé tú. Pero yo te busco en cada amanecer…”

Aunque científicamente la palabra obsesión sería la más correcta para identificar las manías de “andar por casa” -las auténticas formarían parte de una enfermedad mental- todos nos entendemos mejor con el vocablo popular.

En los temas domésticos se encuentra la lista de la mayor parte de las extravagancias. Los cuadros en el nivel exacto, los visillos parejos hasta en la última vainica, las perchas mirando todas para el mismo sitio, la taza del inodoro bajada, las persianas al mismo nivel -una amiga de juventud era capaz de recorrer kilómetros si recordaba que no había dejado los listones de sus ventanas en el mismo número-,  las puertas de todos los armarios cerradas, etc….

También abundan las relacionadas con los miedos y las supersticiones. Mirar bajo las camas antes de acostarse ó al llegar a casa, no sentarse nunca de espaldas a una puerta, dormir siempre mirando hacia la ventana, evitar los recintos oscuros,  torcer la cabeza de cuando en cuando hacia atrás por si nos persiguen, no abrir un paragüas dentro de casa, cruzar los dedos ante una inseguridad, no pasar por debajo de una escalera, hacer siempre el mismo itinerario para acudir a los lugares habituales, y así unas cuantas más. El apartado de comentarios está abierto, por si queréis comentar alguna de vuestra cosecha.

Me quedó especialmente grabada la excentricidad de una señora que llamó hace un tiempo a un programa de radio que trataba este tema. Su manía era la de colocar las pinzas de la ropa del mismo color que la prenda que estaba tendiendo. En caso de que el trapo fuese de varias tonalidades, ponía la pinza de la gama predominante.Le costaba un disgusto si no tenía el gancho adecuado y removía Roma con Santiago para adquirirlo.

Palabra que una compañera de estudios volvió de Sevilla estupefacta con la chifladura de la familia de una amiga por la que había sido invitada. Antes de salir de casa, aunque fuesen a buscar el pan, si el domicilio quedaba vacío, cubrían todos lsus muebles con sábanas blancas.

Manía también reseñable y , a mi modo de ver un tanto ofensiva, es la de una treitañera -ese dato es suficiente para que nadie se sienta delatado- que pasa compulsivamente la aspiradora, una vez que ya se ha marchado  la visita, aunque el aposento haya quedado tan impecable como a la llegada de los invitados.

La tía de Mariana sube desde el portal hasta su sexto piso -si se le antoja que el ascensor tarda sube a patita- en caso de que se le ilumine la mente  con la figura de una cucharilla del café sin recoger en el fregadero. Perjura que regresaría por tierra, mar o  aire desde cualquier punto del planeta si comete “el disparate” de dejar  el enser más insignificante a la vista de intrusos.

El temor a que “okupen” su  vivienda es la gran preocupación de Adelina. Cierra su carísima puerta blindada con cuatro vueltas de llave, aunque simplemente su destino sea tirar la basura. Otras cuatro veces da la vuelta y comprueba si de verdad ha dado ese número de giros en el llavín.

La limpieza obsesiva de las manos tiene más de un  autor. En el caso concreto de Martín, el PH debe ser inexistente en sus palmas. No soy exagerada al informar que se las lava más de cien veces diarias. A sus cincuenta años ya es imposible conseguir que toque cualquier persona, animal  o cosa sin que sus garras pasen posteriormente por el grifo.

Servidora, a pesar de ser más bien atea, me santiguo toditas las noches y, si me apuran, hasta el raro día que se cae una siesta. Aún cuando no soy muy coqueta, me pongo de mal humor si algún tono de mi indumentaria no combina según mi sentido de la armonía, aunque vaya a echar de comer a las gallinas. Y, no considerándome de las más ordenadas, me levanto del  sofá cuantas veces haga falta si hay alguna prenda de ropa o calzado fuera de su destino. Me siento relajada cuando me deshago de objetos inservibles (quienes me conocen personalmente se explicarán mi adversión hacia los “trastos”). No podría continuar el día si no dejo medio centímetro de café en el vaso,. Me siento fatal cuando no pongo los tiempos del microondas en números pares, y he llegado a vendarme los dedos porque, ante una situación de estrés, literalmente me los como.

Elena, mi ya insustituible amiga de Facebook , confiesa que “desde que descubrí la Red social mis manías de hogar impoluto han ido decayendo en equilibrio directo con mis buenos momentos navegando por internet…” Os dejo, que hace diez minutos que no miro los mensajes de mi ordenador. ¡Qué manía…!