martes, 3 de marzo de 2015

Tan solo una mujer

Sara parió su cuarto y último hijo en soledad, sobre el colchón de hojarasca de la cabaña que le servía de cobijo en sus largas estancias en el monte. Se aseguró de que el lloro del recién llegado garantizase unos pulmones sanos, le amamantó unos minutos y lo metió en el zurrón que hacía las veces de canastilla para llevarle a sus espaldas mientras recogía sus animales al atardecer.De profesión cabrera, tenía en su haber toda una gama de múltiples oficios;  compartidos por una gran mayoría de mujeres de su generación, circunstancias y status social: costurera, economista, agricultora, sicóloga, sanadora, comadrona, maestra, lavandera, cocinera, contadora de historias y hasta con cierto arte en los arreglos de albañilería, si acaso una gotera se descaraba en su humilde vivienda o si había que colocar alguna teja dañada por las inclemencias del tiempo en los inviernos ventosos.

Nunca se quejó de nada. Nacida a principios del siglo pasado, en una sociedad rural de supervivencia, y en una familia que convivía con la pobreza, aprendió desde sus primeros pasos, cuando ya la sentaban a la puerta de la cuadra para impedir que saliese el ganado, que uno debía de arañar la vida según las herramientas disponibles.

Los aconteceres la llevaron a desenvolver la mayor parte de su tiempo en un mundo masculino. Por entre aquellos valles el concepto de igualdad de derechos entre ambos sexos sólo llegaban a través de algún libro prohibido que la joven pastora nunca tuvo en sus manos; de tenerlo, no hubiera podido descifrarlo ya que la escuela había sido para ella un lujo inalcanzable, y de habérselo descifrado algún alma caritativa tampoco hubiese podido ponerlo en práctica porque la sociedad en la que le tocó vivir estaba apenas en pañales en la materia. Sin embargo, y sin haber oído hablar jamás de la hora violeta, la personalidad de Sara suplía muchas lagunas legales y en más de una ocasión hizo doblar la rodilla a alguno de los machos alfas que pululaban por los límites de sus pastos.

Delgada y dura como los helechos que tantas veces le tocaba recoger para "estrar" el lugar de reposo de sus animales, no dejaba pasar desapercibido su coraje de vivir y sus deseos de guerrear por su porción de la felicidad,  desde el inconsciente de una vida nada fácil,  que encaraba con la alegría de quien disfruta de las cosas buenas que siempre surgen en cualquier situación. Resilencia le llaman ahora a esa capacidad para superar la adversidad extrayendo  lo positivo de la situación más dura. Era ese espíritu de superación que surge cuando nada puede ir a peor lo que  le añadía incluso tiempo para ocuparse de otras necesidades de sus paisanos y paisanas; hasta las de su gato "Gardel", a pesar de que el felino siempre volaba en busca de aventuras cuando Sara más necesitaba sus mimos. Huídas las del famoso gato canela que sólo le provocaban sonrisas, acostumbrada como estaba a las aves de paso.

Con la responsabilidad de la crianza de sus retoños sobre su  espalda, la libertad que le daba su situación de mujer independiente por fuerza mayor, el autoabastecimiento económico y las largas noches en la soledad de su pequeño palacio de piedra,  llegó al final de su vida sin juzgar jamás a sus congéneres. Consciente de ser sentenciada por los prejuicios de  la hipocresía humana, que tal vez crticase aquello que sus jueces practicaban en la clandestinidad, siempre aseguraba - ese era su su único pequeño lamento- que no había tenido suerte en el amor Las oportunidades que se le presentaban -muchas porque era una mujer atractiva a pesar de sus manos ásperas y su piel curtida con la crueldad del aire de las montañas y la ausencia de cuidados paliativos-  nunca le dieron opción a un compromiso duradero: o no eran las deseadas por ella o eran jardines prohibidos. Siempre decía con humor, cuando ya viejita se sentaba a esperar el sol en su quintana de La Soleyera, como justificación de toda  la gama de padres para sus hijos que: "Yo hacía lo mismo que muchas otras, pero a mí se me notó más".

Consideraciones sexuales y amorosas aparte, Sara fue una muestra más de cómo sobrevivían las mujeres en una sociedad afectada por una situación económica y política adversa para su desarrollo personal. Si para los varones contemporáneos suyos tampoco era fácil casi nada, cuesta poco ponerse en la piel de una mujer que tenía que sacarse las castañas del fuego un día sí y otro también.

Sus ansiolíticos fueron siempre las conversaciones esporádicas con algún ser humano que calzase sus zapatos o alguna charla vía directa con las estrellas, acompañada de algún cigarro furtivo que le regalaba alguno de sus amores imposibles. Pero tal vez su mejor motivación para seguir adelante fuese el cariño incondicional de sus hijos, que crecían sanos a pesar de las carencias, habían aprendido a leer y a escribir y jamás la juzgaban.

Salvo que en su cama no dormía siempre el mismo hombre, las labores de Sara no eran distintas al del resto de las féminas: lo mismo paría, que lavaba su ropa en el agua friísima de la fuente cristalina, trabajaba la tierra, ordeñaba su rebaño, vareaba los colchones -alguna mañana nos cuesta ahora enfundar la sábana bajera-, hacía milagros para que las patatas o el arroz cocido pareciesen siempre un plato diferente, tejía, cosía, intentaba contar a sus hijos cuentos con moralejas que les condujesen a una vida menos miserable que la suya y hasta tenía ilusión por peinarse el moño algún día de fiesta, enfundarse en el vestido que pareciera más nuevo y acudir al baile a escuchar su canción favorita: "El día que me quieras...". Con cualquier "trapo" lucía su cuerpo en aquellos pequeños excesos que se permitía de romería en romería. Sus largas caminatas al cuidado del rebaño eran el runing de Sara, y las duras experiencias por las que hubo de pasar el mejor colirio para el brillo de sus mirada profunda y decidida.

Es probable que por cuestiones ascentrales, aunque difíciles de entender debido a la educación y la cultura a la que hombres y mujeres tienen acceso en la actualidad, todavía hay residuos de los obstáculos de Sara un siglo después. Y por esos mismos motivos se comprende que el mayor enemigo en materia de igualdad para las mujeres lo tengan en sus propias filas. Es por ello que, mientras el péndulo de la balanza no esté en el lugar justo, nunca sobrarán las medidas para hacer más fácil ese lugar en el que debiéramos estar todas las personas, independientemente de la anécdota del sexo con el que hayamos nacido.Los matices los pondremos cuando nosotras queramos, no cuando nos sean impuestos. Seguramente Sara, de haber tenido la oportunidad de reivindicarse, hubiera tenido la valentía y los ideales de Rosa de Luxemburgo, por poner un ejemplo.

IMAGEN: Bisabuelos paternos de mis hijos y otros familiares echando "fabes" y maíz en la tierra de La Campana, Tanes (Caso). También en la escena, el "llabiegu tirau por dos vaques casines ".Seguramente las sembradoras ya habían hecho las faenas de casa y les esperarían otras nuevas después de acabar su trabajo en la huerta,entre otras las de amasar el pan con la harina del trigo de anteriores cosechas.






viernes, 27 de febrero de 2015

Venturas y desventuras de una candidata

En este rincón donde me siento lo más libre que uno se puede permitir ser -esa libertad que cada vez entiendes mejor que acaba donde empieza la del prójimo-, me nace hoy contaros una nueva aventura en la que me he metido. Aunque mi madre dice siempre que "aprendiz de mucho, maestro de nada", hay momentos en la vida de cada cual en que debes de tomar decisiones que cambian, en mayor o menor medida nuestra rutina, por no decir nuestro destino.De ese modo emprendes tareas que jamás te planteaste ni rozar. Si hasta el aleteo de una mariposa influye en los aconteceres del mundo, las decisiones que repercuten en una colectividad supongo que merecen ser meditadas, aconsejadas y muy sopesadas. En el cojín de la noche; allí en esa almohada donde reclinamos nuestros sueños, nuestros íntimos sentimientos, nuestras angustias,nuestras alegrías y, en definitiva, todo cuanto va aconteciendo en nuestro día, he dado vueltas al tema hasta no poder más. Al llegar la mañana,por aquello de que cada día es un nuevo comienzo, se va ordenando y clarificando lo que la noche te embarulla.

La posibilidad de incluirme como candidata en una de las listas municipales del municipio donde nací se me presentó una mañana de nieve y frío, cuando recorría el camino que habitualmente pateo los días que vuelvo a mi aldea. No sé si sería que las montañas me recordaron que a veces uno tiene que adentrarse en las entrañas de las circunstancias,o que tenía la confianza en mi misma en horas altas, pero el caso es que dejé abierta una puerta que ya no pude cerrar.

Busqué amigos, busqué consejos, busqué aprobaciones y sentencias; busqué incluso la regañina y el descontento. Finalmente, a mis cuarenta y diez, decidí que me hacía ilusión la posibilidad de poner mi grano de arena en el lugar del que tanto os hablo por estas páginas y que me podía ,por qué no decirlo,la curiosidad de ver desde dentro la cocina que tanto criticamos dese la impunidad de nuestra barrera. Así fue como  me lancé a este ruedo: con la inconsciencia de los veinte años, pero con la seguridad y el aprendizaje de unos cuantos más.

Si a tus taitantos te sientes libre para vestirte la ropa que te apetezca, pintarte el pelo de azul, poner la música que te llena sin miedo a la censura, escribir las palabras que te definen convencida de que nadie la escribirá jamás por ti...  ¿por qué no intentar una inmersión en el mundo de la política?. Malos tiempos para ese trabajo -cuándo fueron buenos me pregunto yo-. .Habrás de escuchar generalizaciones que hasta ahora no te afectaban, tal vez juicios injustos y críticas desde la ignorancia o el desconocimiento, amén de verdades sobre tus fallos y la imposibilidad de dar solución a determinadas cuestiones que a buen seguro surgirán. A mí, ávida consumidora de la actualidad, no me pilla de sorpresa los calificativos a unas instituciones desprestigiadas, no siempre sin razón.

Al borde de un ataque de nervios a ratos, mientras que otros muchos convivo con la idea de acariciar la posibilidad de proyectar ideas positivas que estén en mis manos, me sorprendo también a veces caminando despacio, sopesando pros y contras y cavilando problemas que tal vez nunca lleguen. De verme en el lugar para el que me han propuesto, estoy segura de que yo seré mi mayor crítica. Hoy toca agradecer las muestras de apoyo que me van llegando.Os puedo asegurar que algunas de ellas son de hombres y mujeres muy antagónicos a mi manera de pensar, lo que leda,si cabe, más valor al elogio.

Como  he comentado, pedí opinión a muchas de las personas que realmente conocen casi todas las caras de mi poliedro. Hubo quien no me lo puso nada fácil y cuya sensata reflexión me llevó a mantener los ojos abiertos muchas noches. Ya véis que no les hice mucho caso.Pero estoy segura que serán también mi gran apoyo en las buenas y en las malas. Sus recomendaciones las dejo para mi libro de los secretos. Como a lo hecho, pecho, hoy comparto con vosotros el mensaje que me envió una de mis buenas amigas: "Piensa primero si le debes algo a alguien, después si quienes opten a criticarte han pedido alguna vez tu opinión para las decisiones que han tomado en su vida y, por último, guíate por la tranquilidad de tu conciencia".

A buen seguro que os iré contando por aquí las venturas y desventuras de esta nueva andadura. Y, sea como sea su desenlace, siempre me quedará mi blog... Buenas tardes a todos y a todas; me despido mientras en la radio suena un poema de Machado: "Caminante no hay camino,se hace camino al andar..."

lunes, 16 de febrero de 2015

Un martes de Carnaval...


"Llevamos siempre una máscara CADA vez diferente, que cambia en cada papel que nos asigna la vida, la del profesor, del amante, del intelectual, del mundo engañado, del héroe, del hermano afectuoso..." 


Aunque la canción dice que "las NIÑAS ya no quieren ser princesas...", el de hija de rey sigue siendo el disfraz más demandado en épocas de carnaval. No obstante, a buen seguro que en esta edición alguno reptirá con la "infanta imputada",amén del ya famoso pijama de leopardo morado de la Esteban. Por su PARTE, los chicos CONTINÚANdeseando convertirse en los héroes de leyenda. Podríamos decir que los sueños de romanticismo y aventura confluyen todavía a partes iguales en las fantasías INFANTILES.TAMBIÉN ENTRE los adultos es normal el gusto por mutarse ESPORÁDICAMENTE en  PERSONALIDADES tan imposibles COMO extremas a nuestro habitual modo de vida. Pero como el carnaval va pegado a la vida, a la actualidad y muy especialmente a los dictados de la TELEVISIÓN, los disfraces de cocineros y cocineras han sido la novedad en esta nueva edición carnavalesca.  Desde que Chicote llegó a nuestras vidas,  ser chef de cocina ya va parejo a los sueñosde emular a las estrellas del cine y la canción.

Escuchaba un día de estos por la radio que, a pesar de que los disfraces de más valor son los artesanales y originales, también es cierto que hay algunas obras de arte que a los NIÑOS pequeños les resultan muy incómodas de llevar. Además, les molesta tener que ir dando CONTINUAMENTE explicaciones de su atuendo, la mayoría de las veces difícil de adivinar.: "Voy disfrazado de caramelo de chocolate, un M&M´S, sí ese que le regaló Obama a Rajoy".


Las celebraciones de carnaval, que coinciden con la primera luna NUEVA de Febrero, se remontan a unos 5000 años, CUANDO se festejaba la proximidad de la primavera y se rendían honores al Dios Baco. DURANTE la Edad Media , la Iglesia católica se apropió de la ceremonia pagana, instaurándola como un festejo para satisfacer las necesidades de la carne, y con la misión de compensar los ayunos y abstinencias que habrían de venir los próximos cuarenta días.

 De todos es sabido que quienes obstentaban los mayores privilegios tenían sus cauces para saltarse el sacrificio.Casualmente el cura de una parroquia pequeñita recordaba ayer en su "trasnochado" sermón que los feligreses no debían COMER productos cárnicos ni los viernes ni en Cuaresma, haciendo hincapié en que cuando decía carne se refería tanto al ALIMENTO como a la relacionada con los "CONTACTOS" entre parejas. Recordó el párroco, no obstante, que cuanto mayor donativo a la Iglesia, más difuminada quedaría la culpa. La sonrisa irónica de muchos y muchas al SALIR de la iglesia  me llevó a  intuir sus pensamientos.

Los Martes de Carnaval de mi infancia comenzaban a primera hora de la mañana. Las niñas de la escuela nos vestíamos de gitanillas.-una falda de VUELO en la que nuestra madre nos cosía lazos y flores hechas con papeles de colores era el fondo de armario más recurrido-. Recorríamos el pueblo cantando lo de  "...un martes de carnaval de gitana me vestí y en un gran salón de baile a mi novio pretendí. Gitanilla, gitanilla dame la buena ventura... cásate con la morena no te cases con la rubia....Yo me caso con la rubia, aunque sea un desgraciado y me dejo la morena, aunque sea afortunado...". Luego venía el chocolate con churros y el regalo a la  maestra quien, al MENOS ese día, se nos mostraba COMO una persona menos temida. Por su PARTE, los chicos -de aquella todavía estábamos SEPARADOS por razón de sexo- le regalaban un cotizado gallo al profesor, persona no menos autoritaria que nuestra tutora, y a tiempo paralelo también tenían su peculiar ceremonia carnavalesca. Sobrescobio sigue celebrando su particular carnaval, pero la modernidad ha llegado a todos sus rincones, aunque siempre hay algo de esencia en cada lugar que atraviesa el paso de los días.

Tan diferente AHORA todo a aquellos primeros años de la década de los 70, la esencia del "Antroxu", como también se le llama en Asturias a la mascarada, sigue destilando la misma pasión ENTRE los entusiastas del intercambio pasajero de personajes y PERSONALIDADES.

PERO...en ESTA primera luna NUEVA del frío Febrero, COMO en todas las lunas, "¿qué máscara nos ponemos o qué máscara nos queda CUANDO estamos en soledad, CUANDO creemos que nadie nos observa, nos controla, nos escucha, nos exige, nos suplica, nos intima, nos ataca?". Ernesto Sábato.



Imagen:  Sobrescbio celebró una año más su particular "antroxu"