jueves, 11 de septiembre de 2014

Verano del...

"Qué largas se me han hecho las vacaciones", me comenta mi hijo de 8 años a punto de comenzar el nuevo curso escolar; no del todo consciente de que apenas han pasado dos meses  y medio antes de reencontrarse con las aulas. A mi se me han ido como una rescamplida. Pero la noción del tiempo no es la misma para un niño que para un adulto, y a esa edad temprana aún no tienen muy definido el paso de los días. El comentario me llevó a recordar las vacaciones escolares de mi generación; la del EGB, que corrió paralela al fin de la dictadura y al inicio de los primeros coqueteos con el inglés y otras disciplinas más modernas. Cuando las bicicletas era todavía un lujo y tener una BH sin cambios suponía toda una posesión.

Supongo que los recuerdos de los descansos por los parajes rurales, como es mi caso por los caminos de la aldea de Soto de Agues, tendrán matices muy diferentes a los de los niños y niñas de poblaciones más grandes. Sin embargo, la sensación de veranos eternos es común a todos los que acabábamos el curso con las tablas bien aprendidas, una caligrafía mejorada y las primeras nociones de geografía española, desfasadas ahora porque la democracia nos trajo unas divisiones geográficas diferentes. Aquello de Castilla la Vieja y Castilla la Nueva ya ha pasado a la historia; Asturias alcanzó categoría de Principado autónomo, limitando con Cantabria por el Este, Castilla y León por el Sur y la Comunidad Gallega por el Occidente. Las antiguas regiones se hicieron mayores y los que nos precedieron poco tiempo después ya las trataban de autonomías.
Por el Alto Nalón los niños pasábamos los veranos entre los trabajos de la hierba seca, los baños en el río -qué frías encuentro ahora las aguas del Alba-, y los juegos por las calles del pueblo. Los atardeceres eran propicios a las reuniones en algún rincón, donde empezaban a surgir las primeras historias de amor y amistad. Se nos notaba más que ahora que pasábamos la mayor parte del tiempo en la aldea por ese "moreno obrero", más curtido y menos uniforme que el de las vacaciones finas. Pocos eran los que se convertían en "veraneantes" de otros lugares; a todo lo más unos días en casa de algún familiar que vivía cercano al mar. En mi caso, una quincena en Gijón, en casa de mis tíos, era toda una aventura para mi pequeño mundo.

Llegaban los familiares -los más afortunados cuya economía se lo podía permitir- que habían emigrado a países que se nos antojaban muy lejanos y otros que se habían quedado más próximos. Su presencia era la auténtica confirmación de que había llegado el verano. Nos traían regalos avanzados a nuestra moda y hacíamos fotografías conjuntas, captando el Instagram que conseguían sus cámaras; las más modernas de imágenes ya en color. Como la estancia era breve, las relaciones familiares transcurrían en armonía y las despedidas solían ser nostálgicas; siempre con la promesa de las cartas que enviaban en épocas especiales  y la certeza de que el tiempo pasaba rápido y volverían al verano siguiente. Digo cartas y sonrío al pensar lo inimaginable que era por entonces este nuevo mundo de Internet, que minimiza las distancias.

Los menos aplicados iban a clases particulares, normalmente con algún vecino más culto, que siempre había en la aldea. Aprendían sus matemáticas atrasadas entre el aroma propio de la siega, las cerezas y las primeras cosechas de la temporada, junto con los rayos de sol que se colaban por cualquier rendija y las voces alegres de otros compañeros que llegaban para quitar las pocas ganas que había de terminar aquellos análisis morfológicos y sintácticos -tanto esfuerzo para que ahora un artículo tampoco sea tal- y las raíces cuadradas que se atragantaban en relación directa al tiempo en que se aproximaba la hora de quedar para jugar a Sangre:  "declaro la guerra contra mi peor enemigo que es..."; en este juego concreto se sigue la costumbre, por aquello de que las guerras aún no han desaparecido.

Pero la esencia de la infancia, nuestra verdadera patria como alguien también la definió, continua siendo la misma y el tiempo de verano sigue recordándonos ess época de días largos, encuentros menos habituales, comidas más desordenadas y excursiones a mundos nuevos, más o menos alejados de nuestras raíces, asimismo del agua en cualquiera de sus manifestaciones como el elemento imprescindible para que el estío infantil sea redondo. Sin olvidar las fiestas patronales, auténticas romería de gaita y tambor, que constituían un verdadero pretexto para estrenar vestido y zapatos, y aprender los primeros bailes de los mayores. Cuando los refrescos -todos ellos en botella de vidrio- eran un lujo aún, las fuentes que abundaban en la aldea eran especial punto de encuentros infantiles; de ahí el dicho "el más roín al agua y al molín", que englobaba toda una filosofía de nuestro lugar en la escala del respeto y la obediencia.

Recordando a la escritora recientemente fallecida, Ana María Matute, gran amante de los cuentos infantiles, finalizo este pequeño recorrido por las vacaciones veraniegas -de la época en que la televisión todavía era objeto de lujo en la mayoría de las casas y los veranos azules se rememoran en blanco y negro- con una de las citas más célebres de la novelista catalana que hubiese querido ser Wendy: "la infancia es el período más largo de la vida". En coherencia con su compromiso con esa etapa vital, la propietaria de la letra K en la Real Academia española nos dejó otra frase inolvidable: "... eso se paga caro, la inocencia es un lujo que uno no se puede permitir, del que te quieren despertar a bofetadas...". Ojalá prosigan los veranos de inocencias renovadas e ilusiones eternas. La rutina vuelve irremediablemente, pero supongo que las pilas estarán más cargadas después de tener al sol tan cercano.  El otoño traerá energías distintas, y por el Alto Nalón, donde dicen que la tierra sigue siendo como era, ya se adivinan los colores mágicos del tiempo de cosechas, del reclamo de los venados y de los vientos de otoño....






lunes, 8 de septiembre de 2014

Plan A: Con amabilidad


Hay tres cosas importantes en la vida: la primera, ser amable; la segunda, serlo siempre; y la tercera, nunca dejar de serlo  (Henri James) 

"Muchas gracias. Es usted muy amable", le contestó la atareada mamá al empleado del polideportivo municipal, tras recoger ya casi a ras del suelo el folleto informativo que el operario le había lanzado segundos antes con malos modales y peor cara. "No hay de qué. Espero que las explicaciones estén claras. De no ser así, yo le aclaro sus dudas", le respondió el sorprendido funcionario que cambió de inmediato su impertinente actitud, descolocado por la sonrisa de la usuaria. Y es que, amén de ser muy acertado el dicho de que cuando uno no quiere dos no riñen,  los malos rollos comienzan casi siempre con una determinada actitud. Supongo que ya habéis tenido tiempo de comprobar que si te diriges al mundo con una postura amistosa  rara vez ese universo te responderá de manera hostil.

La amabilidad, que nada tiene que ver con la cursilería, la falsedad o la debilidad de carácter,  debería ser una asignatura obligatoria en las aulas escolares. A ser amable también se aprende, además de ser una decisión personal.  Independientemente de  las personalidades, a poco que uno se empeñe puede conseguir cambiar el día propio y ajeno tan sólo con los principios básicos de la buena educación.

Hay personas que se esfuerzan en ser antipáticas como si los gestos hostiles y las palabras amargas fuesen sinónimos de superioridad. Seguramente desconocen la famosa frase de Confucio: "Donde hay educación no hay distinción de clases". Como mucho no cosechan más que el miedo o el alejamiento de quienes las sufren. Aunque el sabio chino también reconociera que "ser amable con todos los que encuentras es pelear una dura batalla". Es indiscutible que con determinados individuos hay que emplearse muy a fondo para aplicar la teoría; con otras personas, en cambio, no hace falta esforzarse en absoluto. La empatía suele ser mutua. También ocurre con frecuencia que si eres amable 99 veces y no lo eres a la de cien, el mundo se olvida de todo lo anterior y viceversa, pero es un riesgo que merece la pena correr. Sobretodo teniendo en cuenta que cualquier hombre, en cualquier momento de la vida, puede ser tu amigo o enemigo según te comportes con él.

Nuestro amigo Tomás,  no sé si conocedor de las palabras de Henri James, no se cansa de repetirnos que ante los aconteceres diarios tiene tres planes: "primero la amabilidad, después la amabilidad y tercero la amabilidad. Pero, a la cuarta y sin remedio, le mando a tomar por el ....".

Sin discutir que el ejercicio reiterado de la gentileza tiene un recorrido limitado, intentarlo como opción primera evita males mayores en gran parte de las ocasiones. Sin embargo, comparto muchas de las palabras de la admirada protagonista de Los Puentes de Madison : "Ya no tengo paciencia para algunas cosas, no porque me haya vuelto arrogante, sino simplemente porque llegué a un punto de mi vida en que no me apetece perder más tiempo con aquello que me desagrada o hiere. No tengo paciencia para el cinismo, críticas en exceso y exigencias de cualquier naturaleza. Perdí la voluntad de agradar a quien no agrado, de amar a quien no me ama y de sonreír para quien no quiere sonreírme. Ya no dedico un minuto a quien miente o quiere manipular. Decidí no convivir más con la pretensión, hipocresía, deshonestidad y elogios baratos. No consigo tolerar la erudición selectiva y la altivez académica... No soporto conflictos y comparaciones. Creo en un mundo de opuestos y por eso evito personas de carácter rígido e inflexible. En la amistad me desagrada la falta de lealtad y la traición. No me llevo nada bien con quien no sabe elogiar o incentivar. Las exageraciones me aburren y tengo dificultad en aceptar a quien no gusta de los animales. Y encima de todo ya no tengo paciencia ninguna para quien no merece mi paciencia" (Meryl Streep). 














viernes, 27 de junio de 2014

Mis apuntes para el final de la semana


"El mundo hay que fabricárselo uno mismo, hay que crear peldaños que te suban, que te saquen del pozo. Hay que inventar la vida..." Ana María Matute
Termina la semana con la noticia de que Rubalcaba vuelve a su puesto de profesor de Química en la Universidad; casi que su imagen me cuadra más en ese medio. Seguramente ahí podrá ser más libre y auténtico. Nadie duda de que sus clases estarán concurridas. Ahora dicen de él que fue un político inteligente, honesto y consecuente; muchos no se explican cómo no fue capaz de frenar la caída del PSOE. Como suele pasar cuando alguien se va, ya es bueno para tod@s. La muerte de la escritora Ana María Matute llenó de frases bonitas el capítulo de lo literario y nos hizo ponernos al día en lo referente a la escritora que supo llevar a la elegancia su pelo canoso y sus ojeras que hablaban de mundos de hadas y otras realidades no visibles. De lo económico me llega que baja el Ibex y sube la Prima de Riesgo; por qué será que esos tecnicismos  suenan vacíos para quienes sufren otros problemas con nombres más claros. Lo que sí se entiende bien es que subirán los carburantes, justo cuando se preparan los viajes más largos del año.  En las cosas del querer, nos enteramos de que nuestro Banderas tiene un romance con Sharon Stone, la mujer que protagonizó el mejor cruce de piernas de la historia. Aquellas viejas burbujas del anuncio de Freixenet supongo que tuvieron su parte de responsabilidad. Tienen buen gusto estas chicas holiwoodienses (¿se escribe así?). Escucho al nuevo rey hablar en perfecto catalán y pienso que, opiniones sobre la monarquía aparte, hay que renovarse o morir. A primera hora suena un ruidito en mi móvil con un mensaje de amistad, y aunque no soy de cadenas agradezco el detalle; aún con sus espinitas, y algún desencuentro -nadie es perfecto- la amistad forma parte de nuestros momentos de felicidad. El chico del tiempo con traje impecable nos pronostica una meteorología variable en el Norte. Empieza la vida un día más...

sábado, 21 de junio de 2014

Te doy una canción...


"Sin la música la vida sería un error" (Nietzche)


 No ha podido ser. Una de mis amigas, la más cantarina, y servidora, nos hemos quedado sin las entradas para el concierto de nuestra vida. Nos cuentan que estuvo genial, y eso nos hace taparno más fuerte los oídos. Imperdonable nuestro descuido por confiar en la buena buena suerte de conseguir un pase a última hora. Y nos tiramos aún más de los pelos al enterarnos de que habíamos tenido al lado de casa la última oportunidad... Aunque no es un gran consuelo, va muy especialmente por ella la actualización de esta entrada. De no haber más conciertos con nuestros "ídolos" reunidos , seguramente habrá más anocheceres para cantar en alguno de nuestros rincones del alma...

Si lo imposible no fuese tal, desearía tener un oído y una voz aptos para esa música que tarareo todos los días cuando nadie me escucha. No he sido agraciada con ese maravilloso don para exponerlo públicamente. Confieso que admiro de manera especial a quienes cantan, componen o tratan de tú  a tú algún instrumento musical; si no todo al mismo tiempo, que las aptitudes suelen ir encadenadas. Pero, como bien dice el refrán: "cantar bien o cantar mal, a todo se le llama cantar", y de no tener la osadía de  hacerlo siempre se puede escuchar, así que no tenemos disculpas para no disfrutar de ese maravilloso idioma universal que transforma ánimos, lima asperezas, revive recuerdos, endulza futuros y templa realidades. Por algo se dice que lo único que puede romper un buen silencio es la música o la poesía. Por otro lado, el gran Miguel de Cervantes, sabio como pocos, ya escribió hace mucho que "quien canta sus males espanta".


Hay un tiempo para nacer, un tiempo para llorar, un tiempo para reír, un tiempo para soñar y un tiempo para morir, pero el tiempo para la música cabe en todas nuestras circunstancias. En la emisora que más escucho hay un apartado dedicado a la banda sonora de personas famosas. Les cuesta decidirse por una melodía en particular porque cada etapa de nuestra vida, si no cada vivencia digna de recordar, suelen ir acompañadas de una canción. Esos días que te levantas sin ganas de nada pones la música a viva voz y los colores comienzan a aparecer. Malos y buenos momentos tienen unos acordes que los hace sublimes. Son esas notas que transforman lo cotidiano en eterno.

Personalmente encuentro tarea imposible decantarme por una canción. Empiezo a retroceder en el tiempo y en cada estación hay una melodía que me llega. Algunas de esas músicas me acercan a los primeros años con canciones de películas protagonizadas por los niños y niñas prodigio como las que soñábamos ser: Ana Belén, Rocío Dúrcal, Marisol... hasta el archiconocido disco de las payasos de la tele; cuando todavía existía una sola cadena. En regresión progresiva a la más alejada infancia donde aún quedan ecos de las canciones que tarareaba mi madre -por entonces se podía escuchar un cántico en cualquier balcón abierto-  me llegan ecos de "Volver", "Campanela" o "La bien pagá", por citar alguna de ellas. Los "paisanos " también arrancaban con alguna tonada aquellos veranos repartidos entre su trabajo en la mina  y la hierba seca en la aldea. No me falta el sonido grave de algunos de los que me acercaron a lo mas autóctono con "Arrea carreteru", "Voy comprate unes madreñes" "dime xilguerín parleru", o aquella que decía: "con el vino que queda en botella, beberemos de ella hasta concluir, por si acaso el día de mañana las tristes campanas repican por mi".  Con la dolescencia esperando tras la puerta me llegan acordes de canciones que escuchaba  en  el radiocasette  del 127 de mi padre; de ahí supongo mi apego a "Compañeru dame tira", de Nuberu , "Madre que ye lo que pasa con los hermanos mineros...",  "Carta de un minero a Manuel Llaneza" o las primeras de Víctor Manuel: "Paxarinos", "Atrás queda el pueblo", "La romería", "El Cobarde", etc...  Sin dejar a un lado las "protesta", de todos los lados del Atlántico; en conjunción directa con la antesala de nuestra democrática. "Libertad si ira" sería su representación más visible, aunque tengo cientos en mi haber.Luego, unas cuantas en el único inglés que nos atrevimos a chapucear quienes tuvimos una relación de incompatibilidad con ese idioma que llegó tarde a nuestras vidas: Pongo  "Yesterday" por ser la más versionada y escrita en el año que vio la luz mi generación. Pero hay una larga lista que dejo por si mis amig@s más conocedores de la música en otro idioma se animan ponerlas en al capítulo de comentarios y me ahorran tener que buscar su grafía correcta; ahí también tendrán cabida mis seguidores amantes del puro rock, donde tampoco estoy muy puesta.



Qué decir de la banda sonora de la adolescencia en pleno fulgor. "Mi libertad", de Miguel Bosé", "Si te vas", de Pecos, "Hoy tengo ganas de ti", de Miguel Gallardo; algunas de tantas que nos sabíamos de principio a fin. "Chiquitita", de Abba,  "En tu fiesta me colé", de Mecano "Maitechu mía", de Mocedades,"Juntos", con la que Palama San Basilio nos daba el consejo nada bueno de cruzar en rojo los semáforo y fumar un cigarrillo a medias, etc.... Pero las ya eternas en el repertorio de cada día estaban reservadas para los años de juventud; tal vez la etapa que más marque nuestra vida por  la intensidad de los momentos, los cambios en nuestra personalidad y la libertad que imprimía a nuestros universos ese periodo. Cómo olvidar "Al Alba" de Aute, "Hijo de la Luna", de Mecano, "Un vestido y un amor","Santa Lucía", de Miguel Ríos, "Querida Milagros" del último de la fila. "Voy camino Soria", de Gabinete Caligari y todo un repertorio de Serrat, Chavela, Mercedes Sosa Silvio Rodríguez, Ana Belén, Sabina, una vez más Víctor Manuel. Así podría tirarme toda la mañana con mis favoritos. Por cierto, la mayoría de ellos en el próximo concierto que el cantante asturiano ofrecerá en Oviedo el próximo septiembre. Para volverse al paraíso también con aquellos italianos de voz ronca, a los que era imposible no perdonar: "...lo siento mucho la vida es así...".


En otro apartado, las bandas sonoras de las películas que también van marcando nuestros ciclos: "Ghosts", "Oficial y Caballero", "El Guardaespaldas",  "Los miserables", "Cuando un hombres ama a una mujer" e infinidad de puntos suspensivos. Se estarán tirando de los pelos los amantes de la música clásica , pero mentiría si dijese que soy toda una entendida en ese apartado, donde sólo podría citar las más conocidas. Reconozco que es una de tantas asignaturas pendientes; y que no me acerco ni de lejos a esa cultural musical. De todos modos, cada vez este tipo de música de élite se está acercando al gran público. De hecho hay un libro que habla de la música clásica en vaqueros, como una puerta abierta al conocimiento de esas notas exquisitas.

Si tienes hijos que te actualicen en la modernidad, vas incorporando nuevas canciones a tu repertorio y serás conocedor de nuevas melodías que van desde el eterno romanticismo hasta las letras más atrevidas. Desde Melendi, para acabar en el más puro Rap, pasando por Amaia Montero y un sinfín de grupos de nombres imposibles, hay toda una gama de incorporaciones que habréis tenido el gusto de conocer, principalmente si viajáis con la música de vuestros retoños. Y así un viaje tras otro acabaréis tarareando cosas como: "...Y he plantao un jardín de la alegría, 
para hacer mas divertidos mis días 

"Y he soñao que dormía entre tus piernas, 

Y he dejao el sueño patas arribas.  

Y puse tus recuerdos a remojo 

y flotan porque el agua está salada, 

Salada porque brotan de mis ojos, 

Lágrimas desordenadas. 

No pienses que estoy loco 

por vivir a mi manera ...." 


Aunque el romanticismo vaya en decrescendo a medida con aumentan las crudas realidades, siempre vendrá a salvarnos un buen bolero. Como de algún modo hay que poner punto y final, de tener que elegir sí o sí una canción me quedaría con ese bolero; todo un brindis para mis pacientes lectores porque la música empieza donde acaba el lenguaje, una balada, que más que canción es un deseo: "Que el fin del mundo nos pille bailando...".




jueves, 5 de junio de 2014

La reina que llegó de un telediario


Mi artículo para El Periódico de las Cuencas.

"Déjame que termine de hablar..."

Tras la noticia de la abdicación de Juan Carlos I, la princesa asturiana es noticia por partida doble: una década de matrimonio con el príncipe heredero y la posibilidad inmediata de convertirse en reina de España. La polémica, las críticas y los halagos están nuevamente en la primera plana del mercado informativo

Nació en Oviedo cuando la censura aún hacía estragos en los medios de comunicación y  en el pop español triunfaba "Dama dama", de la malograda Cecilia. Hoy es la princesa que llegó a nuestras vidas inmediatamente después de acabar la segunda edición de un informativo nacional un frío Noviembre. y cuyo futuro pasa por teorías inciertas. Sea como fuese, paradojas de la vida, con un década de aprendizaje entre la casta suprema, aquella presentadora que nos hablaba de premios con títulos principescos, tan criticada por muchos, de ideas progresistas, divorciada, hija de un periodista y una enfermera, con ascendientes de clase obrera, es ahora, dicen, la que podría salvar la monarquía, de quedarle alguna posibilidad a la institución.


No soplan los mejores vientos para el futuro real de nuestro país; en buena parte porque el enemigo lo han tenido dentro. La veda de las críticas se ha levantado y salpican y mucho a la antigua reportera. Las palabras más demoledoras sobre la princesa Letizia salieron de la pluma de su propia familia, en el libro "Adiós, princesa", que su primo David Rocasolano le "regaló" a la futura reina, donde contradictoriamente de lo que más se la acusa es con lo que más puedan simpatizar quienes presumen de ideas libres.Tampoco faltan otras "malas lenguas" que cuchichean sobre su pasado de  profesional fría y ambiciosa, las mismas que continúan diciendo, diez primaveras después  de su boda con Felipe de Borbón, que se ha vuelto distante; quienes asimismo afirman que comienza a ahogarla esa vida de cristal, ambicionando ahora los instantes de felicidad con sus amigas en una terracita cualquiera sin que nadie controle cada uno de sus sorbos. Cuentan además por esos mentiremos que gusta de comprar ropa en esas tiendas para féminas de barrio.



Por tierras coyanas también anduvo Letizia de Borbón hace casi cinco años para la entrega del Premio de Pueblo Ejemplar a la Comunidad de Sobrescobio. Fue la distancia más corta que tuve con su persona. Los que sólo la conocemos de observarla a unos metros o a través de pantallas y  papel rosa no podemos arriesgarnos a juzgarla tan alegremente. Pero si en algo despierta mi simpatía es ese comentario que circula entre el gremio de que únicamente ha invitado a su boda a una de las personas de más bajo rango en la antigua empresa periodística en la que había hecho sus prácticas. Doble lectura tiene esa decisión, pero quienes gustamos de las relaciones no de conveniencia, la aplaudimos. También cuenta la leyenda que, tras conocerse su enlace con el Principe -no sabemos si también a ella se le habrá vuelto un poco rana a estas alturas del cuento- alguien coló bajo la puerta de su habitación en un hotel asturiano una nota que lllevaba por título: "No nos falles".

Paradójicamente, se rumorea en la actualidad  que los fervientes monárquicos, los mismos que en su día no vieron del todo bien ese enlace entre sangres de distinto color,  se parapetan ahora tras los hechos y modales de alta cuna de la nieta de una locutora.  Dicen de ella que es lista; y eso no se compra por mucha sangre azul que se tenga. Una pena que hasta la despreciaban por plebeya los de su mismo status. Y una lástima también que la cirugía, no sólo la plástica, la vaya transformando en una hembra de escaparate. Nos gustaba más aquella que "osó" decirle a su prometido: "déjame que termine". Pero, como mujer espabilada que parece, supongo que si las exigencias de la historia desbancaran de su jaula de oro a aquella joven que hizo su último trabajo de informadora con un temple envidiable -sabiendo la que le avecinaba minutos después- lo entenderá. Supongo

lunes, 26 de mayo de 2014

El chico de la coleta

Póngase usted un vestido viejo y, de reojo, en el espejo, haga marcha atrás, señora. Recuerde antes de maldecirme, que tuvo usted la carne firme y un sueño en la piel, y un sueño en la piel, y un sueño en la piel, señora...
Coincidencias del destino, nació el mismo otoño que se aprobaba nuestra Constitución, justo el año en que el grupo Tequila cantaba "un rock and roll en la plaza del pueblo" e imagino que lo evocado por su nombre y su apellido no será una pura casualidad. Como tampoco  será totalmente inocente esa imagen que recuerda en cierto modo a otros hombres de leyenda. Hoy es noticia porque ha conseguido hacer de la indignación ciudadana un partido político, y ha superado con creces las previsiones más optimistas en el números de votos para Podemos. Miraba con especial atención a Pablo Iglesias en ese programa de las mañanas que algunos dicen que lo elevó al "estrellato" y se me antoja que podría ser de todo menos peligroso; calificativo del que le acusan quienes ven en él a la mismísima reencarnación de Lenin. Tal vez si de algo puede tacharse a este chico con aire progre y modales impecables es de ingenuo. Su trayectoria no le dio tiempo aún para malearse en las mieles del alto poder, aún cuando piense el ladrón que todos son de su condición. ¡A nosotros nos van a hablar de mafias, subvenciones ilegales, y violencia directa o disfrazada de miedos!. La frescura de este joven profesor desbancó a viejas glorias y consolidadas fuerzas. Por qué temer tanto a quien -populista, demagogo, o no- predica axiomas como que los derechos  debieran ser inviolables, los bancos pagar las propias deudas con sus grandes fortunas y  la educación y la medicina ser un bien social sagrado y de primer valor.

Parece que molesta esa sonrisa que parece franca, esa forma de hablar llana y esos vaqueros holgados que llevan cualquiera de nuestros chicos. Como si fastidiasen sus frases sin subordinadas y la lógica de andar por casa. ¿Serían menos severas las voces que le atacan si su disfraz fuese el de niño bien? . Pero cuando se estorba es que algo avanza. Sus gestos decididos hacia un estado menos marcado de castas remueve las entrañas de un país incrédulo y desencantado. Savia nueva que aún tiene un largo recorrido, y muchos obstáculos, algunos de ellos rayando en la utopía, para apuntalar ese estado de bienestar que se desmorona sin remedio. Un aliado perfecto para otros pequeños Davices que van subiendo posiciones.


Los partidos más pequeños han hecho buena la leyenda de David contra Goliat y sólo se han usado las espadas de papel. ¿Por qué tememos tanto a lo nuevo? Me venía a la mente  Señora, esa vieja canción  de Serrat. Cambiándole algunos vocablos muchos de nuestros apoltronados políticos que un día vistieron camisa de cuadros podrían darse por aludidos; también alguna lideresa que no recuerda haber llevado nunca camisetas... Tiempo al tiempo; el enemigo más duro, y respeto por quienes consiguieron acaparar los sobres del desencanto. Un nombre y un apellido que recuerdan a otro gran ideólogo ha descabezado la dirección de uno de nuestros grandes partidos; el otro también echa sus barbas a remojar, aún cuando no lo quiera dar a entender. Por lo demás, esperemos que no defraude ese "revolucionario" de nueva escuela, en el que seguramente muchas madres pudieran haber visto a uno de esos hijos del siglo XXI a la hora de depositar su voto; el voto  de la utopía y la canalización de la rabia del pueblo llano. Lo ideal: el equilibrio de todas las fuerzas para que las mayorías no abusen.

viernes, 16 de mayo de 2014

Fondo de armario

"Tenemos un armario lleno de nada que ponernos"

Una de mis amigas del alma; esa que siempre me da consejos de madre, aunque solo me saca tres meses; la misma que insiste en que el truco de conservar el peso es comer de todo pero muy poquito, me aconsejaba hace tiempo sobre el fondo de armario: hay que tener siempre disponible una camisa o camiseta blanca, una chaqueta negra o azul marino, un buen pantalón vaquero -de esos que suben lo que la fuerza de la gravedad tiende a bajar- y unos zapatos de calidad. Desde ese consejo ha llovido bastante y tal vez haya quedado un tanto desfasado por aquello de que hasta los clásicos se renuevan. Pero lo cierto es que si un armario tiene sus cuatro prendas comodín estaremos salvadas ante la duda de qué ponernos un día sí y otro quizás.

Definitivamente este sol duradero nos anima ya a mudar nuestros anaqueles. Hay quienes suben su ropita de invierno el trastero, mientras que otros lo clasifican de forma que lo de verano esté más al alcance. Aparte de aquellos trapos que aprovechamos para desechar porque llegamos a la cómoda disculpa de que han menguado desde el comienzo del verano anterior. Sin olvidar a quienes lo dejan todo tal como está por aquello de que tanta disciplina no es lo suyo. En el norte hay unas estanterías y percheros término-medio, destinados a esas prendas de las que echas mano en todas las estaciones por culpa de que ni frío ni calor la mayoría de los días.

Suele ser por estas fechas de días largos y noches ya más cálidas el tiempo de organizar armarios y demás muebles roperos, y ocurre también en estos días de ilusiones renovadas en que apetece abrir ventanas cuando hacemos inventario de la prendas inservibles que vamos acumulando. Al tiempo nos desconcierta el hecho de que hay momentos en que uno no sabe que ponerse, aún cuando no tengamos falta de nada... Cosas del progreso, y de que ha mejorado el nivel de vida, a pesar de crisis y demás. En época de posguerra la mayoría de las personas no tenían esas dudas existenciales porque no les quedaba otra que dejar su ropa lavada al anochecer para ponérsela al día siguiente. Era cuando la camisita de los domingos se lavaba con esmero, se almidonaba y se colgaba en lugar preferente; tener unas medias de cristal constituía un tesoro y los zapatos de caballero de perfil inglés suponían una fortuna. Eso sí que era fondo de armario. Por eso, en esos años que se nos antojan tan lejanos, no necesitaban grandes guardarropas.

Con los zapatos suele suceder los mismo. Hay una periodo de transición en que  pocos nos vienen bien.  Cuesta deshacerse de las cómodas botas; el resto parece molestar al pie: o se te cae o te aprieta o te agobia. Hasta que no hace el calor necesario para las sandalias, la mayoría de los comentarios que me han llegado es que cuesta elegir el calzado más cómodo y apropiado para esta temporada de accesorios variables en que tanto te puedes encontrar ciudadanos con botines y anorak, como los que ya optan por la camisetita de tirantes y los pies descalzos.

A medida que se suceden las primaveras nos vamos haciendo más prácticos, y entendiendo que valen más muchos pocos que pocos muchos pocos. Que la mayoría de las veces menos es más, para entendernos mejor. Paralelamente a lo que hacemos con nuestras indumentarias materiales lo practicamos con las prendas del alma. Vas organizando mejor amigos, sentimientos y prioridades vitales en general. De ahí esa famosa frase de que con los atuendos -sean de la estación que sean- sucede como con los amigos:  aunque tengas muchos, al final,siempre estamos con los que nos encontramos más cómodos. San Juan está a la vuelta de la esquina para echarnos una mano con lo de las hogueras reales o espirituales. Ligeros de equipaje se recorre mejor el camino.



Imagen: Armario antiguo en el interior de un hórreo del parte de Redes. Autor: Compasso