domingo, 18 de marzo de 2012

Pudiera ser una carta de amor...



"Las cartas de amor se escriben empezando sin saber lo que se va a decir, y se terminan sin saber lo que se ha dicho". Jean Jacques Rousseau

Tal vez nunca llegues a leer estas palabras porque eres de los que huyes de las redes sociales como del mismo demonio, aunque de cuando en cuando te pille mirando de reojo mi  mundo virtual. Aún así quiero repetir una de aquellas cartas que te enviaba cuando no existía internet, no teníamos móviles y las distancias eran mucho más difíciles de salvar. Todavía guardo alguna en la cajita de latón verde, junto con algún otro recuerdo de mis veinte años. Eran las palabras de la inocente juventud del amor, adornadas con la ilusión de un futuro en el que todo se presentaba color de rosa.

Nada era tan importante como tú. La línea del destino tiene algo de sabia. Puede ser que para ojos ajenos no tenga sentido las elecciones de pareja del prójimo, pero "el corazón tiene razones que la razón no entiende", que decía Pascal. Repitiendo la canción "nuestra boda fue sencilla, eso lo recuerdo tanto,un ambiente familiar y de amigos tres o cuatro...". Las tristes circunstancias  no daban para muchas celebraciones, pero el olor de las rosas en los comienzos de aquel 19 de junio permitió que, a pesar de todo, la fecha tenga aromas de promesas de días mejores.

Nada fue fácil para nosotros. Todo era atípico en nuestro entorno. Sin embargo, no daría un paso atrás en mi decisión de empeñarme en que fueses tú quien compartiese mi vida. Cada pareja se construye un mundo a su medida. Nadie puede imaginarse hasta qué punto van entrelazadas las penas y las alegrías en una relación de más de veinte años. No hay mundos perfectos. Ni siquiera para los que se aman. Pero siempre me he sentido protegida y querida por ti, y amando a quienes me aman me demuestras cada día que no estuve equivocada. En ocasiones,os amenazo con irme si un Antonio Banderas llama a mi puerta, pero sabes que nunca ganaría en el cambio, a pesar de que esa curva de la fecididad que te empeñas en conservar - "no vaya a ser que me meta en una anorexia",dices ante la posibilidad de empezar una dieta- deje patente que ya no eres el esbelto jovencito que conocí aquella tarde...

Quienes se toman la molestia de conocerte estarán de acuerdo conmigo que, tras tu aparente timidez, eres amigo de tus amigos y tienes un gran sentido del humor. Tu mano siempre está tendida al débil y te commueve sobremanera el sufrimiento del  prójimo. Nadie se quedará nunca sin un favor,si está en tus manos concederlo.Admiro lo poco que te importan las apariencias -en eso pareces hijo de mi madre- y, en muchas ocasiones, molestas porque dices la verdad, aún a consta de no ser políticamente correcto. En cuanto a tu intuición y a la respuesta acertada en el momento propicio, siempre digo que cuando los demás van eres de los que ya están de vuelta tres veces. Sueles ser certero en los juicios y me desbancas teorías a poco que te empeñes.

Valiente para las cosas que a mí me paralizan, eres por otro lado débil para el dolor de quienes tienes más cerca. Temeroso siempre de que pueda suceder algo malo a los que te rodean, tus visiones depresivas te impiden disfrutar muchas veces de tantas cosas buenas como nos ha dado la vida. Sé que nos ha tenido la mejor de las infancias,ni la más alegre de las juventudes, y eso marca mucho. "Tú siempre has tenido un camino fácil", me replicas cuando te recrimino que seas tan catastrofista.  El exceso de protección hacia tus hijos, que seas un padre tal vez exageradamenteconsentidor y tu empeño por ahorrarles lágrimas son tal vez algunas de las consecuencias de las amarguras de tus años más tiernos.

Nunca nos ha faltado nada que tu pudieras conseguir; aún cuando no sepas lo que son unas vacaciones, un hotel de lujo o un viaje de placer, ni cuando tu nómina no sea equiparable a la de un Ingeniero, y mucho menos a la de un Registrador de la Propiedad -más pequeña es la mía a pesar de los años de Universidad-. Para nosotros eres más que eso. Eres resolutivo y  tienes recursos y soluciones para casi todo.

 Estoy segura  de que estas palabras que escribo, reacio como eres a las muestras de elogio, serías incapaz de terminar de leerlas. pero, como escribió el poeta ..."es tan lindo saber que usted existe, uno se siente vivo...".

Vuelen igual a través de los caracteres de mi ordenador para que el mundo se entere de que las cartas de amor pueden actualizarse cuantas veces haga falta. Y una vez más escribiré para ti "no hay que otra vida exista que pueda ser mejor que recorrerte al amanecer.Y aunque las cosas vengan a contrapié, siempre inventamos fuerzas para crecer...". ¡Que San Valentín haga el resto...!





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viernes, 16 de marzo de 2012

A nadie le amarga un dulce...


"El que se guarda un elogio se queda con algo ajeno" Pablo Picasso


"Nada sabe tan dulce como su boca...". Si alguien como un prestigioso cantante obsequia con tan bonito piropo a su pareja, el elogio adquiere categoría de poema. Y es que la elegancia de un requiebro depende tanto de la circunstancia de quien lo profiere como del oído de aquel que lo recibe. Lo que en determinada circunstancia puede sonar cursi, grosero o adulador, se puede tornar el más bello de los arrullos.

Sobre el piropo y sus derivados se han escrito hasta concienzudas tesis; en las que, a fin de cuentas, lo que más claro queda es que, cada cual a su manera, todos necesitamos de ese halago que lleva implícito un gran componente de seducción. Lo que no implica que tenga que necesariamente ir siempre dirigido al sexo opuesto o a la persona que amas.

Aunque los orígenes del piropo tienen diferentes versiones, su historia se remonta a la antigua Grecia.  Para algunos, el término significa rojo fuego . Los helenos lo usaron para calificar las piedras finas de color rubí. Esta piedra simboliza el corazón y los galanes se la regalaban a su amor. Los que no tenían dinero para comprarla, lo sustituían por bonitas palabras. Otra teoría dice que viene de los términos griegos "pyros" (fuego) y "ops" (rojez en la cara). Una tercera explicación habla de "fuego en la mirada".

Sea como fuere, la historia del piropo continúa a través del tiempo, con las correspondientes adaptaciones al progreso físico, verbal e intelectual. A parte de los malsonantes, que en determinados momentos, también tendrán su disculpa, la gama de galanterías es tan extensa como divertida y, en muchos casos, original. Del sur de España me han hecho llegar algunos: "Con esa pierna...¿para qué otra?". "Esas son carnes y no las que echa mi suegra al cocido". "¿Te conozco", -No. Entonces te soñé". "Cuidado morena, que te van a echar un bocao, no yo , mis caballos...", acostumbra a gritar un calesero.

Mientras no tenga tintes de -ismos, el piropo siempre saca, cuando menos ,una sonrisa.  Ante la reunión de amig@s que solemos disfrutar con asiduidad, suele pasar un vecino solterón -muy a su pesar,dice- que nos alegra el rato cuando nos repite domingo sí, domingo también : "¡Qué suerte tienen algunos...!". Cuando, pasados los sesenta -historia real-, y con más de cuarenta años de matrimonio  una señor piensa en alto, al observar desde la ventana  a su mujer: "¡qué culo tiene todavía la hija de p ....!" , aunque el término no sea apto para menores,  no deja de ser digno de mención. "¡Vas dexala entera!" (la vas a dejar entera), le decía con gracia un paisano en Asturias a un amigo cuando pasaba por su lado la mujer del último, que estaba de muy buen ver. Lo que me retrotrae a otra anécdota contada por mi padre, ocurrida un día en el que el sacerdote de la aldea le fue enumerando a un feligrés los Diez Mandamientos, para ver si los cumplía. Cuando llegó al noveno (no desearás a la mujer de tu prójimo), el parroquiano confesó sin dudarlo: "esi quebrántolu enteru, señor cura..." (me imagino que no hace falta traducción).

Las hembras también echamos piropos a nuestros contrarios, aunque es posible que  más sutiles y menos sonoros, transformándonos alguna que otra vez  en albañiles de azoteas. Adentradas en esos años en la que no "parecemos" peligrosas,  tal vez nos desinhibamos más y nos atrevamos a elogiar ciertas cualidades masculinas sin tapujos. Es posible que no se hagan una idea de las "capacidades", o no, que les  llegamos a extraer en algunos coloquios femeninos, máxime cuando nos dan pie para ello delatoras grabaciones privadas en las que un aspirante a monarca de unos de los países más poderosos del mundo "piropeó" a su amante con aquel internacional deseo...

Superficialidades a un lado, los halagos -que no las adulaciones- que más deberían congratularnos son aquellos referentes a las cualidades que no se marchitan con el paso del tiempo.Por eso el mejor piropo que puede ofrecerte alguien es su total confianza. Y  hay quien dice que el más delicado de los elogios es un libro. Aún quienes huyen de las admiraciones, nunca deben de dejar a una lado la posibilidad de merecerlas. No debemos de ser, por otro lado, parcos en alabanzas para aquellos que las merecen porque "de seguro algo digno y generoso muere por falta de elogio", escribió Nesfield.

"Porque yo lo valgo..." dice un famoso anuncio de champú. Si es necesario para alegrarnos las mañana, nos autopiropeamos frente a ese espejo al que, en mi caso, ya le he rebajado las luces para no encontrarme con una nueva patita de gallo cada día, recordándome el paso de las primaveras. "Comencé a ser verdaderamente consciente de que ya no era una joven cuando un día, parada en un semáforo, agarré fuerte mi bolso al percatarme de que un chico me miraba fíjamente, y ni se me pasó por la cabeza que era por mi atractivo físico...", comentaba una famosa actriz española de mi quinta.

"...Nada sabe tan dulce como tu  boca...", oí cantar ayer mismo a un sentimental  sin remedio. Hay que relajarse e intentar sacar la poesía, aún en estas fechas de ánimos crispados, decepciones sociales, debacles económicos, mengua en la calidad sanitaria, recortes educativos y otras mayores tragedias humanas. Sintámonos algún que otro amanecer la inspiración de las innumerables melodías que hacen inolvidable a cualquier ser humano. Al fin y al cabo, a nadie le amarga un piropo...

Imagen: Rosas de chocolate (Imágenes animadas.com)


 

lunes, 12 de marzo de 2012

Por los pecados que no hicimos...


"No existe ningún pecado en ser feliz". Paulo Coelho


"De todos los pecados, los realmente destructivos son el odio y la envidia", recuerdo que nos decía uno de los profesores que con más cariño rememoro. A pesar de su trabajo en una empresa religiosa, el dominico siempre nos hablaba desde la ética elemental; sin fanatismos absurdos. No era el palentino un adoctrinador de cielos e infiernos; siempre anteponiendo la compasión al castigo. Ahora creo que tal vez pensara como Philis Gibbs: " Si algo he aprendido es que la piedad es más inteligente que el odio, que la misericordia es preferible aún a la justicia misma, que si uno mira el mundo con mirada amistosa, uno hace buenos amigos.

Un repaso por los pecados capitales -¿os acordáis: lujuria, gula, avaricia, pereza, ira, envidia,soberbia? nos arrastra con facilidad a aquellos lejanos días de catecismo y temor de Dios, derivándonos así a la gran pregunta: ¿qué es pecado?. Del original siempre se llevará la culpa la manzana y "cuando una mujer pide ensalada de frutas para dos estará perfeccionándolo", dijo con humor Gómez de la Serna . Dado que la idea de maldad ha evolucionado a través del tiempo, la definición es tan variada  como la intención de las conciencias de quienes los cometen. Opino que no hay más pecado que el que nos dicta nuestra propia ética.

Sin ser de los que ciegan para que otros no vean o de los que sienten celos hasta del aire que respira el prójimo, es raro encontrar quien no haya experimentado la tormentosa sensación de una punzada de envidia o de un odio inevitable. Cuando esas faltas son puntuales, puede que hasta sean merecedoras de comprensión. El sólo hecho de sentirnos culpables y desear eliminar esas negativas sensaciones comienza a ser el antídoto para la cura. La indiferencia será, en último término, el recurso para soportar la existencia de quienes por diferentes motivos consideramos enemigos. La historia viene demostrando, además,  que la envidia y la aversión siempre son mayores cuanto más cercano está  ser humano al que van destinados. Salvo los que los tienen por principio o por herencia genética, afortunadamente, esos sentimientos suelen ser pasajeros.

Aunque no seamos merecedores de la etiqueta de rencorosos o envidiosos oficiales, la lucha contra los efectos colaterales de ambos males es difícil. Si nos atenemos a los tratados sobre el odio, la envidia y sus derivados, sea cual sea nuestra postura, la parte positiva es difícil de elegir: si nos envidian, malo; si no somos envidiados, aún peor.  "Que ladren, Sancho, es señal de que cabalgamos", famosa frase del Quijote de la que se acopian quienes, a sabiendas de que son pasto de rencores infundados, torean con valor la mala baba de ambos términos.

A no ser resentido también se aprende. Del mismo modo que uno puede educarse en el arte de no presuponner. Sanos ejercicios ambos para ser más feliz. Y, si después de todo, haya quienes continúen con esas nefastas armas, peor para ellos. En el pecado llevarán la penitencia, dicen. Para su única tranquilidad, tan malos deseos suelen durar siempre más que la dicha de a quienes van dirigidos

He oído que cuantos más pecados confieses, mayor será el número de tus lectores.Me plantearé comenzar a relatarlos. "Mire señora, mis pecados son tantos que usted no puede darse idea, y son tan pocos que no los conoce bien", escribió Vladimir Holan.






miércoles, 7 de marzo de 2012

Me matan si no trabajo y si trabajo me matan...

"Todas las cosas son imposibles mientras lo parecen". Concepción Arenal  (Una de las primeras feministas españolas).  

El 8 de marzo de 1857 un grupo de costureras de Nueva York, apoyadas por un sindicato, decidieron ocupar la fábrica donde trabajaban para exigir mejoras laborales. La protesta terminó con un tremendo incendio en el que murieron 146 trabajadoras. Este es el origen de la celebración del Día Internacional de la Mujer.

Aunque actualmente determinadas voces se cuestionan e intentan denostar el papel de los sindicatos en general y de las feministas en particular, es de justicia recordar las luchas pasadas -y algunas presentes- por la igualdad de derechos entre hombres y mujeres. Ideologías aparte, las mejoras sociales y laborales llevadas a cabo por personas con ideales encaminados a salvar las barreras por razón de sexo o status nos han beneficiado a todos y todas. Sea cual sea la visión política a ninguna mujer le agradaría retroceder a ese pasado, en el que nuestros derechos no iban más allá de las cuatro paredes de la casa; eso en el caso de las más afortunadas.

Tal vez haya quien piense que el feminismo se está llevando a extremos que rozan lo esperpéntico. Esta reflexión fue perfectamente replicada por una de las primeras mujeres españolas que ostentó uno de los más altos cargos en el ejército. En una entrevista radiofónica explicaba esta militar que en la lucha por los derechos de las mujeres, como en todas las revoluciones, se aplicaba la ley del péndulo: "hay un cambio radical de un extremo a otro para que al final el péndulo quede mediado", afirmó.

Con el pretexto del Día Internacional de la Mujer -anteriormente se incluía trabajadora, pero se ha quitado sabiamente el último término porque trabajadoras solemos serlo todas, aunque no en todos los casos se cobre un salario- aprovecho para actualizar una entrada antigua en la que traté de acercarme a todas esas mujeres que buscan, en edad madura, un empleo. Desde aquí también mi reconocimiento a las que compaginan vidad laboral y familiar, y a las que bajo la denominación de "amas de casa", son expertas en los más variados oficios.

Salvo esporádicas ocasiones, mi primer trabajo asalariado y en buenas condiciones me llegó dos años después de haber cumplido los cuarenta. En ese tiempo ya había dejado de lado la idea de un empleo con todas sus consecuencias. El día que me comunicaron que había sido seleccionada para hacer una sustitución de verano en los informativos de la televisión autonómica, la noticia me pilló totalmente de sorpresa.

Recuerdo que la chica que me habían asignado para ser mi "maestra" las primeras jornadas estaba haciendo la pieza de la repatriación de los cadáveres de los soldados muertos en Afganistán. Era junio  de 2007. Pensé que nunca lograría hacer aquella tarea. Si unimos al hecho de mi larga inactividad profesional  la circunstancia de que en mi etapa de estudiante la informática estaba en pañales, las consecuencias son previsibles. Estababa flojísima en el manejo del ordenador, desconocía  el programa específico de la empresa -el Dalet (file,new,story, control...)- que me trajo un tiempo por la callle de la amargura- e ignoraba por completo el lenguaje y el ritmo de aquel medio de comunicación. Hasta  lamenté un conocimiento más profundo de inglés que no es, ni mucho menos, nuestro segundo idioma para los que "presumimos" de defendernos con la lengua francesa. Sobra narrar que me sentía la mamá de casi todos los que allí trabajaban, en su mayoría en los inicios de la treintena.

Pero como decía Concepción Arenal "todas las cosas son imposibles mientras lo parecen", así que un día comencé a hacer mi trabajo más segura sin apenas preguntar a los compañeros. El sistema informático, mi talón de Aquiles, comenzaba a hacerse familiar. Aún después de cogerle el tranquillo a la edición, toda tarea bien hecha exige especialización. La elaboración de una noticia de dos minutos y medio requiere de mucho tiempo de trabajo y una gran concentración. Desde su búsqueda hasta el momento de la emisión hay un largo recorrido que ahora, al estar todo informatizado, es trabajo exclusivo del redactor. Sin comentarios  del estrés que se crea cuando ha de meterse una última hora con el informativo ya en marcha.

Quedaría esta memoria laboral incompleta sin una especial mención a la catalana-inglesa-asturiana Eli, en una situación de contrato y de circunstancias similares a las mías, aunque más avezada en esos trabajos de televisión; la mejor de la plantilla en el dominio del inglés ya que, según sus propias palabras "todas las noches dormía con el diccionario".  Su complicidad fue fundamental para que nuestro paso por la zona de las noticias del transformado convento de Las Clarisas nos dejase ganas de cotinuar allí. Durante un tiempo tuvimos la esperanza de que nos llamasen para nuevas sustituciones. Ya habíamos aprendido y empezábamos a ser productivas. Pero nuestra marcha coincidió con las vacas flacas y, por la información que tengo, no corren buenos tiempos ni para los que están fijos en plantilla.

De todos modos, mis vivencias en ese trabajo que llegó tardío a mi vida me dieron seguridad en caso de enfrentarme a otras de características parecidas. Si pude con el Dalet, con el que todavía tengo alguna que otra pesadilla, puedo con cualquier cosa. Me reconcilié asimismo con la conducción del coche. Aunque pasé mi particular calvario los primeros días que me enfrenté en soledad a la autopista, al cabo del tiempo también logré sentirme segura en el trayecto. Por aquellas fechas cuidé, además, mi alimentación. "No vamos a ser las más gordas, amén de las más viejas..."comentábamos Eli y yo, haciendo uso del sentido del humor, una de las pocas ventajas que nos aportaba tener unos añitos más que la media.

No corre pareja mi disposición laboral en la actualidad con los años ni las circunstancias; lo que nada tiene que ver con la inactividad. Pienso que, mientras se viva dignamente, la meta no es siempre un trabajo en nómina. Independientemente de la formación que se tenga, siempre es importante tener inquietudes por conocer cosas nuevas y esa capacidad por apreciar la magia en lo cotidiano  Nunca se aprende en vano y considero capaces a todas aquellas mujeres que, desconociendo muchas cosas, saben donde buscarlas. Tampoco merece la pena coger una  tarea que  trastoque la calidad de vida hasta el punto de hacerte más infeliz. Ya sabemos lo que dice la canción : "me matan si no trabajo y si trabajo me matan...". Y si algo vamos aprendiendo con el paso del tiempo es a vivir los instantes sin cuestionarnos tanto. "Porque tú lo vales", que dice el famoso anuncio. 


Imagen: Soledad en el lavadero de Soto de Agues (Asturias). Un lugar donde durante muchos años las mujeres de la aldea acudían a hacer la colada, hasta que la llegada de la lavadora les supuso una de sus muchas revoluciones...


                        

lunes, 5 de marzo de 2012

Si tú me dices blanco...

  
"El amor en un punto de acuerdo entre un hombre y una mujer que están en desacuerdo en todo lo demás". Jardiel Poncela

Después de veinticinco años en común, Mercedes decidió romper las cadenas que la ataban al padre de sus tres hijos. "No hubo durante nuestro matrimonio ni una sola voz más alta que otra. Simplemente no había diálogo. Podían pasar semanas sin dirigirnos la palabra", me cuenta. Por el contrario, Mario y Adriana discuten casi todas las mañanas de los lunes. La palabra separación no figura, de momento, en su diccionario de pareja. No es el mismo caso de Susana y Andrés. Suspensión  temporal de la convivencia. Motivo: incompatibilidad irreconstruible de caracteres. Ya no se soportaban.


La última reunión entre mujeres -perdición de hombres, dice el refrán, aunque también podría ser a la inversa- me dio argumentos para escribir una vez más sobre los  duetos amorosos. El desencadenante del debate fue la inesperada confesión de una de las participantes en ese descafeinado que alguna mañana nos tomamos. Observados en el día a día son la pareja perfecta. Sosegados al mismo tiempo que alegres, educados,cariñosos y hasta guapos. "Pues somos la noche y el día". Discutimos cada tarde y, si nos despertamos con el paso  cambiado, no llegamos al cuarto de hora sin discrepar. Que para eso está el móvil". ¡Quién diría que mientras Laura disfruta toda una mañana tumbada  al sol, Javier "refunfuña" porque odia la playa.".  La mayoría de las presentes también guardaba su particular canción de Pimpinela.


Qué contaros de mis discusiones conyugales  Me incluyo en la estadística de Laura. Por causa de la posición de los intermitentes del coche -yo que lo había puesto correctamente y él que no- he llegado a discutir durante una semana.   Parece ser que  el mecanismo del cerebro del varón es más proclive a olvidar la discusión una vez zanjado el tema. Las féminas, en cambio, podemos seguir dándole vueltas al asunto indefinidamente. Pueden pasar años y un buen día soltarle: "Pues había puesto el intermitente de la izquierda".


Aquello de que nos complementamos puede ser la justificación perfecta para quienes,  a pesar de nuestras abismales diferencias ,continuamos pensando que eligiríamos a esa persona si empezáramos de nuevo. Determinados estudios dicen que estamos predestinamos porque un instinto ancestral nos lleva a seleccionar a quien será el padre o la madre de nuestros hijos. Si no difícilmente se explicaría el buen entendimiento, a pesar de todo, entre la alegría de la huerta y la personificación del pesimismo. Ya lo decía Jardiel Poncela: "El amor es un punto de acuerdo entre un hombre y una mujer que están en desacuerdo en todo los demás...".


También está analizado que la curva de las discusiones matrimoniales  -cuando los motivos no son graves- suele ir descendiendo en la misma medida que pasa el tiempo. Uno se acostumbra a aceptar la parte que menos le gusta de la otra persona. En ocasionnes es tan sencillo como aceptar ver un capítulo de National  Geographic en lugar de "Mensaje en una botellla". La repetición de los hechos acaba por convencernos de que no se llega a un punto mejor tras un acalorado enfrentamiento. Vas elaborando nuevos recursos que suplan las contrariedades y construyes tu propia historia compaginándola entre vuestras afinidades y las innumerables diferencias.   Definió la idea a la perfecciónn la actriz Simone Signore: "No son las cadenas las que mantienen unido a un matrimonio. Son las hebras, hebras finísimas, que unen a las personas cosiéndolas a través de los años. Eso es lo que hace que un matrimonio perdure. Son las hebras… Pero esas hebras no deben nunca volverse cadenas" 


Una de mis apreciadas vecinas suele repetir muy sabiamente que "los defectos de mi marido,nadie los sabe si yo nos los digo...". Sin llegar al extremo de "La guerra de los Rose" -una película con un dramático final para una pareja que, al final de su relación, llegan tenerse un odio tan intenso como el amor que un día se profesaron- , la mayoría de los matrimonios podríamos replicarnos con más o menos asiduidad emulando al dúo argentino: "Si te doy caricias, tú me pides besos...cuando quiero calma, tú me das tormento. Cuando tengo prisa a ti te sobra el tiempo...".Tal vez  el secreto del éxito para la convivencia armoniosa ya lo dio hace mucho el gran Nietzsche: "No es falta de amor ,sino falta de amistad lo que hace matrimonios desgraciados" .




Imagen: Elena González Fernández.























miércoles, 29 de febrero de 2012

Mientras haya primavera


"Nada levanta más el ánimo apagado que el madrugador aroma del rocío en una rosa..."                                                                


Allí donde las montañas se muestran tan cercanas todavía existe el prometedor olor a primavera.En los prados que rodean el lugar donde nací las margaritas silvestres y las flores de "pan y quesu" (prímulas) renacen tempranas. La vida huele a tierra fresca, a naturaleza  en  ebullición ,aliada a la luna nueva que nunca falta a su cita en este tiempo de siembras.

Esa misma luna es la que le anuncia a mi amiga Isolina la llegada de los oricios, preludio de su particular primavera. Cuando acude al "pedreru" en busca del olor y el sabor de esas delicias del mar, sabe que ha llegado la temporada de los días luminosos. "Son las flores que todos los años le pongo a mi madre", asegura en su blog (Con espíritu crítico).


Como en todos los rincones del hemisferio Norte, el sol llega de otra manera anunciando la promesa de días más largos, cielos más azules y noches más tibias.Cuando la tierra estrena ese manto nuevo parecen renovarse las esperanzas de otras primaveras, aletargadas en las almas de muchos seres humanos. A costa de diversas alergias y  algunas abstemias, la mayoría de las personas firmaríamos por el barato placer de un paseo al cobijo de esta esencia de la vida.

Es en este entretiempo el momento de renacer las ilusiones por abrir ventanas, ventilar armarios, revisar deterioros y patear el mundo; llámese la senda más próxima o el país más lejano. Para los materialistas, algunos a la fuerza, la llegada de soles más duraderos supone un ahorro considerable en sus energías domésticas, confirmándose el dicho de que "el buen tiempo es la capa del pobre". Hasta el cuidado personal requiere más de nuestra atención en esta época, en forma de cualquier categoría estética: vestuario, dieta, peluquería ,masajes, gimnasia, cremas o todas al mismo tiempo. "Es tiempo de poner el escote al sol y curtir las extremidades", dice una de mis incondicionales.

A pesar de que siguen siendo mis preferidos los vientos cálidos del otoño, reconozco que las mañanas luminosas y los atardeceres tardíos seducen nuestro ánimo, aletargado después de días cortos y noches frías. Se le alegra a uno el espíritu ante esos rayos salvadores y la vida de puertas afuera nos atraae de nuevo. Sin olvidar que siempre habrá para quien sea primavera en invierno y viceversa porque los estados de ánimo personales no van en absoluto correlativos a las cuatro estaciones.

Es sabido que el paisaje que comienza a dibujarse lleno de vida ante nuestros ojos no se ve con el mismo prisma desde las dieciocho primaveras  de algunos que después de las ochenta vividas de otros, pero también para estos últimos el poema de Machado sigue siendo un canto a sus esperanzas: "A un olmo viejo, hendido por el rayo y en su mitad podrido, con las lluvias de abril y el sol de marzo algunas hojas nuevas le han salido... Mi corazón espera también , hacia la luz y hacia la vida, otro milagro de la primavera".


Imagen: Prímulas en Ribota (Asturias), de Noelia Torre Roza.
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martes, 21 de febrero de 2012

Lo que guarda tu nombre

 "No olvidemos que hay personas a las que nadie llama y cuyo nombre nadie conoce ni le importa..."


 Cuando algunos de mis conocidos supieron que llamaría a mi hijo mayor Ernesto me hicieron llegar opiniones de las más variadas, y sin término medio.  Para una mayoría era demasiado serio, muy de mayor o muy antiguo. Vamos, que no les gustaba. Por su parte, cuando el protagonista llegó a los primeros años de escuela, me reprochaba no haberle bautizado como a algún futbolista famoso; hasta que, por fin, encontramos uno en ese gremio. Ahora ya nadie se lo imagina con otro nombre. Nunca me he arrepentido de haberle puesto las mismas letras que llevaba el de ese abuelo que tanto lo quiso. Un nombre que también fue el del Ché, el médico revolucionario que escribió cosas tan bonitas como que "hay que endurecerse sin perder la ternura". Con Ernesto firmaba también el escritor norteamericano que nos hablaba del Viejo y el Mar: "Lo que más le gustaba eran las hojas amarillas en los álamos flotando sobre el cauce de los ríos. Y por encima de las colinas, el azul intenso del cielo sin viento. Ahora él será parte de todo eso".

Si nos ponemos a reflexionar, ningún nombre nos suena igual, aún cuando sea semejante a otro. Podremos conocer a cien Anas y, al evocar su apelativo, las tres letras de ese alias se tornan en alma y nos sonará totalmente diferente en cada uno de los casos..

¿El nombre lo hace la persona o viceversa?. ¿Por qué ponemos a nuestros hijos un nombre determinado y no cualquier otro?. ¿Eligiríamos el distintivo que nos asignaron en la imposible opción de escogerlo?. Una vez interiorizado el apodo de cualquiera de nuestros prójimos ya nos resultará imposible imaginárnoslos con otro diferente.

Me gustan los nombres autóctonos y de fácil pronunciación, pero sobretodo que tengan algún sentido: un recuerdo, una canción, un paisaje , un amigo, una persona admirada, una fecha, un amor. Enfín, palabras que no sean impuestas por simple moda. Sea cual sea la grafía que nos hayan destinado, acabará teniendo unas connotaciones tan particulares que a nuestros mentores les resultará todo lo atractiva que le pueda resultar nuestra personalidad.

"Vuela esta canción para ti Lucía; la más grande historia de amor que tuve y tendré..."."Hace tiempo que sueño con ella. Sólo sé que se llama Noelia..." "Penélope, con su bolso de piel marrón, y sus zapatos de tacón...", ".María, María, María... hoy sólo nos queda el recuerdo y el murmullo del viento diciendo: ¿te acuerdas María?". "Soledad vive como otra cualquiera en la aldea donde naciera. Lava, cose, llora y ríe, ay mi Soledad...".  "Te recuerdo Amanda. La calle mojada corriendo a la fábrica donde trabaja Manuel. La sonrisa ancha, la lluvia en el pelo.No importaba nada ibas a encontrarte con él...". "Gloria, faltas en el aire, falta tu presencia, cálida inocencia. Faltas en mi boca que sin querer te nombra...". "Te vas Alfonsina con tu soledad, qué poemas viejos fuiste a buscar...". Son algunas de los cientos de canciones que, se han escrito con nombres propios, fundamentalmente de mujeres. Sin olvidar a Mario y María, de Macano, cuyo amor no pudo ser porque jamás pudieron encontrarse: cuando él llegaba de trabajar, ella salía por la puerta.


 "Hay distintivos imposibles  de escribir, y más aún de pronunciar; pero cuando se les unen sus correspondientes apellidos entonces la mezcla ya es explosiva", afirma una profesora de primaria, que cita a Shizuca Rodríguez Rodríguez y a Hiroshi González Fernández  como algunos de los ejemplos que la traen por la calle de la amargura. "Todos ellos de padres y madres más españoles que yo; si fueran de otras tierras la cosa estaría más que justificada. Con la de nombres que hay del país, podrían evitarse muchas dudas a la hora de repetirlos",  añade la tutora de unas veinte preciosas criaturas, algunos de cuyos nombres tiene que interiorizar con profundidad para no errar.

 Antes de conocer la denominación de alguien, tendemos a asignarle nuestra propia etiqueta. "Este tiene pinta de llamarse Álvaro", pensamos al relacionarlo por su aspecto con otro conocido de similares características. En casos minoritarios, hay nombres que tenemos que encajarlos con cuña en la persona que los habita. La combinación de esas letras en tal ser humano se nos antoja descordinada, aunque salvo las que atenten contra la dignidad, todas serán respetables. Asimismo puede suceder que una mañana cualquiera conozcamos a un individuo con el seudónimo más horrible para nuestro gusto, y tras mirarle cuatro segundos a los ojos, se convierta en el vocativo más deseado.

Para gustos hay colores, y la melodía del nombre que cada cual presenta sonará según la canción que cada interlocutor quiera escuchar. Siempre guarda un cierto misterio el encaje que cada persona tiene en su apelativo Y sea cual sea el calificativo que con la mejor de la intenciones nos eligan, nuestra será la responsabilidad de darle su verdadero sentido.

Por último, están esos íntimos apodos para los que siempre estaremos continuando la canción de Serrat: "Tu nombre me sabe a hierba de la que nace en el valle a golpes de sol y de agua. Tu nombre me lleva atado en el pliego de tu talle y en el bies de tu enagua..."