Esas pequeñas cosas...

martes, 26 de septiembre de 2017

Octubre

Mi agenda con tachones, con señales que solo yo entiendo, tiene el mes de octubre ya casi completado. Aunque "el hombre propone y Dios dispone", que diría la refranera de mi madre, o el ser humano propone y luego el karma dispone, que se adapta mejor a mi filosofía. El caso es que la cincuentena me ha obligado, entre otros síntomas innegables, a tirar de agenda diaria. Me rendí ante la evidencia de que se me empiezan a olvidar las cosas  más de lo normal. Las cosas de agenda, nunca mejor dicho, porque para lo que no hace tanta falta me ocurre todo lo contrario: el recuerdo de algunas situaciones, hechos o personas -dejémoslo en negativas- me vienen a la mente más de lo necesario, y me producen extrañas palpitaciones y suspiros profundos que antes no me constaban. "Esas son consecuencias físicas y psicológicas de la menopausia", me dice Pilar. Pues eso, síntomas innegables de que el tiempo va pasando, pero tu ya no pasas por lo de otro tiempo.

Por otra parte, Octubre, un mes precioso por estos lugares norteños si el buen tiempo acompaña y los aires de "les castañes" acarician con suavidad, invita a retomar definitivamente la rutina de los días programados, en la misma medida que cambiamos sandalias por botas -cada vez están más de moda los zapatos cómodos, o será que cada uno ve lo que la tendencia que le va interesando por los escaparates-,  y chaquetas finas por cazadoras. De igual modo que los días ya más cortos nos informan desde las ventanas de las cocinas de platos más soperos, platos con pimientos verdes fritos  y  aroma a mandarinas, ese que me lleva al nacimiento de mis hijos en otros Octubres, y del que ya os he hablado muchas veces.

Nada de particular esos cambios estacionales, salvo que lo extraordinario llega cuando menos te lo esperas:en forma del  dibujo que forman unas hojas secas, un pequeño plan que te ilusiona, una acción que te entristece, un nuevo aprendizaje, un cambio en el color de tu casa, otra etapa en los estudios, el primer paso de un buen propósito; incluso el aniversario de de un blog de pequeñas cosas que comenzó también un atardecer de otoño; mitad alegre, mitad nostálgico, como casi todos. Enfín, hay tantos otoños  de aires diferentes para cada uno como tonos de ocres amarillos y marrones comienzan a aparecer por nuestros paisajes.
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Pues eso, que mi agenda espera a que tache cada casilla de Octubre con un "no, te rindas nunca". Sí, lo pone en letras diminutas, tan pequeñas que, más que leerlas, hay que imaginarlas o, mejor aún, creerlas. Buen otoño, de agendas llenas de pequeñas cosas y de entrañables rincones... Lo demás, es pasajero.




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