Esas pequeñas cosas...

domingo, 29 de mayo de 2016

Qué verde está mi valle

Escribo estas líneas desde un amanecer con el aroma a rocío de las primeras rosas de la primavera, con el murmullo del río que transita cercano, aún pletórico del agua invernal; y con el canto de cientos de pájaros, de los que solo acierto a distinguir tres o cuatro especies. Suena ya el gori gori de algún invertebrado que se adelanta al calor,  y no muy lejos el gallo de la quintana da la bienvenida al día con su chulería habitual.

Los sueños nocturnos todavía no se han despegado totalmente de la realidad a estas horas, difuminándose aún con ella. Cuántas veces lo soñado nos deja espejismos de realidad durante un tiempo.Miro al frente las montañas, las mismas de siempre que nunca amanecen igual, y pienso en lo que tantas veces comentaba mi padre en su auténtico idioma coyán: "Cuánta xente que ya nun está miraría pa eses penes". Bebo a sorbos pequeños ese primer café bueno, fuerte y verdadero -así como me gustan las personas- , cuyo aroma hace un rato que subió por las escaleras para invitarme a bajar. Apenas comienza la primavera -incluso algunos días de invierno- acostumbro a sentarme en la anteojana de mi casa y saborear la sensación del despertar. En esos minutos sin precio saludo a algún vecino madrugador, observo de qué manera empieza todavía a humear alguna chimenea o cómo en las viviendas cercanas comienza a bullir la vida con el perfume de algún guiso temprano.

Qué verde está mi valle, pienso mientras trato inútilmente de contar los tonos de ese color. Son muchísimos. Una gran idea para nombrar a las nuevas tonalidades de la moda: verde esperanza, verde decepción, verde bondad, verde rabia, verde estupidez, verde ignorancia, verde dulzura, verde tristeza, verde desencanto, verde perdón, verde sensatez, verde inocencia, verde amistad, verde recuerdos, verde no me falles, verde me da igual...

El cielo está demasiado azul para ser tan temprano, lo que posiblemente confirmará el refrán:  "sol madrugador y cura caleyeru, ni el sol calentará ni el cura será buenu". Las aplicaciones móviles para los pronósticos del tiempo empiezan a sustituir a la sabiduría popular, y si el teléfono informa de  que lloverá a las doce del mediodía es muy posible que así sea.

Ha llovido durante la noche y la tierra húmeda y caliente anima a crecer las hierbas; también las malas. El panadero llegará en breve, con ese privilegio de muchos servicios a domicilio, propio de los lugares pequeños. Junto al pan vendrán las noticias vía periódico. Hoy copará su portadas el partido de fútbol de ayer. La mayoría de la población se volcó con el opio del deporte de masas y lágrimas y risas se fueron entremezclando hasta la madrugada. Las emociones unen, aunque sea por un balón que va y viene a los pies de unos chicos que les tocó la varita mágica de la fortuna. Guapos, ricos y famosos, con un solo lanzamiento certero con la punta de sus zapatillas cuya marca nuestros chicos calzan a diario remueven las entrañas de las grandes economías y las sencillas fortunas.

Me detengo en esos capullos que se atreven a despuntar. Nunca son los mismos, como también se echan en falta las ausencias irreemplazables. Las golondrinas hace rato que comenzaron con los nuevos nidos. Sí, siempre vuelven. Porque la naturaleza sigue su curso puntual e inmutable. Una cría de gorrión  se posa confiada próxima a mi café. Qué privilegio el de poder confiar en algo o en alguien...









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